De Yerno Pobre a Rico - Capítulo 787
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Capítulo 787: Capítulo 787: ¿Cómo te atreves a escapar de mí?
Jerome tenía una expresión sombría, pero aun así contuvo su enfado.
Jerome era un hombre rico y apuesto.
Jerome se preguntó: «Muchas mujeres quieren acostarse conmigo. ¿Cómo ha podido Amiah rechazarme?».
«¿Acaso Amiah cree que le doy poco dinero?».
«Le he ofrecido muchísimo dinero a Amiah. Es una mujer muy avariciosa».
Sin embargo, a Jerome nunca le faltaba el dinero.
Jerome jugueteaba con la copa que tenía en la mano. Agitaba el vino tinto, que despedía un brillante reflejo.
Jerome sonrió con elegancia y dijo: —Sra. Weller, ¿qué quiere que haga? Ponga un precio. ¡Mientras yo lo tenga, puedo satisfacerla!
A Jerome no le gustaba Amiah de verdad. Solo quería acostarse con ella.
Si Jerome quisiera quitarle algo a Amiah, ella no tendría ninguna posibilidad de conservarlo.
Amiah no esperaba que Jerome siguiera acosándola. Lo rechazó sin rodeos: —Jerome, no me interesas. Ya no quiero la tienda. ¡Adiós!
Jerome dijo con frialdad: —Amiah, no tientes a la suerte. ¡Te estás poniendo en ridículo!
Amiah retrocedió un paso y le envió un mensaje a Joshua en secreto. Le pidió que fuera al Hotel Millington a ayudarla.
Joshua vio el mensaje de Amiah. Su mirada era fría y estaba llena de asco.
Joshua pensó: «¡A Jerome de verdad le gusta llevarme la contraria!».
«¡Cómo se atreve a engañar a Amiah esta vez!».
«¡Fui demasiado bueno con él!».
Joshua corrió hacia el Hotel Millington. Temía que Jerome violara a Amiah.
Jerome dijo en voz baja: —Amiah, esta es tu última oportunidad.
—¿Quieres convertirte en mi mujer y disfrutar de una vida de lujos?
—¿O prefieres convertirte en una pobre sirvienta? ¡Tú eliges!
Cuando Amiah vio lo furioso que estaba Jerome, supo que no tenía forma de escapar de él.
Amiah dijo directamente: —¡Jerome, escoria! ¿Por qué crees que me mereces?
Jerome estaba furioso. Se sentía atraído por el aspecto dulce de Amiah y su sexi figura. Se levantó y caminó hacia ella.
Amiah se dio cuenta de que Jerome quería forzarla, así que le advirtió: —¡Jerome, lo que pretendes hacer es ilegal!
—¿No me crees capaz de llamar a la policía ahora mismo?
Jerome se burló y le quitó el teléfono de un manotazo. Dijo: —Soy el único heredero de la familia Bass. ¿Crees que puedes amenazarme?
A Amiah le dolía mucho la mano por el golpe. Sin embargo, su mirada hacia Jerome era decidida.
—¡Jerome, eres un desgraciado!
A Jerome no le importaron los insultos de Amiah.
Sonrió con malicia y dijo: —Aquí solo estamos nosotros dos. Te sugiero que seas obediente. De lo contrario, cuando más tarde te arrodilles en el suelo y me supliques, ¡no tendré piedad!
Jerome se rio a carcajadas.
Jerome parecía un loco, como si ya hubiera conseguido a Amiah.
—Joshua, ¿no te gusta llevarme la contraria? ¡Hoy te convertiré en un cornudo!
Jerome se abalanzó sobre Amiah, ansioso por dominarla.
Amiah tenía buen equilibrio porque hacía ejercicio a menudo. Esquivó la mano de Jerome y huyó en dirección a la puerta.
Jerome no iba a dejar que Amiah escapara tan fácilmente.
Jerome la persiguió rápidamente. Quería detenerla.
Sin embargo, Jerome se había acostado con demasiadas mujeres todos estos años y se había vuelto muy débil.
Además, la noche anterior se había acostado con otra mujer hasta el amanecer. Tenía las piernas débiles. Por un momento, Jerome no pudo alcanzar a Amiah. Solo pudo ver cómo escapaba.
Jerome maldijo a Amiah y luego llamó a los guardaespaldas. Les pidió que la detuvieran abajo.
Jerome seguía persiguiendo a Amiah. Aunque tenía las piernas un poco débiles, se estaba acercando a ella. Amiah era una mujer, así que se quedaría sin energía fácilmente.
Jerome se rio de forma siniestra y dijo: —¡Amiah, no podrás escapar de mí!
Amiah guardó silencio. Jadeaba en busca de aire y corría a toda velocidad. Su fuerza física disminuía.
Por el contrario, la resistencia de Jerome era asombrosa. Quizá porque hacía ejercicio a menudo, su velocidad no disminuía.
Amiah apretó los dientes y se preguntó si Jerome la atraparía hoy.
En ese momento, Erice y Renee salieron de la habitación.
Los asuntos en Albany no progresaban. Erice tenía que ocuparse de otros negocios en Washington, así que decidió regresar.
Cuando Amiah vio a Erice y a Renee, gritó pidiendo ayuda apresuradamente: —¡Ayuda! ¡Por favor, ayúdenme! ¡Hay un pervertido que quiere violarme!
Erice frunció el ceño ligeramente y se preguntó: «¿Un pervertido?».
«¿Cómo se atreve a querer violar a la dama?».
Renee había sufrido abusos en el pasado. Unos matones la habían rodeado en un callejón, por lo que odiaba mucho a los pervertidos.
Renee rechinó los dientes y dijo: —¡Sr. Hugh, no puede dejar escapar a ese desgraciado!
Erice se consideraba un caballero, así que no podía quedarse de brazos cruzados y permitirlo. Le dijo a Amiah: —Señorita, venga conmigo. ¡La ayudaré a lidiar con este pervertido!
Amiah miró a Jerome, que se acercaba cada vez más. Luego corrió apresuradamente hacia Erice.
Amiah miraba a Erice. Pensó que era apuesto, valiente y amable.
A Amiah le pareció que Erice se parecía a Joshua.
En un instante, Amiah confió en Erice. Corrió hacia él, señalando a Jerome que estaba detrás de ella. Amiah dijo: —¡Es él! Es Jerome Bass. Es el hijo de la familia Bass. ¡Quiere abusar de mí!
—¡Tuve suerte de correr tan rápido, o me habría atrapado!
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