Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 12
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Capítulo 12: La Epístola que Sangra
—Bien Power, quédate con Himeno —dijo Aki, mientras dejaba a Power en un restaurante.
—Entendido… —Dijo Power, aburrida, entrando al restaurante.
Aki arrancó, yéndose hacia la central. Al llegar, una persona le esperaba. Desde el asiento trasero se adentró Makima, con una pequeña sonrisa. Se abrochó el cinturón de seguridad, mientras Aki arrancaba y conducía hasta la estación de metro. Mientras conducía, Aki fue asaltado por Makima, quien empezó a hablar.
—Vaya día, ¿No, Aki? Parece muy agradable —dijo Makima, casual.
—La verdad es que es agradable, señorita Makima —dijo él, asintiendo.
—Leí el reporte sobre Denji, la misión de ayer… —dijo ella, tensando al pelinegro, quien se detuvo en el semáforo—. Despachar a dos demonios, ambos a puño limpio, y de forma tan brutal… Parece que a Denji le fascina la violencia.
—Señorita Makima, creo que Denji reaccionó así por ver a Power herida —dijo rápidamente Aki, mientras Makima le dirigía una mirada complacida.
—¿Es así? —Preguntó ella, sonriendo un poco—. Bueno, puede ser. Aunque si debo decir algo a destacar es que, es la primera vez que se tiene registro de un demonio dañando a Denji. Hasta ayer, Denji había sido intocable para los demonios, y sus victorias eran contundentes.
—Bueno, creo que Denji está siendo algo abrumado por la presión… —Empezó Aki—. Parece que le cuesta algo adaptarse a la sociedad. No lleva ni un mes en Seguridad Pública, su vida ha dado un gran giro al tener que cazar demonios…
—¿Y tú sabes sobre cómo era su vida antes de cazar demonios? ¿Se los ha contado? —Preguntó Makima, curiosa.
—No. No nos ha dicho nada. Pero esperaba que usted…
—No puedo revelarlo, Aki —suspiró Makima, con voz pesada—. Me temo que todos tenemos derecho a guardar nuestros secretos. Ir revelando el pasado de alguien así como así, especialmente de nuestro híbrido tan particular, incluso si es contigo, resulta riesgoso.
—Entonces, ¿Su pasado es problemático de alguna forma? —Preguntó Aki, serio—. Percibo en Denji una hostilidad latente. Es muy reacio a las interacciones, y parece algo… Algo…
—¿Loco? —Preguntó Makima, sonriendo mientras estrechaba los ojos-
—Sí… —Respondió Aki, suspirando—. No parece el tipo de persona que tuvo una vida fácil. Su personalidad es la de un niño casi todo el tiempo, pero cuando pelea… Oh, cuando pelea es otra persona.
—El cerebro de las personas es fascinante, Aki —empezó Makima, mirando por la ventana—. Se pueden crear métodos para sobrellevar las situaciones más estresantes. Algunas personas, como Denji por ejemplo, suelen crear lados de sus personalidades que se especializan en afrontar situaciones de alto estrés. Situaciones que demandan una acción tan caótica que su personalidad cotidiana no puede concretar.
—¿Dice que Denji está enfermo mentalmente? Bueno, no suena tan…
—No está enfermo —le interrumpió Makima, divertida—. Tan solo te digo esto porque quiero aprecies a Denji.
—¿Apreciarlo? Lo aprecio…
—Como algo más que un compañero, Aki —dijo Makima, más seria—. Tiendes a ver a la gente como tu compañera, pero más allá de eso, no pareces del tipo de persona que se encariña con todos.
—El cariño es muy difícil de dar para alguien como yo —respondió Aki, con sinceridad en su voz.
—Igualmente lo es para Denji —Makima le dijo, suavemente—. Deberías apreciar el hecho de que Denji se comporte como un niño enfrente de ti. Denji no suele ser la persona más idiota del mundo, tan solo no sabe lo que está bien o está mal.
—¿Qué dice?
—Que Denji se comporta como un niño porque nunca llegó a serlo —Makima contuvo la respiración, un gesto imitado por Aki—. Denji es el tipo de persona que se esconde bajo esa bravuconería en batalla. Pero el verdadero Denji es ese tipo que dice bromas estúpidas, que se permite actuar como un niño enfrente tuyo. Que un chico que nunca pudo ser un niño se anime a serlo contigo, es algo que deberías valorar más, Hayakawa Aki.
Llegaron a la estación de metro, con Makima bajándose del coche, agradeciendo y llegando hasta un grupo de cazadores que fungirían como sus guardaespaldas. Iban rumbo a Tokyo, subiéndose al vagón y empezando el camino hacia la ciudad. Aki regresó, un viaje de 10 minutos. En todo el camino no pensó en más que las palabras de Makima.
Era el medio día y debían reunirse en el restaurante. Una comida rápida antes de cualquier cosa. Dado que no había nada pendiente, fue una reunión informal entre compañeros de la división cuarta especial. No era la primera vez que hacían esto, y por supuesto, no sería la última. Para Aki, esta reunión tenía otro propósito: Preguntar al grupo sobre la integración de Power y Denji.
Que fueran mitad demonios era vital, pero todos allí habían perdido a alguien por los demonios. Quería saber sus opiniones, porque desde que se inició las operaciones, nunca parecieron capaces de hablar sobre esto. Ahora que Makima no está, es el momento indicado para hacerlo. Llegó al lugar, se bajó del carro y al entrar, miró a todos allí, menos a Denji.
—¿Y dónde está Denji? —Preguntó Aki, confundido.
—¿Me hablabas? —Denji estaba detrás suyo, esquivando un puñetazo que Aki dio por reflejo.
—¡CABRÓN NO HAGAS ESO! —Dijo Aki, con el corazón en la mano.
Todos empezaron a reír, mientras Denji le palmeaba el hombro. Aki suspiró, yéndose a sentar. Todos se miraron los unos a los otros, sonriendo. Pidieron algo de comer y beber mientras esperaban, empezando una charla sobre el clima, el tipo de vibra que emitía el verano, sobre todo como era que se las pasaban en sus ratos libres.
—Oye, sé que sonará raro pero, ¿Cuál era tu nombre? —Denji le preguntó al hombre alto, quien tuvo una vena palpitando en su frente.
—Arai…
—¡Bien, mi nombre es Denji!
—Eso ya lo sé…
—Encantado de conocerte, Arai —dijo Denji, irritando al hombre al lado de Kobeni.
—Oye, Kobeni no ha llegado aún, ¿Será que se perdió en el camino? —Preguntó Arai, alzando una ceja.
—Realmente no lo sé… Deberías ir a verla, se encuentra a unas calles de aquí. Pero no sé en qué dirección exactamente —dijo Himeno, restándole importancia.
—Bien, iré por ella. No se coman mi comida —dijo Arai, parándose y saliendo del restaurante.
Los platos llegaron, junto a las cervezas y el jugo de Denji. Denji sonrió, bebiendo su mezcla tropical de naranja, frutos rojos y algo de azúcar. Power miró el plato de Arai, y no dudó en agarrar de su comida, sonriendo de forma cínica ante la mirada en blanco de Himeno.
—No se supone que debas agarrar eso, no es tuyo…
—¡POWER LO RECLAMA SUYO! —Dijo Power, mientras mascaba.
—¡Termina lo que estabas comiendo! —Dijo Aki, regañándola.
—Oigan, estos Takoyakis saben deliciosos —dijo Denji, sonriendo ante su platillo.
—¿Takoyakis? —una voz preguntó, siendo ignorada por todos.
—¡Encima son algo dulces y esponjosos! —Denji se tapó la boca con una mano, pasando su comida y hablando, recibiendo una sonrisa aprobatoria de Aki.
—Los Takoyakis son para gente sin paladar refinado —la misma voz habló, y esta vez Denji dirigió su mirada hacia la periferia.
Por el rabillo del ojo logró ver a un hombre que, detrás suyo, fumaba mientras comía panqueques y café. Tenían miel encima, mantequilla, frutos rojos y mermelada de arándanos, acompañado de un café americano sobre cargado en cafeína. Denji le dirigió una mirada al hombre, luego a Himeno, quien estaba a su lado izquierdo. Ella le sonrió, divertida.
—Oye viejo, los Takoyakis son lo mejor. Quizás el del paladar refinado eres tú. ¿Panqueques y café? Vamos… —Denji respondió, reanudando su comida, prestando atención al tipo.
—¿Y qué tienen de malo unos panqueques y café? Son menos corriente que unos simples Takoyakis callejeros…
—¿Y qué tienen de malo unos Takoyakis callejeros? ¿Te digo qué hay de malo en tus gustos? —Denji se giró un poco, mirando al hombre—. ¡Que los panqueques y café son el desayuno más común y corriente de la vida!
—¡Saben mejor de lo que tu platillo de cuarta lo es!
—¡¿Y quién eres tú para decidir qué es mejor y qué no lo es?! —Denji frunció el ceño—. No porque algo venga de la calle, significa que es peor que algo que no viene de allí.
—Me temo que todos los que vienen de la inmundicia son así, ¿No? —Preguntó el hombre, suspirando y tronándose el cuello—. Siempre tienen la idea de que algo de la calle es superior. Que la miseria es mejor. Nunca tienen idea de lo que realmente es bueno. Todo lo que ven como mínimamente decente es, a sus ojos desprovistos de la esperanza que las vidas normales poseen, una auténtica reliquia que se debe preservar.
El ceño de Denji se profundizó. Las palabras del hombre no parecían haber sido al azar, ni mucho menos hablar de toda la gente allí afuera. Denji, habiendo venido de la basura y comiendo restos, sabía que las palabras que este hombre le dirigía no podían ser para nadie más que él. Allí adentro solo habían Caza Demonios, personas con vidas normales hasta su unión a Seguridad Pública.
Himeno miró a los demás, quienes se tensaron en preparación. Prestaron más atención a los alrededores. Habían atraído muchas miradas indeseadas. Curiosamente, todos los que le miraban observaban a Denji, y al verlos a ellos, había una malicia que no podía pasarse desapercibida. Himeno los identificó de inmediato. Eran Yakuzas, debían serlo, si el pequeño tatuaje que asomaba el cuello de uno era prueba contundente.
—¿Quién eres tú? —Preguntó Denji, observando los movimientos del hombre.
—Soy solo el nieto de un respetable hombre… Soy tan respetable como mi abuelo, al cual quise mucho, y cuya vida fue arrebatada a manos de un sucio patán —el hombre habló, deslizando una foto en su mesa, para que Denji la mirase.
Denji miró la foto un momento, no sorprendido de que allí estuviera el hombre al que mató en el almacén. Lo que le sorprendió fue la audacia de este nieto suyo, que se metió a un lugar con Cazadores de Demonios, sabiendo que poseen contratos y él, como Yakuza, solo portaba armas. Pero Denji se dio cuenta demasiado tarde de la realidad. Si ellos, conscientes de que Seguridad Pública posee contratos con demonios, entonces, ¿No era factible que ellos cuenten con sus propios contratos?
Denji miró la mano del tipo deslizarse silenciosamente en su casaca, solo visible porque la tela se movió ligeramente, y la arruga de su brazo era tan reconocible como el patrón de la lluvia en Verano. Denji no esperó más, agarró el cuchillo en la mesa y, con una agilidad y rapidez que rozaban lo paranormal, le cortó la mano al tipo frente suyo.
Los ojos del Yakuza se abrieron con una demasía trágicamente tardía, pues Denji no esperó más y le clavó el cuchillo en la garganta, cercenando su cuello. Apuntó a la Yugular, donde solía estar aquella arteria que conectaba corazón y cabeza. Para Denji, esto fue tan rápido que le dio tiempo de patear al hombre, sacándolo a volar por fuera del edificio y atravesando la ventana a sus espaldas.
Miró alrededor, notando que muchos hombres pasmados recobraban la consciencia, empezando a pararse. Metían sus manos al interior de sus abrigos, y sabiendo lo que venía, lanzó el cuchillo en su mano derecha, mientras que con la izquierda agarró el cuchillo de mantequilla que poseía el primer Yakuza que mató, lanzándolo hacia el ojo de otro tipo.
Su primer cuchillo voló tal, que se incrustó en la cabeza de uno, cayendo sobre otro y haciéndolo tropezar. Su segundo cuchillo, el de mantequilla, fue directo al ojo del que poseía su arma en la mano. Habían todavía cerca de 3 hombres más, los cuales si lograron sacar sus armas y apuntar.
—¡Van a disparar! —Denji pensó, mirando en cámara lenta debido a la adrenalina.
Pero Denji observó frente suyo a Himeno, quien apenas se paraba y estiraba su mano. Himeno no sería suficientemente rápida para detener las balas con su demonio. Denji olvidó que era un híbrido, una fusión entre Demonio y Humano, y que sus capacidades físicas exceden a las de sus semejantes. Por eso pudo lo que pudo, antes de que cualquiera reaccione. Pero no era todo poderoso, no podía esquivar a todos, no podía aniquilarlos a todos de forma tan impecable y rápida, o al menos aún no podía.
El hombre apuntó a Himeno, y más rápido que tarde, disparó. La bala viajó a una velocidad vertiginosa que, para los demás, fue un parpadear; para Denji, fue unos cuantos pasos hacia el frente. Denji corrió, pero no para contraatacar. Denji se colocó frente a Himeno, recibiendo el aluvión de balas completo. La sangre de Power pronto los cubrió a todos, resistiendo las balas por ellos.
Recordó que con sus batallas era algo serio. Pero de un tiempo para acá, las cosas se habían vuelto turbulentas. Sus pensamientos menos claros, y lo que antes era una faceta de supervivencia, se había vuelto una de cotidianidad y trabajo. Esa parte suya que se encargaba de hacerle sobrevivir a encuentros era, sin duda, algo que había empezado a usar más a menudo y con mayor fuerza, acaparando cada vez más de su personalidad. Y esa misma personalidad adquirió un gusto por las batallas, empezando a sentirse vivo al pelear, porque podía hacer uso de su mente aguda para algo más que pensar en qué encontrar en la basura. Había empezado a ver el acto de sobrevivir como un juego, como una pelea divertida, y había empezado a sonreír al pelear.
Nunca se tratan los momentos con la seriedad que merecen. A veces nos dejamos llevar por nuestras emociones, sin pensar realmente en lo dichosos que somos de no pensar siempre. Apagar el cerebro por un rato, disfrutar de un buen té, comer un helado y cenar con alguien que quieres… Eso no tiene precio. El don de la ignorancia es una bendición con la que pocos pueden gozar.
La sangre manchó el suelo, y cuando bajó su mano, miró un líquido carmesí escurriendo de una herida de bala. Parecía como si su vida se escapara ante sus ojos. Normalmente no sería mortal, pero la bala era el menor de sus problemas. Enfrente suyo, el resentimiento de un nieto que había perdido a su abuelo se hallaba materializado en un tipo que salió volando por su golpe. Lo que no entendía de todo esto era, ¿Por qué se puso enfrente? Él, de entre todas las personas en el mundo, ¿Realmente fue quien tuvo la iniciativa de saltar y protegerle del peligro? ¿Desde cuándo? Quizás si repasaba su día desde que se levantó podría, con suerte, llegar a responder ambas preguntas.
—Primero fue el desayuno con Aki y Power. Les hice de comer algo que mi madre nunca me preparó. Miré esa receta en la tele, y sin dudarlo la intenté. Al ver que me salió bien, hice más panqueques, pero como yo quería salir al café, los dejé allí solos. Mentiría si dijera que no quería encontrarme con esa chica de pelo violeta oscuro. Era algo extraño, porque resultaba increíblemente torpe, muy irritante y molesta, pero no podía evitar apreciar su esfuerzo por salir adelante.
Salía del trabajo temprano, y seguramente iba a clases en la tarde. Yo, por mi parte, no miraba a una chica que salía adelante por sí misma. Miraba a mi madre, el reflejo de su esfuerzo por hacer la vida más amena pese a que era una mierda. Todo el camino hacia acá fue un pensamiento sobre mi situación, y cómo era posible sonreír ante algo tan exigente.
Himeno. Salté para proteger a Himeno. ¿Por qué? Esta mujer solo me ofreció tener Sexo. Me dio una plática motivacional o algo por el estilo… Pero aquí estoy, saltando, recibiendo balas por ella, con unas heridas mortales que si no las trato, moriré. ¿Puedo morir? ¿Realmente puedo morir? Soy mitad demonio, los demonios mueren y el hombre también. ¿Será este mi fin si no me regenero? Oh cierto, olvidé que me curo. Pero, ¿Y si me matan? ¿Y si es uno a la cabeza? ¿Puedo regenerarme de algo así? ¿Por qué me interpuse entre la bala y Himeno? Entre la muerte y Himeno, creo que prefiero a Himeno… Bueno, a decir verdad, si usara toda mi vida como excusa para esta elección, creo que, incluso si me aferro a lo poco bueno que la vida me ha estado dando…
Creo que yo seguiría escogiendo a la muerte, incluso por encima de Himeno. Incluso por encima de Aki y Power. Incluso por encima de esa camarera llamada Reze. —Denji pausó su pensamiento, llegando más profundo conforme era atendido por sus compañeros—. Incluso por encima de mí mismo.
—¡Denji, levántate! —Aki lo miró, sudando—. ¡NO ES HORA DE MORIR!
Aki agarró el cuchillo, y en un acto desesperado, se cortó la muñeca. Power abrió los ojos con sorpresa, dirigiendo su mano directamente a la herida de Aki, preocupada visiblemente por el estado del rubio. La sangre que cayó fue directo a la boca de Denji, cuyos pensamientos y visión estaban borrosos. Al sentir la sangre en su boca, de inmediato abrió los ojos y todo volvió a ser claro.
—¡AKI! —Gritó Power, deteniendo el sangrado del pelinegro, quien sonreía con triunfo.
—Denji, me debes un helado después de esto… —Dijo Aki, sonriendo mientras era atendido por Power.
—¡Eres un idiota Aki! —Regañaron Power y Himeno, quienes miraron a Denji ponerse de pie mientras escuchaba fuera de la barrera.
—Están en silencio… ¡Están recargando! —Susurró Denji, sonriendo.
Denji saltó, agarrando otro cuchillo en la mesa. Esta vez brincó, impulsándose desde el suelo para llegar al techo y agarrarse de un ventilador. Los Yakuzas le miraron atónitos, pero le apuntaros. Denji se impulsó desde el techo, usando sus pies para brincar al suelo. Giró en el aire, colocando sus pies en el suelo e impulsándose hacia la pared, repitiendo su acción conforme se acercaba a los Yakuzas, y recogiendo cubiertos de las mesas en el transcurso de su maniobra.
—¡¿QUÉ MIERDA HACE?! —Un Yakuza dijo, nervioso, disparando pero sin darle a Denji.
—¡ES COMO UNA MALDITA RANA! —Dijo otro, mientras Denji pintaba una cara de muerte.
—¡SOLO DISPARA! —Dijo el último, frunciendo el ceño e intentando adivinar el siguiente salto de Denji—. ¡DISPAREN ALLÁ!
Denji saltó al suelo, girando para impulsarse a la pared de enfrente. Se flexionó de piernas, a punto de saltar hacia allí. Los Yakuza, viendo esto, dispararon hacia allá sin pensarlo dos veces. Pero el horror se pintó cuando Denji sonrió, y en vez de impulsarse hacia esa pared, salió disparado hacia ellos. Denji lanzó todos los cubiertos en su mano hacia ellos, y solo para asegurarse de que mueran, corrió con cuchillos en mano.
Los tenedores y cucharas les impactaron, llegando a enterrarse muy profundo. Una de las cucharas logró quitarle un ojo al último Yakuza, quien por el dolor soltó su arma. Denji se deslizó debajo suyo, cortando sus tendones de Aquiles, obligándolos a caer y, en el proceso, soltar sus armas. Clavó los cuchillos en sus cabezas antes de que cayesen por completo, acabando la pelea sin más incidentes.
—¡Listo! —Dijo Denji, sonriendo al ver que se terminó la masacre.
—¡Bravo Denji! —Dijo Himeno, aplaudiendo ante la victoria contundente del chico—. Él me salvó… Él realmente me salvó. Se puso entre una bala y yo… —Pensó Himeno, sonrojada un poco ante el acto desinteresado de Denji—. Si, no puedo dejar que un tipo así se engatuse por Makima… Necesito que, en su elección, también elija a alguien como yo.
De repente oyeron dos voces afuera, y salieron todos, agarrando las armas del suelo para defenderse. Cuando salieron miraron camionetas, y al yakuza que Denji había matado, parándose lentamente. Sus heridas aún no sanaban por completo, pero la de su garganta ya se había cerrado. Una adolescente rubia de suéter rojo le ayudaba a pararse, mirándolo de forma molesta.
—¿Cómo pudiste perder? Eran 6 contigo…
—El mocoso motosierra… Es demasiado fuerte, incluso sin su transformación.
—¡No es más fuerte que tú! Te tomó con la guardia baja —la chica miró hacia el grupo de cazadores, quienes le apuntaban con el arma—. Serpiente.
Una cola de serpiente les cubrió, recibiendo las balas sin problemas. El yakuza entrecerró los ojos, sabiendo que Denji había matado a sus hombres sin piedad. Recordó esa vez en que su abuelo fue hallado muerto, en algo más semejante a pulpa carnosa que nada. Había sido procesado por Denji, con sus motosierras. Eso le hizo hervir la sangre. La chica a su lado le dio sangre, y con ello, el tipo simplemente se quitó la mano que acababa de regenerar, revelando un filo bastante delgado y pequeño.
—Bien, Katana Man, es hora de que entres a la acción —dijo la chica, mientras el tipo se empezaba a transformar.
De su cabeza emergió un filo largo de metal, uno semejante al de una Chokuto. De sus antebrazos emergieron más filos similares, los cuales fueron escondidos bajo su saco. De su cabeza emergió la piel negra de un gorro militar, el cual sustituyó su rostro. Era un monstruo como Denji, uno capaz de transformarse en una cosa: El Demonio Katana.
—El vagón está lleno de sicarios —pensó Makima, tranquila, observando a los hombres pararse para así, empezar a dispararle—. Así que este es su plan… Acabar conmigo para poder ir tras Denji, arrebatarle el corazón del Motosierra y conseguir poder. Incrédulos. No solo no podrán conmigo, sino que no podrán con la amenaza que Denji representa.
Makima recibió un disparo en la cabeza, haciéndola caer inerte en su asiento. Su mirada desenfocada apuntaba fuera de la ventana, hacia el sol. Ese brillo en sus ojos no pudo reflectarse más, y los sicarios se encargaron de que su cuerpo tuviera más plomo que sangre, y más agujeros de los que ya poseía antes. Las balas le apuntaron a ella, mientras que sus acompañantes habían perecido en el primer disparo.
Makima estaba repleta de sangre, mientras los Sicarios suspiraban. Miraron a Makima, quien solo miraba hacia la ventana. Sus ojos desprovistos de vida reflejaron un poco el sol, y con ese brillo dorado, parecían casi vivos.
—Mierda, esos ojos son aterradores… Casi parece que sigue viva —dijo uno de ellos, en broma.
Todos se rieron, empezando a bromear sobre Makima. Dijeron que pese a ser una perra, era bastante atractiva. Unos dijeron que tenía un gran trasero al cual, querían rebotando sobre ellos. Se imaginaron y dijeron cosas, sobre cómo se oiría su suave y linda voz gimiendo sus nombres, pidiendo hacer más obscenidades, y cómo sería dominar a Makima. Uno de ellos la miró otra vez, pero su corazón se detuvo cuando, al verle a los ojos, Makima también le había devuelto la mirada.
—¡Denji! —Dijo Aki, mientras Denji se transformaba y saltaba hacia el demonio katana.
—¡Entendido! ¡Ustedes vayan a resguardarse! —Denji gritó, siendo escuchado y obedecido.
Se enfrascó en una pelea contra el demonio Katana, quien chocaba sus armas contra Denji. Chocaban puños y saltaban chispas, al igual que sus patadas. Denji retrajo una de sus motosierras para agarrar el brazo del demonio Katana, torciéndolo y haciendo que se atraviese con su propia arma. El demonio Katana gruñó, intentando cortar a Denji, pero su motosierra restante frenó su ataque.
—¿De verdad crees que puedes ganarme en un mano a mano? —Preguntó Denji, su voz cargada de emoción—. ¡Ya he descubierto tu forma de pelar!
Denji le lanzó un gancho con la mano libre, haciendo que el demonio Katana caiga de rodillas. Usó su motosierra restante para cortarle la cabeza, pero fue recibido con disparos de las camionetas, las cuales tenían a soldados dentro. Denji tuvo que correr y esconderse, rodeando a las camionetas y usando elementos de la calle para detener disparos, como señales de tránsito, botes de basura e, increíblemente, logró lanzar una cabina telefónica hacia una camioneta, retrayendo sus motosierras y destrozando aquel vehículo.
—¡Denji, cuidado! —Dijo Himeno, usando la distancia para detener un ataque de Katana Man.
—¡MALDITA MUJER! —Gritó Katana, para ser recibido por una patada de Denji en la quijada.
—¡Gracias Himeno! —Le gritó Himeno, haciendo sonreír a la chica—. Este tipo ataca de forma predecible y estática. Nunca varía sus movimientos, siempre intenta usar aquellas formas de cortar… Es tan típico, que incluso Aki siendo un humano normal pelea mejor con su espada. Es el demonio Katana, ¿Cómo carajo no puede ser bueno en el uso de ella?
Denji desviaba sus cortes, dañando sus brazos con la motosierra. Tenía que seguir moviéndose porque los disparos no cesaban, y su grupo parecía estar ocupado con sus propios asuntos. Aki miraba al frente, observando al grupo de camionetas. Todas reunidas, conglomeradas y en un punto estratégico. Ideó un plan.
—¡Necesito que me den cobertura! ¡Ayudaré a Denji! —Dijo Aki, mirando a los chicos.
—¿A qué te refieres? —Preguntó Power, seria.
—¡Quiero que me cubras lo suficiente para usar a mi zorro! ¡Tarda dos segundos en aparecer! —Dijo Aki, y cuando Power comprendió, sonrió.
—¡Déjamelo a mí!
Power saltó, usando su sangre para formar un enorme charco frente suyo, el cual se solidificó y formó una barrera traslucida de color carmesí. Como vidrio de oficina, era frágil, pero debido a que no usaba mucha sangre, Power podía convocar muchos de ellos. Una aplicación ideada por ella misma, en su búsqueda de cobertura y visión del enemigo. Usó su pensamiento para convocar más, mientras Aki se ponía detrás suya y apuntaba la figura de su mano al conglomerado de camionetas.
—¡Kon! —Dijo Aki, mientras el hoyo entre sus dedos formaba la silueta del zorro, que tras dos segundos de intensa demora, apareció.
La cabeza gigante de un zorro con ojos rojos y anillos blancos concéntricos apareció, devorando casi todas las camionetas, dejando una vacía que era donde llegó la rubia. La rubia frunció el ceño, y al ver que sus secuaces perecieron, decidió que era hora de actuar ella misma. Miró a Denji, viendo su superioridad ante Katana Man.
—Ese mocoso es más problemático de lo que pensamos. Parece ser que Katana deja mucho que desear ante un simple chico de secundaria —Pensó ella, su ceño profundizándose—. Supongo que es hora de que le preste algo de ayuda…
Ella sacó una pequeña pistola semiautomática, la cual disparó muchas ráfagas hacia Denji, haciéndole bloquear el aluvión con sus motosierras, pero dejándolo expuesto a una patada que le mandó a volar demasiado lejos. Katana Man suspiró, retrocediendo. Llegó hasta la rubia de un salto, agitado.
—Gracias, Watari…
—¿Gracias? No es un favor. Es un acto de decepción… Ese mocoso te está dominando. Mira tus heridas y obsérvalo a él. Está intacto, no tiene más heridas que las balas de hace un rato dentro del restaurante.
—Ese mocoso es demasiado bueno… Comprendió mi forma de atacar sobre la marcha, la usó en mi contra y por eso…
—Excusas. ¡Solo mátalo de una vez! —Dijo ella, molesta.
—¡Si! —Dijo Katana, irritado.
Denji corrió hacia el frente, y logró idear algo más. Recordó que las motosierras contaban con bandas, que eran sus dientes. Podías cambiarles las bandas y dientes, usando nuevas. Al retirarlas, esas bandas servían para caucho o reparaciones. Si él era una motosierra, ¿No era factible que pudiera cambiar sus bandas o soltarlas? Lo intentó, lanzando su brazo hacia el frente, y una banda de motosierra se desplegó de su brazo izquierdo, haciéndolo sonreír por dentro.
—¡¿QUÉ MIERDA?! —Dijo Watari, teniendo que esquivar la banda motosierra—. ¡HAZ ALGO DE UNA MALDITA VEZ!
—¡ESO HARÉ! —Katana Man se puso de cuclillas, con un brazo atrás, el otro apuntando hacia ese mismo brazo, una pose similar a la de un espadachín preparando una embestida.
—¿Qué planea hacer? ¿No ha entendido que no puede vencerme en un mano a mano? —Pensó Denji, continuando su carrera.
Denji de repente se detuvo, mirando el suelo debajo de Katana Man agrietarse. El estallido sónico de velocidad fue tal, que incluso él no pudo reaccionar. Supo que estaba detrás suyo porque escuchó su voz, áspera y ronca, baja y grave, que le hacía pensar que no podía ser verdad lo que acababa de suceder.
—Perdiste —dijo Katana Man.
—¿Perdí? —Denji sintió un enorme dolor en su abdomen.
Ese punzante dolor le atravesó todo el cuerpo y no se detuvo allí. Denji pensó en las patadas y palizas que su padre le propinó a él, y también pensó en las que debió aguantar su madre. Intentó juntar ambas experiencias de vida, y creyó afirmar que, incluso así, no se comparaban en nada al dolor que estaba sintiendo ahora mismo.
Miró, con absoluto horror, como su parte inferior del cuerpo se iba para adelante mientras él se iba hacia atrás. Sintió una desconexión inmediata con sus pies. No sentía nada más que frío, dolor y sus pensamientos nublados. ¿Realmente había perdido? La inconsciencia le ganaba, y por más que luchó no pudo hacer frente. Perdió.
Miraron a Denji perder, su cabeza descansando sin fuerzas en el brazo de Katana Man, quien terminaba su transformación y lucía más derrotado que nunca. Sus herida tardaban mucho en sanar, y su mirada era la de un hombre que pareció haber visto demasiado. Denji seguía en ese estado de motosierra, mientras que su cuerpo era usado como adorno, sostenido por la agarradera de su cabeza.
—¡Denji! —Gritó el trío, quienes se lanzaron al ataque.
Power creó muchas lanzas de sangre, usando la sangre del suelo para más proyectiles que envió hacia los dos enemigos que sostenían a Denji. Se puso pálida, pero no importó. Le estaban robando a su amigo, al ser que le aterraba. Pero verlo en ese estado, tan vulnerable, derrotado, era algo que le dolió y la impulsó a querer protegerlo por todos los medios.
Aki sacó su espada, yendo directamente para atacar al hombre de la Katana. El hombre miró preocupado a Aki, quien tenía una cara de muerte y un instinto asesino brutal. Miró por un segundo a Denji, y al recordar su misión, tuvo que dejárselo a Watari. Ella lo dejó en el suelo, lista para el duelo. No se anduvo con rodeas y sacó su arma, deteniendo la carga de Aki.
—¡NO LO HARÁS! —Dijo Himeno, usando su mano fantasma para quitarle el arma a Watari, rompiéndola.
Himeno intentó usar su mano fantasma para estrangularla o aplastarla, pero de repente fue recibida por una bala en el abdomen, y otra en la pierna. Era un secuaz dentro de la última camioneta, que se había escondido para evitar ser atacado. Himeno cayó al suelo, mirando a Denji ser llevado, a Aki enfrascado en el combate, y a Power debilitada, intentando seguir corriendo.
—¿Realmente así va a terminar todo? —Preguntó Himeno, mientras el secuaz en el carro apuntaba a Power, a punto de dispararle—. ¿Realmente será esta mi muerte? ¿Moriré sin poder ayudar a estos chicos? ¿Sin ayudar a Aki? ¿Sin salvar a Denji? ¿Sin poder salvar a una persona que me salvó la vida?
Himeno alzó su mano y destruyó el arma del secuaz, pero estaba demasiado lejos para poder matarlo a él, destrozando sus manos junto al arma. El grito distrajo un poco a Katana Man, quien recibió la primera estocada de Aki. La segunda vino con ella, y antes de dar la tercera Watari invocó a la serpiente, haciendo que Aki salga volando.
—¡AKI! —Gritó Power, dividida entre ayudar a Denji y Aki.
—¿Por qué el mundo se ensaña tanto en hacerme ver morir a la gente que tanto me importa? ¿Por qué es que este mundo es tan cruel conmigo? Madre, Padre, mis hermanos, mis compañeros… —Ella recordó sus rostros, pero lucían tan distantes y borrosos que inmediatamente pasó a otros dos muy conocidos—. Aki… Denji…
Himeno miró su mano, la cual se retrajo y se posó en su ojo derecho, donde tenía su parche. Recordó que el demonio fantasma habitaba en su ojo, permitiéndole usar su mano derecha. Era un precio justo por un activo justo. Pero entonces, ¿Qué precio era bueno pagar? ¿Aceptaría su corazón dañado por el cigarro? ¿Su hígado y estómago comprometidos por el alcohol? ¿Su cerebro dañado por años de pelea, constantes traumas y desvelos? ¿Qué podía ofrecer de ella misma que pudiera equipararse a la vida de estos dos chicos?
—Lo tengo… —Pensó ella, un susurro lejano—. Incluso si perdemos, Power puede detener mi sangrado y el de Aki. Denji puede perderse y nunca más volver… Pero entonces, nada de lo que hubiéramos construido tendría sentido. Aquella vez, Denji, en que yo te ofrecí Sexo, no era porque quisiera tener tu masculinidad deslizándose dentro y fuera mío… No era porque quisiera sentirte, ni porque quisiera saber lo que era estar con alguien dotado… No era porque quería sentir el cuerpo de un hombre igual a mí… Denji, la verdad es que yo solamente quería ofrecerte una elección de verdad. No guiada por instintos, pensamientos negativos o calentura. Denji, lo único que quería, era que tuvieras la oportunidad de elegir, como sé que nunca antes la habías tenido…
Himeno lloró en silencio, mientras se armaba de valor para su última jugada. Ella podía morir, podía perecer. Había vivido y visto lo suficiente. Ya no era necesaria su aportación. En este mundo, ella ya había hecho más que suficiente.
—Demonio Fantasma… —Susurró—. Aún tengo sueños, tengo esperanzas, tengo metas que cumplir. Junté lo suficiente para una casa lejos de aquí, para muchos coches con los cuales navegar, incluso para un Yate por el cual zarpar en el horizonte… Junté las suficientes amistades para que lloren el día de mi muerte… Conocí suficientes hombres como para saber que ese rubio psicótico, es el hombre ideal para una mujer tan rota como yo…
Su ojo derecho cobró un brillo fantasmagórico, etéreo, blanquecino y frío. Había llegado el momento de rendir cuentas con Himeno. Su muerte solo bastaría para que alguien más hiciera contratos, para que alguien más se interpusiera entre el camino del Demonio Fantasma y su nuevo contratista. Pero esta última petición de Himeno, le resultaba tan difícil de pasar de largo.
—Te ofrezco todo de mí… Te otorgo todos los sueños que he tenido, todas las esperanzas que he depositado en cada una de las pequeñas cosas de la vida… El amor que he sentido por estos chicos… Toma todo de mí, pero por favor, sálvalos. Por favor, salva a Hayakawa Aki… Por favor… ¡Salva a Denji! —Dijo ella, apuntando hacia el demonio Katana y Watari.
Miró su brazo desaparecer, sintiendo que sus piernas también se iban. Frente suyo, el demonio fantasma emergió, con una pequeña sonrisa. Repleto de flores, manos y rostros. Se acercó hacia Watari y Katana Man, quienes le miraron alzando una ceja. Himeno perdió toda su mitad inferior, su otro brazo, sus senos y parte de sus órganos. No fue doloroso, pero fue extremadamente desesperante.
—Aki y Denji pueden seguir llorando. Yo… —Himeno siguió llorando, sus lágrimas llegando al pavimento, pero incluso ellas fueron borradas, tragadas por el demonio fantasma—. Yo ya he llorado lo suficiente.
Himeno cayó, y antes de sentir el dolor de su cabeza chocando contra el concreto, dejó de existir. Su cuerpo se perdió en la nada. Su parche cayó, y pronto también desapareció. Su ropa empezó a perderse en la nada. Y el último vestigio que quedaba de ella, que era aquella cajetilla de cigarros rojos, también se perdió. No quedó nada de su existencia. No quedó nada de Himeno Higashikata.
—Serpiente —dijo Watari, mientras su Serpiente devoraba al demonio Fantasma—. ¿Se sacrificó por algo así de inútil?
Una mano fantasma sobrevivió a los cortes y a Watari, la cual se dirigió hacia el pecho de Denji. Katana Man lo miró, y un escalofrío le recorrió la espalda. Un mal presentimiento, seguido por una explosión sanguinolenta a sus espaldas. Miraron, y el vehículo estaba cubierto por la sangre de su secuaz, que había dejado de gritar mucho tiempo atrás. Miraron arriba, y los cuervos estaban en el alambre, reunidos y mirando en su dirección. Watari empezó a sudar frío, agarrando su comunicador y hablando con desesperación.
—¡EQUIPO DELTA! ¡¿CONFIRMARON LA MUERTE DE MAKIMA?! —Ante la estática y falta de respuestas, la ansiedad no hizo más que crecer.
Se sentían observados, como un conejo en un paisaje repleto de lobos. Sintieron la presión de ser ellos mismos, de estar en su situación, y los ojos en su espalda. Miraron en todas direcciones, y poco a poco la imagen más aterradora se pintó en su mente: Makima seguía con vida.
En otro lado del país, en Tokyo, Makima tenía las manos cruzadas. Detrás suyo había una fila de condenados a muerte de cuclillas, con la cabeza en el suelo y muertos. Dos cazadores tenían los ojos vendados y guardaban silencio.
—Hemos terminado. Volveré a Kyoto —dijo Makima son simpleza, bajando las escaleras del enorme santuario—. Oh, y por cierto, les recomiendo que no digan nada de lo que escucharon.
—N-no señorita Makima —dijeron ambos, nerviosos.
—Buenos chicos —dijo Makima, retirándose.
—¡DEBEMOS IRNOS! —Dijo Watari, nerviosa.
—¡Y qué hay del motosierra! —Preguntó Katana Man, mirando a Denji pararse lentamente.
—¡OLVÍDALO, PODEMOS INTENTARLO DESPUÉS! —Watari habló, corriendo hacia la camioneta, pero deteniéndose al ver cerca de ella a una chica pelinegra, con un rostro sereno y un cuchillo en la mano, además del comunicador en la otra.
—Ustedes… —Dijo Kobeni, invirtiendo su agarre del cuchillo, con unos ojos antinaturales y que enviaron escalofríos al dúo—. ¿Ustedes hicieron esto?
—¡No tenemos tiempo para esto! ¡SERPIENTE! —Dijo Watari, convocando al Demonio Serpiente.
Kobeni saltó por la serpiente, empezando a correr por sobre esta. Katana Man sacó una pistola y amenazó con disparar, pero sus manos fueron cercenadas por Denji, quien emitía un brillo peligroso en su ser.
—Voy a matarte… —Susurró Denji, a punto de terminar con la existencia del Katana Man.
—¡Watari! —Gritó, y Watari tuvo que dejar pasar a Kobeni, enfocándose en Denji.
—¡SERPIENTE! —Dijo, teniendo que saltar lejos para poder esquivar a Kobeni.
El Katana Man miró a Denji ser arrasado por la serpiente, corriendo hasta el auto. Sin embargo, su garganta fue cortada por la aparición aérea de Kobeni. Kobeni usó su destreza para clavar el cuchillo tres veces en su cabeza, matándolo al instante. Watari lo recogió y apunto con una pistola, disparando pero fallando ante la increíble movilidad de Kobeni.
—¡MIERDA! —Gritó Watari, subiendo al carro y teniendo que arrancar a máxima velocidad, recibiendo un disparo en la mano por Kobeni.
Kobeni les miró retirarse, atenta a más ataques. Miró detrás suyo, escuchando las motosierras. Observó, con incredulidad, a Denji salir del interior de la Serpiente. Denji saltó encima de ella, cortando por toda sus superficie, emitiendo un gran rugido animal al hacerlo. Cayó al suelo, deshaciendo su transformación por pérdida de sangre. Kobeni lo miró lleno de sangre, pero más que eso, su furia era más visceral. Denji estaba que hervía de rabia, mirando a sus compañeros caídos y dañados.
—¡¿POR QUÉ NO LOS DETUVISTE?! —Denji le gritó a Kobeni, quien lo miró y recordó lo que le hizo al demonio murciélago, su terror regresando a su cuerpo.
—¡A-AH LO SIENTO! ¡YO SOLO PUDE DETENERLOS UN POCO PERO!
—¡PERO NADA! —Gritó Denji, estallando—. ¡PERDIMOS! ¡ESTÁN HERIDOS Y TÚ NO ESTABAS AQUÍ PARA AYUDAR! ¡AKI ESTÁ HERIDO, POWER NO PUEDE MOVERSE Y HIMENO!…
Denji se detuvo, mirando a Kobeni empezar a llorar. La miró, su cara inocente consumida por el terror de tenerlo enfrente. Miró a su mano, la cual estaba levantada en un puño que prometía moler a Kobeni. Empezó a temblar, su ira viéndose reemplazada por un horror al saber que, tal como su padre hizo con él, iba a pegarle a Kobeni por algo que no era su culpa.
—¡E-EN VERDAD LO SIENTO! —La voz de Kobeni temblaba, sollozando en desesperación—. ¡A-ARAI Y YO FUIMOS ATACADOS! ¡NO PUDE LLEGAR A TIEMPO! ¡É-ÉL ME PROTEGIÓ Y AHORA ESTÁ MUERTO! ¡A-ARAI! ¡A-ARAI MURIÓ POR PROTEGERME! ¡PERDÓNAME POR FAVOR! ¡ESTARÉ AQUÍ A LA P-PRÓXIMA!
Denji miró a Kobeni, y una angustia empezó a consumir su rostro. Sus cejas se alzaron, y dio pasos hacia atrás. Bajó su mano, cubriéndose el rostro. Sus manos temblaban, él mismo estaba horrorizado por aquello que pensaba hacer. Miró a los alrededores, porque faltaba alguien.
—H-Himeno… —Susurró él, nervioso—. ¿D-dónde está Himeno? —Preguntó, más asustado que nervioso.
Empezó a correr, buscando en el interior del restaurante, en los alrededores y por donde estaban las camionetas, pero no había nada. Miró a Aki, siendo tratado por Power, la cual aún debilitada hacía lo que podía. Denji se acercó, desesperado.
—¡¿DÓNDE ESTÁ HIMENO?! —Preguntó Denji, Power entre la inconsciencia y el labor de cuidar a Aki.
—E-ella… —Susurró Power, y Denji extendió su brazo para que ella beba sangre—. E-ella dio todo de sí para protegerte…
—¿Qué? —Preguntó Denji, el mundo callándose.
—Himeno… —Susurró Power, a punto de caer desmayada—. Himeno está muerta.
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