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Denji (No) es un Niño - Denji is (Not) a Child - Capítulo 84

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  4. Capítulo 84 - 84 Nayuta
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84: Nayuta 84: Nayuta Denji abandonaba el cementerio completamente ileso.

Estaba sucio, pero la batalla había terminado.

Su regeneración había vuelto y él, sin mirar hacia atrás, dejó que el cuerpo de Makima se quedase en ese lugar, frente a la tumba de la gente a la que hizo sufrir.

Ese sería el castigo de ella.

—No soy quien para castigarla o juzgarla.

No soy dios, ni pretendo serlo.

Sería igual a ser como ella…

—Recordó sus ojos anillados, sintiendo un escalofrío al hacerlo—.

No es mi deber…

Es el de los que murieron por su culpa.

Aki, Power y Reze; toda la gente que alguna vez murió por su mano o por terceros, ella debe rendirles cuenta.

Ella debe enfrentarse a ellos, y ellos determinarán lo que será de su alma…

Y yo…

Denji caminó al horizonte, entre las calles.

Su saco estaba cerrado, ocultando la mancha de sangre de su ropa inferior.

Caminaba, sucio por la tierra que ella aventó a su rostro, pero él se sentía más libre que nunca.

Llegó a un parque, pidió un helado de mora azul.

Lo comió con tranquilidad, observando el paisaje.

El mundo lucía igual.

Nada era más vibrante, los colores no eran más vívidos.

Todo su pasado estaba traumatizado, retorcido en la figura de Makima siempre presente en cada color rojo, tiñendo de dorado sus recuerdos más hermosos.

Pero él se sentía, finalmente, capaz de respirar.

Acabó su helado, y al revisar el palito, sonrió.

—Ganador…

—Susurró, mirando al cielo—.

Yo simplemente voy a vivir la vida que se les fue negada a todos aquellos que amé.

Reze, Aki, Power…

Juro que lo haré.

Denji llegó a la academia, con una carpeta en su mano.

Rellenó el formulario, mientras entregaba la carpeta a la oficinista.

La mujer le sonrió, asintiendo.

Denji asintió, abandonando el lugar.

Miró a las personas ir a inscribirse, mientras él respiraba hondo.

Caminó hasta un parque cercano, mientras tenía las manos en sus bolsillos.

—Todo este tiempo he querido ir al colegio.

Todo este tiempo he querido saber lo que se siente estar rodeado de la normalidad.

Hoy que lo tengo, ¿Sigue siendo tan buena idea que como cuando era niño?

—Pensó Denji, sentándose en una banca del parque—.

Creo…

Creo que sí.

—Piensas mucho, ¿No es así?

—Kishibe apareció caminando por ahí, mientras se sentaba al lado de Denji—.

Pareces mucho más civilizado…

—Tuve que matar a la encarnación del control para estar como estoy.

Nada del otro mundo, supongo…

—Si aniquilar a uno de los pocos demonios que nunca conoció la muerte es nada del otro mundo, entonces sí, puedes decir que fue un viernes cualquiera —Kishibe mencionó, mientras los niños jugaban en el parque—.

He venido porque requiero tu ayuda.

A cambio, te daré la mía.

—Soy todo oídos…

—Seré breve.

Van a echarte de la academia.

Tu perfil es un asco, y ciertamente, no eres el más estudiado…

—Mencionó Kishibe, y Denji suspiraba en derrota—.

Pero con mi intervención, puedo acomodarte en una escuela mejor.

Una un poco más…

Ya sabes, cómoda.

—¿Qué debo hacer?

No aceptaré nada relacionado a Cazar Demonios.

No pienso volver a hacerlo.

No pienso volver a pelear…

—Denji dijo, con un tono solemne—.

Desde ese día, realmente no quiero volver a hacerlo.

No quiero pelear, ni saber nada sobre ello.

No quiero regresar a los días que tanto dolor me traen, días en donde perdí todo…

—No hay necesidad que me lo digas.

Estoy consciente de lo mucho que sufriste, Denji.

Y estoy muy orgulloso del hombre en el que te has convertido —Kishibe le palmeó el hombro, y cuando Denji giró la cabeza, miró a Kishibe regalándole una pequeña sonrisa genuina—.

Y estoy seguro que allá arriba en el cielo, hay gente que está tan orgullosa de ti como yo lo estoy.

Denji le miró, mientras respiraba lentamente.

Un calor se depositó en su fracturado y aún expuesto corazón, una pequeña cura que le sentó bien.

Denji le dedicó una sonrisa pequeña y genuina, aceptando el gesto.

—Maldito anciano, cambias mucho cuando no tienes alcohol en el sistema…

—Cállate niño, no me obligues a beber de mi Jack Daniels.

He estado sobrio desde hace días y siento que la abstinencia me mata —Kishibe se recostó, inexpresivo nuevamente.

—¿Y eso?

¿De repente quieres vivir más tiempo?

—Preguntó Denji, curioso.

—Quiero morirme mucho más que antes.

Ser el nuevo Jefe de Seguridad Pública es una absoluta mierda.

Entiendo que Makima estuviera loca, el terrible papeleo me podría zafar más tornillos de los que me quedan…

—Kishibe se cubrió la cara, agotado—.

Pero no estoy sobrio por ello.

Estoy sobrio por una niña.

—¿Una niña?

¿Eres un pedófilo?

—No, maldito imbécil.

No me cabe duda que los rubios son los más tarados y descerebrados…

Estoy cansado por…

¿Sabes qué?

A la mierda, iba a hacer esto más fácil para ti, pero prefiero hacerte terapia de choque.

—¿Terapia de choque?

Viejo, hablas puras babosadas.

¿Por qué no vas directo al grano?

Te recuerdo que tengo el conocimiento de un niño de primaria…

—Denji le habló, frunciendo el ceño.

—¡Nayuta!

¡Ven aquí!

—Habló Kishibe en voz alta, y lentamente unos pasos se dirigieron hacia su dirección.

Denji escuchó pasos veloces, los de un niño.

Eran bastante frenéticos y energéticos.

La respiración de una pequeña niña se oía, calmada pero activa.

Se dirigió a ellos, y Denji miró a una pequeña pelinegra detenerse frente a Kishibe, mirándole.

No podía ver su rostro, pero supuso que tenía cerca de diez años por su edad.

—Nayuta…

—Señor Kishibe —la niña habló de forma cortés, mientras Denji asentía—.

¿Ya nos vamos a casa?

Tengo algo de hambre…

—Esta niña tiene modales, pero este viejo no le da de comer.

Es un monstruo…

—Pensó Denji, mirando mal a Kishibe.

—No, ya no estarás conmigo pequeña, lo lamento.

Denji, este es el trato.

A cambio de mi ayuda, tú la vas a criar.

—¿Criar?

—Denji alzó una ceja, mirando a la niña que veía a Kishibe, serena—.

No tengo problema…

—Bien, antes que confirmes definitivamente, debo darte esta información, Denji…

—Kishibe suspiró, mentalizándose para el dolor de cabeza que vendría—.

Nayuta, saluda a Denji.

—Hola, señor Denji —le dijo la niña, mientras giraba lentamente en su dirección.

—Hola pequeña, Nayuta, ¿Cierto?

Encantado de…

—Las palabras se atoraron en la garganta de Denji, porque al girar aquella niña, Denji sintió que miles de recuerdos inundaban su mente.

Cada dolor regresó a él, el aire se hizo frío.

Empezó a sudar helado, tragó saliva, y sintió que se le aceleraba el ritmo cardíaco.

Denji tuvo recuerdos tan vívidos que se sintió dentro de un sueño, un muy mal sueño.

Cuando miró a aquella niña muy bella, de cabellos negros, que tenía un rostro sereno, Denji casi la mata, porque dentro de ese rostro estaban dos ojos anillados de color dorado.

La niña alzó el brazo derecho, apuntándole con el dedo índice.

Era un gesto inofensivo para ella, pero para Denji, fue la señal de alerta máxima.

Su primer instinto fue el de degollarla, aniquilarla.

Creyó haberla acabado en el cementerio, haberla dejado a podrirse, ¿Por qué esos mismos ojos le miraban con serenidad renovada?

La niña le apuntó, y antes de que él pudiera hacer algo y asesinarla, ella habló, de forma inocente.

—Eres bonito.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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