Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 78
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- Capítulo 78 - 78 De Profundis - Parte 1
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78: De Profundis – Parte 1 78: De Profundis – Parte 1 Kishibe llegó al espacio seguro, mientras se preparaba para cualquier cosa que vería.
Una habitación de cuatro paredes sin ventanas ni puerta, con una bombilla que alumbraba en cono a la figura debajo suyo.
Una silla donde podrías sentarte, pero que estaba vacía.
Miró al suelo, y en un rincón oscuro estaba Denji, acurrucado en posición fetal.
—Denji…
—Kishibe habló, mientras lograba percibir los sollozos de Denji.
—Mátame…
—Denji le pidió, mientras su cabeza descansaba entre sus rodillas, y las abrazaba con sus brazos—.
Por favor, mátame.
Te lo suplico.
Te lo imploro.
Ya no más, ya no quiero seguir viviendo.
Kishibe se acercó, tomando asiento, mientras la bombilla le iluminaba.
Miraba a Denji, dentro de aquel rincón oscuro.
Suspiró, mientras le observaba con tranquilidad.
Kishibe ya no tenía alcohol, todo se gastó hacía un rato.
Pensaba sus siguientes palabras, pero no podía pensar en nada que ayudara al chico.
—Denji…
—Empezó él, en un tono serio—.
No puedes morir.
Aún no…
—Pero ya no deseo vivir…
—Susurró Denji entre sollozos—.
Ya no deseo nada.
Todo lo que conozco fue una mentira.
Mi propio nacimiento fue orquestado por ella.
¿Qué me queda?
¿A qué puedo aferrarme?
Reze sigue allí, bajo el mando de Makima.
Si salgo, ella me buscará, la mandará a por mí…
Y yo no quiero eso…
No quiero volver a verla…
No podría.
La lastimé, la maté…
Maté a Aki…
Maté a Power.
Todo es mi culpa.
Mi nacimiento estropeó la vida de mis padres, la de Pochita, la de Aki, la de Power…
La de Reze…
La de Sienna…
Denji se quebró, mientras sus sollozos se intensificaban, y él se desgarraba el alma con cada una de sus palabras.
—¡TODO ES MI CULPA!
¡NUNCA DEBÍ HABER EXISTIDO!
¡NUNCA DEBÍ HABER NACIDO!
¡TODOS ESTARÍAN MEJOR SI NO HUBIERA NACIDO NUNCA!
—Denji se agarró la cabeza con fuerza, clavándose las uñas en el cuero cabelludo, haciéndose sangrar—.
¡SOY UN ERROR!
¡SOY LA RAZÓN POR LA QUE TODOS LOS QUE AMO ESTÁN MUERTOS!
¡MATÉ A MAMÁ!
¡MATÉ A PAPÁ!
¡MATÉ A TODA MI FAMILIA!
¡MATÉ A LA HIJA QUE TANTO LE PEDÍ A LOS CIELOS!
¡TODO POR HABER EXISTIDO!
Denji soltó un grito desgarrador ante Kishibe, que mantenía aquella mirada fría en su rostro.
Lentamente, Denji se arañaba la cabeza, haciéndose bastante daño.
No sentía nada, pero al mismo tiempo, su alma lo sentía todo.
—¡¿POR QUÉ DEBÍ SER YO?!
¡¿POR QUÉ MIERDA ME ELIGIÓ A MÍ?!
¡¿POR QUÉ TODO LO QUE AMO MUERE?!
¡¿VOY A EXISTIR ASÍ POR LA ETERNIDAD?!
¡PREFIERO MORIR ANTES QUE SEGUIR SINTIENDO QUE MI VIDA TRAE DESGRACIAS A TODOS!
—Denji gritó con más ganas, sangre saliendo de su garganta—.
¡Y CUANDO SALGAS, TE VAN A MATAR!
¡TODO POR HABERME AYUDADO!
—Moriré —Kishibe dijo con calma, mientras se recargaba en la silla—.
Pero no será por tu culpa.
Denji sollozaba, mirando a Kishibe.
Sus ojos estaban inyectados en sangre, producto de haberse clavado las uñas en la cabeza.
Lograba divisarlo entre sus dedos, mientras Kishibe le observaba, con una relajación formidable.
—Moriré porque así saldrán las cosas.
No porque tú me condenaste, Denji.
Moriré porque mis acciones tienen consecuencias.
Porque he asesinado a muchos demonios y personas, porque he hecho cosas malas.
Moriré porque mi plan busca oponerse a Makima, y ella me matará.
No moriré por ti, Denji.
No seas tan egocéntrico como para creer que todo gira a tu alrededor…
—¡¿QUÉ?!
—Y no debes preocuparte por Reze.
Incineré su cuerpo —Kishibe miró a Denji directamente a los ojos, mientras el rubio se congelaba en el lugar, y el rubio mayor le observaba, esperando.
—Tú…
—Denji susurró, su voz temblaba—.
¿Hiciste qué?
—Incineré su cuerpo, Denji —Kishibe le habló, inclinándose hacia adelante, cruzando las manos y descansándolas en sus rodillas—.
Lo hice porque Reze lo merecía.
No porque mató a gente inocente, ni porque te engañó.
Lo hice porque Reze merecía descansar en paz.
Porque Reze ya estaba muerta antes del combate.
Makima la mandó a pelear contra ti sabiendo lo que eso te haría.
Reze era una variable desechable para ella.
Quizás fue tu primer amor, pero era una marioneta para Makima…
Denji estaba frente a Kishibe, sosteniéndolo del cuello.
A Denji le temblaban los ojos, sus dientes apretados a más no poder.
Su puño estaba alzado, temblando con la rabia de mil volcanes en erupción.
Sus venas se abultaron en todo su brazo, y Kishibe sabía que no sobreviviría a dicho puñetazo.
—¡VOY A MATARTE!
—Hazlo, moriré de todas formas…
Pero si me matas aquí, jamás podrás salir.
—¡NO ME IMPORTA QUEDARME ENCERRADO!
—Gritó Denji, rabioso—.
¡MATASTE A REZE, PODÍA REVIVIRLA!
¡¡MATASTE A REZE!!
—Tú la mataste, Denji —la respuesta de Kishibe hizo que Denji frunciera aún más el ceño, preparando su puño—.
Yo le ofrecí el descanso que tú nunca le hubieras podido dar.
Dime, ¿Crees que Reze habría recuperado la memoria?
¿Que te habría elegido a ti por sobre una Makima que le lavó el cerebro?
¿Crees que podrías haberla recuperado?
Esa ingenuidad tuya siempre fue un problema.
Ese corazón tuyo fue tu debilidad.
Reze murió amándote, Denji.
¿No puedes aceptar que la persona con la que combatiste no era ella?
—¡CÁLLATE O TE REVIENTO LA CABEZA!
—Denji le gritó, furioso.
—¿No puedes aceptar que todo a tu alrededor murió?
Makima se encargó de aquello.
Te hizo matar a Aki, mató a Power en tu cumpleaños, logró que aniquiles a Reze…
¿Y aún crees que había probabilidad de traer de regreso a la mujer que amaste?
Esa mujer no existía más, Denji.
Esa posibilidad de ser felices no existe si Makima sigue viva.
—¡Cállate!
—Denji bajó su intensidad, su agarre flaqueando, mientras su puño temblaba más.
—Makima es el verdadero monstruo.
Haberla vuelto cenizas fue la mayor misericordia que jamás podríamos haberle ofrecido.
Si siguiera viva, habría servido a los planes de Makima.
¿Eso quieres, Denji?
¿Ver a la mujer que amas ser un cascarón vacío?
¿Verla siendo utilizada de forma perversa por una mente retorcida como la de Makima?
—Cállate…
—Denji empezó a llorar, sollozando, mientras bajaba lentamente el puño, cubriéndose la cara y soltando a Kishibe del cuello—.
Cállate por favor….
No hables…
—Denji, hice lo que era necesario.
Quizás no soy diferente a Makima en haber hecho algo atroz, pero Denji…
Yo nunca quise esto para ti, muchacho…
Kishibe le puso una mano en la espalda al rubio, que se agachaba en el piso, llorando y cubriéndose los ojos.
Denji era consolado por Kishibe, que no podía ofrecerle más que su presencia y palabras.
—¿Qué mierda haré ahora?
Todo está perdido…
Perdí a todos…
Maté a Aki, a mi hermano mayor, al hombre que fue un padre para mí…
A Power, a la chica que fue mi sol en los días nublados, mi soporte cuando los demás se fueron, mi hermana del alma, la mujer que me defendió cuando el mundo buscaba abalanzarse en contra mío…
A Reze…
Maté a la primer mujer que me enseñó a amar…
Maté a la madre de mi hija…
Maté a Sienna…
Maté mis esperanzas…
¿Y ahora qué?
Denji sollozaba, de forma desgarradora, mientras su cuerpo no dejaba de temblar.
Era un manojo de sufrimiento y dolor, la catarsis que se obtiene cuando mezclabas un corazón herido, dentro de una mente fragmentada en el cuerpo de un hombre con alma de niño.
Eso era Denji, eso era su vida, eso fue lo que Makima hizo de él.
—Sigues con vida, Denji…
—Susurró Kishibe, de forma severa—.
Sigues aquí, respirando.
Tu corazón todavía late, todavía siente.
Makima intentó arrebatarte eso.
Ese lado tuyo que aún respira, que aún llora, que aún se lamenta por aquellos que ya no están…
Yo mismo lo intenté, y no pude.
Denji, ese día en que te dejé ir, no fue porque me rendí contigo…
Denji levantó la cabeza, aún llorando.
El moco y lágrimas se escurrían por su rostro, mientras intentaba contenerlas, sin éxito.
Kishibe tenía un rostro severo, pero sus ojos reflejaban un brillo capaz.
Ese brillo fue como la bombilla en la habitación.
—Denji, te dejé ir porque acepté una cosa: Que sufrirías por Makima, sí, pero que ese dolor te haría más valiente, más fuerte, más capaz de lo que yo sería jamás.
Yo…
Yo nací sin un corazón.
Intenté tenerlo, con todas mis fuerzas, pero abandoné la idea tan pronto descubrí que no poseía uno.
Tú, sin embargo…
—Kishibe señaló el corazón de Denji, sonriendo de forma segura—.
Tú naciste con uno.
El mundo intentó estrujarlo, romperlo y hacerte olvidar que lo poseías.
Pero con cada día y sufrimiento, demostrabas que ese corazón tuyo era más fuerte que nunca.
Que toda adversidad era menor que tu capacidad para sonreír.
Denji, es cierto que eres un hombre, un buen chico…
Que fuiste creado por ella, que fuiste su marioneta, su títere…
Es verdad que mataste a todos los que tenías, que ella permitió su felicidad, que ella la propagó…
Pero dime algo, Denji.
Kishibe lo soltó, mientras lo miraba con seriedad.
La luz le alumbraba, y Denji recibía rastros de aquella luz.
Kishibe se paró, convocando el portal detrás suyo.
Denji lo observó, mientras sus ojos intentaban conseguir aquella luz presente en los de Kishibe, un hombre que nació sin corazón.
—Makima te permitió todo eso, pero, ¿Acaso ella te dijo que los ames para después quitártelos?
—No…
—Susurró Denji, cabizbajo.
—¿Acaso ellos fueron convencidos por Makima para amarte?
—No…
—Denji veía al suelo, destrozado.
—¿Acaso todo el amor que ellos sentían por ti fue verdad?
¿O fue solo una mentira más que Makima diseñó para controlarte?
—Kishibe caminó hacia el portal, mirando al rubio.
—No…
—Susurró Denji, mirándolo—.
No lo sé…
—Entonces piénsalo.
Es hora de que lo reflexiones, que lo analices, que lo sepas.
Ese cerebro tuyo es muy brillante, pero tu corazón lo es más, Denji —Kishibe asintió—.
Hasta que no lo sepas, no vendré.
Puedes pasar una eternidad encerrado entre cuatro paredes…
Pero si nunca lo sabes, pasarás una eternidad encerrado en el mundo que Makima diseñó.
Nos vemos, Denji.
Kishibe se marchó, y el portal se cerró.
Denji veía el lugar, mientras aquella bombilla seguía encendida.
Denji recordó las palabras de Kishibe, regresando al rincón oscuro donde estaba.
Veía la silla encendida con rechazo.
Giró la cabeza, mientras pensaba en todo lo que acababa de suceder.
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