Del Cielo Descendió una Hermana Inmortal - Capítulo 175
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- Capítulo 175 - 175 Capítulo 173 Solo unas palabras de tranquilidad
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175: Capítulo 173: Solo unas palabras de tranquilidad 175: Capítulo 173: Solo unas palabras de tranquilidad Fuera del restaurante, Fang Ren llevó a la mujer del vestido blanco un buen trecho y no la atrajo hacia su abrazo hasta que pasaron por un pequeño parque.
Fang Ren le quitó el sombrero de paja de la cabeza, su cabello blanco cayó en cascada y su deslumbrante rostro se adornó con una expresión de alegría.
—¿Cómo es que has venido?
—le preguntó Fang Ren mientras le pellizcaba la mejilla, sintiendo una felicidad incontenible.
Mu Huanqing sonrió y lo miró de reojo.
—Si no venía, otra se llevaba a mi marido.
—Eso no es verdad —dijo Fang Ren.
Mu Huanqing le agarró la oreja y dijo con una sonrisa: —He oído todo lo que han dicho ahí fuera, y bien clarito.
Por ejemplo, que estaba dispuesta a acompañarte a cualquier parte, y luego está eso de que te ibas con ella al hotel, ¿no?
¿Para qué?
¿Para debatir los grandes misterios de la vida?
Al oír esto, Fang Ren se asustó y se apresuró a explicarse: —¡No fue culpa mía!
La chica se montó su propia película, yo no pude hacer nada.
Cuando me preguntó adónde iba, se me escapó sin querer…
Y mencioné el hotel porque teníamos que aprovechar el tiempo para cultivar, ¡no para debatir los grandes misterios de la vida, de acuerdo?
—Claro, claro.
Mu Huanqing observó sus frenéticas explicaciones, le soltó la oreja y le acarició la cabeza con una sonrisa.
—A Xiao Xi no le gustaría un bobo como tú.
—¿Xiao Xi?
Fang Ren se detuvo un instante y entonces cayó en la cuenta de que Bai Qi solía llamarla Hermana Hui Qing.
—¿Son muy unidas?
—preguntó Fang Ren.
—Muy unidas.
Solía sacarla a jugar cuando éramos pequeñas —dijo Mu Huanqing con una sonrisa—.
Pero solo pasamos poco más de cuatro años juntas antes de que mi familia me hiciera volver para centrarme en la cultivación.
Después de eso, perdimos el contacto.
La última vez que la vi fue cuando tenía dieciocho años y fue al campo de batalla a modo de prueba, y la acompañé de nuevo.
—Entonces, ¿por qué no me contaste tu relación con ella cuando supiste de mi compromiso matrimonial?
—Fang Ren estaba perplejo.
—No había por qué.
En ese momento, ella debía de pensar que yo estaba muerta, y tú también dijiste que querías romper el compromiso con ella para estar conmigo.
En esa situación, ya no tendríamos más trato con ella, así que no dije nada —continuó Mu Huanqing—.
Pero, inesperadamente, se han encontrado.
—Es una situación bastante molesta.
Su abuelo no acepta romper el compromiso, y que viniera a mi universidad fue idea suya.
Dijo que probáramos a ver qué tal nos iba durante dos años, y si no había sentimientos entre nosotros, entonces ya se vería —explicó Fang Ren.
Desde luego, no podía contarle a Mu Huanqing el inconfesable secreto de los matrimonios de Cultivadores en el Área Central: que él y Bai Qi estaban obligados a tener un hijo.
Si se lo decía, a ella le costaría aceptarlo al principio, pues era la Gran General del Área Central y, después de haber vivido allí tantos años, sin duda le tenía afecto a ese lugar.
Mu Huanqing dijo: —El Abuelo Bai probablemente siente que le debe mucho a tu familia por lo de entonces.
Además, Xiao Xi es muy especialita, así que romper el compromiso sin más parecería inadecuado.
Por eso, la ha obligado a pasar algo de tiempo contigo.
Si al final no se gustan, entonces el compromiso podrá disolverse, lo que serviría para saldar como es debido el favor del pasado.
—Supongo que sí —Fang Ren sonrió y asintió.
—Por cierto, cuando los oí hablar, ¿me dio la impresión de que ella cree que le gustas?
—Te aseguro que yo nunca he dicho eso.
Como te digo, todo está en su imaginación —dijo Fang Ren con cara de resignación, sentándose en un banco de piedra y mirando al cielo.
—Con que no te guste a ti, es lo único que importa —sonrió Mu Huanqing, sentándose a su lado—.
Como te enamores de ella, ten por seguro que haré alguna locura.
Al oírla, Fang Ren respondió con una sonrisa amarga: —¿Cómo qué, por ejemplo?
—Te daría diez palizas, hasta que solo te guste yo —dijo Mu Huanqing.
—Pero si…
un solo puñetazo tuyo podría mandarme a conocer al Rey del Infierno, ¡no me quiero ni imaginar diez…!
—Fang Ren se rio y negó con la cabeza, admitiendo la barbaridad.
Luego, continuó—: ¿Cuánto tiempo calculas que podrás quedarte esta vez?
—La zona de batalla no está lejos de aquí, a solo media hora, lo que significa que tengo once horas para estar contigo —explicó Mu Huanqing.
—Entonces no te vayas esta noche.
Debatamos sobre la vida.
—¡Sinvergüenza!
—Mu Huanqing le pellizcó la cintura, con voz lastimera—.
Hablando de dar vida, cuando ya hay una en camino.
Al oírla, la mirada de Fang Ren se desvió hacia el vientre de Mu Huanqing.
—¿Este pequeñín lleva ya más de un mes ahí dentro, verdad?
Mu Huanqing también bajó la cabeza para acariciarse el vientre, con el rostro rebosante de una sonrisa de pura felicidad.
—Sí, en nueve meses, el pequeñín podrá conocer a su papá.
Mientras Fang Ren observaba su expresión alegre, la sonrisa de su rostro se desvaneció poco a poco.
Para proteger esa felicidad, estaba dispuesto a tomar un camino extremo y letal.
Aún necesitaba ganar impulso, hasta el punto de poder someter por completo al Área Central.
Su participación en la competición de Alquimia no era, por supuesto, solo para darle una bofetada en la cara a su tío.
Más importante aún, se trataba de usar el evento para quitarse de encima la etiqueta de «mortal ordinario» y ampliar su reputación para así establecer su propio poder.
Pretendía armar un gran revuelo en esta competición de Alquimia; cuanto mayor fuera el alboroto, mejor.
Al fin y al cabo, con su identidad como primogénito de la Familia Fang, nadie se atrevía a tocarle.
Y si había algún insensato que lo intentara, bueno…
¿no estaba su mujer ahí para cubrirle las espaldas?
Al final, era cuestión de hacerlo y punto.
Mientras no se descubriera su relación con Mu Huanqing, él sería, sin duda, la estrella más deslumbrante de la competición de Alquimia.
—Qing’er —a Fang Ren se le ocurrió algo de repente.
—¿Qué pasa?
—preguntó Mu Huanqing, apoyándose suavemente en su hombro.
—He oído que Xia Fu Lan, de la Secta de la Espada Tiandao, va a venir a esta competición de Alquimia —dijo Fang Ren.
Al oír ese nombre, el ánimo de Mu Huanqing decayó un poco.
Xia Fu Lan era una miembro de su clan y compañera de armas en la que había confiado de todo corazón.
Sin embargo, fue Xia Fu Lan la que casi le costó la vida en el campo de batalla y la responsable de la muerte de muchas de sus hermanas del Cuerpo de los Nueve Cielos, lo que le causaba un dolor inmenso.
—No te molestes por ella —dijo Mu Huanqing.
—Quiero ayudarte a vengarte —declaró Fang Ren.
Mu Huanqing se levantó de inmediato al oír esto, frunciendo el ceño.
—No.
—¿Por qué no?
Casi te mata en el campo de batalla.
¿No merece pagar con su vida?
—arguyó Fang Ren.
—No hay pruebas de ello, y aunque algunos lo tengamos claro, no hay forma de condenarla —continuó Mu Huanqing—.
En cuanto a que pague con su vida, yo misma la mataría diez mil veces, pero no puedo matar a una compañera del clan.
Causaría división en nuestras filas, sobre todo ahora que el Agujero del Vacío se está volviendo cada vez más extraño.
Si la humanidad empieza con luchas internas al enfrentarse a esto, las consecuencias serían inimaginables.
La expresión de Fang Ren también se puso seria y dijo: —Precisamente porque tú te preocupas demasiado por el bien común y no eres capaz de actuar, debo ser yo quien la mate.
—Pero si la matas, te condenarán, y toda la humanidad te verá como un cáncer que debe ser extirpado —le agarró la mano Mu Huanqing de inmediato, angustiada—.
Por favor, no lo hagas, ¿de acuerdo?
Nuestro hijo aún no ha nacido; no hagas locuras tan peligrosas…
Fang Ren la atrajo hacia sus brazos, le acarició el cabello suavemente y susurró: —No he dicho cómo va a pagar con su vida exactamente.
No te preocupes, me aseguraré de que salde todas sus deudas, pero siempre garantizando mi propia seguridad.
—Pero es que estoy muy preocupada…
No lo hagas…
De repente, Mu Huanqing se dio cuenta de lo vulnerable que se sentía.
Este asunto implicaba demasiadas cosas y ella estaba a punto de ser madre.
Que el padre de su hijo fuera a hacer algo peligroso sumió su mente en el caos.
—Está bien…
Supongo que entonces no lo haré —dijo Fang Ren.
¿No hacerlo?
Imposible.
Era solo una mentira para tranquilizarla.
Si el mundo no iba a tener piedad con él, ¡por qué iba a tratar él al mundo con cortesía!
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