Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 71
- Inicio
- Todas las novelas
- Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child
- Capítulo 71 - 71 Sorpresa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
71: Sorpresa 71: Sorpresa —¿Denji?
—La voz de Makima le hizo mirar hacia arriba—.
¡Denji!
La pelirroja se acercó de inmediato ante el joven que temblaba.
Lo tocó, alejándose rápidamente.
Miró su suéter, y se lo puso encima, preocupada.
—¡Denji, estás helado!
—Ella acomodó el suéter por encima de Denji, que miraba a la nada.
—Yo…
—Empezó Denji, su voz quebrada—.
Yo lo maté, Makima.
—¿Qué?
—Makima se detuvo, mirando a Denji.
—Yo lo maté…
—Denji empezó a llorar en ese momento, frente a Makima, quien le veía con una preocupación genuina—.
Yo maté a Aki.
—¡Denji!
—Makima lo abrazó de inmediato, mientras Denji lloraba en su pecho.
—Yo lo maté…
Maté a mi hermano, a mi hermano mayor.
Maté al hombre que más amé en este mundo.
Yo lo hice Makima, yo lo maté…
—Denji, necesito que te calmes…
—Makima lo empezó a acariciar, mientras le miraba con tristeza.
—Pero lo maté…
Lo maté…
—Susurraba Denji, entre sollozos temblorosos.
—Estás helado y no puedo dejarte así.
Vamos a mi departamento, queda cerca de aquí…
—Makima se levantó, con Denji abrazándola—.
Le diré a Power que vaya ahí.
Hoy es tu cumpleaños, ¿No?
—Lo maté…
—Susurró Denji, aún roto—.
Maté a Aki.
—Denji…
—Makima lo abrazó más fuerte, mientras caminaba con él aferrado a ella.
Todo el camino ella lo consoló, mientras el chico lloraba abrazado a ella.
La pelirroja nunca dejó de acariciarle la cabeza, y mucho menos de decirle que todo estaría bien.
Llegaron a su departamento, en la cima del edificio más alto de Tokio.
Entraron, y de inmediato fueron al sillón.
Ahí, Denji finalmente se terminó de romper.
—¿Qué mierda me pasa?
—Susurró él, agarrándose la cabeza—.
¿Por qué estoy tan mal de la cabeza?
¿Por qué lo hice?
¿Por qué?
¿Por qué lo maté?
¿Por qué no morí yo?
Yo debí morir, no él.
Yo debería morir, soy un monstruo…
Un monstruo que mató a su hermano…
—Denji, no eres un monstruo…
—Makima lo detuvo, con una mano en su cabeza, haciéndolo mirarla directamente a los ojos—.
Denji, no eres un monstruo.
—Pero…
—No lo eres…
—Ella sonrió suavemente, abrazándolo—.
Si fueras un monstruo, no seríamos amigos.
Dime, ¿Un monstruo puede tener amigos?
—No…
—Denji respondió, mirándola.
—Entonces no eres un monstruo, Denji.
Porque tienes amigos.
Me tienes a mí…
Tienes a Power.
Power sigue viva.
¿No has pensado que esto también es duro para ella?
Que deberías amarla más, porque es lo último que te queda.
Que debes abrazarla más, quererla más, que debes asegurarte de hacerle saber lo mucho que la amas.
Que debes agradecerle que sea tu hermana.
Makima sonreía suavemente, con una voz dulce en el oído de Denji.
Denji empezó a calmarse, mientras pensaba en las palabras de Makima.
Makima se separó un poco de él, mirándolo con detalle.
—Iré a llamar a Power.
Probablemente siga haciendo tu pastel…
—¿Mi pastel?
¿Cómo sabes eso?
—Preguntó Denji, mientras Makima se paraba y caminaba hasta el teléfono de su hogar.
—Ella me dijo la idea, y yo le cooperé para los ingredientes.
Las fresas son muy caras últimamente, y las que se cosechan en las prefecturas rurales son mucho más caras por su valor agregado —Makima comentó, marcando a un número—.
Power, ¿Podrías venir con el pastel?
Cambio de planes.
La fiesta será en mi casa.
Te doy mi dirección.
Makima le dijo la dirección a Power, con el detalle de estar en la cima del edificio.
Colgó, con una pequeña sonrisa en su rostro.
Miró a Denji, quien le dirigía la mirada.
Denji lucía bastante apagado, ese brillo reapareció, y esta vez, fue uno de dolor interminable.
Makima lo miró, sus cejas alzadas en compasión.
—Ven aquí…
—Ella abrazó nuevamente a Denji, de una forma protectora—.
Nada de lo que pasó fue tu culpa, Denji.
Todo pasa por algo.
—¿Y por qué debió suceder lo de Aki?
¿Por qué fue convertido en el Demonio Pistola?
¿Por qué debí asesinarlo?
Era mi hermano.
No nos metíamos con nadie, hacíamos nuestro trabajo.
Ayudábamos a la gente, yo mismo salvé a esa chica de ser asesinada por Aki.
¿Por qué no pudo ser como los demás poseídos que tienen consciencia?
Como Power, Galgali, Beam…
—Porque es el Demonio Pistola.
Su naturaleza es caótica, destructiva y loca.
No hay nada para razonar con él…
—Pero Aki…
—Denji susurró, mientras Makima agudizaba el oído—.
Aki susurró nuestros nombres.
Los dijo muy a menudo…
Él…
Él no quería morir.
—Lo sé…
—Makima lo consoló nuevamente, sentándose a su lado, muy cerca de él, atrayéndolo y abrazándolo—.
Aki era un buen hombre.
Uno muy honesto, que se preocupaba por su familia.
Un hombre que no poseía maldad realmente.
Un hombre como él no debió haber muerto.
Lamentablemente, al mundo no parece importarle todo esto.
¿No crees que es cruel?
El mundo es apestoso, Denji.
—Lo es…
—El mundo está gobernado por la muerte.
Todos mueren, todos tenemos un único destino, y lo único que nos queda es aceptarlo.
La guerra es interminable, siempre encuentra la forma de aparecer en la vida de todos, desde la disputa entre dos hermanos, hasta un conflicto a escala global.
Y la hambruna…
Denji, ¿No crees que el hambre es lo peor?
Sentir que el estómago está vacío; sentir ese doloroso apretar de tus tripas siendo colapsadas por la falta de nutrientes.
Y es la realidad de millones de niños, de familias, de personas…
Todo porque existen esos tres.
La guerra lleva a la hambruna, la hambruna lleva a la muerte.
La muerte lleva a la guerra, y viceversa.
Todo está conectado, porque es un ciclo vicioso que nunca acabará.
Si no existieran, el mundo podría ser civilizado, equitativo, podría ser armonioso, en control, en paz, sin guerra ni hambre, sin muerte ni miedo.
Sin demonios…
—Eso suena como un paraíso…
Makima sonrió ante la respuesta de Denji, tomándolo por sorpresa y besándole la frente con mucho cariño.
Denji sintió sus labios húmedos y suaves contra su piel, un beso que transmitía más calor que cualquiera que aquella espía soviética le hubiera podido dar.
Y Makima estaba encantada, pero quizás ese brillo en sus ojos le incomodó.
—Claro que lo es.
Un mundo así es perfecto.
Un mundo donde se puede controlar todo.
Decidir cuánta comida, cuánto dinero, cuántos años, cuántas personas…
Decidir el cuánto de cada cosa, el por qué y el cómo.
Un mundo ordenado, en control.
Una utopía hecha realidad porque alguien decidió hacer lo necesario.
—Eso podría ser…
—Denji lo pensó, frunciendo ligeramente el sueño—.
Podría funcionar, pero no estoy seguro de por cuánto tiempo.
—Bueno, un mundo así no es necesariamente terminable.
Podría ser eterno.
Pero ese mundo todavía no existe, ¿No?
Es triste pensar en lo idílico que suena.
—¿Podría existir?
—Por supuesto que existirá.
Algún día, quizás muy pronto.
Trabajo en ello —Makima sonrió, mientras abrazaba a Denji con fuerza—.
¿No crees que he hecho un gran trabajo, Denji?
—¿Gran trabajo?
—He puesto todo mi empeño y vida en ello.
Toda mi existencia ha sido dedicada a hacer realidad el mundo que te he predicado.
Trabajar en Seguridad Pública como la jefa máxima me permite gestionar los recursos, darme una idea de lo que se debe y no hacer.
Tener genta bajo mi mando no es sencillo, pero les agradezco profundamente su labor a favor de mantener el orden.
De mantener a los demás a salvo.
—Si lo dices así…
Sí, creo que has hecho un gran trabajo, Makima —Denji sintió el calor de la mujer, que transmitía paz para él.
—Creo que Power está por venir.
Denji, en verdad fue una plática maravillosa.
No creo poder decirle a Power sobre esto.
Aunque es mi amiga, no es tan…
Íntima como tú.
¿Entiendes?
—Makima miró a Denji a los ojos.
Los ojos de Makima estaban ligeramente cerrados, una mirada afilada por muchos años de experiencia y dominio.
Denji no se puso nervioso, pero estaba inquieto.
Algo dentro de esos ojos le estaba resultando demasiado romántico.
—¿Por qué de repente Makima actúa de esta forma?
Acabo de perder a mi hermano, ¿Y quiere coquetear conmigo?
Makima tenía su rostro a poco espacio del suyo.
Sentía su respiración y aliento.
Denji olía un delicioso aroma brotar de su boca, con unos labios carnosos y formados, invitando a cualquier atrevido a probarlos.
Ella se separó, parándose del sillón junto a él.
Caminaron hasta la entrada, y Denji finalmente miró la casa con detalle.
Un cuadro de la caída de Lucifer colgaba cerca de la entrada.
Denji no reconocía el cuadro, pero reconocería a dicho Ángel Caído donde fuera.
Llegaron a la puerta, mientras Denji poco a poco sentía un aura opresiva adueñarse del ambiente.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo, pues Makima le puso una mano en la espalda, empezando a acariciar suavemente su parte baja de dicha área.
—Denji…
—Ella dijo, en un tono cálido y suave, que incluso pudo ver un ligero vapor a causa del clima—.
¿Podrías abrirle la puerta a Power?
—¿Disculpa?
—Que si podrías abrirle a Power…
—Pidió Makima, mirándolo con esos ojos anillados.
Denji sintió un mal presentimiento de todo esto.
Un nudo se formó en su estómago, un retortijón, que le hacía querer vomitar.
Había perdido a Aki, lo mató, y hoy finalmente lo había logrado aceptar.
No estaba bien, por supuesto que no lo estaba.
¿Cómo podría?
Además, esta mujer le coqueteaba sin importarle su estado actual.
—¿Será como esa chica de cicatrices?
Alguien que únicamente me quiere para relaciones íntimas…
Makima es hermosa, pero no puedo ni quiero.
Perdí a mi hermano, mi primer amor falló.
¿Con qué ganas intentaría algo con otra mujer después de todo lo que me acaba de suceder?
Pero Power está afuera.
Debo abrir, debe entrar.
Sin embargo…
—Denji puso la mano sobre la perilla, helada, como el día en el que Aki apareció, el día en el que lo mató—.
Siento que no debo hacerlo.
—Denji —Makima habló, y él se estremeció un poco—.
Tu pastel se puede derretir.
El merengue se amargará.
¿Podrías abrir por favor?
Ella era amable, pero aquellos ojos brillantes escudriñaban su alma.
Era tan distinta a cómo solía ser durante hace poco.
Se asemejaba más a la Makima que conoció cuando entró en Seguridad Pública.
Se parecía a la Makima que le despertó sospechas.
Sus ojos adquirían peligrosidad, impaciencia, letalidad y frialdad.
Pero él no podía determinar si eso era verdad, o simplemente seguía alucinando.
—Está bien…
Denji finalmente abrió, mientras Makima se colocaba al lado de él, en la puerta.
Allí apareció Power, sosteniendo una cajita.
Ella estaba algo angustiada, preocupada.
Sabía que Denji no se encontraba bien, porque algo dentro suyo le dijo que este día era extraño.
Ella miró al rubio, mientras examinaba su mirada, la cual era más semejante a la que Denji siempre le brindaba.
—Denji…
—Ella dijo, con el pastel en sus manos, en el área del abdomen.
Makima alzó el brazo, mientras extendía su dedo índice hacia el abdomen de Power.
Makima estaba tranquila, imperturbable.
Denji miró esta acción en cámara lenta, su corazón latía a mil por hora.
Su ritmo cardíaco dio un subidón inesperado, la ansiedad le consumió, los dedos empezaron a sentirse fríos, y el nudo en su estómago se amarró aún más, intensificando su malestar.
Denji respiraba de forma normal, pero por dentro estaba hecho un mar de dudas y premoniciones inexplicablemente malas.
Makima finalmente le apuntó a Power, con ese dedo índice estirado hacia ella.
Power lo miró, una gota de sudor resbalándose de su frente ante la impasibilidad de Makima.
Y entonces, Makima le sonrió, mientras observaba por el rabillo del ojo a Denji.
Makima abrió los labios, y dijo una sola palabra.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com