Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 75
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- Capítulo 75 - 75 Híbridos
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75: Híbridos 75: Híbridos —¡Denji!
—El grito de Kishibe se oyó, mientras el rubio le observaba en la lejanía—.
¡CORRE!
Denji iba a pararse, pero todo empezó a desmoronarse.
El edificio empezó a temblar, y muy pronto, algo se aproximó.
Denji seguía abrumado, no podía hacer nada.
Su incapacidad para poder reaccionar le costó caro, pues cuando intentó ir hacia donde Kishibe, fue interceptado por una figura que lo estrelló contra la pared.
—¡Mierda!
—Kishibe chasqueó la lengua, mientras señalaba aquella habitación—.
No dejen que se lo lleven.
Hagan lo posible por traerlo de regreso.
Denji era empujado contra la pared, mientras forcejeaba.
Su fuerza demoledora fue capaz de contrarrestar rápidamente los brazos que le aprisionaban, pero a estos dos brazos se unieron cuatro más.
Denji les observó, y su corazón dio un vuelco.
—Quanxi…
—Susurró Denji, mientras observaba a la cazadora con asombro—.
Katana…
Un chico se unía a los otros dos, aprisionando a Denji que luchaba desesperadamente para poder soltarse.
Podía contra Quanxi y el Yakuza Katana, pero no con el otro chico cerca.
Denji soltó una patada que mandó volando al chico de sudadera negra, mientras se esforzaba y poco a poco se zafaba de los dos híbridos.
Quanxi frunció el ceño, mientras presionaba más.
Una bala perforó la cabeza de Quanxi, quien cayó al suelo.
Denji aprovechó para golpear al Yakuza Katana, estrellándolo con la pared.
Un rastro de calor se encendió en sus ojos, mirando al hombre que entró a la habitación.
Sostenía un arma, misma que apuntaba a Makima.
—¡Corre!
—Gritó el hombre, y Denji le hizo caso, saltando por el ventanal azul—.
Maldito monstruo…
No te pares…
No te pares…
Makima estaba en el suelo, sin mover ni un músculo.
El hombre sostenía el arma con pánico, mientras el híbrido de la Katana se acercaba a Quanxi, dándole de su sangre y levantándola, mientras ella recuperaba la consciencia.
Se acercaron lentamente al hombre, que les miró y les apuntó con su arma.
—¡Quédense atrás!
—Gritó aquel hombre, mientras disparaba—.
¡Muéranse, engendros!
—Bang.
El hombre fue explotado por una onda de choque que destrozó la pared a su derecha.
Makima tenía su brazo estirado, apuntándole con su dedo índice como si fuese una pistola.
Ella se paró, la sangre de su cuerpo se había limpiado con su palma.
Ella lamió la sangre, sonriendo lentamente.
En su frente no había rastro de la herida anterior, completamente curada del daño.
—Vayan tras Denji —fue su orden, y de inmediato los dos híbridos fueron hacia el rubio, que corría junto a Kishibe, y a ellos se unió el chico de la capucha, y una figura masculina más.
—¡Gracias, Kishibe!
—Denji agradeció, concentrado en sobrevivir.
—Denji, no puedes dejar que te atrape Makima.
Necesitamos llegar a mi zona segura —dijo el hombre viejo, mientras comandaba a los mercenarios, corriendo junto a Denji, mientras la fuerza de los cazadores frenaba momentáneamente a los híbridos.
—¿Dónde estuvo todo este tiempo?
Pasaron tantas cosas…
—No podía quedarme, Denji.
Makima es peligrosa.
Debía prepararme para este momento, debía irme para reunir a cazadores, para convencerlos de ir contra ella…
—Kishibe miró hacia atrás un momento, observando a sus cazadores ser masacrados—.
Pero ella siempre sabe todo.
Ella lo escucha todo, y nos debe estar escuchando ahora mismo.
—¿Qué haremos?
—Preguntó Denji, mientras los híbridos activaban sus mecanismos, empezando a transformarse.
—Denji, sé que es cruel lo que te pediré pero…
—Kishibe se detuvo en un edificio, mientras Denji le observaba, nervioso—.
Debes pelear.
Consigue tiempo y te sacaré de aquí.
Diez minutos, dame eso y te prometo que estarás seguro.
—Kishibe…
—Susurró Denji, mientras la angustia le carcomía.
—Te lo prometo, chico…
—Kishibe le extendió la mano, serio—.
Es un contrato.
Si no cumplo, doy mi vida.
Denji miró la mano de Kishibe, y muchos recuerdos surcaron su memoria.
Los híbridos se acercaban a gran velocidad, mientras poco a poco un fuego se encendía en Denji.
Recordó la muerte de Aki, la de Power, y por supuesto, imaginó la muerte de Reze.
Las palabras de Makima entraron muy hondo en ese fuego, más leña a aquella llama ardiente que se volvía violenta a cada segundo.
Denji empezó a temblar, mientras Kishibe le observaba.
El anciano bajó lentamente su mano, mientras aquel rostro en la cara de Denji se contorsionaba en el más puro odio.
Su respiración se agitó, y Denji, con todo pasando en un mismo segundo, se dejó consumir por su instinto más bajo: La venganza.
—Voy a matarla…
—Susurró, y con tanta violencia jaló el cordón de su pecho, mientras sus pupilas se dilataban y Kishibe, notándolo, asintió, cayendo desde una gran altura, perdiéndose entre las calles—.
¡¡VOY A MATARLA!!
Los híbridos llegaron donde él, mientras saltaban contra el rubio, que dejaba de ser humano.
Una coraza negra empezó a surgir de su cuerpo, como un blindaje más que piel.
Reemplazó pedazo por pedazo cada centímetro de su cuerpo, el cual se hizo robusto y poderoso.
Creció, llegando a medir hasta ciento ochenta y cinco centímetros.
La motosierra de su cabeza emergió, pero más allá de eso, dos brazos más surgieron debajo de los suyos.
Lentamente, Denji dejaba de ser Denji.
Dejaba de ser el amante que Reze conoció, el hermano menor de Aki, y el único familiar de Power.
Dejó de ser el mejor amigo de Pochita, y su mente fue limpiada por un breve instante.
Todo el dolor que le causó la perra de cabellos rojos fue usada como motor, en el fuego que su padre encendió en aquella noche donde él lo ahorcó.
Lo que estaba ahí parado no era nada de lo anterior.
No podía serlo.
No era el chico que profesó amor en una piscina, que le dio nombre a una hija que nunca tuvo, ni que le dijo “Te amo” a su nueva familia.
Era ese mismo niño de seis años que mató a su padre alcohólico, ahorcándolo con las cortinas de su madre.
No era Denji, no era el perro que todos veían, o la Oveja que Makima lastimó.
Era, nuevamente, aquel Lobo.
Denji saltó, agitando sus cuatro brazos en un simultáneo movimiento, destrozando a los cuatro híbridos.
Les voló los brazos y piernas, y cuando hizo una pirueta en el aire, tres de ellos perdieron la cabeza.
Katana Man, Lanza llamas y Espada.
Ellos tres fueron sus víctimas, pero Quanxi, la ballesta, se salvó por poco.
—¡QUANXI!
—Gritó Denji, con un sonido tan estrepitoso que agrietó los vidrios del edificio sobre el que estaban parados—.
¡DAME A MAKIMA!
Denji se lanzó ante el despojo que era Quanxi, cuya regeneración se intensificó y logró recuperar sus extremidades en tiempo récord.
Denji notó esto, pero no tenía tiempo para pensarlo.
De inmediato llegó donde Quanxi, la cual intentó lanzarle varias de sus flechas que se acercaban como relámpagos en el cielo, y Denji los cortó o esquivó, consumido por la venganza.
—Voy a matarla, voy a matarla, voy a matarla, voy a matarla…
—Era lo único que pensaba Denji, su estrategia consistiendo en aniquilar todo lo que Makima le lance, y con ello, a la propia pelirroja.
Quanxi peleaba lo mejor que podía, mientras Makima observaba en la lejanía, desde su habitación.
Lentamente, con pasos controlados y firmes, una figura se acercó por detrás de ella.
Makima sonrió, mientras miraba la pelea.
Ella estaba impasible, muy tranquila.
—Parece que Denji sigue consciente ahí, en la figura del Motosierra.
Esto es verdaderamente sorprendente.
Su odio le permitió resistir la mente del Motosierra, uniéndose a ella.
No creo que pueda hacerlo siempre, pero de ser el caso…
Yo misma intervendré.
Adelante, puedes atacarlo.
Asegúrate de traerme lo que quede de él.
Eres mi mejor arma, no me decepciones.
Denji le cortó un brazo a Quanxi, y luego el otro.
Usó sus motosierras en los pies para una patada que le cortó la pierna a la híbrida de las ballestas.
Denji, mirando a Quanxi en su transformación, recordó su pelea.
Recordó la sonrisa que dibujaron mientras combatían, aquella felicidad que sintió por encontrar a un igual en combate.
—No es nada personal, Quanxi…
—Dijo Denji, con su voz monstruosa—.
Pero debo matarla.
Lo lamento.
Denji alzó su brazo derecho, preparado para cortarle la cabeza a Quanxi.
Cuando lo bajó, espero encontrarse con la carne siendo desgarrada y oír el familiar golpe sordo de su cabeza contra el suelo, pero en su lugar, fue mandado a volar tras un majestuoso impacto sobrecargado que le dio de lleno en el costado derecho.
La coraza de Denji se agrietó en su lado derecho, regenerándose de inmediato.
Se recompuso, desplegando su motosierra en los pies para anclarse a un edificio.
Miró al frente, a la figura que le había hecho daño.
Una figura femenina se había posado enfrente suyo, a un edificio de distancia.
Era de cuerpo hermoso, y más allá de su bien trabajada figura esbelta, la fémina tenía la cabeza como un óvalo negro con dientes frontales, y una pequeña cola de pescado en la parte posterior; una falda compuesta de artefactos metálicos negros y metralla, guantes negros que recubrían sus brazos, y estaba en ropa interior.
—¿Y tú, quien podrías ser?
—Preguntó Denji, molesto.
La mujer se puso en pose de batalla, preparándose para el asalto.
Denji enfureció aún más, el motor de sus cuatro motosierras rugiendo, mientras retraía las de sus piernas.
El color a hierro sanguíneo impregnaba el lugar, las fosas nasales de Denji bañadas en este aroma.
Se lanzó al combate, mientras la mujer volaba con una explosión que le impulsó hacia él.
Llegaron el uno frente al otro en el aire, y cuando Denji alzó los brazos, ella puso los suyos al frente, preparándose para el combate.
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