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Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 77

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  4. Capítulo 77 - 77 Érase una vez un sueño
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77: Érase una vez un sueño 77: Érase una vez un sueño Denji se lanzó contra la mujer, que se lanzó hacia él.

Esta vez fue diferente.

Denji desplegó las cadenas de sus dos brazos izquierdos, los cuales intentaron envolver a la mujer.

La chica saltó, usando sus explosiones para reposicionarse en el aire.

Denji agitó sus brazos, usando aquellas cadenas para atacarla.

La chica, desplegando más contundentes explosiones, se reposicionaba cada momento en diferentes ángulos.

Denji agitaba sus brazos mientras mantenía la distancia, y la chica comenzaba a desgastarse.

Denji notó que bajaba la intensidad de sus explosiones, pues sus desviaciones eran menos radicales, más predecibles.

El rubio lo notó e ideó un plan para poder atraparla y atraerla hacia él.

—Voy a usar una motosierra bajo la tierra, y con ello voy a aprisionarla.

Cuando la tenga, acabaré con su vida antes de que pueda explotarme otra vez…

—Pensó Denji, su plan en marcha.

—Vamos Denji, muy pronto serán los diez minutos…

—Kishibe susurró, mirando en su reloj que ya habían pasado siete minutos y medio desde que le pidió tiempo a Denji.

El rubio mayor se acercaba corriendo a la dirección del combate, sus manos formando una estrella de cinco puntas con los dedos.

Recargaba su medio de transporte, un contrato exclusivo de él, que nadie más en Seguridad Pública podía tener.

Era el único dada su vejez en la comandancia.

—Por favor, solo resiste…

Denji se acercó hacia la mujer, finalmente decidiendo que era hora de acabar con todo.

El primer round fue dominado por ella, pues él desconocía sus poderes, pero ahora que los conocía, podía contrarrestarla.

Miró la metralla de su falda ser desplegada, y con ello, una andanada de explosiones resonó en el lugar.

Los transeúntes vieron un gran brillo en la lejanía, seguido de un vapor de múltiples colores que tenía forma de hongo.

Era pequeño, pero se elevaban las columnas en el cielo.

Denji salió disparado, recomponiéndose en el aire y desplegando sus cadenas para amarrarse a un edificio.

Usó esas mismas cadenas para columpiarse, yendo de edificio en edificio en el aire.

—Debo conseguir que caiga, debo conseguir que no me explota antes de hacerlo…

—Denji esquivó una explosión al caer al suelo, rodando y sosteniéndose con una motosierra en el suelo.

La mujer se dirigió a máxima potencia donde él, mientras Denji aún tenía su brazo en el concreto.

La mujer giró, con su pierna formando otro misil, mucho más grande y devastador.

Sus manos perdieron toda la negrura, dejando unas manos suaves y cuidadas al descubierto.

Denji miró esto y tuvo un dolor punzante en el cerebro.

—Esas manos, las he visto antes…

—Pensó Denji, mientras negaba—.

No, concéntrate Denji.

La mujer estaba en ropa interior, y ahora que el aire no olía a sangre porque estaban en una zona sin destruir, Denji tuvo un dolor de cabeza aún mayor.

Usó toda su fuerza de voluntad para concentrarse, y cuando la mujer estuvo por impactar aquella patada que finalizaría el combate, Denji sacó su brazo del suelo, y con ello, su plan se concretó.

La cadena desplegada del brazo de Denji se tensó, saliendo del suelo.

Lentamente, y con una agitación de dicho brazo, Denji enrolló la cadena alrededor del cuerpo de la mujer, aprisionando sus brazos al pegarlos a su cuerpo.

Su pierna fue desgarrada por el movimiento de su brazo inferior izquierdo cortándolo, mientras el misil perdía potencia y se desactivaba al no estar conectado al cuerpo de su convocadora.

Denji atrajo a la mujer hacia él, mientras usaba sus tres brazos contra ella.

Encendió sus motosierras con violencia, mientras cada recuerdo inundaba su mente.

Todo el odio contra Makima fue usado contra esta mujer, la cual aniquiló civiles, destruyó edificios, carros y familias.

Debía morir, como Aki, pero a diferencia de con Aki, él no se sentiría mal acabando con una persona así.

Sus tres brazos se hundieron en el abdomen de la mujer, la cual soltaba un grito de dolor.

Esa voz desconcentró a Denji, quien apagó sus motosierras, las cuales estaban atravesando su abdomen por completo, clavados cual clavos en un ataúd.

Denji, teniéndola pegada a su cuerpo, sintió su aroma, y con ello, el dolor de cabeza cesó.

—Reconocería ese aroma donde fuera…

Reconocería el tacto de su piel sin importar cuánto tiempo pasara.

Y recordaría esa voz sin importar cuántas personas me hablaran al mismo tiempo…

No puede ser…

—Denji deshizo lentamente su transformación, mientras revelaba su cara y sus dos brazos extras se derretían—.

¿Reze?

Lentamente, el misil en la cabeza de la mujer empezó a derretirse, cual helado en verano.

Cayó al suelo como un charco de sangre, uniéndose a la sangre que se escapaba por los dos orificios que Denji dejó libres, mientras retiraba su mano con horror.

Denji reveló su rostro, mientras una mueca de terror se grababa en él.

Sus cejas se alzaron en agonía, arrugas se formaban a causa de su expresión angustiada hasta el hartazgo.

El frío recorrió toda su piel, un germen propagado por el frío que reinaba en la piel de esta chica, piel que él conocía perfectamente.

La cabeza de aquella híbrido bomba se reveló, empezando por su pelo, de un tono púrpura oscuro.

Denji sintió que su corazón se saltaba varios latidos, y un dolor terrible le atravesó el alma.

Fue como recibir una aguja al rojo vivo, clavándose en cada poro de tu piel, lenta y desesperadamente eterna sucesión.

Denji miró sus cejas, y luego sus ojos.

Observó aquellas esmeraldas en las cuencas de su amada, que alguna vez fueron brillantes porque le miraban, transformados en faroles sin luz porque la muerte los había reclamado.

Su rostro se reveló, y un hilo de sangre bajaba por la comisura de su boca.

Ella le clavaba la mirada, sin vida.

Denji empezó a temblar, mientras observaba su mano.

Ella estaba libre, y sin sus cadenas, empezó a caer hacia atrás, inerte, totalmente muerta.

Denji la miró, y cuando quiso agarrarla para que no cayera y se hiciera más daño, miró la sangre cubriendo sus manos.

Lentamente, Denji sintió que su alma abandonaba su cuerpo, y él estaba alentándola a hacerlo.

Cayó de rodillas, perdiendo toda la fuerza en su interior para seguir erguido.

Sintió que los fragmentos cristalinos y rotos de su corazón eran molidos e incinerados, en una explosión que ella misma le provocó.

Lentamente dirigió sus manos hacia su rostro, aterrado de lo que veía.

Allí, en el suelo, en un charco de su propia sangre, con heridas que él mismo ocasionó, mientras ella miraba a la nada, estaba su amada.

Estaba la que debió ser la madre de su hija; estaba la persona que le enseñó a amar, a que era humano, a que tenía un corazón, que le hizo creer que podía ser padre, podía romper el ciclo, que podía ser feliz.

Allí, en el suelo, muerta, estaba Reze.

—¡¡¡NOOOOOOOO!!!

—El grito desgarrador de Denji resonó en la calle, mientras se agarraba la cabeza, manchándose de la sangre de su amada—.

¡¡¡REZEEEE!!!

Denji empezó a llorar mientras sollozaba en agonía.

Habían pasado diez minutos desde que inició todo el combate, había derrotado a cada uno de los híbridos peones de Makima; sin embargo, había aniquilado a la mujer que más amó en el mundo.

Intentó correr hacia ella, para poder abrazarla, darle de su sangre y revivirla.

—Demonio del Rapto, llévate a Denji a la zona segura —la voz de Kishibe resonó en el lugar, mientras un vórtice se abría detrás de Denji, y dos manos humanas lo agarraban de los hombros, comenzando a arrastrarlo al interior.

—Como ordenes…

—Susurró el Demonio en la oreja de Kishibe.

—¡NO, SUÉLTAME!

—Gritó Denji, forcejeando de forma desesperada, siendo arrastrado al portal—.

¡POR FAVOR, SUÉLTAME!

¡DÉJAME IR CON ELLA!

¡ES REZE!

¡ES MI AMOR!

¡ES MI AMADA!

Denji suplicaba entre gritos, mientras poco a poco se alejaba cada vez más del cuerpo de la peli púrpura, que seguía inmóvil en el suelo.

Denji gritaba con desesperación, una voz desgarrada y ronca, y él mismo estaba hecho girones.

Su ropa estaba empapada de su sangre, la cual brotó cuando sacó sus manos de su cuerpo.

Denji miró que, ahí en el suelo, había caído aquella foto que guardó en su bolsillo.

La foto de los dos con el beso de Reze, manchada de sangre, al lado de su cuerpo.

Denji se quebró por completo, mientras lloraba, gritando sin más, con un dolor infinito en su ser.

Su alma estaba expuesta, sangrando entre agónicas cacofonías pertenecientes a un mismo hombre, o el despojo de lo que alguna vez fue uno.

—¡¡¡REZEEEEEEEE!!!

—Gritó Denji, mientras el portal lo engullía, cerrándose y teletransportándolo.

El aire frío soplaba, agitando algunos mechones de la chica en el suelo.

Su cuerpo, ahora frío, miraba al cielo, a la esplendida sensación del aire contra el cuerpo.

Ella ya no sentía nada, ni siquiera estaba consciente de que su cuerpo estaba allí.

Lo último que miró fue a su hombre, al motosierra, aniquilándola.

Una sombra llegó donde ella, mientras la observaba.

Kishibe miró el cuerpo de Reze, con frialdad en sus ojos, pero muy en el fondo, sintió lástima por el chico.

Sacó su pequeña cantimplora con alcohol, dándole un trago y, tras ello, derramó el contenido en el cuerpo de la chica.

Sacó un encendedor, dejándolo caer, mientras Reze se prendía fuego.

—Lamento tener que hacer esto, Denji…

—Kishibe giraba, mientras Makima estaba a unos metros de distancia de él, con una pequeña sonrisa en su rostro—.

Tú, ¿Planeaste todo esto?

—Sí —respondió ella con simpleza—.

Pero me temo que no creí llegarías tan rápido como para quitarme a la bomba.

Reze era consumida por el fuego, un fuego azul que devoraba su cuerpo con avidez.

Kishibe observó a Reze un momento más, luego volvió a ver a Makima, quien contaba con cuatro híbridos más a sus espaldas.

Él suspiró, mientras negaba.

—Eres un monstruo…

—Gracias —Makima miró a Reze ser consumida por el fuego, sin darle más importancia, regresando a ver a Kishibe—.

Sé dónde lo enviaste.

—¿Por qué no lo interceptas entonces?

Podrías matarme…

—Kishibe mencionó, de forma casual.

—Porque él vendrá a mí —Makima sonrió—.

Sé lo que vas a intentar, y créeme Kishibe, no va a funcionar.

No lo lograrás.

Denji está roto, esta destruido por completo.

¿Crees que podrá recuperarse de esto?

¿De saber que mató con sus propias manos a la madre de su futura hija?

¿Crees que te perdonará haber incinerado su cuerpo?

—Lo hará…

—Kishibe formó aquella estrella con sus dedos, mientras el portal aparecía detrás suyo—.

Subestimas a Denji, eso es un error garrafal.

—Yo no cometo errores.

Todo este tiempo he sabido de tus planes, y te he dejado llevarlos a cabo porque sirven a mi propio plan.

Para crear el mundo que deseo, requiero que el motosierra me sirva.

No hay nada mejor que un arma sin corazón, sin mente propia.

Una que ha sido destruida, a la cual le enseñas que si quiere algo más de lo que le ofreces, solo le esperará el peor de los sufrimientos.

—Eres una persona retorcida…

—Kishibe empezó a ser engullido por el portal, mientras Makima le brindaba una cabeza ladeada.

—No soy una persona.

Soy Laplace, el Demonio del Control.

Soy absoluta, no retorcida.

Kishibe desapareció, mientras el portal hacía lo propio.

Makima miró a Reze ser consumida, acercándose.

Miró el cuerpo ser carbonizado, y ella estiró su brazo.

Sonrió, mientras veía cómo la foto a su lado era prendida fuego.

—Podría salvarte ahora mismo…

—Dijo Makima, pero sonrió un poco más grande, enseñando un poco de sus dientes—.

Pero no lo haré.

Cumpliste tu función, Reze.

Siéntete orgullosa desde el más allá.

Serviste a mi causa, y nunca lo olvidaré.

Te aseguro que Denji tampoco lo hará…

Makima se dio la vuelta, marchándose del lugar junto a sus híbridos.

En esa calle desolada, con el frío del ambiente, las cenizas del cuerpo de la chica volaron hacia el cielo.

En su camino, encontraron lugar en la eternidad del planeta.

No quedó rastro alguno de ella, pues las llamas la consumieron, y su amor por Denji fue la chispa que le incendió el alma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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