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Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Nacido libre
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18: Nacido libre 18: Nacido libre —La ciudad de las estrellas, ¡Una película maravillosa de romance!

—El presentador dijo, mientras Aki suspiraba.

—¡APAGA ESA MIERDA!

—Power pateó la puerta, exaltando a Aki.

—¡PUTA MADRE POWER!

—Dijo Aki, con el corazón en la mano, pálido del susto.

—¡Lenguaje!

—Dijo Denji, entrando detrás de Power, paralizando a Aki del terror—.

¿Mejor?

¿Cómo sigues?

—¡D-denji!

—Dijo Aki, intentando pararse.

—Tranquilo…

Ese brazo aún no sana por completo —dijo Denji, deteniéndolo con una sonrisa—.

Ten, te traje café y una rebanada de pastel.

—¿Esa mierda qué Denji?

—Power le dijo, alzando una ceja.

—Power…

—Regañó Aki, mientras Power suspiraba.

—Es la única cosa que sabía que podría conseguir temprano…

—Dijo Denji, nervioso.

—Gracias, Denji, Power…

—Aki sonrió levemente, algo más tranquilo.

—Si…

Usamos tu dinero para comprarlo —dijo Denji, mientras Aki suspiraba y los miraba con desaprobación—.

No nos juzgues.

No nos pagan por perder miembros.

—¿Ahora haces bromas de gente muerta?

Que bajo has caído —Aki se sostuvo la frente, no sabiendo si agradecer porque Denji no se enojó con él, o preferir que se hubiera enojado.

—Bueno, siempre es bueno alivianar el ambiente —Denji dijo, encogiéndose de hombros.

—¿Y bien?

¿Cuánto tiempo?

—Preguntó Power, algo aburrida.

—Bueno, según estaré listo en tres días más…

—Respondió Aki, sereno.

—¿Y podrás volver a trabajar?

—Preguntó Denji, alzando una ceja.

—Bueno, Power ayudó a la cicatrización —Aki sonrió un poco, mientras Power miraba a Denji con orgullo.

—Hace una cosa bien en su vida y así le dices…

—Power es útil —dijo Aki, mientras Power mostraba los bíceps frente a Denji.

—No le digas así, se la va a creer…

—Dijo Denji, recibiendo un zape de Power.

—Bueno, se ven bastante bien para lo que sucedió…

—Aki dijo, algo nervioso.

—Verás…

—Denji comenzó, sobándose la cabeza—.

Han abierto una investigación sobre los tipos que estaban involucrados…

Aki prestó mucha atención, mientras Denji cerraba la puerta, Power se colocaba cerca de ella y prestaba atención de que nadie les escuchara.

Denji se acercó a las ventanas, cerrándolas y bajando las persianas.

Todo esto generó dudas en Aki, quien alzó una ceja en confusión.

—¿Okey?

No estoy entendiendo nada…

—Es por si existen fisgones…

—Power dijo, distraída, concentrada en su tarea.

—¿Fisgones?

—Nosotros ejecutaremos la operación principal —dijo Denji, observando a través de las persianas.

—¿Operación principal?

—Preguntó Aki, serio—.

Denji, ¿Makima sabe?

—Makima no sabe nada —Denji respondió, serio—.

Es por eso que necesitamos discreción.

Nadie lo sabe.

Solo Kishibe.

—¿Conoces a Kishibe?

—Preguntó Aki, sorprendido.

—Él me está entrenando…

Bueno, muchas preguntas.

Solo quiero que sepas que le mentí a Makima y…

—¡¿QUÉ HICISTE QUÉ?!

—Preguntó Aki, exaltado.

—¡Relájate!

—¡Denji, le mentiste a tu superior!

—Dijo Aki, severo.

—Lo hizo por un bien mayor —dijo Power, serena.

—¡¿Y TÚ POR QUÉ LUCES TAN TRANQUILA?!

—Preguntó Aki, mirando a Power mascar chicle.

—Denji me está pagando —dijo ella de forma descarada.

—No te voy a pagar nada…

—Dijo Denji, acercándose a Aki.

—Maldita rata…

—Murmuró Power, ofendida.

—Escucha Aki.

No le mentí a Makima.

Dije cosas que no son, aunque pueden ser verdad…

—¿Por qué?

—Preguntó Aki, mirando a Denji con seriedad.

—Esto es algo que nos compete a ti y a mí —dijo Denji, severo—.

Nadie más puede saber…

Incluso tú.

No te diré nada hasta ese momento.

Solo actúa con normalidad, acaba la misión y yo te daré la señal.

—Denji, yo…

—¡Prométemelo!

—Dijo Denji, mirando a los ojos a Aki.

Aki contempló el ámbar brillante del callejón.

Recordó la vez que conoció a Denji.

Le intentó propinar una paliza para disuadirlo de estar en este trabajo.

Pero Denji barrió el piso con él y lo hizo mentir.

Fue la primera vez en su vida que le mentía a Makima.

Nunca imaginó que hoy día estaría del lado del tipo que le hizo mentir sobre el demonio testículos.

—Lo prometo —dijo Aki, tan serio que incluso Denji se sorprendió.

—¿De verdad?

—Preguntó Denji, retrocediendo un poco.

—De verdad —Aki sonrió levemente—.

Si me lo pides tú, entonces no puedo negarme como si nada.

Si eres tú quien lo ha planificado, seguro saldrá bien.

—Confías mucho en él, ¿No?

—Preguntó Power, divertida.

—¿Tú no?

—Preguntó Aki, sonriendo.

—Por algo estoy aquí —dijo ella, encogiéndose de hombros, esbozando una sonrisa en ambos chicos.

—Bien Aki, nos iremos…

—Dijo Denji, saludándolo mientras se iba junto a Power.

—Hijo de puta…

—Murmuró Aki, mirando a la ventana con una sonrisa—.

No abrió la ventana y ya me dio calor…

—¡LENGUAJE!

—Regañó Denji, estremeciendo a Aki, quien se paralizó del miedo.

—¡M-mierda me escuchó!

—Susurró, recordando lo que le sucedió al murciélago tras haber insultado a la madre de Denji.

Aki esperó verlo entrar, listo para ahorcarlo con sus propias tripas.

En su lugar, Denji se había marchado.

Aki suspiró, sonriendo genuinamente ante este gesto.

Fue un desliz, un insulto que soltó sin querer.

Denji debió haberlo comprendido y lo perdonó.

Esto hablaba mucho de Denji y su madurez.

—Nos veremos en la cena —dijo Denji, desviándose del camino.

—¡¿Adónde vas?!

—Preguntó Power, frunciendo el ceño.

—¡Quiero dar una vuelta!

—Gritó el rubio, despidiéndose.

Denji caminaba por las calles sin rumbo fijo.

Era la mañana y no tenía nada que hacer.

Power parecía haberla pasado ayer en la calle, incluso su estado de ánimo sufrió cambios abruptos.

Power era más sonriente, constantemente hablaba sobre sus cuernos y lo lindos que eran, y se volvió más atrevida con sus bromas.

Hoy lo levantó con agua fría, pero tras haberle echado todo el bote de jabón en el cabello mientras se bañaba, entendió que Denji estaba en otra liga.

—Me pregunto…

¿Cómo será una escuela?

—Pensó Denji, paseando por el parque.

Denji miró en el parque, un señor que vendía helados, niños alrededor de él y sus padres junto a ellos.

Denji los observó un momento, suspirando y caminando más lejos de allí.

Era el mismo parque por el que estuvo hacía unas noches, donde encontró a Reze.

Realmente fue una noche agridulce.

¿Por qué se sintió mejor tras platicar con ella?

Su equipo fue masacrado ese mismo día.

¿Cómo podía llegar a contentarse con el hecho de hablar con una chica cuando Aki estaba en el hospital?

—¡QUÍTATE!

—El grito de una chica se oyó, mientras Denji, distraído, era tacleado por una bicicleta—.

¡AUCH!

Denji apenas se levantaba cuando, con mirar por el rabillo del ojo, contempló ese pelo oscuro y violeta.

De inmediato supo que era Reze, por lo que se recompuso y la ayudó a levantarse.

Denji miró la bicicleta de Reze destruida, todo gracias a que colisionó con su cuerpo, el cual era anormalmente fuerte.

—¡M-MI B-B-B-BICICLETA!

—Reze chilló, con lágrimas en el borde de sus ojos—.

¡Me costó tanto trabajo comprarla!

—¡¿Perdón?!

—Preguntó Denji, confundido.

—¡TÚ!

—Reze le señaló acusadoramente, con una furia hirviendo en sus ojos—.

¡TÚ ROMPISTE MI BICICLETA CON TU CABEZOTA!

—¡¿A QUIÉN SEÑALAS BRUJA?!

—¡A TI!

¡PARED DE CEMENTO MAL HECHO!

—¡CÁLLATE, TABLA SIN CANTEAR!

—¡¿A QUIÉN LE DICES TABLA?!

¡IMBÉCIL OXIGENADO Y AFEMINADO!

—¡NO SOY AFEMINADO!

—Denji se agarró la frente, frustrado.

—¡Pues me debes una bicicleta!

—Reze demandó, mirando el reloj en su muñeca izquierda, palideciendo—.

¡VOY A LLEGAR TARDE AL TRABAJO POR TU CULPA!

Reze empezó a correr, desesperada por llegar a la cafetería.

Denji la miró irse, dejando su bicicleta atrás.

Denji la contempló, alzando una ceja y acercándose a revisarla.

Cuando miró la bicicleta, efectivamente se había destrozado.

Su manubrio estaba torcido, los rines y llanta fueron doblados en figuras extrañas, y el asiento ahora yacía en otro lado del parque.

—¿Yo le hice esto a la bicicleta?

Pero ni siquiera le golpee —pensó Denji, anonadado.

—Eres un tipo resistente y adaptativo, Denji.

Aunque eres un genio y posees la fuerza de un demonio, tu mente es más humana que la de nadie.

No estás suficientemente loco, solo demasiado roto para aparentarlo —Denji recordó las palabras de Kishibe durante su entrenamiento, frunciendo el ceño.

—Ahora que lo pienso, yo mismo debería ir a entrenar…

Denji se levantó, viendo la bicicleta de Reze tirada.

Suspiró, llevándola consigo.

Ella dijo que le debía una bicicleta nueva, entonces no debería haber problema con llevarse la que estropeó.

Podría usar las partes de la bicicleta para atacar a Kishibe, quien probablemente le mataría tantas veces que no podría contarlo.

—¿Una bicicleta?

—Preguntó Kishibe, sin expresión—.

¿Vas a pasear en ella hasta matarme del aburrimiento?

—¡VOY A USARLA PARA PATEARTE EL TRASERO!

—Denji se molestó, recibiendo un derechazo que le sacó el aire.

—Te enojas con facilidad.

No eres el tipo de persona que piensa con frialdad fuera del combate.

Tu idiotez en la vida cotidiana puede aprovecharse para sacarte del modo de batalla —Kishibe tomó de su whiskey, mientras Denji se recomponía—.

Hoy el entrenamiento será un tanto diferente.

—¿Diferente?

—Preguntó Denji, con un mal presentimiento.

—Se me encomendó la tarea de pulir tus mejores atributos, convertirte en una máquina de guerra capaz de vencer al demonio pistola…

—Kishibe parecía relajado, sacando un cuchillo.

—¿Y qué deberé hacer ahora?

¿Derrotar un demonio que mató a mucha gente en apenas segundos?

—Preguntó Denji, mirando el cuchillo con astucia.

—Vas a vencer tus miedos, tus traumas…

Vas a vencer todo lo que te haga mal.

Me encargaré de que, mientras viva, tú seas capaz de superar cada pequeño defecto que hay en tu humanidad…

—¿No eres humano?

—Preguntó Denji, pensando en Kishibe como algo más que un cazador—.

¿No serás el demonio del Whiskey?

—Ja-ja-ja —Kishibe soltó una risa fingida, que no traía gracia, monótona y que incomodó a Denji—.

Soy humano en todo menos mi mente.

Nací diferente.

Soy capaz de matar a lo que sea, con el rostro que sea y sin pensar absolutamente nada.

A diferencia de ti, no siento nada por matar a nadie que me importe.

Una vez tuve que acuchillarme para sobrevivir, todo porque se me encerró en el infierno.

Mi sangre, que nunca fue derramada por algún demonio, sirvió de intercambio para escapar de allí…

—¿Qué quieres decir con eso?

—Denji ya se olía la extrañeza del cementerio, el cual estaba repleto de lápidas con kanjis iguales.

—Se cambiaron las lápidas de este cementerio.

En el día que no entrenamos, que fue ayer, se reacomodaron los cuerpos en otros ataúdes y con otros nombres.

Todas las lápidas que ves aquí a tu alrededor, son las mismas, con el mismo tipo de caja, de la misma proporción y el mismo nombre: Denji.

—¿Qué?

—Denji se paralizó, un escalofrío recorriendo su columna vertebral mientras observaba el rostro impasible de Kishibe.

—Hay un total de dos mil lápidas en este cementerio.

Cada una de ellas con tu nombre inscrito, bajo la leyenda “Murió el hombre, pero nació el monstruo”.

Denji, hoy tu labor va a ser suicidarte dos mil veces, dejarte caer en esas cajas y regresar a la vida con apenas un poco de sangre —Kishibe le arrojó el cuchillo, sentándose.

—¡¿Suicidarme?!

—Denji reaccionó severo, incrédulo incluso.

—Todo hombre tiene miedo a algo.

Algunos a la pobreza, otros a la miseria, al desconocimiento, incertidumbre, arañas e insectos.

Pero todos los hombres comparten un mismo miedo: la muerte.

No hay hombre que no tema por el fin de su existencia.

Incluso yo, que puedo hacer lo que sea por vivir, no estoy preparado para dejarme morir —Kishibe bebió más de su whiskey, contemplando el cielo—.

La verdadera forma de que tú me superes, que realmente estés listo, no para el demonio pistola, sino para cualquier demonio, incluso los de tu mente; esa única vía de escape de deshaciéndote del miedo que arraiga al hombre de su cordura; al miedo que divide al hombre del monstruo, no del demonio.

Incluso los demonios temen morir.

Pero un monstruo nunca muere, y cuando lo sabe, lucha sin miedo porque incluso si deja de respirar, su valentía y coraje le recompensará con la eternidad.

Denji observó el cuchillo, inseguro.

Se acercó a la primera lápida, mirando a la caja en su interior.

Denji sabía que regresaría a la vida, pero no estaba listo para lastimarse con tal de superar la prueba.

No era que tuviera miedo al dolor o a morir.

Kishibe le dijo que era inmortal, que le daría sangre.

¿Pero y si no sucedía?

¿Y si Kishibe intentaba deshacerse de él?

¿Y si era una táctica para sacarle del juego porque se volvía muy peligroso?

—No tengas miedo —comentó Kishibe, mirando distraídamente el sol en su punto álgido—.

No me desharé de ti, ni quiero matarte para siempre.

Reconozco en ti a un cazador como ningún otro.

Tienes una mente tan aguda que, de no ser porque soy yo quien te entrena, ya habrías matado a cualquier otro caza demonios.

Pero así como tu genialidad brilla en batalla, tu humanidad apaga ese brillo en penumbras.

—¿Y qué sucederá tras mis dos mil muertes?

—Preguntó Denji, vacilante.

—Nadie lo sabe.

Nunca nadie ha regresado de la vida para decirnos cómo es la muerte —Kishibe se burló por primera vez, haciendo que Denji le dirija una mirada sorprendida—.

La última vez que vi a alguien salir de entre los muertos, era igualito a ti.

Denji se clavó el cuchillo en la cabeza, cayendo a la caja, mientras en sus últimos momentos lograba ver una pequeña sonrisa en Kishibe.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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