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Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Hayakawa Aki
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4: Hayakawa Aki 4: Hayakawa Aki —Bien Denji, permíteme presentarte el edificio donde trabajarás a partir de ahora —Makima miró a Denji, quien caminaba detrás suya, con un abrigo puesto.

—Disculpe, ni siquiera me ha dicho su nombre…

—Dijo Denji, consternado.

—¡Oh cierto, mis modales!

—Makima rio por lo bajo—.

Mi nombre es Makima.

Soy tu superior, encantada de conocerte.

—El placer es mío, señorita Makima —Denji se inclinó, tal y como su madre le había enseñado hacía años atrás.

—Bien, una vez atendido este asunto, nos dirigiremos a mi despacho.

Te presentaré a tu compañero —dijo Makima, caminando con gracia, mientras Denji la seguía como bobo.

—Hay algo en ella que no me termina de agradar.

Es demasiado perfecta, muy perspicaz, como si notara cosas más allá de lo que parece ver.

Encima, es demasiado considerada y amable con él.

Esa actitud tan claramente interesada no podría lograr otra cosa que despertar inquietud en su ser.

Denji la siguió.

Subieron en el elevador.

Antes de entrar al despacho de Makima le entregaron un uniforme de Seguridad Pública.

Camisa blanca de manga larga, pantalones negros de vestir, zapatos nuevos y corbata.

Denji se fue al baño para colocarlos, pero no pudo con la corbata.

Se arremangó la camisa porque dificultaba su movilidad al combatir, y sabía que lo haría, por algo estaba en SP.

Se aproximó al despacho de Makima, y cuando entró, fue recibido por un tipo más alto que él, aunque no por mucho.

Era un pelinegro azulado, con ojos azules y rostro sereno.

Tenía una espada en su espalda, además de vestir un saco estándar de Seguridad Pública.

Se puso a su lado, recibiendo una mirada de desagrado por su hedor, vestimenta informal y lo que suponía era molestia.

—Te presento a Hayakawa Aki.

Él será tu nuevo compañero.

Formarán de la Cuarta división especial, y estará al mando de esta misma.

Es tu superior, Denji.

Procura llevarte bien con él, porque trabajarán por un largo tiempo juntos —Makima dijo con serenidad, una pequeña sonrisa de ánimos en su rostro.

—Andando —dijo Aki, dándose la vuelta.

—Espera un segundo —dijo Makima, dirigiéndose hacia Denji, empezando a acomodar su corbata—.

La cena de hoy correrá por mi cuenta.

Si realizas bien tu labor, el postre quedará a tu elección.

Makima terminó de acomodar la corbata de Denji, mirándolo en busca de aprobación.

Denji sonrió ampliamente, su rostro iluminado por una alegría indescriptible.

Asintió, dándose la vuelta y llegando donde Aki, quien le miraba con una apenas disimulada irritación.

Se marcharon, con Denji detrás del pelinegro.

Makima sonrió al verles marchar, acomodando papeles.

Denji y Aki caminaban por las calles, con ambos observando los alrededores.

Denji parecía enfocado, aunque su mente daba vueltas entre los acontecimientos.

Había logrado libertad de la Yakuza, pero justo en ese momento volvía a ser esclavo, esta vez de Seguridad Pública.

Aunque quizás esto no estaba tan mal.

Le pagarían mejor, le tratarían mejor, incluso tendría comida asegurada.

Lo único que lamentaba era que Pochita no podría disfrutarlo junto a él.

—Sígueme —dijo Aki, caminando hacia un callejón.

Denji lo siguió, detrás del pelinegro, quien desaceleró el paso para permitir que Denji fuera adelante.

El rubio no lo hizo, tomando una distancia prudente en la retaguardia de Aki.

Sabía que había una trampa, algo olía mal.

Si la enorme sospecha de ir a un callejón solos no fuera suficiente, quizás el evidente disgusto de Aki sería prueba inequívoca de que algo no saldría bien.

Aki se giró e intentó lanzar un puñetazo al rostro de Denji, quien lo esquivó agachándose.

Aki lo sorprendió con una rápida patada, una que apenas esquivó dada la clara desventaja en experiencia del rubio.

Había luchado contra gente de la calle, que no tenían estilos fijos de combate.

Un salvajismo brutal, casi instintivo surgió en él, y aquella mirada fría tomó posesión de sus ojos.

Denji lanzó un jab de derecha, esquivado con gracia de Aki.

Denji notó que esquivó a la izquierda.

Otro Jab de izquierda, y volvió a esquivar al mismo lado.

Una patada que fue detenida, su pierna sostenida por Aki.

Denji hizo una pirueta y pateó del lado izquierdo.

Aki tuvo que esquivar hacia la derecha, pero la pirueta liberó la pierna de Denji, quien se impulsó y lanzó un gancho hacia Aki, quien se hizo hacia la izquierda.

Aki juntó las manos y planeó hacer un golpe de hacha en la espalda de Denji; sin embargo, Denji giró ciento ochenta grados, usando su codo para golpear la quijada de Aki.

El pelinegro fue gratamente sorprendido tras cubrir ese ataque, pero al quedar frente a Denji, recibió un cabezazo que le hizo botar sangre de la nariz.

Denji aprovechó y golpeó la boca del estómago, un golpe en la axila derecha de Aki, y culminó con una rodilla de izquierda que impactó en el hígado del pelinegro.

Aki cayó de rodillas al suelo, su nervio golpeado, desactivando su cuerpo y quedando noqueado.

Abrió mucho los ojos, alzando la mirada y observando a Denji con lo que parecía ser un odio profundo.

Denji tenía una calma en su rostro que le hizo estremecer.

Esa misma calma que había visto en su maestro, reflejada en el propio rubio frente suyo.

—¿Me dirás por qué intentabas atacarme?

No me intentes convencer de que fue una prueba para ver si soy apto para el trabajo —Denji preguntó, esperando a que Aki conteste.

—Tú…

¡Tú te uniste porque quieres una comida con postres!

¡¿ES ESA REALMENTE UNA META DE VIDA?!

—Escucha grandulón, no soy el rey de la ética o valores.

Ni siquiera soy buena persona.

Diré esto una vez, y dependerá de ti si aceptarlo o no.

Mis metas de vida no son algo que le incumban a alguien como tú.

Tú en lo tuyo, yo en lo mío.

Trabajaremos juntos, seremos compañeros, esa señorita Makima me dará mi recompensa, y los dos seremos felices.

No te agrado, y créeme que tras esto, tú a mi tampoco.

¿Es un trato?

—¡Púdrete!

—¿Se puede ser tan cínico?

—Denji resopló, cansado de este emo.

—¡Le diré a la señorita Makima!

—¿Le contarás que intentaste atacarme y me defendí?

¿Le dirás que te pateé el culo con apenas unos movimientos?

¿Que analicé tu modo de combate en tiempo real y soy una amenaza?

Escucha bien, analiza.

¿Le dirás que soy muy peligroso?

Quedarás peor tú que yo —Denji sonrió con cinismo, en victoria ante Aki.

—¡Eres un!

—Te recomiendo que nunca menciones a mi madre.

Ni como insulto, ni como broma.

Mi madre es tan sagrada como la tuya.

Si quieres tener dientes con los cuales hablar, nunca, y repito, ¡Nunca!

Pienses siquiera en nombrarla —la voz y mirada de Denji cambiaron en un microsegundo.

Denji pareció ejercer una presión aterradora en todo el callejón.

La sombra que se cernía sobre él se amplió, cubriendo su rostro.

Aquellos ojos enmelados brillaron ámbar, con un peligroso pero firme deseo de muerte.

Aki miró los ojos de un auténtico diablo, y no pudo hacer nada más que callarse y aceptar la realidad.

—Caminemos, busquemos un demonio con el cual mentir sobre tus heridas.

Te seguiré, y tendrás mi palabra de no atacarte —Denji abandonó el callejón, acomodándose la camisa.

Aki se incorporó, agarrando su nariz.

Miró a Denji con rabia, pero se contuvo debido a que estaban en público.

Aki caminó por delante, y pronto hallaron al demonio de…

—¡¿DEMONIO DE LOS TESTÍCULOS?!

—Gritaron ambos al unísono, tan en shock como podría ser.

—¡Esto debe ser una broma!

—Dijo Aki, consternado y confundido.

—¡JAJAJA!

¡¿QUIÉN LE TENDRÍA MIEDO A LAS BOLAS?!

—Denji empezó a reír, su máscara de tonto reluciendo ante Aki.

—¡Imbécil, sigue siendo un demonio!

—¡De acuerdo!

Tranquilo, jefe.

¡Yo lo acabo!

—Denji se lanzó, con un hacha decapitando rápidamente al demonio de los testículos.

—¿Demonio de los testículos?

¿Enserio?

—La cara de Makima era estoica, mientras que Denji explotaba en carcajadas.

—Si…

Señorita Makima, es el…

—Aki respiró hondo, con vendas en su nariz—.

Es el demonio de los testículos.

—Y me estás diciendo que te golpeó la nariz —dijo Makima, con su misma cara.

—Si, señora —dijo Aki, sudando frío y apenado ante la mirada de Makima.

—Estoy tan confundida como ustedes.

No sé siquiera qué decir —Makima se tomó de la barbilla, genuinamente sin saber cómo responder ante esta situación.

—¡Y LO PEOR ES QUE LE PEGÓ CON UNA DE SUS BOLAS EN LA NARIZ!

¡AKI TUVO PELOTAS EN LA NARIZ!

—Gritó Denji, explotando en risas que pronto se volvieron llantos ante la incapacidad de contener la gracia.

Aki se puso rojo como un tomate.

Sabía que era mentira, pero para mantener la fachada debía aceptar esta realidad inventada.

Miró a Makima taparse la boca, aguantando las carcajadas.

Pronto, muchos en el cuartel empezaron a reírse, mientras Aki deseaba que se lo tragase la tierra.

—¡VOY A MATAR A ESE MALNACIDO!

—Gritó en su mente Aki, observando a Denji con rabia.

Recordó la mirada que Denji le dirigió en el callejón, esa capacidad para analizar la situación, descifrar su estilo de combate y la amenaza que le dirigió sobre nunca mencionar a su madre.

Su voz tétrica, su mirada gélida y desprovista de sentimiento alguno.

Todo rastro de humanidad y calidez sensata abandonó ese cuerpo en cuanto le amenazó.

Y ahora, ese mismo tipo se encontraba riéndose de una situación inventada.

—¿Estará loco?

Debe estarlo.

Nadie cuerdo podría actuar de ambas maneras en perfecta concordancia —pensó Aki, analizando un poco más a Denji—.

Quizás él esté calificado para el trabajo de Cazador de Demonios.

Alguien así no es alguien cuerdo.

Le faltan muchos tornillos si puede lograr mantener esa ambivalencia.

—Aki, hoy invitaré la cena.

Pidan lo que gusten.

Denji, mi promesa será cumplida.

Pide tu postre y cena.

Correrá por mi cuenta…

En cuanto al demonio testículo —Makima cerró los ojos un momento, conteniendo la risa—.

Haré el papeleo y tu cheque estará listo mañana.

Pueden retirarse a los comedores.

Denji se recompuso apenas oyó postre, y con un entusiasmo contagioso, corrió hacia el comedor.

Aki le siguió, cansado y abatido.

Makima los miró salir, y apenas pudo, rio por lo bajo.

Una risa delicada y suave, armoniosa y bella, como cantar de miles de pájaros en perfecta sincronía.

Negó con la cabeza, realmente divertida por la situación de Denji.

—¿Qué pediste?

—Preguntó Denji, mirando a Aki.

—Pedí Curry —respondió Aki, mirando el menú.

—Oye, ¿Podrías decirme el menú?

—Denji pareció algo apenado, mirando al suelo mientras su boca hacía una mueca graciosa.

—¿Decirte el menú?

¿Eres tan estúpido que no puedes siquiera leer el menú?

¿Dónde quedó el señor “Genio en Batalla”?

—Aki se molestó visiblemente, un tic nervioso en su ojo, el cual temblaba por la rabia.

—Simplemente quiero que me lo leas —dijo Denji, encogiéndose de hombros.

—Eres una verdadera alimaña irritante, ¿No?

—Denji asintió a su afirmación, a lo que Aki simplemente suspiró—.

Curry, Pizza, Katsudon, Udon, Ramen, Takoyakis…

—Pediré un Ramen de puerco y un Curry.

—Bien.

¿Qué postre elegirás?

—Preguntó Aki, agradecido de que no tardara mucho en escoger.

Denji alzó las cejas en diversión, haciendo que el ojo de Aki tiemble más.

Aki respiró hondo, y tras decir los postres disponibles, pidió un pastel de fresas.

La comida llegó tras unos minutos, y cuando llegó, Denji se retiró para comer solo.

Aki quedó consternado, porque Denji parecía querer acompañarlo a comer.

Aki se molestó, pero no siguió al chico.

Denji pidió permiso a Makima para ir a comer a un lugar privado.

Ella accedió, dejando que se dirigiera a un parque.

Denji caminó rápidamente hasta el parque.

Era de noche, no había nadie en los alrededores.

Se sentó en una banca, destapó el primer platillo que era ramen.

Estaba en un vaso, con sus palillos de bambú a disposición.

Denji dio el primer bocado, cerrando los ojos mientras saboreaba aquella delicia.

Tuvo recuerdos sobre su madre, y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.

Empezó a comer con delicadeza, tal y como su madre solía hacerlo.

Mientras comía, el salado sabor de algunas lágrimas se mezcló en su boca.

No importó.

Ya no importaba.

Por primera vez en su vida estaba comiendo un platillo completo.

Sin huesos, pura carne y verduras en buen estado.

El caldo estuvo delicioso, cada condimento sabía a paraíso.

Cada fideo estaba ahí.

No había más masa simulando aquella sensación.

Eran fideos, auténticos y verdaderos.

Lloró con ganas, dejando de comer por un momento.

Empezó a sollozar en silencio, mientras que se tapaba el rostro.

No pudo encontrar consuelo en si mismo, y recurrió a aquello que se lo ofrecía.

—Mamá…

Mamá…

—Susurró, un agónico dolor recorriendo su ser—.

Mamá…

Me estoy comiendo mis verduras, como me dijiste…

Para crecer grande y fuerte…

Denji siguió llorando, comiendo con mas vehemencia.

Pronto miró al cielo, mientras extendía un poco de sus verduras en el palillo.

Se preguntó si su madre podría saborearlas desde allí arriba.

Intentó ser optimista y creyó que lo haría.

Siguió comiendo, acabando con el ramen.

Pasó al curry, y esta vez una explosión de sabores inundó su paladar.

Estaba contento, y esta sensación nadie se la quitaría.

La comida era hermosa, deliciosa, un placer verdaderamente superior a cualquier otra cosa.

Terminó el curry, agradeciendo por el platillo a todos los que lo prepararon.

Desde quienes cosecharon las verduras, hasta los encargados de empaquetar su comida.

Pasó al postre.

Miró el pastel de fresas.

Un pequeño pero bellamente decorado pastel de fresas.

Observó el merengue, los brillantes y microscópicos destellos del azúcar; miró el rosado que cubría la superficie del pastel, las fresas cortadas en la parte superior, y se preguntó a qué sabría.

Dio un bocado, cerrando los ojos.

Cada toque dulce, desde el azúcar en la masa, en el merengue, el de la fresa y el del pan, todo se unió en una mezcolanza que sabía a felicidad, niñez y cumpleaños.

Esto lo transportó a una época diferente, distante, donde aún podía decir que tenía a alguien.

—¡Es hora de cenar, Pochita!

—Denji dijo con entusiasmo.

Tenía diez años, su parche negro en el ojo había sustituido su bello ámbar.

Agarró algo de harina de trigo en una caja que logró conseguir para ocasiones especiales.

La echó en el tazón, empezando a revolverlo con el dedo.

Pochita lucía contento, esperando que la comida estuviera lista.

Un tazón pequeño para dos hambrientos niños.

—Pero solo por esta vez…

—Denji se levantó y agarró una bolsa pequeña, vertió el contenido en el tazón y volvió a mezclar—.

Le pondremos azúcar, porque es tu cumpleaños, Pochita.

Los dos pequeños miraron la maravillosa cena que tenían delante suyo, esperando probarla pronto.

Denji dejó de mezclarla, encendió un cerillo y empezó su ritual.

—¡Feliz cumpleaños, Pochita!

—Aplaudió, mientras Pochita ladraba y movía la cola, con una felicidad sin precedentes—.

¡A comer!

Pochita lo probó primero.

Sus saltos y ladridos de felicidad no tuvieron precio para Denji.

Se puso feliz de haber puesto contento a su pequeño compañero.

Pochita era lo único que tenía, y su felicidad era su prioridad, incluso por encima de su vida.

Denji lo probó, y la masa dulce terminó deleitando su paladas inexperto.

—¡Sabe a pastel!

—Gritó Denji, destellando brillos en sus ojos.

Ellos nunca habían comido pastel.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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