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Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Cosa nuestra
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8: Cosa nuestra 8: Cosa nuestra —Debí haber aceptado —pensó Denji, dormido al lado de Himeno.

Los dos se habían acurrucado uno al lado del otro.

Bajo la manta, Himeno le abrazaba como a un peluche.

Miró a la mujer durmiente a su lado, un recuerdo de su madre que le hizo replantearse si era moralmente correcto sentir atracción por ella.

No estaba seguro.

Su primera interacción íntima con una chica, y resultaba confusa.

—¿Luna, arriba, medio y abajo?

Que tontería de “alegoría”.

No existe otro lugar aparte de este —recordó a Himeno, quien le había hecho aquella pregunta tan aparentemente superficial, y pronto su mente saltó a más debates internos—.

Pero, ¿Realmente quería hacerlo?

Himeno incluso me miró como una madre a su hijo…

No podía hacerlo.

Pero aunque pudiera, ¿Hubiera querido?

¿Quería perder mi virginidad así?

Himeno propuso tocarlo si así le era mejor, pero nuevamente se negó.

La hizo reír, y tras una manoseada rápida a su parte inferior que lo hizo estremecerse para deleite táctil de la pelinegra, se acurrucaron y durmieron.

Himeno no podía definirse bien.

¿Pervertida?

¿Analítica?

Entendía más de lo que parecía entender.

Su pregunta era clara, y al mismo tiempo, escondía otro significado.

Denji no supo identificarlo.

No era sexo, era algo más, algo que su yo actual no podría entender.

—No sirve de nada entenderlo.

Las cosas sin importancia no merecen nuestra atención, ¿O no mamá?

—Pensó Denji, y al contemplar el rostro pacífico de Himeno, mejor se durmió.

—Entonces pasaste la noche en la habitación de Himeno —se dijo a si mismo Denji, caminando hacia el departamento—.

Y no hiciste nada…

Estúpido.

Denji se desvió, sus pensamientos dando tantas vueltas que parecían un carrusel.

Eran las siete de la mañana, las calles abarrotadas y los oficinistas estaban por doquier.

Agradeció no beber y no tener ese aliento a alcohol que le valdría demasiadas miradas y cambio de carriles.

Miró a su lado, a uno de los restaurantes que él y Power habían babeado.

Ahora estaba vacío, y al observarle bien, resultó ser un café.

¿Cómo supo?

Porque tenía una taza caliente en el letrero.

Se adentró, nunca antes probando el café.

Hoy sería buen día para hacerlo.

—Buenos días —dijo, la campana de la entrada sonando y haciendo que el local se sintiera vivo.

—¡Un cliente!

—Dijo el barista, más agradecido que nada—.

¡Reze!

—¡Si, si, ya voy!

—Una voz femenina y dulce, pero no chillona, hizo acto de presencia, con apuro en su voz—.

¡Bienvenido al mejor café de la ciudad!

¡Somos “Calientes y sabrosos”!

Denji se había sentado, y al oír la voz alzó la mirada.

Juraría que, por un instante, murió.

Lo que se puso frente suyo era una sonrisa muy hermosa y de dientes alineados.

Una nariz igual a la de su madre; una boca suave y ligeramente carnosa, de una forma espectacular y color de frambuesa.

Ella tenía un tono de piel cremoso pero no lechoso, saludable.

Lo que más destacó fue, sin duda, su pelo.

Ese mismo pelo, ese maldito tono de cabello.

Ese cabello que su madre poseía en aquella foto de su juventud, reflejada en esta chica que aparentaba su misma edad.

—Disculpe, ¿Planea ordenar algo?

—La chica le dirigió una mirada inquisitiva, algo nerviosa por la mirada intensa que recibió del rubio.

—Un café y pastel de fresas, por favor —dijo Denji, de forma automatizada—.

No, no es ella.

No puede serlo.

Mamá está muerta, y esta joven es…

Es una chica, al igual que yo.

La miró asentir, mientras corría hacia el interior de la cocina.

El barista se puso a hacer el café con mucho esfuerzo.

Denji miró el proceso desde la mesa, y se fascinó por este.

Estaba absorto en este nuevo procedimiento.

Distrajo su mente lo más que pudo, pero no logró alejar tal mentalidad.

—Es igual a mamá…

Bueno, sus ojos no lo son —pensó en la chica, y sus ojos verde esmeralda distaban mucho del ámbar que su madre le heredó—.

Pero, ella es igual a mamá…

Huele como ella, su voz es como si contuviera aquel tono amable.

Miró a la cocina, de donde venía la chica.

Era tal su apuro que se tambaleaba, emitiendo algunos sonidos nerviosos.

Denji miró esto con un parálisis facial.

Su estoicismo causó más nervios en la chica, quien colocó el pastel frente suyo.

El pastel estaba al revés, con la punta mirando a ella.

Al darse cuenta rápidamente lo corrigió, haciéndolo lucir estético.

—¡Tadán!

—Dijo ella, con un notable nerviosismo que pareció sacar una gota de sudor en el barista.

—Ojalá deje propina…

—Pensó el dueño, rezando porque este chico no se aberrara ante su estúpida trabajadora.

—No dejaré propina —pensó Denji, agradeciendo por el pastel—.

Disculpe, ¿Y mi cuchara?

—¡Ah, la cuchara!

—La chica se dio la vuelta y corrió hacia la cocina, en busca de una cuchara.

—No, no puede ser como ella.

Mamá no era torpe —Denji se divirtió en el fondo, burlándose internamente de esta pobre camarera que resultó ser demasiado torpe en su trabajo.

La miró regresar con la cuchara, que depositó frente al plato de pastel.

Le miró decir “¡Tadán!” nuevamente, más asustada que nerviosa.

Al ver esto, su café no tardó en llegar.

El barista trajo todo esta vez, asegurándose de que la chica no derrame nada en el primer cliente del día.

La miró retirarse, algo cabizbaja ante su actuación.

No se sintió mal en lo absoluto, pero a decir verdad, no negaría que siguió siendo divertido.

Parecía alguien intentando hacer su mejor esfuerzo en su trabajo, ¿Podía realmente culparla por fracasar?

—Está bien, creo que dejaré propina —pensó Denji, recapacitando y probando el café—.

Al barista también, esto sabe increíble.

Denji se la pasó comiendo, mientras estaba absorto en su conversación con Himeno.

Luna, alienada y mirando desde la lejanía.

Los tres niveles, donde el medio era peor que todo.

Entonces, ¿Quería hacerlo?

¿Quería ser la luna o pertenecer a uno de estos niveles?

No tenía sentido alguno.

Por el rabillo del ojo identificó nuevamente aquella cabellera violeta oscuro, y su interés fue atraído sin problema alguno.

La había clasificado peor que a Kobeni: Torpe.

Era simple y llanamente torpe.

Alguien que hacía su mejor esfuerzo, pero que no dejaba duda alguna de su idiotez.

La miró estudiar, anotar cosas en un cuaderno en la mesa de al lado.

Consumió su desayuno fijándose en ella.

Una estudiante de preparatoria, preocupada por trabajar, estudiar y pasar los exámenes.

Le deseó la mejor de las suertes en una vida que él no pudo darse el lujo de poseer.

No había punto de comparación.

Él y ella eran dos mundos distintos.

Denji pensaba en cómo hacerse más fuerte para no volver a sentirse débil; ella debería estudiar para no seguir siendo tan torpe.

Denji terminó su café y pastel, pidiendo la cuenta.

Miró a la chica dejar su cuaderno y apresurarse por ir hasta él, intentando atender rápido su demanda para volver a sus estudios.

Esto lo hizo contemplar con nuevos ojos a la chica.

¿Era realmente torpe?

¿O él era demasiado crítico?

Era una chica con una vida normal, intentando conseguir dinero extra.

O quizás estaba pasándolo mal, trabajando para pagarse los estudios, y aquí estaba él, sintiendo que se había ganado el derecho de criticarle sin entenderla.

Entendió la alegoría de Himeno.

Esta chica, por donde lo viera, estaba abajo.

La miseria, donde te ves forzado a trabajar y desempeñarte como estudiante, no había manera de ubicarse más arriba de eso.

¿Dónde estaba Denji?

Definitivamente ya no estaba en la miseria, pero, ¿Estaba arriba o en el medio?

Podía simplemente ignorar la miseria de los de abajo, como con esta chica.

Podría voltear a mirar a otro lado, y su lado crítico le desviaría.

Pero no, pensándolo bien, estaba en medio.

Ese lugar donde puedes escuchar al de abajo y ser ignorado por los de arriba.

Entonces entendió que la Luna sería alguien como Makima.

Alguien que observa, intenta acoplarse pero cuya mera presencia rompe toda atmósfera.

Si él estaba en el medio, entonces su labor era otra: Escuchar al de abajo para decírselo al de arriba.

Pero en esta ocasión…

—Aquí tienen.

Quédense con el cambio —Denji dejó cien mil yenes en la mesa, parándose y despidiéndose con un saludo de su mano, abandonando el local.

La mesera, Reze, miró el billete con los ojos muy abiertos.

Observó la exorbitante cantidad con un paralizante shock.

El barista no era menos, pues estaba en las mismas.

No tardó ni un segundo en cambiar de la cuenta a simplemente irse.

Miró su uniforme, parecía un oficinista, por lo que seguramente debía irse a su trabajo.

Lucía de la misma edad de esta joven, por lo que no era Caza Demonios.

Denji caminó hasta su apartamento, con un sentimiento extraño en él.

No había visto amenaza en esos dos.

Miró a la chica y sintió lástima, empatía y algo de anhelo.

Verla esforzándose demasiado por su vida, que lucía complicada, le hizo brotar una parte de él que no era para nadie.

La Oveja tomó el control y decidió que, solo por hoy, él sería el de arriba que escucha al de abajo y le ofrece ayuda.

—¿Es cosa nuestra o ese chico tiene un gran corazón?

—Preguntó el barista, repartiendo un 80/20, con el ochenta para Reze y veinte para él.

—Creo que, incluso si hubiera dejado poca propina, seguiría siendo de gran corazón.

Entrar a este café ya lo hace un ser de luz —dijo ella, mientras asentía contando los billetes—.

Con este dinero podré saldar la matrícula del colegio…

Miró por la puerta, recordando la indiferencia con la que el chico rubio se había marchado.

Era lindo, alto y lucía algo serio.

Sus ojos eran hipnóticos, su pelo extravagante, y sus gustos eran comunes.

Era un buen tipo, seguro.

—No sé quien seas, ni si volveremos a vernos…

Pero enserio, muchas gracias.

Me has salvado la vida —susurró Reze, guardando el dinero en su bolsillo del delantal, y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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