Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 61
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- Capítulo 61 - 61 Asedio
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61: Asedio 61: Asedio —Señorita Makima, nos convocó —un hombre en traje habló, entrando por la puerta de la habitación de Makima, en el hospital.
—Noro, te he convocado porque es de suma importancia tu participación…
—Makima habló con calma, sus heridas menos graves que antes, y los vendajes en su cabeza habían desaparecido—.
La URSS, junto con China, realizaron un ataque hacia nosotros.
Como sabrás, Kishibe actualmente está desaparecido del ojo público.
Lo que respecta a Seguridad Pública, es que no podemos dejar pasar este ataque.
Hoy fue Kioto, mañana será todo Japón.
—Señorita Makima, ¿Qué está proponiendo?
—El hombre lucía nervioso.
—Noro, eres un gran soldado…
—Makima empezó, sonriendo suavemente—.
Eres un gran hombre, trabajador y honesto.
Tienes una formación excelente bajo la tutela de grandes cazadores.
Tu contrato con el demonio del Moho será de utilidad.
Pero tu liderazgo y capacidad para afrontar la vida nos sirve en el frente de batalla, más que aquí, donde te han delegado a ser un simple vigilante callejero.
—Señorita Makima…
—El hombre miró a la pelirroja frente a él, en la cama, como si fuera un ángel.
—Verás que no puedo agradecerte como es debido, dada mi condición.
Pero acércate, Noro.
Acércate, porque hay algo que necesito darte…
—Makima lo miró a los ojos, y de inmediato el hombre se aproximó, con cautela—.
Esto es el privilegio que nadie más posee.
Noro, careces de familia, de padres e hijos; parejas o vínculos afectivos.
Pero hoy tendrás algo más allá de ello…
Cuando Noro estuvo al lado de Makima, ella extendió su mano.
Noro la tomó, y en ese preciso instante, la sonrisa suave de Makima se congeló.
Noro se paralizó, mientras la habitación iluminada quedaba a oscuras.
Tras ese breve parpadeo, Noro ya no estaba, y en su lugar habían dos Makima.
La que estaba en la cama tenía la mirada perdida, durmiendo; sin embargo, la que estaba parada estaba intacta, completamente sana y recuperada.
Tenía el traje de Noro, revisó su teléfono y marcó a un número desconocido.
La llamada no tardó en ser contestada, y ella miraba por la ventana de su habitación, a la ciudad de Kioto.
—Suéltenla.
Envíenla en Jet privado a la URSS.
No, solo denle dos espadas —Makima dijo, colgando y metiendo el teléfono dentro del saco—.
Noro, hoy as corrido con la suerte y el privilegio máximo que podría darle a alguien…
Noro había dejado de existir, y en su lugar, una copia de Makima tomó posesión de su cuerpo.
La Makima de la cama estaba catatónica, cuando despertase, no se sabría lo que sucedería.
Quizás solo Makima conocía la habilidad, y era debido a esto último que pudo tomar por sorpresa a Noro.
—Ser yo.
—¡CUIDADO!
—Un ruso gritó, pero pronto perdió la cabeza por un corte horizontal que le partió toda la mandíbula inferior.
—¡Es un monstruo!
—Otro hombre gritó, disparando.
El cuartel general de Moscú se encontraba bajo asedio total, una carnicería en proceso de realización.
Nadie escapaba, nadie huía, todos perecían.
La figura se movía con la velocidad del rayo, de un lado al otro, sin recibir disparo alguno.
Pronto fue arribada por un pelotón armado con lanzagranadas, las cuales tras ser disparadas en su ubicación, explotaron.
Los brazos de todos cayeron al suelo, seguidos por el sonido metálico de una Katana siendo enfundada.
De entre las sombras emergió el mismo Yakuza de patillas exuberantes, el híbrido de la Katana.
El hombre se movía con eficiencia depredadora, un marcado contraste con el mismo hombre que perdió ante Denji meses atrás.
—¡¿QUÉ MIERDA SUCEDE AQUÍ?!
—¡¡PROTEJAN LA ARMERÍA!!
¡¡VIENEN POR EL DEMONIO BOMBA!!
—Gritó el hombre, mientras corría hacia el interior.
El hombre corría dentro del complejo, con una llave en sus manos.
Mientras huía de la masacre, oía en la lejanía la cacofonía de sufrimientos a las que sus compañeros eran sometidos.
No quiso darse vuelta, porque sabía que de dudar, perecería como ellos.
No podía permitirse hacerlo, no ahora que la URSS se encontraba tan debilitada por el bloque Capitalista y la propaganda Yankee.
—¡Ellos vienen por el Demonio Bomba!
¡Reze, esa perra!
—Pensó el hombre, corriendo más rápido—.
¡Nos vendió!
¡Escapó y encima dio la ubicación del Demonio Bomba!
¡Pudo haberlos contratado!
La URSS le prometió ser la híbrido bomba en cuanto complete su misión, pero esa endemoniada chica…
No le bastó con ser la mejor del experimento de los Niños Bomba, sino que ahora quiere el poder de las Bombas para sí misma.
El hombre se detuvo de golpe, pues en la entrada a la armería se posaba una figura que no era divisable a causa de la oscuridad.
Supo que alguien estaba allí porque pudo ver dos espadas cortas saliendo de la oscuridad.
El pasillo, que normalmente contaba con luces, ahora estaba en la mayor de las penumbras.
—¡¿QUIÉN ERES?!
¡¿TE ENVIÓ REZE?!
—preguntó el hombre, sacando una pistola de su chaqueta.
—¿Reze?
—Una voz femenina habló, y el hombre se paralizó, el aire abandonando su ser y su alma casi saliendo de su cuerpo—.
No me envió Reze.
Vine por algo que le pertenece, pero no ha sido ella quien me ha enviado.
—¡¿ENTONCES QUIÉN?!
¡¡MALDICIÓN!!
¡¡SOLO DÉJAME IR!!
—Gritó el hombre, aterrorizado.
—No puedes irte, porque sabes quién soy —la voz femenina habló, sus espadas juntas, apuntando al hombre.
—¡QUANXI, DÉJAME IR!
—El hombre sollozó, demasiado asustado para poder accionar su arma.
—Como dije, sabes mi nombre.
Pero por misericordia, te daré una muerte rápida…
Y te diré quién me envió.
El hombre sintió que le arrebataban la llave de las manos.
Bajó la cabeza, mientras una delgada línea se dibujaba en su cuello.
Sus ojos giraron hacia la derecha, mientras todavía podía procesar la más vaga información que Quanxi le diría.
La mujer se dejó ver, sus ojos antipáticos cargados de la más fría sensación de indiferencia.
—Makima.
—Así que aquí estás, pequeño…
—Quanxi entró a la armería, mirando un enorme constructo que sorprendería a cualquiera.
Frente a ella, un enorme coloso de diez metros de altura y treinta de ancho de hallaba.
Dicho demonio estaba cubierto de sonares, los cuales captaban la intrusión de Quanxi.
No poseía ojos, pero los sonares podían transmitir la sensación de ser observada.
Quanxi miró la parte inferior, una cola que ella asemejaba al de los peces.
La criatura estaba cubierta de miles de misiles largos que se asemejaban a una falda protectora; no poseía brazos, y en su lugar, estaba rodeada de círculos que eran compartimentos por los cuales saldrían distintos explosivos.
Pero más arriba, en la punta, dado que aquella enorme bomba apuntaba hacia arriba, había una singular escotilla sobresaliente, de la cual sobresalía una mecha negra de TNT.
—El demonio Bomba…
Nunca creí poder verte en todo tu esplendor…
—Quanxi parecía realmente sorprendida del demonio negro frente a ella—.
Me pregunto, ¿Por qué esa chica es tan especial como para ser tu híbrida?
—Porque Reze fue criada para serlo, Quanxi —la voz de Makima resonó detrás de Quanxi, quien giró de inmediato para ver a Katana Man sosteniendo un teléfono en alta voz—.
Reze es el perfecto prospecto a Bomba.
Su fuerza, agilidad, reflejos y entrenamiento; todo en ella fue diseñado meticulosamente para albergar a un Demonio tan devastador como el Bomba.
—Pero Reze está muerta…
La mataste…
—Dijo Quanxi, seria.
—¿Estás segura de eso?
—Preguntó Makima, riendo por lo bajo, divertida—.
Reze no ha muerto, aunque ella desea hacerlo.
—¿Qué?
¿De qué hablas?
—Preguntó la rubia ceniza, intrigada.
—Digamos que…
—Makima giró hacia atrás, en una habitación oscura, iluminada por un foco que apuntaba a una chica cubierta de sudor, en ropa interior, con un saco en la cabeza que estaba húmedo, y su respiración era tranquila—.
Reze ha perdido la batalla de voluntades.
Incluso una espía prodigio y experimentada, no puede resistir a unas cuantas visiones distorsionadas de la realidad.
—¿Torturaste a tu prospecto a Bomba?
—Preguntó Quanxi, sorprendida.
—La reprogramé —dijo Makima, a punto de colgar—.
Reze irá hacia ustedes, asegúrense de que la URSS no sepa de esto.
—¿Vendrá?
¿Dejarás que una chica a la cual torturaste y arrebataste toda su vida, venga sin más?
—Quanxi estaba insegura.
—Créeme, Quanxi…
—Makima destapó la cara de Reze, quien tenía los ojos apagados, mirando hacia el techo, hacia la foto de Denji y ella en su habitación, con aquel beso en el medio de los dos—.
No conoces el dolor insoportable que puede causar entregarle una vida a quien nunca la tuvo, para luego arrebatarla de la forma más cruel posible.
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