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De Yerno Pobre a Rico - Capítulo 815

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Capítulo 815: Capítulo 815 Giro en U

Joshua fulminó a Ava con la mirada: —Más te vale que digas la verdad. ¡Si no, te daré una lección!

Ava no esperaba que Joshua, que a menudo era amable y de trato fácil, diera un giro tan radical.

Su mirada penetrante le atravesó el corazón, haciéndola temblar y bajar la cabeza como un avestruz que la esconde en la arena.

—¿Adónde fuiste ese día? ¿Por qué ha desaparecido el asesino? —preguntó Joshua.

Ava balbuceó, con los ojos llenos de miedo: —¡Sr. Palmer, fue culpa mía!

—Yo tengo la culpa de todo.

—Ese día, un chico muy guapo vino a hablar conmigo. Era guapísimo y su voz era como una melodía. ¡Así que me quedé charlando con él!

—No fue hasta que los visitantes salieron corriendo y cayeron inconscientes que llamé a la policía, muerta de miedo.

—¡Sabía que este incidente se debía a mi negligencia!

—¡Sr. Palmer, lo siento!

—No llamé a la policía por haber cometido un error en el trabajo. ¡De verdad que lo siento!

Joshua frunció el ceño, ya que la explicación de Ava era ilógica.

Incluso si estaba concentrada hablando con ese chico, ¿qué pasaba con los turistas que no estaban registrados?

En cuanto a los turistas, se desmayaron dentro, no fuera.

Sin embargo, según Ava, se desmayaron al salir. Y solo entonces llamó ella a la policía.

Aunque su atención estuviera puesta por completo en ese chico tan genial, ¿qué hay de los turistas no registrados?

No podían haber saltado las vallas y colarse en la atracción turística.

—¿Sabes que hay un grupo de turistas que no se ha registrado? —continuó preguntando Joshua.

—Sr. Palmer, no lo sé —dijo Ava con culpabilidad—. Estaba charlando con ese chico. Dimos un paseo juntos. ¡No supe nada de nada!

—Lo siento, Sr. Palmer. ¡No tenía ni idea!

De repente, Ava apretó el colgante de jade que llevaba y murmuró: —No sé qué me ha pasado.

—Mi memoria ha empeorado tanto que no puedo recordar las cosas. Algunos de mis recuerdos están distorsionados.

—Es como si alguien hubiera manipulado mis recuerdos.

A juzgar por la explicación de Ava, Joshua supo que no podría obtener ninguna información útil de ella.

Joshua sabía que algo no andaba bien con Ava. Podría haber sido sobornada o que alguien tuviera algo en su contra.

Sin embargo, él no era lo bastante despiadado como para torturarla y obligarla a confesar, ¿verdad?

Era un hombre con principios, así que no podía hacer tal cosa.

Sin pruebas, Joshua había llegado a un callejón sin salida.

Además, el estado mental de Ava era tan malo que Joshua no se creía nada de lo que decía.

De repente, el caso llegó a un punto muerto.

Cuando Joshua estaba a punto de marcharse, Ava gritó con voz temblorosa y llena de miedo: —¡Sr. Palmer, quiero renunciar!

—¿Por qué?

—Aunque has sido negligente en tu trabajo, no eres la culpable. No tienes por qué renunciar, ¿no? —preguntó Joshua con curiosidad.

Ava negó con la cabeza, horrorizada. —¡Sr. Palmer, sé que es usted un buen hombre!

—¡Pero hay fantasmas en la Casa del Horror!

—¿Fantasmas en la Casa del Horror? —preguntó Joshua.

Ava se agarró de su largo pelo y exclamó: —¡Es en serio! ¡Sr. Palmer, lo que digo es verdad!

Joshua observó a Ava. La chica tendría unos veinticinco años. Era una joven corriente. Su pelo tenía las puntas abiertas.

Parecía ansiosa y asustada.

Las ojeras bajo sus ojos le daban un aspecto horrible. Su pálido rostro estaba hinchado.

¡Parecía que no había dormido bien en los últimos días!

Insomnio.

Mientras Joshua la evaluaba, preguntó con calma: —¿Has visto a los fantasmas?

Ava negó con la cabeza y siguió tirándose del pelo. El esmalte rojo de sus uñas estaba desconchado y parecía sangre seca.

Era espantoso.

Joshua captó el destello de pánico en los ojos de Ava y dijo con sorna: —Ya que nunca has visto un fantasma, ¿por qué lo dices?

—Le oí decir a la policía que a los dos visitantes les habían cortado la lengua —tartamudeó Ava.

—¡Los rumores en internet dicen que había fantasmas en la Casa del Horror!

—¡Ya hubo sucesos paranormales en el pasado!

El discurso de Ava se volvió mucho más fluido. Ya no estaba nerviosa y su voz era mucho más alta. —Sr. Palmer, ¡he vivido en el campo y he visto muchos sucesos paranormales desde que era pequeña!

—Los fantasmas existen.

—Créalo o no. Pero no puede faltarles al respeto.

Joshua hizo girar la taza de té y dijo con frialdad: —Solo creo en lo que veo.

—Esos sucesos paranormales de los que hablas no son más que rumores, ¿no es así?

—¡No! ¡Hay fantasmas en este mundo! —negó Ava en voz alta, alzando la voz como si intentara persuadir a Joshua.

—¡Y hay uno en la Casa del Horror!

—¡Tengo que dejar mi trabajo, esté de acuerdo o no! ¡Estoy en mi derecho!

Viendo que Ava estaba decidida a renunciar, Joshua no le pidió que se quedara. En su lugar, dijo: —¿Has causado una pérdida tan grande a la empresa y ahora quieres huir?

Esas palabras horrorizaron a Ava.

No era el miedo superficial y exagerado que Ava había fingido tener.

—¡Sr. Palmer, no sé nada! —dijo Ava con ansiedad.

—¡Aunque me pida que pague una indemnización, no puedo permitírmelo!

Joshua olió el té y se dio cuenta de que la fragancia que flotaba en el aire no era su aroma.

—Puedes pedir un préstamo si no puedes pagarme —dijo Joshua con indiferencia.

—He indemnizado a los dos turistas con sesenta mil dólares. Según el contrato, ¡ese dinero te corresponde pagarlo a ti!

—Por tu culpa, la Casa del Horror ha sido clausurada, lo que ha supuesto grandes pérdidas.

—Tienes que pagar una parte.

—Pero sé que tienes una vida difícil. Págale solo los sesenta mil dólares a la empresa y te dejaré en paz.

Ava estaba completamente fuera de sí. Las lágrimas estaban a punto de brotar de sus mejillas pálidas e hinchadas, corriéndole el maquillaje. —Sr. Palmer, todo es culpa mía.

—Pero estoy en la ruina.

—Mire mi apartamento. Sesenta mil dólares… ¡Ni pidiendo un préstamo podría conseguir tanto dinero!

—Pide un préstamo. Dame todo el dinero que puedas conseguir.

—El resto puedes devolverlo poco a poco. Pero habrá intereses.

—Aún tienes toda la vida por delante. Aunque no puedas pagarlo todo tú sola, tu marido te ayudará cuando te cases.

Ava rompió a llorar y suplicó: —Sr. Palmer, yo…

Ava pareció pensar en algo y, de repente, dejó de hablar. Apretó los labios y miró fijamente a Joshua.

Su mirada era tan rabiosa que parecía que Joshua hubiese asesinado a su padre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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