demonio errante - Capítulo 64
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Capítulo 64: capitulo 4, boticario o erudito.
Otro día y otra jornada dio inicio. Y, lo que pensé que sería un viaje pesado, pero que podría sobrellevar. Sin embargo, no pude estar más equivocada.
—¡No te quedes atrás! —dijo Glad, apurándome.
—Sí, ya voy. —dije, acatando de mala gana sus palabras.
—Tsk, eres una tortuga. —
«Es un pesado.»
Mis protestas fueron solo para mis adentros. Los días empezaban temprano, mucho antes de que el sol saliera. El horario no era un problema, pero incluso el ritmo y la prisa serían soportables de no ser por un detalle.
“¡Despierta!” o “¡Apúrate!” eran los comentarios más amables. Era eso o simplemente me dejaba atrás.
Glad, por ser amable, era un mandón desconsiderado. Las buenas o malas expectativas que tenía de este viaje se desvanecieron o se quedaron cortas, respectivamente.
—Ya va una semana desde que empezó este viaje y aún eres incapaz de ponerte rápido ese estorbo que llamas armadura. —dijo Glad, reprochándome por centésima vez por mi armadura.
—Kgh, ya basta con ese reproche, es absurdo. Ponerse o quitarse una armadura no es fácil, ¿y pretendes que lo haga con la misma rapidez con la que uno se cambia de ropa? —dije en mi defensa, pero solo recibí una mirada condescendiente.
Entonces Glad suspiró cansado.
—Vaya, al parecer eres más lenta de lo que pensé. —
—¡Deja de molestar! ¿Acaso tú podrías hacerlo más rápido? —lo cuestioné, pero él solo me miró con media sonrisa presumida.
—Ku, ku, me tomaré la molestia de explicarte. —
Glad me miró condescendientemente.
—Entiendo que no captes la indirecta, pero el punto es que dejes de perder tiempo con esa armadura. Esperaba que con molestarte un poco optaras por dejar de usarla. —
—Que deje mi… Armadura… Molestarme poco… ¡Por una razón tan idiota! —dije, molesta a causa de sus intenciones reveladas.
—Sí, ¿y eso qué tiene? —dijo como si fuera lo más normal.
—¡Eres insufrible! —giré mi rostro, no queriendo hablar con él. —Dejar mi armadura… Ningún caballero que se respete viaja sin su armadura. Eso es lo básico para todos los caballeros. —
—Típico, por eso odio tratar con novatos. —dijo, sin voltear a verme.
Lo miré molesta, pero no pude decir nada. Lo más seguro es que sería en vano.
«Este pedante.»lo miré de reojo.
Una idea pasó por mi mente, pero negué con la cabeza.
«No funcionaría… Aun de espaldas es capaz de oír cómo me acerco.»
El día que dejamos Kardia pasó por mi mente. Mi intento de bajarle los humos terminó en lo contrario.
«No puedo desquitarme con palabras ni acciones. Esto es un asco, ¿por qué debo…? ¡!»
Sentí el frenado repentino de Zlatna, y cuando miré al frente, vi que fue a causa de el que frenamos.
—¿Ahora qué ocurre? —
Glad no respondió de inmediato. En su lugar, su mano derecha fue directo a la empuñadura de su espada. Y su mano izquierda tomó el cuchillo alojado en su cintura.
—A 20 metros tras los matorrales. —dijo en voz baja, y sus ojos fijos en el cruce próximo.
—¿Bandidos? —dije, llevando mi mano a mi estoque a la vez que espero una confirmación.
Él negó, su mirada seria, fija en el camino frente a nosotros.
—No, de ser un bandido no le preocuparía. Esto es algo contra lo que no tienes oportunidad. —dijo Glad sin cambiar su semblante.
Se oyen las hojas moverse entre los arbustos, y un repentino temblor recorre mi columna.
«Esto… Esto es…»
Como si se tratara de una ola en la costa, sentí el embate de una fuerte intención asesina.
Zlatna entró en pánico. Casi provocando que cayera.
Y entonces pasó; mi mirada buscó a Glad, descubriendo que permanecía imperturbable. Sería que solo entonces fue que aquello que yacía oculto se reveló.
A primera vista parecía bajo, pero pronto vi que la postura del extraño ser estaba simplemente reptando por el piso. Sus extremidades dobladas al extremo para adoptar tal postura. Sus ojos rojos resultaban en su cuerpo de piel oscura y sin ningún vello aparente junto a su rasgo más distintivo.
Igualmente de sobresaliente, sus mandíbulas pronunciadas hacia adelante se veían desprovistas de piel que cubriera sus encías, así como la afilada hilera de dientes que poseía. Por otro lado, el resto de su cabeza tenía una forma similar a la de un humano.
Los ojos de la criatura nos inspeccionan a ambos, pasando primero por Glad y luego por mí.
Fue entonces que sentí la amenaza venir de este. Y la criatura comenzó a cambiar su postura a la vez que sus extremidades se tensaban.
—¡No te muevas! —me advirtió Glad, pero entonces la criatura ya había saltado hacia mí.
Suspendida a metro y medio del piso, vi cómo la misma extendió sus garras delanteras hacia mí a una velocidad inaudita, sin darme tiempo de evadirla.
La muerte en forma de afiladas garras y fauces pronunciadas se acercaba. Sin embargo, no era miedo lo que sentí, sino remordimiento, tal vez por no haber logrado nada por mí misma.
Aceptó la muerte pese a todo. Pero, a medio metro, vi una de sus garras ser cercenada, y la sangre salir volando a borbotones.
—¡No te quedes viendo! —dijo Glad, reprochándome por mi inacción.
A la vez, tras cortar una de las garras de la criatura, este procedió a clavar su cuchillo por debajo de la mandíbula de la criatura.
Zlanta retrocedió asustada.
La criatura comenzó a agitarse, pero Glad no le dio oportunidad. Este la pateó en el pecho en dirección a un árbol.
A gran velocidad, este se estrelló e hizo crujir el árbol.
—Créeme, no hay nada digno en ser comida de un animal. Y mucho menos el ser comida de un engendro. —
Un recuerdo pasó por mi mente al oírlo decir “engendro”. Fue el mismo nombre usado por Navitsi al contar el destino de su familia.
“Gorgoteo, gorgoteo”.
El engendro gruñó y siseó a causa del dolor.
Su brazo cercenado se prendió en ascuas, dejando de sangrar al igual que su mandíbula.
—Me pregunto si tendrá tanta hambre para volver a intentarlo. —dijo Glad, sonriendo en anticipación.
«¿Acaso esto lo divierte?»
“Ssssssssssss”, la criatura siseó desafiante.
La herida de su mandíbula habiéndose cerrado, y su mirada fija en Glad.
Glad vio esto con gracia y dio un paso al frente.
—¡Vamos! ¡Deja de ladrar y pelea! —dijo exigente, apuntando al engendro con su sable.
El engendro gruñó y abrió sus fauces amenazante. Pero no duró mucho al ver que Glad no retrocede, sino que dio otro paso al frente.
El engendro retrocedió, pero sin desistir en sus gruñidos.
Así, los dos intercambiaron miradas por unos segundos hasta que el engendro emitió un rugido.
“¡Groaaaaah!”
Tras ese último desafío, él mismo se dio la vuelta a su derecha y se fue hasta desaparecer en la maleza.
Pasan los segundos hasta que dejo de oírlo.
—S-se ha ido. —dije, aun en estado de conmoción.
—Gracias por decir lo obvio. —dijo Glad con su usual falta de tacto.
Este envainó sus armas y caminó de regreso a su caballo, deteniéndose frente a Zlatna.
—Desmonta. Ella no está en condiciones de seguir, no por ahora. —
Entonces Glad puso su mano sobre la frente de Zlatna, quien seguía temblando.
—¡Ah, sí, sí! —dije, desmontando tan rápido como pude.
Pero al bajar casi colapso, cayendo sobre mis rodillas.
Mire conmocionada mi estado actual.
«Esto fue como aquella vez…»mi mente regresó a los calabozos de la mansión Granitsa.
Sentí un sentimiento de vergüenza y autorreproche aflorar. Sin contar que un minuto atrás estuve resignada a la muerte.
Mi mirada se dirigió al piso, y de repente vi las puntas de dos botas conocidas.
—De pie. —dijo Glad, siendo el quien estaba frente a mí.
Desvió la vista esperando alguna clase de reproche.
—Tsk, qué dolor de muelas. Escucha, no hay vergüenza en temer a un engendro; incluso demonios de bajo rango son precavidos al pelear con uno. —dijo, a la vez que me extendía una mano; su voz era extrañamente comprensiva. —Ningún humano puede estar impasible ante su sed. —
Lo miré de reojo. Su expresión permanecía casual.
—Bien, pero no creas que siempre estaré en las mismas. —dije, finalmente tomando la mano que me tendía. —No siempre necesitaré tu ayu… —
Un fuerte tirón interrumpe mis palabras, terminando de ponerme de pie en un instante.
—Mucha palabrería inútil. —dijo, volviendo a su usual tono brusco.
Este entonces finalmente regresó con su caballo, comenzando a frotar su cabeza.
—¡Eso fue innecesario! —dije, mirándolo molesta.
—Excelente, encaraste al engendro como se debe. —dijo, ignorando mis reclamos.
—¡Te estoy hablando! —insistí.
—Zlatna no ha estado antes en combate, ¿cierto? —pregunto, sin voltear a verme.
Lo miré confusa, pero finalmente decidí seguirle la corriente.
—No, la he criado desde que nació… —dije, a la vez que miré preocupada a Zlatna. —¿Eso es malo? —
Negó con la cabeza.
—No, pero debes prepararla, o acerté a la idea de no llevarla al combate. —
—I-Igual, no tenía la intención de hacerlo. —dije, pasando mi mano sobre el lomo de Zlatna.
—Bien, creo que no estaría mal descansar un momento. —dijo, yendo al lugar de donde salió el engendro.
—Espera, ¿pero qué haces? —dije, al verlo alejarse.
—¿Eh? Solo quiero ver algo. —dijo, como si no entendiera la pregunta. —Oh, espera. —
Una sutil sonrisa apareció en su rostro.
—¿Tienes miedo? —
Apartó la mirada con pena.
—¡Ja, ja! Tranquila, no tardaré; tú ponte cómoda. —dijo, con una expresión risueña. —¿O es que quieres ver? —
No respondí, pero eso no lo detuvo y continuó su camino.
—¡Oye, espérame! —dije, yendo tras el.
Después, recorrimos la distancia aproximada de 20 metros donde el engendro había sido ubicado.
«¿Qué es lo que está buscando? ¿Y ese olor?»me pregunté a causa del olor a hierro que impregnaba el aire.
Glad se detuvo, causando que chocara contra su espalda.
—¡Hey! ¡Avisa, no crees! —le reclamé, pero fue ahí cuando lo vi.
De entre los arbustos había el cadáver de un gran oso adulto.
—Esto explica por qué no pude detectar antes al engendro. Demasiada sangre y grasa. —dijo con una calma antinatural. —Además de su comportamiento. Los animales hambrientos no dejan su comida tan fácil. —
El cadáver estaba sobre su propio charco de sangre, con un gran agujero en el estómago y sus intestinos regados por la tierra.
Glad se inclinó frente al cadáver, inspeccionando al cadáver a detalle.
Sus manos fueron directo a la cabeza del oso. De su cabeza pasó a su cuello.
—El cuello está intacto. Pero, por otro lado, sus patas… —
Tomó su pata izquierda; esta se dobló antinaturalmente. Y una sonrisa apareció en su rostro.
—Jo, le rompió las patas. —dijo, inspeccionando de igual forma sus otras 3 extremidades.
—¿Le rompió las patas, pero por qué? —dije, no entendiendo su fijación por los detalles.
Glad no dejó de sonreír, ahora causándome un escalofrío y entendí el motivo.
—No… No tiene sentido. Eso es demasiado cruel. —dije, tratando de negar lo obvio.
—Se lo estaba comiendo en vivo. —dijo Glad sin titubear.
Este entonces alzó el cadáver por el cuello.
La impresión que esto me causó fue solo igual al desagrado por el trato al cadáver.
—¿¡Qué estás haciendo!? —lo increpé, no entendiendo su repentina acción.
Glad no respondió. En su lugar, este camino saliendo del camino de tierra.
—Tarde o temprano, el cuerpo comenzará a descomponerse, así que lo mejor es apartarlo lejos. —dijo, su voz relajada en contraste con lo que hacía. —Atraerá a otros depredadores, o peor, a otros engendros. Pero no te preocupes, nosotros no estamos en riesgo, pero otros transeúntes… Ellos son un caso diferente. —
Con eso, Glad se apartó con el cadáver a cuestas.
Así, solo pude regresar con los caballos.
…
Unos minutos después.
Me senté, apoyando mi espalda contra una roca.
Por un lado, los caballos solo pastaban, mientras que Glad tomaba de su cantimplora.
Él bebía sin ninguna moderación. Continuó así hasta que la botella quedó vacía, y este empezó a sacudirla solo para sacar las últimas gotas.
—Genial, y yo que aún tenía sed. —dijo con frustración.
—Aborazado… —dije sin mucho ánimo.
—Sí, no importa. Igualmente, nos faltan unas pocas horas para llegar a Aptekar. Además, hay un río que pasa cerca de aquí, así que podremos reabastecernos de agua. —
—Sí… —dije, oyéndolo y respondiéndole por mera inercia.
Glad me miró con expresión confusa.
—¿Ahora qué te ocurre? Este comportamiento no es normal en ti. —dijo Glad, no dando espacio a evasivas.
—En serio, ¿no me vas a dejar en paz hasta que te lo diga? ¿Cierto? —dije, viéndolo directamente.
—Así es. No quiero lidiar con esto después, así que dímelo de una vez. —dijo, como si tratara con un simple berrinche.
—Eres tan molesto, pero de acuerdo… Sé que dije que no dejaría que me volviera a afectar; sin embargo, lo hace. No puedo dejar de pensar en ese monstruo. —
—Uhm, ya veo. Es natural, es el miedo a la muerte, es algo muy humano. —diría Glad, como si eso resolviera el problema.
—Dime, comparado con ese engendro, ¿qué tan fuerte era Leden? —dije, buscando confirmar una duda.
—Es… Cómo comparar a un niño con un adulto. Leden era un demonio mayor, un demonio que no puede ser contenido por medios humanos. —dijo, a lo que traté de dimensionar las implicaciones de sus palabras.
—Lo supuse… Lo que sentí, esa presión ominosa era… —
—La sed. —diria Glad, completando mis palabras.
—¿Sed? —
Glad asintió.
—La sed es la manifestación de nuestra ira y agresión. Nuestra hambre y euforia, varía, pero esa es la forma de describirlo. A mayor el rango mas intensa es la sed, y comparado con Leden, ese engendro no es nada. —explicó Glad; sus términos fueron extrañamente fáciles de comprender. —Dime, ¿te preguntas porque te afecto la sed de un engendro pese a estar frente a un demonio mayor. —.
Miré a Glad con asombro. Este se dio cuenta de lo que pensaba sin que tuviera que decírselo.
—… ¿Soy tan obvia? —dije, con algo de pena.
—Eso no importa; lo que sí te digo es que te preocupas por insignificancias. —dijo, trivializando mis preocupaciones.
—¿Te parece poco? Lo que pasó no tiene sentido, dime, ¿por qué no pude moverme? —dije, exigiendo una respuesta.
—¿Crees que por presenciar la sed de un demonio mayor, ya eres capaz de enfrentar la sed de un engendro? No seas arrogante, conoce tus límites. —dijo Glad, mirándome con severidad.
Quise responder, pero mi voz no sale. En su lugar, solo baje la mirada incapaz de confrotarlo.
—Tsk, vamos, no te mortifiques. —dijo, en un intento por aliviar la tension. —Ningún humano ha enfrentado solo a un engendro y vivido para contarlo. De hecho, jamás he visto a humanos derrotando a engendros; si no pueden con eso, mucho menos con un demonio menor. —
Lo dijo tan casualmente pese a la conclusión pesimista.
—¿Entonces cómo pueden haber personas como los Rutatka que viajan tan tranquilamente entre pueblos y ciudades? —
Glad me miró, alzando una ceja a causa de mi pregunta.
—¿Crees que los Rutatka viajan tranquilos? Tienen que cuidarse de bandidos y engendros. —dijo Glad, cambiando su semblante calmado a uno serio. —Bueno, no tanto por los engendros. Pese a lo que dije, los humanos han aprendido a lidiar con ellos. En ese sentido, son los humanos los verdaderamente peligrosos. —
—¿A qué te refieres? —dije, con renovada curiosidad. —Después de decirme que nadie ha derrotado a un engendro, es contradictorio que digas que se puede lidiar con ellos. —
—Error. No dije que jamás hayan sido derrotados, dije que jamás he visto a un engendro ser derrotado por humanos, pero sí he escuchado rumores. —
Glad tomó una rama y con ella dibujó una media luna en la tierra. Con eso mismo dibujo dos líneas en el centro para separarla del resto.
—Hay muchas formas de lidiar con engendros cuando entiendes que no son muy diferentes a los animales. Lo primero es explotar sus debilidades. —dijo Glad, tras terminar de ilustrar figuras en la tierra.
Alrededor de la media luna, en ambos lados, había lo que parecían personas. Y en el área del centro de la media luna, la representación de un engendro.
—Supe de un grupo de subyugación que le tendió una trampa a un engendro. 11 hombres valientes que usaron una fortaleza abandonada para acorralar y matar a la bestia. —
Señalo el área del centro de la media luna.
—Imagina que esto es una muralla. Este tenía un portón trampa, o Portcullis. —
—Sí, sé de qué hablas. —
Asentí, a lo que Glad sonrió, como si se ahorrara tener que explicármelo.
—Bien, ahora el punto. Lograron atraer al engendro al portón y encerrarlo, aunque claro, no duraría mucho, pero su intención no era capturarlo vivo. Le dejaron caer brea hirviendo, le prendieron fuego, lo apuñalaron con lanzas y una vez lo suficientemente débil… —Glad hizo una pausa, eh hizo un gesto que reconocí.
—Lo decapitaron. —dije, a lo que él asintió.
—Aunque difícil, fue un plan brillante. ¿Sabes lo difícil que es decapitar a un engendro? Los huesos de un engendro son tan duros como el tronco de un árbol. —dijo Glad, para mi asombro.
—¿Y cómo es eso? —
—Bueno, los engendros son extremadamente fuertes, más que cualquier animal terrestre. Sus músculos y huesos son mucho más fuertes; para decapitar a un engendro no basta usar una espada, necesitas un hacha y a un hombre de complexión robusta. —explicó Glad.
Entonces miré a Byala Devoyka en mi cintura.
—Entonces no podría decapitar a un engendro con Byala… —
Mi voz salió por lo bajo.
—En este caso, el problema no es el arma. Pero espero que no planees enfrentarte a un engendro tú sola. —dijo, intuyendo la causa de mi pregunta. —En todo caso. Tu estoque es mejor arma de lo que tú crees, solo que los humanos carecen de la fuerza necesaria. —
—¿En serio? —dije, con mi mano tocando el mango de Byala. —Esta espada estuvo en mi familia desde su fundación. Pero jamás pensé que fuera tan especial.
—Uhm, veo que no te das cuenta. Pero esa espada es una reliquia invaluable comparada con la herrería convencional. —dijo Glad, tomando él mismo su sable. —Geibelung fue la última gran espada forjada en la era de los héroes. Y como tal, solo quienes están destinados a portarla pueden desenvainarla. —
«Entonces… ¿Mi destino era desenvainarla?»sentí un tenue orgullo a causa de sus palabras.
—Dime, ¿has oído la voz? —dijo Glad, asiendo una extraña pregunta.
—¿Cómo, no lo oíste? Es algo que todos quienes son elegidos por una espada heroica escuchan: las palabras “Di su nombre”. —explicó Glad, incrédulo.
—No… —negué con la cabeza.
Después desenvaine a Byala Devoyka.
—Mi padre me entregó esta espada y me dijo su nombre el día que me uní a la orden de caballería. Jamás pasó que oyera una voz desconocida. —dije, recordando el día que mi padre me la obsequió, junto al orgullo que sentía aquella ocasión.
—Oh, eso lo explica. Si tu padre es el dueño del arma, él pudo haberte transferido los derechos de la espada. —dijo Glad, como si se hubiera percatado de algo.
—¿Eso se puede? —dije, no entendiendo cómo funciona esto de las espadas santas.
—Sí, siempre y cuando sepas el nombre del arma, se te pueden transferir los derechos del arma. —explicó Glad como si fuera un trámite común.
—Entonces… No es que yo sea digna… —dije con una sonrisa hueca.
Glad miro esto con ligera molestia.
—Uhm, te mortificas por niñedades. Aun si fueras digna, la espada no te serviría de nada contra demonios. —dijo Glad, minimizando mis preocupaciones. —Los humanos perdieron el poder para enfrentar a los demonios hace mucho tiempo. —
Sus palabras señalaban a un concepto antes mencionado.
—Los héroes… —dije, logrando captar su interés.
—¿Qué tanto sabes de esa era? —dijo Glad con expresión curiosa.
—Solo lo básico. Qué inicio hace 1400 años de mano del gran héroe Just, Just el dorado. —dije, recordando la época en que me contaron las historias de esta época. —Mi padre… Él siempre dice que aquella época está llena de tantos elementos fantásticos como para tomarla en serio. —
Glad dejó escapar una risa despectiva.
—Vivir en un mundo plagado de demonios y aun así dudar de la era de los héroes. Pero qué necio, aun para un noble. —dijo con palabras cortantes.
—Oye, no le faltes el respeto a mi padre. —dije molesta, alzando la voz en defensa del honor de mi padre. —Es un hombre estricto, pero también razonable. Simplemente no cree en lo que no ve. Yo tampoco creía en demonios y engendros antes de Kardia. —
—Uhm, bien, no tocaré el tema. —dijo Glad, dejando escapar un suspiro agotado. —Sea como sea, los demonios aparecieron en el ocaso de la era de los héroes, sin nadie que pudiera detenerlos. A eso sumarle que la fe Aletiana creó un entorno que impidió el surgimiento de más héroes. —
—Pero no lo entiendo, ¿cómo pudo llegar a su fin la era de los héroes? —
Una expresión de pesar apareció en el rostro de Glad, como si estuviera decepcionado.
—Los héroes nacen del reconocimiento de las personas. En el pasado había monstruos que plagaban el mundo y los héroes eran quienes tenían el valor para enfrentarlos. Pero desde con el inicio de la era del dios vivo, no ha nacido nadie capaz de ganarse el reconocimiento. —
—Pero, ¿eso significa que podrían volver a ver héroes? Si alguien es reconocido, ¿no es así? —dije, con la esperanza de que fuera posible.
Glad solo negó.
—Esos tiempos ya pasaron. El mundo cambió, y con ello los héroes se acabaron. —dijo Glad aún con tono pesimista.
Tras eso, este continuó hablando del fin de la era de los héroes. Como la época de los 13 héroes del ocaso, siendo la última generación de héroes con más de 10 héroes en el mundo.
Por mi parte, y pese a su pesimismo, aún quería creer que era posible.
—¿Puedes creerlo? Esos 13 apenas tenían proezas, y sin embargo se les recuerda por ser las últimas generaciones de… —
—¡Oye! —dije, interrumpiéndolo.
—¿Ahora qué? —dijo, no entendiendo el motivo de mi interrupción.
—Te equivocas sobre el mundo. Hoy en día, la gente busca a un héroe; solo falta alguien con el valor de ser ese héroe. —dije, con visible entusiasmo.
—Jo, eso es ser muy optimista. —dijo Glad, con una media sonrisa burlona. —Me pregunto quién sería tan tonto para volverse ese héroe. —
«Mejor mírate en un espejo. »contuve la risa tanto como pude.
—Por cierto, antes mencionaste algo sobre las debilidades de un engendro. ¿Cuáles son? —dije, retomando el tema.
—Te acordaste. Bueno, solo no creas que podrás derrotar a un demonio. Solo sirven para ahuyentar engendros; cualquier demonio se daría cuenta y se prepararía. —dijo, no pareciendo entusiasta respecto a hablar sobre las debilidades de los demonios. —La mayor debilidad de los demonios es una de sus mayores ventajas, los sentidos. —
—¿Los sentidos? —dije, intrigada por sus palabras.
—Sí, olfato, oído, tacto. Pero más que nada el olfato. Es nuestro mayor punto débil, y a mayor rango del demonio, más sensible es su olfato. —dijo Glad, a lo que me quedé desconcertada.
Pero era a su vez algo lógico.
—Escucha, los nómadas y comerciantes usan paños mojados en vinagre o extracto de zorrillo y los cuelgan a los lados de sus carruajes. El mal olor ahuyenta a los engendros.—
—Ahora entiendo. Je, la verdad, yo también me alejaría de algo con ese olor, ¡ja, ja! —dije, dejando escapar una sutil risa.
—Sí, pero, ¿sabes? Una vez una persona dejó de bañarse para enfrentar a un engendro. —diría Gada, a modo de anécdota.
—¿En serio? ¿Y cómo acabó eso? —dije, aunque podía intuirlo.
—Lo mismo que el oso. Los osos jamás se bañan, así que le fue peor. —
—Pfff, ¡ja, ja, ja, ja! —me reí descontroladamente. —Eso fue realmente irónico. —
—Sí, pero solo te lo digo para que no creas que por no bañarte los engendros no te atacarán. —
Hubo un corto silencio que rompí al pararme de un salto y desenvainando mi sable.
—¿Qué es lo que insinuas, que huelo mal? —dije, a la vez que desenvaino lentamente a Byala Devoyka.
A su vez, comencé a caminar hacia él con una ira creciente. Y, por primera vez, pude ver cómo la expresión relajada abandona el rostro de Glad.
—Eh, no, yo no dije eso… Más o menos. —diría Glad, confirmando que no se retractaba.
—¡Tú lo pediste! —dije, dando la primera estocada.
…
2 horas más tarde.
Tras un pequeño altercado, opté por retomar el camino.
Miré a Koprina de reojo. Esta aún parecía molesta, y cuando notó que la veía, esta me dedicó una mirada furiosa.
«Uhm, creo que me pasé. No esperaba que se sintiera tan ofendida, aunque creo que debí intuirlo.»
“Pfff.” contuve la risa.
—¿Acaso te estás burlando? —diría Koprina, claramente molesta.
Alcancé a oír el sonido de su estoque al ser desenvainado.
—¡Eh, no, no! —dije, tratando de evitarme problemas.
Suspiré aliviado.
«No se le olvidará.»
El viaje continuó tras eso, y tras unos minutos, finalmente vislumbramos el pueblo de Aptekar.
—Al fin, Aptekar. No hay nada como llegar a tu destino tras un largo y tedioso viaje. —dije, con un sutil tono de alivio y mi mirada fija en Aptekar.
Mi caballo fue el primero en avanzar.
—Bueno, es hora, no lo hagamos esperar. —dije, notando la confusión en su rostro.
—¿Él nos espera, le avisaste? —preguntaría Koprina.
—No, pero digamos que él siempre está a la espera. —dije, pero ella pareció más confusa.
—Juro que no te entiendo. —dijo, negando con la cabeza.
…
Al llegar a Aptekar y transitar por su camino principal, rápidamente nos vimos vueltos el centro de atención.
La única diferencia es que ahora no fue por mí, sino… Por ella.
Una expresión incómoda apareció en el rostro de Koprina a causa de la poca sutileza de los pueblerinos.
Esta, al notar que la miraba, se acercó a mí.
—¿Qué les pasa a estas personas, por qué todos me ven? —dijo, notablemente molesta.
Rodé los ojos a causa de su absurda pregunta.
—¿No es obvio? Ya de por sí es raro ver a una mujer a caballo, más aún una con armadura. —dije, no pudiendo creer que no se diera cuenta de algo tan obvio. —Además… —
La miré de reojo por un momento.
—¿Además, qué? —dijo, confusa por mi pausa.
—Nada… No era nada. —dije, sin darle más detalles.
—Uhm, qué raro eres. —dijo, aun inconsciente de lo más obvio.
La mire de reojo.
«Esta chica, es demaciado inconciente de como se ve a ojos de los demas.»
…
Así, sin mediar más palabras, llegamos hasta una casa ubicada en el extremo noreste del pueblo. Un establecimiento oculto entre las demás casas.
—Una botica. —murmuró Koprina.
—Sí, así es. —dije, desmontando y caminando hacia la puerta.
Koprina hizo lo mismo y se siguió de cerca, y frente a la entrada leímos el cartel de cerrado.
—Cerrado, ¿y ahora qué? —diría Koprina, esperando saber qué seguía.
—Es igual. Él está aquí. —dije, caminando hacia la parte trasera del establecimiento.
Koprina se apresuró a seguirme hasta llegar frente a la entrada trasera.
“Golpe, golpe.”
—¡Oye, apresúrate y abre! —dije con tono de demandante.
—¡Oye, pero qué crees que haces? —me reclamaría Koprina.
—¿Quién es? Identifíquese. —
—Esa voz… ¡Oye, Glad, no deberías ser tan grosero con…! —
—¿En verdad eres tú, Glad? —
El sermoneo de Koprina se vio interrumpido por el dueño del local.
—¡Sí, así que ya habré! —dije, cansado de este juego.
—Bien, pero primero di la palabra clave. —dijo, jugando con el límite de paciencia.
—Habré menos que quieras que te parta las piernas. —dije a modo de ultimátum.
Una risa vino del interior de la casa.
—Sí, eres tú, Glad. Ya pasa, está abierto. —dijo, haciendo que toda la conversación previa fuera un despropósito.
«Este idiota y sus juegos.»
Abrí la puerta viendo que era verdad que estaba abierta. Pero, tan pronto como abrí, vi un proyectil volar directo a mi rostro más rápido que cualquier flecha.
Lo atrapé con mi mano a centímetros de mi rostro.
—Veo que sigues igual. —dije, rompiendo la flecha con mis dedos, a la vez que miraba al tirador con una sonrisa molesta. —Altester. —
El tirador, un anciano de unos 60 años o más, sostenía sonriente una ballesta modificada.
—No más que tú, Glad. —
Koprina se posicionó frente a mí con su estoque en mano.
—¡Baje el arma! —ordenó Koprina con voz tensa.
—¡Baja tu estoque! —dije con tono de reprimenda.
Esta no reaccionó y solo me miró confusa.
—P-pero… —
—¿Que eres sorda? ¡Baja tu arma! —
Pese a los nervios, Koprina obedeció mi orden y bajó su arma.
—Oh, veo que tienes una nueva compañera. —se burló Altester.
—Ja, yo no tengo compañeros. —dije, negando sus palabras.
—Glad… ¿Quién es este hombre? —dijo Koprina, sintiéndose fuera de lugar.
—Ja, es verdad, me falta presentarlos. Altester, te presento a Koprina Lilavo. Koprina, te presento a Altester Weiser, el boticario. —dije, presentando formalmente a ambos.
—¿Boticario? Prefiero erudito, si no es molestia. —dijo Aletester, haciendo una aclaración innecesaria.
—Sí, sí, boticario o erudito, eso da igual. Tenemos que hablar de tu trato para con las visitas. —dije, sosteniendo la flecha aún en mi mano. Aún sin decidir qué hacer con la misma.
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