Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 70
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- Capítulo 70 - 70 Ganador
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70: Ganador 70: Ganador 7 de Enero de 1998.
—Denji —Power le habló, mientras los chicos estaban cocinando.
—¿Sí?
—¿Podrías pasarme la mantequilla?
—Ten —Denji se la pasó, mientras power la echaba a una mezcla—.
¿Qué haces?
—Hoy es tu cumpleaños, imbécil —Power le dijo, frunciendo el ceño—.
¿Creíste que lo olvidaría?
—¿Desde cuándo sabes hacer pasteles?
—Vi una receta en la tele —Power sonrió—.
¿Te parece si vas a distraerte un rato?
Quizás debas tomar aire.
Desde entonces no has salido…
Nunca sales, Denji.
—¿Por qué querría salir?
Aquí estás tú.
Eres todo lo que necesito —Denji le dijo, pero Power le miró con un rostro indescifrable.
—Denji, por favor, sal —Power le pidió con suavidad, mientras el rubio le observaba.
Contempló aquellos ojos suplicar por un momento de soledad.
¿Power quería estar sola un tiempo?
¿Ella de entre todas las personas?
Denji no pudo saber el por qué, pero un dolor en su pecho se alojó, y aquella opresión le hizo sentir el frío del ambiente con mayor dureza.
—Está bien.
Regresaré más tarde…
—Ponte un suéter.
Sigue haciendo frío afuera.
La nieve está bajando, pero no es excusa para que te enfermes —le dijo Power, mientras Denji asentía.
Denji recorría las calles con un suéter blanco.
Debajo de él había una camisa grisácea, pantalones de mezclilla oscuros y zapatos negros.
Denji iba por la calle, con las manos en los bolsillos.
Miró a los alrededores, y lo único que observó fue los restos de la destrucción siendo limpiados.
Los edificios eran reconstruidos poco a poco, con miles de obras entre las calles que alguna vez transitó.
Eso hizo que Denji sintiera un pequeño dolor en el pecho.
Saber que las calles no volverían a ser iguales fue una presión que su pobre corazón no soportaría.
Suspiró, negando y continuando su camino.
Denji miró el café donde trabajaba Reze, o lo que quedaba de él.
Denji se detuvo, mientras veía los escombros.
Recordó cada café ahí dentro, cada pastel de fresas, cada vivencia, cada recuerdo, cada palabra y cada uno de sus días dentro.
En el suelo hubo un fragmento de espejo, Denji lo observó y lo que le devolvió la mirada fue un despojo de él mismo.
—¿Desde cuándo mis ojos son tan apagados?
—Pensó Denji mientras tenía una mirada cansada, con ojeras bajo los ojos, la vista decaída y los ojos llenos de oscuridad—.
¿Desde cuándo puedo verme así sin siquiera notarlo?
Denji se fue rápidamente de ahí, porque seguir viendo aquello le hacía sentir peor.
Era su cumpleaños, pero nunca lo celebró formalmente.
Nunca había tenido pastel, fiesta, ni mucho menos familia para celebrarlo.
Pochita siempre lo acompañó, y aunque era su fiel amigo, no podía compararse a lo que Power y Aki hicieron por él.
—Aki me enseñó lo que es ser un hombre.
Me hizo entender que debo oler bien, vestir bien, actuar bien y hablar bien.
Que no debo ser un cretino que ve su beneficio todo el tiempo.
Me hizo sentir validado, que no debía mantener aquella máscara de idiota y, en su lugar, podía ser inteligente sin miedo a ser la amenaza de alguien…
—Pensó Denji, mientras recorría las calles sin prestar más atención al ambiente.
Denji pasaba por los parques, por su antigua ruta.
Pasó por donde miró a Reze, aquella misma banca, aquella noche tras la muerte de Himeno.
Sintió una nostalgia que invadía su ser.
Un pequeño dolor de cabeza le punzó la parte frontal del cráneo.
Denji frunció el ceño y gruñó, agarrándose la cabeza.
Empezó a sudar, un calor le recorría el ser.
Todo lo que ocupaba su visión era nada más que la imagen distorsionada de su pelea con el poseído del Demonio Pistola.
Recordó los aprietos en los que los puso.
La forma en que protegió a Power con su cuerpo, el cómo desvió balas, se interpuso entre ellas, y cómo moría la gente.
—Sí, ya lo recuerdo.
Ese día no hubo temblor…
—Denji miró a un edificio que estaba destruido, con un agujero circular atravesando toda la estructura—.
Ningún terremoto puede ser capaz de causar estos daños.
No puede hacer hoyos en el medio de los edificios, ni incendiar autos, ni matar a la gente volándolos en pedazos.
Denji siguió caminando, su dolor de cabeza en aumento.
Poco a poco empezó a marearse, viendo doble.
Su visión era distorsionada, como si estuviera borracho.
Repleto del embriagante efecto que le provocaba recordar, su cuerpo intentó mantenerlo erguido, pero su extraordinaria regeneración no fue suficiente para combatir a su cerebro.
—Lo recuerdo.
Esa chica casi muere de no ser por mi intervención.
Muchos más habrían muerto si no salía.
Debía hacerlo, era el único.
¿Por qué?
¿Por qué debía acabar con el Pistola si ya no trabajaba en Seguridad Pública?
¿Por qué lloré antes de enfrentarlo?
¿Miedo?
¿Desde cuándo tengo miedo?
¿Yo, miedoso?
¿Miedo a un enemigo?
Denji estaba mareado, y llegó al parque.
Se quitó el suéter, porque su cuerpo estaba demasiado caliente como para sentir el frío del ambiente.
Dejó su suéter en una banca, sentándose al lado.
Miraba a los alrededores, los árboles, desprovistos de hojas y vida le daban una vista fúnebre de lo que parecía estar recordando poco a poco.
—No, no puede ser.
¿Por qué fue mi deber acabar con él?
—Pensó Denji, ansioso.
Recordó ese saco, uno muy familiar.
Era de un tono negro sin desgastar, la tinta con la que era lavado era de una gran calidad.
Recordó el sonido de las pisadas en el pasillo del departamento, unas tan conocidas que no podía simplemente ser confundido con alguien más.
Pero eso no hacía sentido dentro de sí.
—No, no pudo haber sido así.
Lo sabría.
Lo recordaría.
Maté a mi padre, ¿Por qué no puedo recordarlo?
¿Por qué me cuesta tanto?
—¡Helados!
—Un heladero pasó, mientras Denji lo detenía y compraba uno.
—Maldita cabeza, me está matando.
Siento un calor terrible.
Quizás un helado me ayude.
Denji probó el helado, cerrando los ojos.
Era de mora azul, un sabor que normalmente compraba con Aki y Power.
Compraba, sí, en tiempo pasado, ¿Por qué?
Cuando regresara Aki comprarían más.
Seguiría con aquel juego donde siempre perdían, seguirían viéndose, irían a la escuela.
—Iré al colegio junto a Power.
Viviremos vidas normales, estaremos en salones distintos.
Ella conseguirá a su novio, y yo encontraré a alguien más.
Aki nos inscribirá, ya tenemos su apellido.
Aki…
A Aki le gusta mucho este sabor de helado.
Es su favorito.
Siempre que comprábamos, se encargaba de elegir este.
Siempre que comprábamos, jugábamos a esto.
Denji saboreó el helado, su mente poco a poco dejó de dolerle.
El calor de su cuerpo empezó a bajar, mientras poco a poco el helado se iba acabando.
Conforme iba decreciendo su volumen, Denji sintió una paz y resolución que no conseguía antes de este helado.
—Sí, iremos al colegio.
¿Qué importa si perdió el auto?
Podemos comprar uno nuevo.
Uno para toda la familia.
Uno que me permita llevarlos de paseo.
Sí, podrá ira mis juntas del colegio.
Sí, Aki podrá ser mi tutor legal en las juntas.
Power y yo le haremos sentir orgullosos.
Y cuando regrese de buscar sus prótesis, jugaremos para ver quién es el ganador…
Denji terminó su helado, mientras sonreía.
Miró al cielo, azul y despejado.
Los rayos del sol golpeaban todo el parque, una imagen idílica saboteada por una nube blanca que se cruzó en el camino del sol.
Denji suspiró, porque ahora la luz se había atenuado un poco.
Bajó la vista, y con ansias miró su palito de helado, el cual se acabó, con el sabor de la mora azul aún presente en su lengua.
—Ganador.
Denji se paralizó en ese preciso instante, mientras miraba el palito entre sus dedos.
Lentamente, volvió a leer aquella palabra una y otra vez.
La susurró, deletreándola.
Con cada letra, un recuerdo más venía a su mente.
Recordó la sensación de su carne siendo atravesada por las balas del Pistola.
Recordó la sensación de la carne del Pistola siendo desgarrada por su motosierra.
Recordó que sintió un entumecimiento doloroso cuando lo hizo.
¿Por qué?
Lo recordó en ese precios instante.
La corbata que colgaba de su cuello no era cualquier corbata.
Una que le miró comprar en el centro comercial, la misma que él tenía en casa.
Aquella camisa, que él planchó ese mísero día para que él saliera presentable a firmar.
Su saco, que lavó en aquella ocasión porque él ya no podía.
Recordó sus zapatos caros, y recordó que él le prometió unos iguales luego de un tiempo.
Recordó cuando le compró su perfume “Le Male”.
Recordó que iba a comprarle un regalo, llegar de sorpresa y dárselo.
Recordó cuando fueron a Osaka, cuando los presentó con su nueva familia, cuando les dio su apellido.
Lentamente, Denji empezó a temblar.
El frío del ambiente fue un eufemismo comparado con la hipotermia que ahora recorría su cuerpo.
Un escalofrío surcaba cada poro de su piel, poniéndole la piel de gallina.
Parpadeó, con su mano derecha cubierta de sangre.
Miró sus dedos, y en sus uñas vio pedazos de carne que no era la suya, era la de él.
Denji empezó a hiperventilar un poco.
Su garganta se secó, mientras el dolor recorría su ser.
Recordó aquel fatídico día, la conversación con Power.
Recordó su miedo, y lo entendió.
No era miedo al enemigo, era miedo de dañarlo, porque de entre todas las personas en este mundo, él jamás debió serlo.
Recordó su llanto, su temblor, peor que el de ahora.
Porque la mera idea de ponerle un dedo encima a aquel hombre dolía más que sus balas.
Recordó que no quería hacerlo, pero lo debía hacer, y al final, lo hizo.
Recordó que era su responsabilidad, una que no quería cargar, pero que eligió sostener sobre sus hombros.
El peso de un millón de vidas recayó en su cabeza, porque para él, mientras ese hombre estaba vivo, Denji pudo vivir lo que no pudo en 16 años.
Hoy, con 17, lo recordó.
Hoy, 7 de Enero, en su cumpleaños, recordó la razón por la que había estado raro tanto tiempo.
Denji miró aquel palito de helado con la palabra “Ganador” inscrita en él.
Recordó su juego, y Denji, con todo el dolor del alma, se cubrió la cara.
La vergüenza de que el mundo lo viera era abrumadora.
No porque lo vieran llorar, sino, que supieran el por qué lloraba.
Si supieran lo que hizo, le condenarían al ostracismo.
Era un degenerado, una aberración, un monstruo.
¿Qué clase de hombre hacía lo que él hizo sin dejar de ser hombre?
Lentamente, cada recuerdo inundó su mente con una marea agresiva que prometía romper la última de sus barrera.
Dejó caer el palito al suelo, y mientras caía, Denji sintió todo el dolor que estuvo reprimido, las noches de insomnio y pensamientos en desvela.
Todos ellos se condensaron en un susurro, más bajo que el habitual, pero más doloroso que el mayor de los dolores.
—Yo maté a Aki.
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