demonio errante - Capítulo 61
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Capítulo 61: capitulo 1, ardiendo.
Me encontraba de pie, en medio de una oscuridad sin principio ni fin. La luz se agita descontroladamente. Entonces, salté hacia atrás, evitando 3 proyectiles envueltos en llamas, pero al momento de pisar el suelo, una hoja en llamas se precipitó sobre mi cuello.
Así, quedo cara a cara frente a uno de mis atacantes, viendo directo a las cuencas vacías, prendidas en fuego en frente de mí. Pero sin tiempo, vi a otro atacante venir desde el aire, con una hoja negra como el carbón.
Aparté al agresor, y me agaché para evitar el golpe, pero sin un solo momento de tregua, el artillero saltó, dejando caer sus voluminosos nudillos contra mi espada. Sentí entonces que el piso se hundía.
—¡Kgh! ¡Maldición! —dije a la vez que aprieto los dientes; entonces miré al atacante, de cuyos antebrazos crecían hojas de carbón en llamas.
«¡Maldito lastre!» Apliqué más fuerza en mi guardia e hice retroceder al grande, pero el segundo ataque llegó, apenas logrando desviarlo.
La hoja dejó un corte en mi hombro; en vez de sangre, solo emergen ascuas.
—¡Aaargh! —
Dejé escapar un gruñido cuando 3 proyectiles me impactaron en el brazo, estómago y costillas. 2 atraviesan mi cuerpo, y uno se aloja en mi torso.
Llevé mi mano a mi herida y extraje la bala.
—¡Kgh! ¡Aaaaaaaagh! —
Pese al dolor, extraje el proyectil con mis dedos chamuscados por las fuertes llamas.
—¿Qué demonios es esto…? ¿¡Qué quieren de mí!? —les grité, a lo que el atacante del aire desciende.
Mire a los 3, antes 4. 3 esqueletos envueltos en llamas, más grandes que hombres; el más grande tenía brazos como los de un simio grande, con agujeros en sus nudillos y huesos protuberantes en su espalda, carente de cuello y sin rasgos definidos como ojos o boca. En su lugar, parecía una sola pieza de roca sólida.
Un chasquido sonó, y miré al segundo y más pequeño de los 3; su cuerpo parecía el de un grillo bípedo, con las hojas afiladas de una mantis; sus dientes afilados emitían un peculiar chasquido.
El tercero tenía un cráneo semejante al de un humano, exceptuando sus mandíbulas, llenas de afilados colmillos y protuberantes. En su espalda, el marco de enormes alas carentes de membranas o plumas, y en lugar de brazos, tenía una afilada hoja negra como el carbón, en lugar de su antebrazo derecho, y una pinza corta en vez de su antebrazo izquierdo.
Los 3 no eran más que huesos prendidos en fuego, con raíces chamuscadas alrededor de estos, quienes permanecieron en silencio.
«Pero, ¿por qué estoy aquí? ¿Y por qué me resultan tan familiares? »me pregunté ante su silencio. Entonces, el atacante alado me apuntó con su espada y, abriendo sus fauces, este emitió un profundo aullido.
—¡Uuuuaaaah! —
El atacante alado saltó y se deslizó por el aire.
Me preparo para su ataque, pero un segundo par de alas emerge de su espada. Con mi sable bloqueo y desvío su espada, pero inmediatamente después soy atacado por sus 4 alas. Estas me apuñalan en hombros, el estómago y el corazón.
Sentí un dolor agónico recorrer mi cuerpo; escupí no sangre, sino ceniza incandescente, y de mis heridas no brotó sangre.
—¿Por qué? —le volví a preguntar, recibiendo silencio y una mirada vacía.
En su lugar, me miró con las cuencas vacías donde debían haber habido ojos. Ahora, una llama furiosa ardía en su lugar.
—¿No piensan responder? Bien, no me dejan más opción. —dije para inmediatamente después patearlo en el rostro.
Los 4 apéndices afilados salen de mi cuerpo, provocándome más dolor en el proceso. Contuve un grito y miré a mis atacantes.
—Si así quieren que sea esto, está bien. ¡Voy a matarlos! —exclamé tomando un segundo aire.
Entonces el más pequeño atacó, y sus cuchillas se precipitaron contra mi cuello.
—¡Lento! —exclamé, y de un tajo partí su cuerpo en dos.
—¡Ka, ka, ka, ka! ¡Esta es la muerte que quería! —dijo, y entonces me giré sorprendido.
—¡Hablaste! —dije con genuino asombro, volteando para ver su expresión, la cual debía ser imposible.
Pero mis sentidos me alertaron de forma repentina, y pude ver al más corpulento correr hacia mí.
Sus puños caen como enormes mazas contra mí. Desvié el primer golpe con mi espada; a su vez, hice lo mismo con el segundo y los golpes que le siguieron.
—¿Es esta tu determinación de vivir? —cuestionó con una voz familiar.
—¡No, no lo es! —dije en voz alta a la vez que lo fuerzo a retroceder. —¡Te mostraré mi determinación! —
Tomé impulso hacia él; sus puños fueron directos a mi rostro. Me agaché y agité mi espada en horizontal hacia su cadera, y al momento del contacto se produjo un fuerte estruendo.
Su cuerpo se dividió en dos, sus rodillas cedieron y, como si el tiempo se ralentizara, su dorso cayó antes de decir sus últimas palabras.
—Así que esta era tu determinación… Muy bien, no puedo ganarte… —
Su cuerpo se desmoronó lentamente, esparciendo ascuas por el aire.
—Bien… Eso era suficiente. —dije sin emoción en mi voz.
Levanté la mirada y miré al último frente a mí, con sus ojos ardiendo en llamas y su espada negra como el carbón apuntándome.
—¿Estás dispuesto a salvarnos? —cuestionó el demonio ignio.
—¡No soy un santo! —dije a la vez que lo apuntaba con mi sable. —No voy a pretender que puedo salvar a todo cuanto sufre… Pero… ¡No volveré a darles la espalda! —
Tomé mi espada y corrí hacia él, pero entonces me detuve de forma abrupta.
—Eso basta… —dijo con voz serena, alzando su espada a la izquierda.
Mire directo a donde apunto, y mis ojos se llenan de sorpresa al ver a más esqueletos demoníacos prendidos en fuego. Eran de diferentes tamaños, con raíces alrededor de sus huesos y capullos impolutos pese a las llamas.
—Pero… ¿De dónde salieron? —pregunté con la mirada fija en ellos.
—¡Encuéntralos! —indicó el atacante de la espada negra. —¡Sálvalos! —
—¿Sal-salvarlos? —dije sonando confundido.
—Así ellos florecerán, y a través de ellos dejarás de arder, y a través de ti nuestro fuego se extinguirá. —dijo el demonio de la espada negra.
—¿Dejaré de arder? —pregunté con voz débil.
—¿No lo ves? Ahora mismo, tu cuerpo arde. —
A sus palabras miré mis manos; mis dedos eran como ramas de un árbol blanco prendidas en fuego.
…
Me levanté repentinamente en medio de la sala; el resto de hijos varones de Prakh dormía plácidamente.
«Rayos… »llevé mis manos a mi pecho, pero era innecesario, ya que mis oídos resonaban con el latir de mi corazón.
Una gota de sudor se escurrió por mi frente.
—Hace tiempo que no me prendían en fuego… Ja, ja, ja… —me levanté para dirigirme a la salida, yendo al patio trasero.
Una vez en el pateo, me quité la camisa para no mojarla y tomé agua del pozo para limpiar mi rostro.
«¿Una pesadilla? »negué con la cabeza.
«¡No! No era un sueño… »me senté en la orilla del pozo, mientras mi corazón latía de forma acelerada.
—Una profecía, una extensión de la primera profecía, pero, ¿qué significa? —me cuestioné a la vez que juntaba mis manos y apoyaba mi mentón sobre mis nudillos.
—Si gustas, te puedo decir… —dijo una dulce voz que venía desde mi espalda.
Me di la vuelta de forma abrupta al escuchar aquella voz.
—¿¡Qué!? —
Mis ojos buscaron por cada rincón del camino que llevaba a los establos.
—Esa voz… No, no puede ser… —me dije en un intento de calmarme.
—¿Seguro? —dijo la voz de antes, nuevamente a mis espaldas.
Me giré, y entonces la vi, de pie contra la puerta, con una sonrisa juguetona. Estaba una joven; aparentaba 14 o 15 años, cabello oscuro de tonalidad verdosa, corto, excepto por los costados de su cabeza. Su vestido de terciopelo era negro y corto, dejando sus piernas expuestas hasta sus rodillas, con sus hombros y brazos descubiertos, piel pálida, suave y terca, sin el más leve rastro de suciedad.
—Solo tienes… —Hizo una breve pausa, a la vez que se inclinó levemente, acentuando su sonrisa, con los ojos entrecerrados. —Ju, ju, solo tienes que ser mío. —
Mi corazón latía con más fuerza, gotas de sudor caían de mi frente y mis manos comenzaron a temblar.
—Ju, ju, ¿qué ocurre, te he asustado? Ju, ju. —
Ella dejó escapar una risa, a lo que me aparté del pozo para agacharme y tomar el cuchillo de mi bota y después arrojárselo.
Pero ella desapareció al momento de que la puerta se abriera, siendo Koprina quien acababa de salir.
—Hasta que te encuentro, yo… —
Su voz se corta cuando el cuchillo se clava en la puerta.
—Diablos… fallé. —dije maldiciendo entre dientes.
—¿¡Cómo que fallaste!? —dijo Koprina indignada.
La ignoré y me di la vuelta mientras la escuchaba quejarse.
—Oye, ¿me estás escuchando? —reclamó Koprina.
—No, para nada. —respondí con indiferencia, tomando mi camisa. —Y no, no era para ti. —
—¿Eh? ¿Entonces para quién…? —sus palabras se cortan de forma repentina, para después darse la vuelta. —¡Pero vístete! —
«¡Eh! ¿Era por eso? »me giré con brusquedad a la vez que me ponía la camisa apurado.
«Por eso odio tratar con mujeres. »pensé con molestia.
—Y yo que no quería mojarme la ropa. —dije mientras me ajustaba la camisa.
—¡Deja eso! Igual a esa coda sucia le hacía falta tocar el agua… Por cierto, hoy… ¿Hoy nos vamos? —cuestionó Koprina aún de espaldas.
—¿Aún estás segura de seguirme? —dije con una sonrisa sarcástica.
—¿Vas a seguir molestando con eso? ¿O solo quieres recordarme que eres jefe? —cuestionó Koprina desafiante.
—Solo era una pregunta. —dije a la vez que me daba la vuelta. —Ayer maté a los últimos remanentes de los Schwarzer Hunds; hoy tengo que presentar mi renuncia como inquisidor. —
—Sí, sí, no tienes que contarme de tus conspiraciones sangrientas. —dijo a la vez que me miraba de reojo.
—… Al menos ya te vestiste… —murmuró volviendo a desviar la mirada.
—¿Sabes que tengo mejor audición que los humanos? —dije a la vez que rodaba los ojos. —Por cierto, hoy es temprano y veo que ya estás vestida. —
La miré de reojo; ella vestía su uniforme blanco. Koprina se dio bruscamente la vuelta.
—¡No empieces con eso otra vez! —protesto de espaldas con voz ofuscada. —Además te dije, yo acostumbro dormir así; ese día me prestaron esa ropa de dormir… —
—Ja, ya lo sabía, me lo habías dicho, ¿recuerdas? —dije sonriendo; después cambié mi tono y le hice una pregunta. —Oye… ¿Hoy le dirás a Gerb que te irás? —
—Yo… —Koprina guardó silencio incómoda, volteando hacia mí con la mirada baja. —Gerb es… es el ciervo más leal de mi padre, no puedo solo decirle que “Gerb, me voy”; él merece una mejor explicación… —
—… Un padre no entiende razones; pero los polluelos deben dejar el nido sin preguntar. —dije para después alejarme de regreso a la casa.
—Bueno… Tal vez tú tengas ra… Espera, ¿¡me acabas de dar un proverbio!? —protesto Koprina, volteando a verme. —¿Pues qué edad tienes? —
—Jo, jo. Mira la hora, ¡ya me voy! —dije entrando apurado a la casa.
…
Una vez dentro de la casa, me topé con Prakh.
—Oh, Señor Glad. —dice Prakh, con una sonrisa amable, pese a que podía ver que había una cicatriz cerca de su cuello asomarse.
—¿Pasa algo? —preguntó Prakh, habiendo notado mi atención.
—No… Solo que aguantaste mucho castigo. —
Prakh dejó escapar una risa cansada en respuesta.
—Sí, no fue como esperaba. Las peleas a muerte son más duras de lo que pensé. —respondió Prak con una sonrisa incómoda.
—Lamento que tuvieras que pelear por causa mía. —respondí a la vez que bajaba la cabeza. —Juro que pagaré esta deuda. —
—No hace falta que te preocupes por pagarme, esto lo hice por mi hija. —respondió Prakh.
Alcé la vista para verlo a los ojos.
—Lo entiendo, pero si puedo hacer algo por ustedes, no lo duden. La oferta de darles mi caballo está vigente. —
—¡Ja, ja, ja! —se reiría Prakh.
Suspiré con pesadez ante sus risas.
—Como dije, si fuera posible, me gustaría aceptar, pero sé que eso no sería posible. Los caballos no siguen a otro que no sean sus amos. —Prakh se dio la vuelta, pero no se movió y levantó una mano con su dedo índice extendido. —Pero, bien, hay algo que he considerado. —
—¿Considerando? ¿Qué cosa? —dije alzando una ceja.
—Salvaste a mi familia, y también salvaste a esta ciudad; con esa reputación podrías volverte un héroe. —contestó Prakh, a lo que negué con la cabeza.
—¿Un héroe? Ja, eso ya no existe… —me detuve un momento al considerar lo que diría a continuación. —Además… Además, los héroes no son lo que crees, no al menos durante el ocaso de su era… Los héroes solo actuaban si había gloria de por medio, todo para alimentar su renombre; salvar a otros era solo la consecuencia natural. —
Prakh me vio sorprendido, para después sonreír.
—Creo que carezco del conocimiento para contrariarte, pero… A mis ojos, los de mi familia y los de esta ciudad, eres un héroe, al menos así lo creo. —dijo Prakh, y un ápice de duda apareció en mi rostro.
—Uhm, eres libre de verlo como te plazca. —dije, respondiéndole con voz calmada.
—Por eso, bajo esa premisa, quisiera una cosa: que nos permitas a mí y a mi familia considerarnos tus amigos, amigos de un héroe. —dijo Prakh.
Entonces lo miré asombrado.
—Entiendo, pero me parece raro. —dije, y una leve sonrisa se forma en mi rostro, y miré a Prahk. —Pensaba que ya éramos amigos. —
La sorpresa se manifestó en el rostro de Prakh, para que después le diera lugar a una sonrisa.
—Pffff, ¡ja, ja, ja, ja! —Prakh se echó a reír afablemente. —Sí, supongo que eso es verdad, ¡ja, ja, ja, ja! —
…
Tras ese intercambio, vi a Glad salir por la puerta frontal; a la vez, Prakh volteó y me vio a través de la puerta entreabierta.
—Por favor, no quisiera acusarla de espiar. —dijo Prakh con un toque de ironía.
—Perdón, no espiaba, solo no quería interrumpirlos. —dije a la vez que pasaba por la puerta. —Aun así… No había pensado en las implicaciones de sus actos, en lo que él se volvería… —
—Ambos, él y usted. —agregó Prakh a mis palabras.
—¿Yo? —dije sin ocultar mi confusión.
—Sí, los dos. —contestó Prakh, entendiendo a qué se refería.
—P-pero yo no hice casi nada, en realidad… Yo no pude hacer nada, aunque lo intenté con todas mis fuerzas… —el recuerdo del abrumador poder de Leden pasó un instante por mi mente, junto al escalofrío a causa del eco del pavor.
«Tan poderoso y ominoso como era, tuve suerte, suerte de salir viva, suerte de ser ignorada por el demonio. »
—Eso tiene más mérito. —comentó Prakh por lo bajo.
Volví entonces a mirarlo.
—Cualquiera puede pelear si tiene la ventaja, pero pelear sabiéndose en desventaja es valor real, con un poco de idiotez. —dijo y una risa amenazó con escapárseme.
—Pfff, realmente agradezco tus palabras… Me hacían falta. —dije sintiéndome menos indigna.
Le extendí mi mano, a lo que Prakh la tomó con delicadeza.
—Fue un honor serle útil, señorita Lulavo. —entonces Prakh hizo una reverencia, colocando su frente contra mis dedos.
—El honor fue mío, patriarca de los Rutatka. —dije asintiendo sutilmente. —Bien, ahora debo confrontar lo inevitable. —
Me dirigí con calma a la puerta frontal cuando Prakh hizo una pregunta.
—Casi lo olvido, pero dígame, ¿ha determinado si Glad es a su parecer una buena o mala persona? —
Lo miré de reojo a la vez que contemplé dicha pregunta.
Desde aquel día en la colina pensé que el asunto se había zanjado, pero la realidad no era tan simple.
—Yo… Yo no he pensado en eso desde hace días. —dije a falta de una respuesta. —No creo poder decir que sea malo, pero bueno… Eso lo sabré más adelante… —
—Si me permite, yo tengo mi propia opinión sobre él. —dijo Prakh, esperando que preguntara.
—Por favor, dime. —dije esperando su respuesta.
—He aprendido que ciertamente hay bien o mal en el mundo, pero diferenciarlos no es nada fácil; damos por entendido que agredir a nuestros prójimos está mal, pero hay veces donde será inevitable. —Prakh habló desde la voz de su reciente experiencia, notándose pesar en su voz. —Solía pensar que podía evitar cualquier conflicto, pero ahora tengo otras preocupaciones, y es que ahora solo espero que mis hijos sean capaces de cuidarse cuando yo no esté más, y espero que entonces estén listos. —
—Pero, ¿eso qué tiene que ver con Glad? —dije confundida.
—Mi punto es simple: veo a mis hijos y me preocupo por ellos, veo a mis hermanos y me preocupo; y al verme a mí mismo, dudo de estar a la altura. Pero después veo a Glad, y me pregunto, ¿hay algo que pueda poner en riesgo la vida de este hombre? —contestó Prakh, y ante el entendimiento de sus palabras no pude más que asombrarme.
—Dices… ¿Dices que lo que me hace dudar es la impresión superficial que tengo de él, y que tanto el bien como el mal no tienen nada que ver con las apariencias? —
—Podría decirse; él es de lejos el hombre más fuerte que conozco, y de igual modo el más violento. En este mundo, nadie es más apto que él para sobrevivir y prevalecer; la supervivencia y la moralidad no son del mismo universo. —
—Pero entonces… ¿Cómo saber la verdadera naturaleza de alguien así? —dije tratando de aclarar mis dudas.
Prakh sonrió, y su mirada fue de lado a lado.
—Eso dependerá de usted, señorita. —contestó Prakh.
…
Castillo Granitsa.
Una vez en la residencia Granitza, me dirigí al encuentro con el Marqués Poveritel en su estudio privado. Una vez frente a la puerta, la abrí y pasé, dejando que la puerta se cerrara detrás de mí.
—He llegado. —dije, y a mis palabras Poveritel bajó los documentos que tenía en mano.
—Oh, como de costumbre llegas sin anunciarte. —dijo el marqués quejándose.
Poveritel se puso de pie apoyado sobre un bastón, vistiendo una fina túnica roja con trazos dorados.
—Supongo que ya sabes por lo que vine. —dije, deteniéndome frente a su escritorio. —He asesinado a todas las figuras importantes de las bandas criminales en Kardia. —
—Comprendo, y tienes razón, pero no deja de ser inaceptable tu actitud. —dijo Poveritel, señalándome con su dedo índice.
—Ya soy muy grande como para que me regañen, y además, tú no eres mi padre. —dije, con una sonrisa irónica, a lo que Poveritel giró los ojos.
—Está bien, y además, tú no eres mi hijo. —contestó Poveritel con una sonrisa astuta.
—Priemnik… —dije en voz baja, a la vez que bajé la mirada. —¿Cómo sigue tras la muerte de Leden? —
—… Tal vez le he fallado como padre, o dime, ¿qué debo hacer cuando mi propio hijo lamenta la muerte de mi enemigo? —dijo Poveritel con la voz temblorosa en su última oración.
—No tengo hijos, y tampoco tuve una buena relación con mi padre… —conteste volviendo a alzar la vista. —Pero… Conozco a hombres que lo darían todo por quienes aman… Hay hombres que se juegan la vida por la mujer que aman, por sus hijos o su gente; no importa realmente, pero el hecho es que ignoran todo lo demás por quienes aman. —
Poveritel me miró asombrado, bajó la mirada suspirando frustrado y después me miró aún con una sonrisa en el rostro.
—Debería entonces dejar de lado cualquier obstáculo, ¿eso dices? —
—Se podría decir, pero eso lo dejo a tu criterio. —dije en respuesta, y entonces Poveritel caminó hacia mí y extendió un sello.
—¿Y eso? —cuestioné confundido con la mirada fija en el sello.
—La paga por tus servicios; me he tomado la molestia de abrirte una cuenta en los bancos de la liga continental. —contestó Poveritel.
—Bancos… —dije tomando el sello sin estar del todo convencido. —Dejar mis finanzas en manos de usureros es un tanto… Además, odio a los burócratas. —
—Puede ser, pero en los tiempos que vivimos es la forma más segura para resguardar nuestros bienes. Además, considerando tus viajes como errante, la cantidad de fondos que puedes llevar es limitada. —
Suspiré resignado ante las palabras de Poveritel.
—Sí, sí, lo sé bien. —dije con voz resignada. —No me agrada, pero tienes razón. —
—Casi siempre la tengo, pero bueno, hay que hacerlo oficial; Inquisidor Glad, oficialmente queda destituido de su cargo. —dijo Poveritel.
Después me di la vuelta dirigiéndome a la entrada. Pero antes de salir me di la vuelta habiendo recordado un asunto pendiente.
—Oh, una cosa más, es sobre lo que hablamos, respecto al prisionero. —dije con una sonrisa astuta en el rostro.
…
Al salir, puede ver al extremo contrario del pasillo; asomando por la esquina se encontraba Priemnik. Este, al percatarse de que fue descubierto, se volvió a esconder.
«Ja, principiante. »dije y en un instante acortó la distancia entre nosotros.
—Es de mala educación no saludar a la gente que conoces. —dije, habiendo aparecido de cuclillas frente a Priemnik.
—¡Aaah! —el niño se asustó y saltó hacia atrás, cayendo de espaldas al suelo.
—¿Se te ofrece algo? —pregunté, a lo que Priemnik desvió la mirada.
—Oye, me voy este día, así que si quieres decirme algo, ahora es cuando. —dije, pero Priemnik continuó apartando la vista.
—Niño… ¿Deseas venganza? —
Priemnik pareció reaccionar a mis palabras, pero permaneció en silencio.
—Dime, ¿acaso no te importa que asesine a Leden? —dije tratando de provocar cualquier reacción.
Priemnik me miró enfadado.
—¡Claro que me importa, Leden era mi amigo! —reclamó Priemnik.
—Vaya, hasta que hablas. —dije con tono irónico.
Priemnik volvió a desviar la mirada, con una expresión ofuscada.
—No… No quiero venganza, solo no lo entiendo. —dijo Priemnik, habiendo cambiado su expresión a una de pesar. —¿Por qué…? ¿Por qué Leden quería morir? No lo entiendo, ¿por qué Leden sufría tanto? —
—Porque Leden ya no tenía razones para vivir. —dije con calma, causando la confusión en Priemnik.
Miré su rostro, confundido por solo tratar de entender mis palabras.
«No lo entiendes, y por eso te envidio, ya que aún no sabes por qué los hombres sufren. »cerré mis puños con fuerza al sentir una presión familiar en mi pecho.
—Pero, ¿por qué no pude hacer nada por él? —dijo Priemnik, bajando la mirada, con pesadumbre en la voz.
—Priemnik, no puedo decirte qué hacer. Hay cosas en las que no tenemos injerencia, y las decisiones ajenas dependen únicamente de quien las toma. —dije, sacando un trozo de obsidiana de sangre de mi abrigo y entregándoselo a Priemnik.
El trozo de obsidiana tenía una forma similar a una flecha, y su base estaba atravesada por una espiga de metal sujeta a una cadena de plata.
—¿Esto es…? —los ojos de Priemnik se abrieron al ver el collar.
—Lo corté y lo tallé del fragmento principal. —dije y Priemnik observó el colgante de obsidiana con gran devoción.
—¡Gracias! Señor Glad. —Priemnik cerró fuertemente sus manos sobre el colgante.
Una sutil sorpresa se asomó en mis ojos al ver cómo el niño rápidamente atesoró el collar de obsidiana.
—Ja, realmente me sorprendes… —dije con tono distante.
«El poder que ablanda el corazón de un demonio. Tan inofensivo, y a la vez tan peligroso; por eso es que los demonios más poderosos temen, por eso mismo debe permanecer en secreto. »me puse de pie y extendí la mano hacia él.
—Bueno, ponte de pie. —dije, pero Priemnik negó con la cabeza.
—Yo puedo solo. —dijo, a la vez que se ponía de pie.
Sonreí para después darme la vuelta.
—Señor Glad… —diría Priemnik, a lo que voltee para verlo. —Usted, ¿jamás se rendirá? ¿Cómo lo hizo Leden? —
Me di la vuelta para verlo de reojo y dedicarle una sonrisa.
—Nunca, aun si no quedase nada en el mundo, yo seguiré —dije e inmediatamente continué mi camino. —Ahora debo verme con alguien. —
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