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demonio errante - Capítulo 60

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Capítulo 60: prologo, el fuego.

Raíces del árbol de los muertos.

Tras recibir la mordida de la serpiente blanca, Glad, de tan solo 10 años, se desplomó sobre el piso con un ruido sordo. Su cuerpo reposaría encima de hojas secas y el musgo del árbol.

—Ha iniciado. —dijo el profeta, con una sonrisa en su rostro demacrado.

—El veneno, ¿qué le estará mostrando? —se preguntó Kriegerwolf, viendo fijamente al niño, a lo que el profeta se mostró molesto.

—¿Lo olvidas? Tú pasaste por lo mismo; este veneno le otorga una visión, solo para él; yo no puedo saber lo que él ve, ni nadie más que él. —dijo el profeta, como si fuera algo obvio, pero para Kriegerwolf, se sintió más como una reprimenda.

—Entonces olvida mi pregunta… solo tenía curiosidad, este niño, ¿qué clase de visión tendrá? —se cuestionó Kriegerwolf, y el profeta alzó una ceja con malicia.

—¿Eso te interesa más que saber si vivirá o morirá? Ku ku ku, ¡Ja ja ja ja ja! Qué frío te has vuelto, el futuro rey héroe, ¡Ja ja ja ja ja ja ja! —

Una mueca de desagrado apareció en el rostro de Kriegerwolf ante sus palabras, pero sin quitar su vista del niño aún inconsciente.

—¿Acaso insinúas que tú eres diferente? —cuestionó Krigerwolf. —Por qué yo… Yo no me preocupo, no tendría sentido que este niño sea ordinario, pero si es especial, entonces vivirá. Si no lo fuese, morirá sin más, así de simple.–

—Ku, ku, ku, qué fría lógica la tuya, pero es cierto, en mi corazón no hay más que raíces marchitas, y la maldición de vivir, por y para el futuro. —contestó el profeta, acercándose a Glad, tocando sus mejillas con la punta de sus dedos huesudos. —Ni siquiera yo he podido tocar el rostro de mis propios hijos, y ahora solo puedo ver a niños inocentes afrontar un camino sangriento… Tú no eras diferente, un cachorro destetado, que ahora de tus fauces gotea sangre. Yo no tengo corazón, pero tú, Kriegerwolf, ¿arrastrarías a este niño por el mismo camino? —

Kriegerwolf se acercó, y con brusquedad tomó al niño, apartándolo del profeta.

—Él lo eligió, y yo no desperdiciaría su potencial. —dijo Kriegerwolf, con voz áspera.

—Ku, ku, ku, bien, Kriegerwolf, bien. —Se burló el profeta. —Pero permite que te dé un consejo. A ese niño debes criarlo bien, o todos sufrirán. —

—¿Y si lo crío bien? —cuestionó Kriegerwolf, viendo al profeta de reojo.

—Tú, y solo tú te regocijarás, por causa suya. —contestó el profeta.

«¿Solo yo me regocijaré? ¿Pero eso qué significa? »se preguntó Kriegerwolf, volteando ocasionalmente para ver al niño.

—¡Tsch! Pero qué absurdo. A este niño lo traje hoy ante ti para saber si me será útil. —

Kriegerwolf se dirigió rumbo a la salida, con una expresión molesta.

—Este niño no es mi hijo, sino otro subordinado, y será instruido como tal. —

Entonces el profeta lo vio alejarse, a la vez que su expresión se suavizó.

—Joven, si supieras lo que te depara, entenderías que ese niño será tu único consuelo al final. —dijo el profeta para sí mismo, al Kriegerwolf haberse ido. —Después de todo, los dioses te han de negar cualquier hijo. —

…

Una vez lejos, Kriegerwolf dejó al niño al extremo frontal del bote, mientras que él comenzó a remar.

—Criarlo bien… No vine a jugar a la familia, y este niño lo sabe; él no es más que un subordinado. —dijo para sí mismo, a la vez que el bote se desplazaba por el río.

Su mirada se dirigió al niño, quien aún estaba inconsciente.

—Si te educo mal, todos sufriremos. Pero, ¿qué habrá querido decir el viejo? —La duda se manifestó en su rostro, y entonces llegó la comprensión.

—Uhm… —el niño dejó salir un leve quejido, en señal de que pronto despertaría.

«¡Ahora lo entiendo! No eres ordinario, tienes un gran destino… uno… uno donde podrías hacer que todos sufran por tu culpa…» en el rostro de Kriegerwolf, la confusión y asombro dieron lugar a recelo. Como cuando se trata con una amenaza potencial.

Aquel niño era a ojos de Kriegerwolf una espada sin afilar, que podía serle útil, pero ahora era diferente. El niño era una cría, una cría de dragón, que pronto apuntaría sus colmillos en contra de él, y de todo el mundo.

—Criarte bien… ¿Y si no lo hago qué, me matarías? ¿Morderías la mano que te da comer? ¡Eh, bestia! —dijo, y sus puños se cerraron con fuerza, sus venas quedando marcadas; entonces él agarró el mango de su espada.

«Si eres una amenaza, debería matarte ahora mismo. »pensó, desenvainando lentamente su espada.

una mueca de dolor apareció en el rostro del niño, provocando que Kriegerwolf se detuviera.

—A-ayuda… —dijo Glad, este entonces extendió sus manos, a la vez que suplicaba.

Una sonrisa apareció en el rostro de Kriegerwolf.

«Suplicas que te salven, ¿tal vez el viejo exageró? »una risa se escapa de sus labios ante tal idea.

–ja, ja, lo siento, pero nadie te puede ayudar… —entonces, sus palabras se cortan a media oración.

—¡Ayúdalos! —

Ante tales palabras, la mirada de Kriegerwolf se llenó de sorpresa.

«¿Estás suplicando por otros, una bestia como tú? »su mano soltó su espada, pasando a llevarla frente a su rostro.

—Bestia… ¿con qué derecho soy yo quien te lo dice…? —dijo, a modo de autorreproche.

—Uhm… ugh… ¿Mi… mi señor Kriegerwolf? —Glad llamó a Kriegerwolf, con los ojos apenas abiertos y una tenue sonrisa en el rostro.

—¿Por qué sonríes? —preguntó, confundido ante la extraña reacción del niño.

—Uhm… no lo sé, quizás… quizás, porque no me dejó atrás. —la sonrisa de Glad se acentuó, a la vez que cerró los ojos.

Un extraño sentimiento emergió en Kriegerwolf, siendo visible en su rostro.

—¿Eso te pone feliz? —preguntó, lo cual confundió al niño, pero este no desistió de su buen humor.

—No lo sé, quizás… porque usted es un héroe, y aun así me toma en cuenta. —contestó Glad, sin el menor ápice de duda en su voz.

La tensión dejó a Kriegerwolf, entonces este bajó la vista, inseguro de qué decir.

—Mi señor… ¿Fue un sueño? —preguntó, esperando que Kriegerwolf pudiera aclarar sus dudas.

—No, no lo fue, el veneno ciertamente funciona. —respondió Kriegerwolf.

—Pero… no lo entiendo… No tenía sentido… —replico Glad.

—Casi nunca lo tiene, hasta que es tarde. —respondió Kriegerwolf, con la voz de la experiencia. —Lo sabrás cuando el momento llegue… —

—Pero… tengo miedo… —respondió Glad.

—¿Te da más miedo lo que viste que estar ante el profeta? —se burló Kriegerwolf.

—Sí, ya que usted estaba conmigo… —contestó Glad, volviendo a causar el asombro del héroe.

—¿Tú-tú confías tanto en mí? —preguntó, a la vez que disimulaba el tenue temblor en su voz.

—¿Por qué? —Una risa se escapa de Glad ante tal pregunta. —Ja, ja, ja, pero si usted es un héroe, ¿por qué no confiaría en un héroe?–

—Ya… ya comprendo. —dijo Kriegerwolf, suavizando su expresión.

Glad lo miró confuso, pero no le dio mayor importancia y pensó que tal vez su respuesta había agradado a Kriegerwolf.

«Si tú eres una bestia, no somos diferentes. »Kriegerwolf sonrió para sí mismo.

«Si esta cría de dragón no tiene quien le enseñe a cazar, entonces el lobo lo hará. »

—Superaste el veneno de la serpiente blanca, ahora lo he confirmado, tu destino no es ordinario. —afirmó Kriegerwolf.

Glad se sorprendió ante las palabras de Kriegerwolf.

—¿E-eso significa que-que yo… yo seré un héroe? —cuestionó Glad, con la mirada ilusionada.

—Uhm, eso depende… —Se burló Kriegerwolf, con tono sarcástico, provocando que Glad hiciera un puchero.

—¡No! ¡Yo también quiero ser un héroe! —dijo el niño con las mejillas rojas.

—Ja, ja… ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! —Kriegerwolf comenzó a reírse, mas esta era una risa sincera, en respuesta a las palabras honestas del niño.

—¡No se ría! —protestó Glad, agitando débilmente sus brazos.

—Ja, ja… ja… tú quizás eres el ser más curioso que he tenido bajo mi protección. —contestó Kriegerwolf.

—Aunque la verdad es que tú eres el primer y el último niño que acepto en mi tripulación. —

Un gesto confuso apareció en el rostro de Glad.

—Mi señor Kriegerwolf, ¿por qué me dejó seguirlo? —preguntó Glad, y sin cambiar de expresión, Kriegerwolf dijo.

—Porque en tu futuro hay grandeza, y deseo tenerla bajo mi mando. —dijo Kriegerwolf, entonces llevó su mano a la cabeza rapada del niño. —Eres una espada, esperando a ser forjada, y cuando eso pase, yo te forjaré, y te empuñaré contra mis enemigos. —

Glad escuchó atento, con una mirada ilusionada, y la emoción que emergía de lo profundo de su corazón.

—¡No lo decepcionaré! Mi señor… —contestó Glad, tratando de aparentar temple.

Kriegerwolf sonrió y se alejó para continuar remando.

—Sé que no lo harás, pero dime algo, ¿qué viste en tu visión? —dijo Kriegerwolf, cambiando de tema.

—Yo… no lo sé… —contestó Glad, inseguro de qué decir.

—Pedías ayuda, ¿pero por quién? —insistió Kriegerwolf, y Glad decidió responder.

—Vi… tiras blancas… y piedras moradas… —dijo llevando sus pequeñas manos a sus ojos. —Aquí, eran 2 piedras redondas…–

—Tiras blancas, ¿cómo eran? —preguntó con especial interés.

—Como el hilo que hacen las orugas… —contestó Glad, sin entender el porqué de su énfasis.

—Tiras de seda blanca y piedras de amatista… Era un rostro, y diría que es el rostro de una mujer… —explicó Kriegerwolf con una media sonrisa. —Por lo que veo, en tu futuro hay una mujer esperándote, y tal parece una muy bella, ¡ja, ja, ja, ja, ja!–

Las mejillas de Glad se tiñen de rojo, dándose la vuelta para no verlo.

—Eso no me importa, yo solo quiero ser un héroe. —respondió Glad, con tono de reproche.

—Dices eso ahora, pero cuando seas mayor, las cosas serán diferentes. —

A las palabras de Kriegerwolf, Glad se quedó inmóvil, viendo el sol a través de las ramas de los árboles.

—Hubo algo más… —murmuró, con voz insegura.

—¿Algo más, acaso te dio miedo? —preguntó Kriegerwolf, notando el cambio en su tono. —Dime, ¿qué es lo que viste?–

—…era… era fuego, y en el… en el, ellos ardían, se estaban quemando, se estaban… yo estaba… —sus palabras se cortan ante la incapacidad de decirlo.

—Entiendo… ahora lo entiendo… —dijo Kriegerwolf, permitiendo que el niño descansara. —Es tu futuro, no el mío.—

El bote continuó su avance a través del río.

—Pero… Al menos permite que te prepare. —dijo y Glad se volteó a verlo.

—¿Prepararme? —dijo con voz confundida.

—Ya te lo dije, yo te forjaré, porque el destino no espera, el destino vendrá por ti cuando menos lo esperes. —dijo con una sonrisa confiada. —¿Estás listo?—

—¡Sí! —respondió Glad, sin contener la emoción.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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