De Yerno Pobre a Rico - Capítulo 968
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Capítulo 968: Capítulo 968: Sexo ebrio
—¿Por eso las has traído aquí?
Joshua se lo contó todo a Ivy y a Nash. Entonces, Nash miró a Amelie y a Amiah y preguntó en voz baja.
—Sí…
Joshua asintió levemente.
—Oye, mocoso. De verdad que no sé qué decir.
Nash negó con la cabeza y suspiró.
—¡Si quieres engañarla, hazlo en secreto! ¿Por qué lo haces delante de…?
Joshua lo interrumpió.
—Nash, ¿de verdad crees que soy esa clase de persona?
—He dicho hace mucho tiempo que Pamela será para siempre la única a la que ame. ¡Nunca haré nada que le rompa el corazón!
—¡Ja!
Nash desvió la mirada y bufó.
—Que nunca harás nada que le rompa el corazón.
—Te han pillado en la cama con otras mujeres. ¿De dónde sacas el descaro para decir eso?
Joshua no supo qué responder a eso.
—Yo…
—Basta. No digas más.
—¿Dónde está tu esposa ahora?
Nash hizo un gesto con la mano. No quería escuchar la explicación de Joshua y preguntó directamente dónde estaba Pamela.
—Ha dicho que quiere el divorcio. Quiero que ambos nos calmemos un poco.
—Se quedará en la casa de los Windsor de momento…
Ivy se acercó a Joshua y a Nash con tres hojas de papel mientras se quitaba las gafas.
—Aquí están los resultados. Solo hay un poco de alcohol en tu sangre y no se ha encontrado ninguna sustancia química.
Joshua frunció el ceño ligeramente.
—En otras palabras…
Ivy lo miró y asintió levemente.
—Así, podemos descartar la posibilidad de que te hayan drogado. En otras palabras…
—Te metiste en su cama e hiciste esa clase de cosas solo porque elegiste hacerlo bajo la influencia del alcohol.
—Tsk, tsk…
Nash hizo unos ruidos desagradables.
—¿Y decías que no le romperías el corazón?
—¿No te da vergüenza?
Joshua fulminó a Nash con la mirada.
—Nash, ¿estás de mi parte o no?
Nash se encogió de hombros con expresión tranquila.
—Por supuesto que te apoyaría en otras circunstancias. ¡Pero cuando cometes un error como este, tengo que estar del lado correcto!
Joshua se cubrió la frente, avergonzado.
¿De verdad había cometido un error tan grande y se había acostado con ellas?
Pero… Era imposible.
Si hubiera engañado a Pamela por voluntad propia, debería tener algún recuerdo.
Pero ¿por qué no podía recordar nada?
—Ya veo… Ivy, gracias.
—Hay una cosa más.
La actitud de Ivy era diferente a la de Nash. Quizá era porque sabía algo.
No tenía prisa por burlarse de Joshua o sermonearlo. En cambio, miró a las dos chicas sentadas al otro lado.
—Tengo algo que decirles en privado. ¿Pueden venir conmigo?
Las dos chicas se miraron entre sí y luego a Joshua.
Vieron a Joshua asentir.
Entonces se levantaron y siguieron a Ivy a la habitación de al lado.
—¿Y bien? Ya ha pasado.
—¿Qué vas a hacer?
Nash las vio marchar y le dio un codazo a Joshua.
—¿A qué te refieres?
Joshua frunció el ceño y lo miró.
—¿Que a qué me refiero?
—¡Esas dos chicas! ¡Ellas!
Nash señaló con la barbilla en la dirección por la que Amelie y Amiah se habían ido.
—Les has quitado la virginidad. Tienes que asumir la responsabilidad.
La mente de Joshua era un caos. No sabía en absoluto qué hacer. Y Nash no se callaba.
—Joshua, tienes que pensarlo bien. El mundo está lleno de cabrones que huyen después de quitarle la virginidad a una mujer.
—¡Pero mientras yo viva, nunca permitiré que hagas algo así!
—¡Nash, basta ya!
Joshua parecía afligido.
—Te he dicho que en esta vida solo amaré a Pamela. Aunque se divorcie de mí, no me casaré con otra mujer…
—¿Que solo la amarás a ella?
—Entonces, ¿cómo vas a explicar esto?
Al oír a Joshua repetir que solo amaría a Pamela, Nash frunció el ceño.
También estaba un poco enfadado.
Después de todo, a sus ojos, Joshua no era el tipo de bastardo que huiría después de quitarle la virginidad a unas chicas.
En otras palabras, como alguien que había visto crecer a Joshua, Nash no permitiría que hiciera tal cosa.
Sin embargo, los hechos ya habían ocurrido. Si Joshua no podía darse cuenta de la necesidad de compensar a las dos chicas…
Él, Nash, podría tener que tomar algunas medidas drásticas.
—Lo sé… A ellas también les he hecho daño.
Joshua bajó la cabeza, apretó los puños y murmuró para sí.
—Nash, no te preocupes. Las compensaré pase lo que pase.
Nash miró a Joshua y giró la cabeza lentamente.
—No eres del todo malo. ¡No me has decepcionado!
…
—Bueno… Doctora Alba, ¿qué quiere decirnos?
Ivy sacó una silla de detrás del escritorio y se sentó. Luego, señaló el pequeño sofá de la habitación.
—Siéntense, por favor.
—En realidad, es sobre Joshua y ustedes dos.
—Pero hay mucha gente fuera, y lo que voy a decirles es bastante privado, así que las he traído aquí.
—Ahora que solo estamos nosotras tres, seré directa con ustedes.
Ivy miró el informe que tenía en las manos.
—Aunque es cierto que ambas han perdido la virginidad…
Justo cuando Ivy dijo esto, Amiah se estremeció con violencia.
—Lo siento…
Ivy negó con la cabeza.
—No pasa nada. Debe ser difícil para ustedes asimilarlo si se lo suelto así, de repente.
—Pero no hay esperma en sus cuerpos.
—¿Qué?
Amelie miró a Ivy, con la confusión reflejada en sus ojos.
—En otras palabras, es probable que Joshua no tuviera sexo con ustedes.
—En fin, es complicado. Hay muchas otras situaciones en las que se puede romper el himen.
—¿De verdad no recuerdan nada de lo de anoche?
Las dos chicas negaron con la cabeza al mismo tiempo.
Ivy retiró la mirada y volvió a fijarla en el informe que tenía en la mano.
—Normalmente, por muy borracho que se esté, siempre queda algún recuerdo…
—Es raro que tres personas pierdan la memoria al mismo tiempo.
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