Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 79
- Inicio
- Todas las novelas
- Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child
- Capítulo 79 - 79 De Profundis - Parte 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
79: De Profundis – Parte 2 79: De Profundis – Parte 2 ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se fue Kishibe?
No sé, acá todo resulta confuso.
No hay ventanas por las cuales pueda asomarme, ni tampoco puertas por las cuales huir.
Lo único que ilumina la oscuridad de mis alrededores es aquella bombilla circular en el techo.
Pueda verla, puedo sentir el calor que emana de ella.
Veo la silla enfrente mío, bajo la luz de aquella bombilla.
Es café, de madera, presumiblemente de Roble.
Trabajé mucho con ella, corté varios árboles de aquellos.
Esos días en los que Pochita aún estaba conmigo, donde podía abrazarlo.
Cuánto lo extraño.
En estos momentos es cuando más lo necesito.
Pochita siempre estuvo para mí cuando nadie más lo hacía.
Pochita fue la primera alma que me ofreció amor en este mundo repleto de sufrimiento orquestado.
Fue la primera vez que me sentí realmente humano…
Pero si todo lo que viví fue planeado por Makima, ¿También Pochita dio a parar conmigo porque ella así lo quiso?
¿Quiero saber siquiera si eso sucedió?
No, no quiero.
No quiero saber ni pensar.
Desearía que me retiren el cerebro y poder vivir sin él…
Pero probablemente mi cuerpo tendría el pecho en eterno sufrimiento.
Podrían quitarme el cerebro y mi cuerpo, con toda la experiencia que he ganado, seguiría como si nada.
Pero si aún tengo un corazón, por más que mi cuerpo quisiera, mis latidos no podrían permitirme hacerlo.
No puedo pensar en otra cosa que mi corazón no demande.
Todo lo que conocí fue miseria, dolor y sufrimiento disfrazado de amor.
Alegrías bailaban en mis sonrisas, en las de aquellos que me dijeron amar.
Todas ellas falsas, todos ellos planeados.
Makima se encargó de hacerme creer que podía ser uno más, un hombre…
Y hoy me demostró que no soy prospecto a serlo.
Debería morir, dejar de existir.
Incinerarme como Reze, perderme entre el calor abrazador de las llamas devorando mi carne, mis huesos, mi cerebro, mi corazón, mi alma…
Que me prendan fuego y quemen cada rastro de mí, hasta que no quede ni el más mínimo átomo de mi ser.
Que me limpien con el mismo calor que emana del infierno, con el azufre de las profundidades del abismo, o que me hielen con el frío del más hondo de los infiernos.
Que me tiren al río donde se ahogan los pecadores, o que me guíen de la mano, sin vendas en los ojos, por todos los infiernos.
Que me arrodillen y corten la cabeza, que me apuñalen hasta hacerme una pieza de alfarería.
Que me vistan de perro y me paseen, total, nunca he sido más que aquello.
Siempre he tenido una correa alrededor de mi cuello, una que me estrangulaba tan lentamente que no me dí cuenta cuando me hacía falta el aire.
Makima siempre sostuvo esa correa sobre mi cuello, siempre me paseó por el mundo.
Me llevó por ahí, presumiéndome, como un dueño que muestra a sus vecinos lo linda que es su mascota.
No, Makima no es mi dueña…
Un dueño se preocupa por su mascota.
La alimenta y la hace feliz, la ama, le da cariño y un lugar donde estar segura.
Yo no puedo presumir de eso.
Ya no tengo comida en mis platos; ya no hay amor ni posibilidad de amar en mi corazón; ya no existe el cariño en mis días; no hay un lugar al cual pueda acudir si me siento vulnerable como ahora mismo.
Ya no hay felicidad, solo hay dolor.
No puedo seguirme llamando por mi nombre, porque me asquea la idea de llevar conmigo la marca de esa bruja en mi alma.
No puedo pensar en todos los que amé sin sentirme destrozado, porque Makima tiñe sus recuerdos con el rojo de su pelo, o con el dorado de sus ojos.
Porque cada nube en el cielo es tan blanca como sus colmillos, porque aquella serenidad que me traía el cielo es igual de suave y tranquila que su sonrisa, con la cual me dijo cada horror cometido a mi nombre, hacia mi persona, contra mi alma.
No puedo simplemente pensar en los días dentro de la casa de Aki, sin saber que ella me observaba.
Cuando me bañaba y cerraba los ojos, ella abría los suyos, y los cerraba cuando yo abría los míos.
Cuando reía con Aki y Power, ella se burlaba de mi ingenuidad.
Cuando lloré con ellos por haber perdido a Reze, ella simplemente sonrió al saber lo que me pasó.
Cuando murió Aki…
Ella fue quien lo convirtió en el Pistola.
Estoy seguro que reía mientras yo luchaba contra la idea de matar a mi hermano…
Oh, mi hermano.
¿Fue un hermano siquiera?
¿Puedo realmente hacerme llamar a mí mismo su hermano?
Yo lo maté…
Me dio su apellido, su testamento, su coche y casa…
Me abrió las puertas de un corazón que yo atravesé con mis propias manos.
No puedo verme las uñas sin ver los rastros de su carne debajo de aquellas construcciones de calcio.
No puedo ver la piel de mis muñecas limpias, siempre están bañadas en su sangre.
Siempre que miro a mis pies, veo la nieve teñida de sangre, de la familias que murieron, de la sangre de mi hermano resbalarse por las heridas que yo mismo le provoqué.
Veo a Power sonriéndome, jugando conmigo.
La veo sentada en el sillón, viendo series en la televisión.
La veo preparando un pastel, quemando la cocina.
La veo ser ruda, la veo ser una niña indefensa.
Aún la oigo en mi mente, gritando que quiere ser madre, ser vista como una mujer, dejar de ser vista como un demonio.
Aún puedo sentir el tacto de su piel, el sentimiento que me invadía cuando me abrazaba.
Puedo recordarla alimentando a Aki, acompañándonos de compra, siendo caprichosa, mandona y oportunista…
Puedo todavía sentir su presencia a mi lado, como la de Aki.
Pero ahora siento el vacío de mi corazón, destrozado porque maté a Reze.
Esas noches que pasé a su lado, mientras le juraba amor…
Un amor que se suponía sería eterno.
Lo único eterno fue mi sufrimiento, el cual apenas comenzaba.
Lo único ciertamente eterno es que moriré, salga o no de esta habitación.
Pero no puedo, simplemente no puedo pararme y decir que quiero pelear.
No quiero hacerlo más.
No quiero encender mi motosierra.
No quiero salir y arriesgarme a ser capturado.
Quiero recordarlos, y al mismo tiempo, olvidarlos.
Si tan solo nunca hubiera nacido, existido…
Pero, quizás Kishibe tiene razón.
Soy algo más para Makima, un simple peón.
Me dio forma, únicamente para disfrutar del proceso.
Me dio una vida, habiéndome arrebatado la anterior.
Y ahora, solo quiere quitarme todo.
Mi autonomía, mi pensamiento, mi alma, mi corazón.
Quiere quitarme a Pochita, lo único que me da poder.
Lo único que me queda…
Es cierto…
Yo…
Yo todavía tengo a Pochita…
Pochita sigue vivo en mi interior…
Pochita es mi corazón…
En él se han guardado todas mis vivencias, todas mis alegrías y dolores.
En él se han guardado mis esperanzas, anhelos y sueños.
En él viven Reze, Aki y Power…
Abrazado a él, aún está mi capacidad para seguir vivo…
Puede ser verdad.
Pero no quiero pelear más.
¿Qué ganaré peleando?
No puedo derrotarla, es imbatible.
Puedo ir contra sus híbridos, descuartizarlos y acabarlos, pero ella…
Ella siempre se levantará…
¿Qué puedo hacer?
¿A quién le puedo pedir ayuda?
¿A quién le puedo pedir consejo?
No creo que alguien pueda darme todo eso.
Estoy pidiendo mucho, porque estoy pidiendo la solución a mis problemas…
Yo, de entre todas las personas, pidiendo ayuda.
¿Cuándo?
Nunca lo hice.
Cuando estaba en mi peor momento, cuando aún era más vulnerable que ahora, cuando era solo un niño y estaba a merced de mi padre…
¿Pedí ayuda?
Sí.
¿La recibí?
Al igual que ahora, no.
Pero sigo con vida…
¿No?
¿Es esto vivir?
¿Es esto una vida?
No lo creo…
Pero los años con Pochita tampoco lo fueron.
Comí de la basura, comí papel manchado de mierda.
Comí cosas aberrantes y asquerosas, porque no tenía de otra.
Justo como ahora, que tampoco tengo de otra.
Debo hacer cosas aberrantes y asquerosas, porque no tengo de otra.
Ya no es huir o luchar.
Es luchar o luchar, Makima no me da a elegir.
Pero, ¿Y si pierdo?
¿Y si no lo logro?
Todo el esfuerzo con el que mis amigos me mantuvieron con vida habrá sido en vano.
Cada cosa que he logrado se habrá ido a la basura.
Bueno, no he logrado nada, Makima me dio todo…
¿Cierto?
Ella me dio a Aki, a Power y Reze, ¿No es así?
Entonces, Kishibe…
Él me dijo que no me dio su amor.
¿No es cierto eso también?
No le dijo a Aki que me trate como a un hombre, que me enseñe a ser uno.
No le dijo a Power que sea mi hermana, que me cuide y apoye cuando no hubiera nadie.
No le dijo a Reze que me ame, cuando nunca nadie me había amado de tal forma.
Denji se levantó, caminando de forma despacio hacia la silla.
Se sentó, mientras su mente giraba.
Se inclinó hacia adelante, alumbrado por la bombilla de luz cónica, chocando contra su ser.
Su pelo cubría su rostro, y él, simplemente reflexionaba.
No le quedaba de otra, no había más opción.
Debía enfrentarse a sí mismo, o enfrentarse a Makima.
Y era menos terrorífico ir contra la pelirroja.
Nadie le dijo a Kishibe que me intentara salvar.
Nadie le dijo de mi posición, él la descubrió y acuidió en mi rescate.
¿Por qué no fue antes?
¿Por qué no puedo habernos advertido?
Creo que son cosas que, aunque reprochables, no puedo juzgarle.
Yo tampoco me hubiera advertido a ir contra Makima si hubiera sabido todo esto.
Si yo hubiera sabido que me ocurriría todo esto, durante mi nacimiento, me habría enrollado el cordón umbilical en el cuello por mí mismo.
Como cuando maté a papá, ahorcándolo con las cortinas de mamá.
Como cuando maté al murciélago, cuando lo ahorqué con sus propias tripas…
Creo que lo habría hecho.
Porque si hubiera hecho eso, nada de esto habría ocurrido.
Ahorita Aki seguiría vivo, cazando demonios como si nada…
Power sería todavía una poseída cualquiera de Seguridad Pública, como antes.
Y Reze…
Reze seguiría siendo una espía destinada a ser el Demonio Bomba.
Si no hubiera nacido, seguirían vivos…
Pero si no hubiera nacido, ellos jamás habrían vivido de la forma en que lo hicieron antes de morir.
Si hubiera muerto en mi nacimiento, ellos…
Ellos jamás habrían cambiado tanto.
Si no hubieran cambiado, no tendría este dolor por ellos.
Me duelen porque los amo…
Y yo…
Y yo los amo porque ellos me amaron a mí.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com