Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child
- Capítulo 16 - 16 El Zorro El Lobo y El Conejo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: El Zorro, El Lobo y El Conejo 16: El Zorro, El Lobo y El Conejo —Cuando era niño, todo me parecía molesto.
Siempre fui mimado, pero era tal mi pesadez que nunca, nunca me dejé querer.
Cuando mi madre me besaba, me limpiaba; cuando padre me abrazaba, me zafaba; y cuando mi hermano menor me invitaba a jugar, rechazaba.
Siempre hallé la manera de alejar a los que me querían.
Era un berrinche infantil, un tonto pensamiento de niños…
Pero bueno, supongo que ser tontos e ingenuos es parte de ser niños.
Crecí, pero era difícil contentarme.
¿Por qué molestarme en sonreír cuando podía ser serio y demandar autoridad?
Mi padre no era así.
Era suave, blando, se preocupaba mucho y eso, a mi parecer, no era un hombre de verdad.
Le faltaban pantalones para ser un hombre como los de la tele.
Tarde comprendí que, en realidad, mi padre era más hombre que cualquier hombre, porque se permitía ser débil frente a nosotros.
Permitirse ser vulnerable es, en esencia, ser fuerte por mostrarte débil y saber que aún así nada te romperá más que tú mismo.
Mi madre a veces cocinaba, a veces no.
Muchas veces no limpiaba, disfrutando de la casa a las afueras de la ciudad.
Ella amaba la paz, y eso a mi me molestaba.
No comprendía por qué una mujer no limpiaba, no cocinaba ni se preocupaba por lavar la ropa.
Eso, en mi mente joven, no era ser una mujer de verdad.
Tarde comprendí que, de hecho, mi padre ayudaba a mi mamá porque no le gustaba dejarle todo.
Mi padre no solo era un gran hombre; era un gran esposo.
Y mi madre no era una mujer; era una diosa.
Mi madre era mejor que cualquier mujer, porque tenía a un hombre de valor a su lado, uno que no le pegaba, que no llegaba borracho, que no le engañaba.
Ella era la más afortunada, y yo, con ese pensamiento tan hostil y contaminado por la televisión, me enojaba porque no comprendía cuan afortunado era de tenerla.
Pero mi hermano…
Oh mi hermano.
Él era mi vida.
Hubiera dado mi pellejo por él; hubiera dado mi corazón si le hubiera hecho falta.
Ese día en la nieve, cuando lo mandé por un guante para jugar…
Siempre que me duermo, no puedo evitar pensar en algo: Yo, de haber sabido lo que sucedería ese día, habría corrido a buscar el guante por él.
Hubiera recibido aquella bala por él.
Porque el dolor de no tenerlos cerca es mayor que el de una casa destruyéndose a tu alrededor, y una bala atravesando tu cráneo, matándote al instante.
Ese día, cuando aún era ingenuo…
Yo daría todo lo que poseo hoy, incluso los pasos que recorrí en este largo camino de venganza…
Lo daría todo por ellos.
Me daría por ellos…
Yo hubiera preferido que ellos me mandaran a buscar el guante, y habría muerto por ellos.
Aki se recompuso, con muy pocas fuerzas en esos brazos fornidos.
Miró la caja de cigarros en su tocador de hospital.
Sus heridas fueron tratadas y sanaron más rápido por la intervención de Power.
Pero nada curaría lo que pasó ayer.
Himeno había muerto.
Recordó eso, y no supo qué decir.
Miró a las sábanas, y una profunda tristeza le invadió.
Las lágrimas se acumularon en sus ojos, comenzando a derramarse.
—Himeno está muerta…
—Pensó Aki, empezando a llorar—.
Himeno…
Himeno…
¿Realmente te fuiste?
¡No!
¡No pudiste!
¡¿Qué hiciste Himeno?!
¡HIMENO!
Aki empezó a arrugar las sábanas en sus manos, apretando sus puños con demasiada fuerza, la suficiente para poner blancos sus nudillos.
Esos nudillos debieron protegerlos a todos.
Sabía que debía protegerlos a todos.
A Power, que se interpuso entre él y la muerte, dejando sola a Himeno; a Denji, que salió a defenderlos porque él era demasiado débil para poder hacer algo; a Himeno, que dio todo de sí para poder protegerlos.
Todo era su culpa porque era demasiado débil —¡NECESITO PODER!
¡NECESITO TENER MÁS PODER!
¡NADIE MÁS PUEDE MORIR POR MI DEBILIDAD!
—Aki se sostuvo la cabeza, su pierna temblando por la ansiedad—.
¡LA PRÓXIMA VEZ PUEDE SER DENJI O POWER!
¡¿Y SI TAMBIÉN MUEREN?!
¡¿QUÉ HARÉ ENTONCES?!
¡NO PUEDO DEJAR QUE ESO SUCEDA!
¡NO!
¡NO!
¡NO!
¡NO PUEDE PASAR!
Los ojos de Aki estaban desorbitados, mirando a todos lados.
Tenía la mirada cansada y perdida, sus dedos palpitaban y crujían, temblaban, amenazaban con enterrar sus uñas mascadas en su rostro y ojos.
Ya no quería ver, ya no quería sentir, ya no quería saber nada que pudiera causarle dolor.
El problema era que todo lo hacía.
—¡NO PUEDO!
¡NO PUEDO MÁS!
¡¿QUÉ SUCEDERÁ DESPUÉS?!
¡¿QUÉ ME VA A PASAR A MÍ?!
¡¿QUÉ LE VA A PASAR A ELLOS?!
¡OH POWER!
¡ES TAN ESTÚPIDA QUE LA MATARÁN!
¡PERO DENJI LO ES MÁS!
—Se paralizó, pensando en Denji y Power, haciendo travesuras y riéndose de forma burlesca—.
¡NO NO NO NO!
¡NO LE PUEDE PASAR NADA A NINGUNO DE ELLOS!
Aki empezó a pegarse ligeramente en la cabeza, inestable.
Se movía en la cama de forma errática, sin saber qué hacer.
Miró al techo, pero observó un pulcro y clínico blanco.
Era tan puro que no podía ser real.
Algo le disgustaba más que la vida misma, y era la vida de mentiras.
Como la suya, por ejemplo: la fortaleza que mostraba era una mentira.
—¡NO, NO SOY FUERTE!
¡SOY TAN DÉBIL COMO TODOS!
¡NO!
¡¡¡INCLUSO SOY MÁS DÉBIL QUE TODOS PORQUE YA NO TENGO NADA QUE PERDER!!!
—Aki miró nuevamente a la caja de cigarros a su lado, con el encendedor—.
¡SI, ESO!
¡NECESITO UNO, NECESITO UNO!
Aki agarró de forma desesperada la cajetilla, sus manos temblaban de forma incontrolable.
Sostuvo uno en su boca, la cual amenazaba con morder el cigarro.
Agarró el encendedor, batallando mucho por poder encenderlo.
Estaba ansioso, su crisis no podía calmarse sin eso.
Lo necesitaba urgentemente.
Escuchó pisadas afuera, voces y murmullos.
Sabía que eran para él, pero la voz no se distinguía.
Podía ser cualquiera, pero nadie debía verlo en ese estado.
Intento actuar como siempre, pero aquellas lágrimas y temblor en sus manos lo delataban; el encendedor que no encendía le desesperaba cada vez más.
No podían verlo así.
Nadie debía contemplar esta faceta suya.
Nadie, incluso ellos dos, debía verlo débil.
Debían verlo fuerte, porque solo así ellos estarían tranquilos.
Solo siendo fuerte era digno de verles a la cara.
Apretó los dientes, su mueca visible incluso si su pelo cubría apenas sus ojos.
La puerta fue abierta, y estalló, sin ver claramente a quien entraba por ella.
—¡LARGO!
—Gritó Aki, lanzando su cigarro a la nada, y aporreando su encendedor con la pared frente suya, mientras Denji miraba su arrebato con ojos nuevos y anonadados—.
¡VETE!
—Gritó él, con la voz rota, el llanto escapando de su garganta.
Aki tras ese grito miró por el rabillo del ojo, contemplando flores manos de un chico.
Cuando subió la mirada, su horror se grabó en el alma, porque allí estaba la persona que menos debía verlo así, y mucho menos recibir un grito así por su parte.
Era rubio, guapo y ligeramente más bajo que él.
Estaba anonadado, pasmado.
Era Denji.
—Denji…
—Pensó Aki, su terror ganando más fuerza—.
E-es Denji…
E-es D-Denji…
¡DENJI!
Denji puso las flores a un lado, en la mesa para regalos de visitas.
Se fue sin mirar atrás, cerrando suavemente la puerta.
—¡NO NO NO NO!
¡¡NOO!!
—Aki estaba entrando en una crisis peor que la anterior, porque Denji le había visto, había sido víctima de un enojo que no podía controlar, en un estado que él mismo no podía procesar—.
¡¿POR QUÉ POR QUÉ POR QUÉ?!
¡¿QUÉ HICE?!
¡¿POR QUÉ LE GRITÉ A DENJI?!
¡SOLO VINO A TRAERME FLORES!
¡FLORES!
¡ÉL SÓLO ME TRAJO FLORES!
¡ÉL SOLO QUERÍA HACERME MÁS FELIZ!
¡ÉL SOLO QUERÍA QUE ME SINTIERA MEJOR!
¡SOY UNA MIERDA!
¡SOY LA PEOR PERSONA DE TODAS!
¡LE GRITÉ A QUIEN SOLO QUERÍA HACERME SENTIR MEJOR!
¡IGUAL QUE ESE DÍA…
IGUAL QUE ESE MALDITO DÍA, LO VOLVÍ A ARRUINAR!
Aki estiró su mano, temblorosa.
La miró, mientras su propio miedo parecía carcomerlo.
No era él mismo cuando esto sucedió.
No era él mismo desde que murió Himeno.
No era él mismo desde que ocurrió ese día en la nieve.
Siempre soñaba con nieve, con las bolas de nieve.
Esas bolas, esas malditas bolas de nieve las odiaba, con toda su alma.
—¡PERDÓN DENJI!
¡¡¡PERDÓNAME POR FAVOR!!!
—Gritó Aki, mientras lloraba de forma desconsolada—.
¡FLORES, SOLO ME QUERÍA TRAER FLORES!
Aki se acercó lentamente hasta las flores, mientras las contemplaba con anhelo y angustia.
Quiso tocarlas, tomarlas, realmente quería abrazarlas y sentir que eran para él.
Quería, incluso si Denji no lo vería o sabría, sentir el pequeño gesto de cariño y consuelo que el rubio tuvo por él.
Pero su tonta y testaruda mente le volvió a jugar una mala pasada.
Ahora había arruinado todo.
Denji, el mismo chico que actuaba como un niño, era su hermano menor.
Era la misma herida abriéndose.
Había rechazado otra vez a la persona que quería jugar con él.
Y ahora tenía miedo de perderlo, otra vez por su culpa.
—¡POR FAVOR NO ME DEJES!
—Susurró Aki, cayendo de rodillas al suelo, lentamente y apoyado a la pared cercana a la puerta, mientras se cubría los ojos con las manos y el temblor regresaba, un frío consumiéndolo y obligándolo a ponerse de forma fetal para no perder calor—.
¡POR FAVOR NO ME DEJEN!
¡TENGO MIEDO!
¡TENGO MIEDO Y NO QUIERO ESTAR SOLO OTRA VEZ!
Una cabellera rubia le escuchaba desde el otro lado de la puerta.
Una mirada angustiaba reinaba en esos ojos amarillos con un patrón de cruz roja en ellos.
Los cuernos parecían más pequeños y, al mismo tiempo, más tristes de lo usual.
Power sostenía un pequeño pastel, mientras temblaba frente a la puerta de Aki.
Miró la puerta, su mano temblando a punto de abrirla.
Escuchó los sollozos de Aki claramente.
Sus sentidos mejorados eran capaces de detectar cosas que Denji no podía.
Era una poseída, una demonio.
Naturalmente era capaz de esto.
Pero escuchar a Aki así, al mismo hombre que le había consolado, desmoronarse.
Power no podía hacer nada.
¿Qué debía hacer?
¿Qué se supone que haría?
¿Entraría y le daría una bofetada a Aki tal y como hizo con ella cuando colapsó y se arrancó sus cuernos?
¿Funcionaría?
Podría hacerlo, pero, ¿Y si no?
¿Qué haría si Aki se ponía peor por su violencia?
Power estuvo a punto de dejar todo de lado, entrar y hacer lo mismo por Aki.
Estuvo decidida, pero nuevamente el miedo la consumió.
—¿Y si lo mato por accidente?
Aki es un humano…
¿Y si le hago daño?
¿Qué le diré a Denji?
¿Qué haré si lo lastimo?
¿Quiero a Denji enojado conmigo?
—Un escalofrío recorrió a Power, quien empezó a temblar más—.
¿Quiero lastimar a Aki?
Incluso si es por su bien…
No puedo…
No podría…
¡¿Por qué me cuesta tanto abrir una puta puerta?!
¿Desde cuándo yo, la grandiosa Power, demonio de la sangre…
Podía sentir tanto miedo por una puerta?
¿Por qué tanto problema con abrirla y entrar?
¿Por qué me cuesta tanto pensar en algo?
¡VAMOS, ESTÚPIDA CABEZA, PIENSA!
—Power se angustió, sabiendo que su inacción la carcomía—.
¡AL DIABLO!
¡LO HARÉ!
Power estuvo a punto de volver a hacerlo, pero el sollozo de Aki la detuvo.
Su temblor casi le hace tirar el pastel.
—¡NO PUEDO!
¡NO PUEDO AYUDAR A AKI!
—Power pensó, chasqueando la lengua, frustrada y nerviosa, asustada de entrar—.
¡PERDÓNAME AKI!
¡POR FAVOR, PERDÓNAME!
Power dejó el pastel en la entrada, con una nota.
Tocó la puerta y de ahí, se marchó corriendo, horrorizada de allí, sin mirar atrás.
Aki tras escuchar esos sonidos en la puerta se exaltó, alejándose.
Miró por la mirilla, sin ver a nadie.
Abrió la puerta con cuidado, y al hacerlo miró un pastel en la parte inferior.
Había una nota allí.
—Un pastel…
—Susurró Aki, levantando lenta y temblorosamente el pastel, leyendo la nota—.
Aki…
No sé cómo darte apoyo.
Nunca fui buena con palabras.
¡ASEGÚRATE DE VOLVER QUE LA CASA HUELE A CULO!
Con cariño: Power.
Aki leyó eso, y tras susurrarlo, empezó a reír un poco.
Pronto, su risa se volvió cada vez mayor.
Pronto, las lágrimas empezaron a brotar en él.
En la esquina, Power estaba vigilándolo, expectante.
Cuando lo vio llorar se asustó, pero cuando Aki sonrió y pareció dejar de temblar, ella también lo hizo.
—Gracias, Power…
—Susurró Aki, siendo escuchado por Power desde la esquina del pasillo—.
En verdad…
Los amo.
Aki cerró la puerta, entrando de un mejor humor a su habitación.
Power suspiró de alivio, sonriendo suavemente.
En sus ojos había una calidez sin precedentes.
El demonio de la sangre, la grandiosa Power, la mejor en todo, la mayor genio que nunca contempló el mundo, la futura ganadora del nobel…
Había hecho feliz a un ser querido.
Fue un pequeño paso para el demonio de la sangre, pero un gran paso para Power.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com