Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 23
- Inicio
- Todas las novelas
- Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child
- Capítulo 23 - 23 Buen chico
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
23: Buen chico 23: Buen chico —¿Dónde vas?
—Preguntó Aki, mientras veía a Denji alistarse con un cuchillo.
—Debo ir a mi entrenamiento con Kishibe —respondió Denji, saliendo.
Denji caminaba por las calles, pasando por una tienda de bicicletas.
Miró lo que parecía ser un modelo con un asiento detrás, ideal para dar paseos en pareja.
Denji se preguntó si algún día podría llegar a dar un paseo así.
—¿Algún día tendré pareja?
—Se preguntó Denji, en un pensamiento fugaz—.
No importa…
Debo llegar hasta el cementerio.
Denji entraba por el cementerio, mirando muchas cruces blancas.
Se habían restaurado las tumbas y lápidas, reemplazando los espacios vacíos y epitafios en su nombre por el de los antiguos portadores.
Denji miró a Kishibe, quien le miraba con calma.
Kishibe se encontraba fumando y bebiendo.
Denji pensó que no fumaba, pero no preguntó más.
Llegó, sacando la daga y preparado para recibir órdenes.
—Guárdala —Kishibe dijo, dándole una gran calada a su cigarro—.
No lo usarás hoy…
Denji hizo caso, guardando su cuchillo.
No sintió rastro alguno de hostilidad en Kishibe.
Kishibe le observaba, solemne.
Denji le devolvió la mirada, y Kishibe entrecerró los ojos.
Denji se tensó, preparando su cuerpo para cualquier movimiento.
—Allí está…
—Susurró Kishibe, escuchado por Denji—.
Esa mirada en tus ojos…
—¿Y?
—No tengo nada más que enseñarte…
—Kishibe suspiró, bebiendo y luego calando su cigarro—.
Realmente eres un monstruo aprendiendo, ¿No?
Denji guardó silencio.
Entendió, con todo lo que ha estado pasando últimamente, que Kishibe de alguna manera se estaba abriendo ante él.
No había rastro de dolor, enfado, frustración o arrepentimiento.
No había nada que lo denotara, salvo esa mirada.
Incluso Kishibe, que creía ser un desprovisto de emociones, no podía colocarle cortinas a sus ventanas.
—Denji, eres un gran combatiente…
No.
Eres el mejor combatiente que me he encontrado jamás.
Tienes un talento y potencial innatos demasiado buenos para tu propio bien.
Tu capacidad de improvisar, aprender, analizar y replicar, pero sobre todo, la de mejorar lo que ves, es temible…
Pero eres un niño.
Eres tan solo una Oveja que finge ser un Lobo.
Seré claro —Kishibe pausó, dándole una última calada a su cigarro, dejándolo caer y pisándolo—.
En este trabajo solamente viven los que están mal de la cabeza.
Esos que tienen dos o tres tornillos fuera como mínimo.
Tú, Denji, no eres uno de esos.
Denji frunció el ceño, su mirada peligrosa apareciendo.
Kishibe la miró y no reaccionó, pero ese sorbo a su bebida fue suficiente para que Denji entendiera su dolor.
Había una forma de saber si Kishibe sentía algo, y era a través de esa bebida.
Si la bebía, algo iba suficientemente mal como para que ahogue su pena en ella.
Si no bebía, era fuerte por afrontarlo.
Pero Kishibe nunca estaba sobrio.
—Eres un niño atrapado en una estatua de Oro.
Eres brillante, genuinamente impresionante y valioso…
—Kishibe sonrió un poco, tomando desprovisto a Denji—.
Pero en el fondo, solo eres eso: Un niño.
Amas, quieres, sientes dolor, eres feliz.
Tienes emociones.
Eso, Denji, no es bueno…
En este mundo hay personas que usarán eso contra ti.
Denji, eres demasiado humano para tu propio bien…
—¿Y usted cómo puede asegurarlo?
¿Cómo está tan seguro de que no estoy mal de la cabeza?
Debería haber estado ese día en mi casa, cuando ahorqué a mi padre con las cortinas viejas de mi madre…
—Una madre que murió a manos de tu padre —Kishibe le interrumpió, estoico—.
Por eso hiciste lo que hiciste, Denji.
No eres como yo, en lo absoluto.
No naciste diferente; fuiste obligado a serlo.
Todo ese dolor, esa rabia que sentiste, no fue resultado de una psique naturalmente dañada.
Fuiste dañado, y tu cerebro aprendió que eras tu padre o tú.
Verte aquí debe probar algo…
—Kishibe sorbió otro trago, esperando la reacción de Denji.
Denji apretó los puños, frunciendo el ceño.
Kishibe le notó controlándose, intentando calmar su rabia.
Para su total predicción, Denji lo logró.
No era fácil, de hecho, Denji estaba usando cada gramo de voluntad para no perderse e intentar hacerle a Kishibe lo que no pudo a Katana Man ayer.
—A esto me refiero…
Denji, piénsalo así.
Si nunca hubiera ocurrido nada de lo que te sucedió, si hubieras tenido una vida totalmente normal, una infancia normal; si hubieras ido a la escuela, si hubieras tenido amigos, ¿Crees que serías el mismo que eres ahora?
—¿Y usted lo hubiera sido?
—Preguntó Denji, un gruñido rasposo.
—Si yo hubiera sufrido lo que tú sufriste, sería peor de lo que soy ahora —Kishibe dijo, con calma—.
Para tu información, yo sí tuve una vida normal.
Mi madre me amaba, mi padre me veía con orgullo.
Pero ambos temían mi indiferencia ante la vida, la falta de empatía con la que nací.
Mamá y Papá murieron de viejos cuando era joven.
Apenas pude, entré a Seguridad Pública.
Sin entrenamiento, sin experiencia.
Pronto me volví el más fuerte.
Denji, no intentes medirme con la misma vara que yo te mido a ti.
Somos tan diferentes y opuestos…
—¿Y ese es el entrenamiento de hoy?
¿Probar quién está peor de la cabeza?
—Denji se rió por lo bajo, cínico.
—No hay más entrenamiento, Denji —Kishibe le dijo—.
Ya no hay nada que pueda enseñarte.
Lo que escuchas de mi parte es un consejo.
El mejor que jamás te darán, de hecho.
Si quieres seguir en esto, te advierto que el cariño, cualquier forma de afecto y vulnerabilidad es un arma que será usada en tu contra.
—Ya he muerto dos mil veces…
—Denji lo retó, sonriendo de forma maliciosa.
—Eso crees tú —Kishibe se acercó, serio—.
Denji, la realidad es que tú nunca has tenido una vida.
Tu madre era una prostituta; tu padre un ludópata alcohólico y abusador; tú eras una víctima entre dos malas influencias —Kishibe se puso frente a Denji, alzando lentamente su mano—.
Denji, tú nunca has muerto.
Nunca has tenido una vida.
Una persona que jamás ha tenido una vida, no sabe lo que significa perderla.
Denji estuvo por quitar la mano de Kishibe, pero su rabia fue evaporándose ante la repentina sonrisa sincera de su mentor.
Kishibe colocó su mano sobre la cabeza de Denji, dándole una palmadita.
Denji se paralizó, mirando a los ojos de Kishibe, quien empezó a revolverle el cabello.
—Denji, eres un buen chico…
—Kishibe se retiró tras eso, mientras Denji giraba, sin entender.
—¡ESPERA!
—Gritó, mientras Kishibe se subía a su carro y abandonaba el cementerio—.
¿QUÉ MIERDA FUE TODO ESO?
Denji no sabía cómo reaccionar, sin entender nada.
Kishibe parecía estarle amenazando, comparándose y diciéndole que era mejor para el trabajo que él, únicamente porque no sentía.
Pero justo ahora, esa sonrisa y esa palmada en la cabeza, ¿Por qué se sintió como si fuera el gesto de un padre a un hijo?
Denji sacudió la cabeza, intentando esclarecer su mente.
—No sirve de nada pensarlo…
—Denji susurró, caminando hasta su casa, lentamente, mirando cada lápida, preguntándose qué significarían los Kanji inscritos en cada uno de ellos—.
Al menos ya me libré de ese loco.
Sobre Denji voló un cuervo, el cual dejó caer una pluma sobre su frente.
Denji frunció el ceño, agarrando dicha pluma.
La miró, recordando al Demonio Cuervo.
Recordó aquella frase que salió del recién nacido, y tras eso, sonrió, aunque de una manera mucho más sincera.
—Si, nunca más…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com