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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 35

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  3. Capítulo 35 - Capítulo 35: Futilidad
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Capítulo 35: Futilidad

Asa salió disparada hacia donde la pared salía. Su golpe, impulsado por la energía cinética y explosiva de Beowulf, le hicieron recorrer más de cincuenta metros en un segundo. Sus sentidos mejorados actuaron por cuenta propia, permitiéndole estabilizarse, controlar el ritmo y, en última instancia, identificar un detalle crucial.

—Las paredes son carnosas. Se retraen y convergen en un mismo punto —Asa miró aquella pared aproximarse, esta vez el intervalo fue de siete segundos, haciéndola abrir los ojos—. Debo estar cerca. Muy cerca.

Se metió al tanque más cercano, mientras que por el rabillo del ojo observaba a Denji hacer lo mismo. Asa se pasmó, aturdida ante tal hazaña.

—¿Denji logró meterse en el tanque anterior a este? Hay como quince metros de distancia entre tanques. ¿Cómo llegó hasta ahí tan rápido? —Asa negó—. Vamos, no es momento de pensar en aquello. Él admitió que antes era cazador, quizás es muy fuerte por algún contrato. Ahora, ¿Por qué estas paredes parecen de carne? Su superficie parece piel.

Asa miró la pared retraerse, y cuando puso un pie afuera, cometió su primer gran error. El sonido de la pared arrollando carne, destrozando hueso y arrancándole la extremidad era gutural. Un chasquido horrendo, seguido de un aerosol carmesí, cortesía de su pierna amputada.

—¡Mi pierna! —Asa se tiró hacia atrás, consumida por el dolor y el terror—. ¡Mi pierna, por dios, mi maldita pierna!

Asa comenzó a llorar, las llamas en sus hombreras comenzaron a fluctuar con una intensidad cada vez más pasiva. La chica se miraba la extremidad faltante, su grito de terror y agonía llegó a los oídos de Denji, quien abrió mucho los ojos al prestarle atención.

—¡Duele, duele mucho! —Asa gritó, las lágrimas bajaban de sus ojos como arroyos cristalinos, y lo peor es que podía ver su rodilla unida a su tibia por una astillada protuberancia de color blanquecino ligeramente amarillento.

—Cálmate, Asa —la voz de Justicia le dijo, mientras la chica respiraba de forma errática, tragando saliva y con sus dedos tamborileando el aire—. Presta atención.

Asa casi gritaba con un horror renovado cuando, sin previo aviso, el dolor se fue; sin embargo, no fue eso lo que la sacudió, sino ver su hueso comenzar a regenerarse a una velocidad vertiginosa. Miró como los huesos, cartílago y ligamentos se formaban, entretejiéndose unos a los otros como una bufanda sanguinolenta. Pronto creció músculo, grasa y, por último, piel. Sus dedos fueron recubiertos con sus uñas, y ahí estaba, nuevamente, la pierna que había perdido.

—¡¿Qué mierda acaba de suceder?! —Asa gritó, alterada.

—Eres un híbrido ahora, Asa —Justicia le hablaba con la calma de un profesor, mientras la chica intentaba procesar lo ocurrido—. Puedes regenerarte de cada herida, siempre que tengas suficiente sangre. Pero esto te agota. Consume energía y, llegado el momento, te quedarás sin energía o sangre. Entonces deberás beber sangre de otros para…

—No… —Asa negó erráticamente, asustada—. ¡No voy a beber la sangre de otros! ¡Eso es asqueroso!

—¡Mitaka-San! —Denji apareció en un borrón de velocidad en la entrada del acuario, sorprendiéndola.

—¡Ah, idiota! —Asa le lanzó un golpe encendido en energía cinética por mero reflejo.

El puño se dirigió hacia el ojo izquierdo del rubio. La potencia alcanzada en un simple momento de carga sería suficiente para despedazar el cráneo de una persona, convirtiéndola en una masa pulposa repleta de gris, rojo y amarillo. Denji miró este golpe acercarse en cámara lenta, sus pupilas se contrajeron en un instante, y todo fue tan automático como respirar.

Por un instante, dejó que sus instintos se adueñen de su físico. Ladeó la cabeza hacia un lado, y al unísono, las paredes chocaron detrás suyo. Denji observó a la pelinegra con esa misma expresión preocupada, enfocándose en su pierna sin zapatos ni medias, desnuda. Asa notó esta mirada y, tan rápido como sus llamas se encendieron, se apagaron. Un miedo instaurado en su sistema nervioso, antiguo a la hibridación.

Asa retrajo su pierna por mero reflejo, cubriéndola con la gran falda negra y, en su lugar, dejó que el chico mirase la pierna con prendas. Denji parpadeó, los ojos de ambos se entrelazaron, una mirada que comunicó horas de palabras en un mísero segundo. Denji abrió la boca, serio.

—Me da gusto ver que no fue nada grave —él se levantó, su mirada era ligeramente más fría que de costumbre, algo dentro suyo clamaba salir, y él dudaba en dejarlo estar a sus anchas—. Parece que acabas de descubrir la regeneración de los híbridos. ¿Te sientes débil? ¿Cuánta sangre crees que te quede?

—¿Cómo voy a saber eso? —Asa se mostró más sumisa y con voz menos alta, su altanería errática reemplazada por su personalidad retraída, Denji lo notó, y sintió que su pecho palpitaba con un ligero dolor—. Pero, no me siento cansada.

—Lo mejor será que me dejes encargarme de esto —Asa giró la cabeza para verle, un movimiento lento, contrastando con la gallardía que mostró en el inicio de todo este encuentro, observando la mano de Denji estirarse hacia ella, y él estaba decidido de forma solemne—. Tú puedes quedarte aquí. Ya has hecho suficiente. Déjame el resto a mí.

—Pero…

—Tranquila, no hace falta que te sientas mal —Denji le habló en un tono suave, notando a la chica cabizbaja—. Resultaste dañada por mi error.

—¿Tu error? —Asa preguntó, bajando la mirada—. Pero, fue mi culpa por haberme descuidado.

—Tú eres una novata, yo soy el experto aquí. Tú eres mi cita, y yo soy el cazador —la voz de Denji era suave, pero cargaba con una autoridad incuestionable—. El error fue dejar que te pongas en peligro. Fue mi cobardía y renuencia a la batalla lo que te hizo daño. No te preocupes, voy a arreglarlo.

—No fue tu culpa…

—Lo fue. Ahora… —Denji miró los guantes apagados en los brazos de Asa, serio—. Dame esos guanteletes.

—No sé si puedas…

—Tranquila, Asa —Justicia le habló, un tono reconfortante en sus palabras—. No hablaré con él. No dejaré que sepa sobre la verdad de tu hibridación.

—Puedo —Denji habló, serio—. Miré lo que hiciste hace unos segundos atrás. Estos guanteletes permiten generar una carga de aire explosiva, como granadas que explotan y te impulsan. También el fuego parece servir como combustible. Supongo que responden a la voluntad de lucha del usuario.

—Él acaba de acertar en prácticamente todo —Justicia le dijo a la pelinegra con sorpresa evidente en su ligera voz—. Tienes un pretendiente sumamente inteligente y analítico.

—Hayakawa-San, creo que yo…

—Asa —escuchar su nombre en la boca de este rubio con voz grave y profunda fue algo que la paralizó, haciéndola subir la mirada con cuidado, observando esos ojos llenos de una calidez poco habitual en otros—. Por favor, déjame hacer esto.

La chica miró la cálida desesperación en los ojos del rubio. Sintió su renuencia a la batalla, de alguna extraña manera, nunca sintió hostilidad o el instinto de muerte provenir de él. Nunca se activó, incluso cuando parecía agresivo, Denji no emitía el mismo frío que personas como Yoshida, o demonios como el tomate. Denji era cálido, un pequeño sol orbitando sobre su eje, y ella parecía acercarse cada vez más a su posición.

—Está bien —Asa se quitó a Beowulf, mientras lo entregaba a Denji.

—Gracias, Asa-Chan —Denji le acarició la cabeza con suavidad, palmeándola una vez—. Prometo que nos sacaré pronto de esto.

Denji se colocó a Beowulf, y al instante siguiente, los robustos guanteletes se ajustaron al tamaño de sus brazos. Asa y él notaron como se hacían más grandes y robustos, engullendo los brazos de Denji con aquella pétrea sensación de líneas. Sin embargo, eso no fue el único cambio.

Las llamas de Beowulf comenzaron a tornarse rojizas, con destellos negros en algunas de sus flamas. Denji notó esto con curiosidad, pero Asa estaba solemne ante esto. Ella sintió, de forma inexplicable, una sensación de incomodidad al ver este color de flamas cuando el rubio se colocaba los guanteletes.

—Lamento que tengas que hacer esto, Denji —Asa le murmuró, mientras él se volteaba y alzaba su pulgar, sin verle.

—Nada de disculpas —Denji apretó el puño, y de repente, una gran presión convergió hacia donde Denji cargaba su vacía onda de choque—. Esto lo hago porque no quiero oírte gritar así otra vez.

Asa observó a Denji desaparecer en un borrón de velocidad. Sus ojos se quedaron clavados en el lugar que había ocupado el rubio, y cuando su pelo se movió por el brutal movimiento del chico, un último susurro le fue emitido a Denji, incluso si no podía escucharlo.

—Eso se parecía a mi golpe de hace rato…

Denji recorrió cerca de setenta metros en un segundo, una distancia considerable y bastante alienígena en estándares humanos. Pero Denji no era un humano estándar, mucho menos un híbrido común. Recordó el grito horrorizado de Asa y un atisbo de culpa asechó su corazón, pero más allá de eso, recordó un detalle minúsculo.

—Aún le sigue dando problemas aceptarse…

Denji repetía la acción de Asa escondiendo su pie de él. Su repentina pena y personalidad sumisa apareciendo en cuanto él miró su pierna. Esto le hizo sentir una pellizcada en la parte posterior de la nuca, una pesadez con la que debía combatir ahora.

Sus ojos captaron el movimiento de las paredes, acercándose hacia su dirección. Denji no estaba de humor, no había forma en que dejara que este tipo se saliera con la suya. No sabía si podía detener las paredes con sus puños, o si era siquiera posible detenerlas dentro de una Expansión de Dominio. No se quedaría a comprobarlo, sería muy retrasado hacerlo.

Denji se metió a un tanque, esquivando a duras penas el choque entre paredes. Miró la colisión, y una repentina idea brilló en su mente. Observó las garras en los guanteletes ígneos, y por un instante, creyó que era el chico más listo del mundo.

—Veamos… —El vacío se arremolinó en su puño, Denji se concentró mucho, incluso dejó que las paredes volvieran a chocar, un intervalo de cinco segundos que valió la pena—. Sorpréndeme, Asa.

Denji miró aquel vacío arremolinarse en las garras de los guanteletes, como espirales de tornado en miniatura. Miró la pared retraerse, y en ese preciso instante, se lanzó hacia ella. Usó las garras envueltas en ondas de choque para, con su fuerza naturalmente superior, desgarrar lo que suponía era piel. Y no se equivocó.

—¡Ah, maldito! —El repentino grito de Eternidad resonó en todo el recinto, estremeciendo a todos—. ¡Aleja tus sucias garras de mí!

Denji estaba en un interior húmedo, cubierto de mucosa blanquecina, de paredes carnosas y una consistencia gelatinosa, cálida y suave al tacto. Era como el interior de las mejillas, un poco más tierno incluso. Denji recordó el nombre de la Expansión de Dominio, entrecerrando los ojos.

—Un útero maldito. Y supongo que aquí ha de estar el feto —Denji caminó unos cuantos pasos y, de repente, llegó a una úngula rosada y traslucida, misma que parecía tener una figura oscura recubierta por membranas amarillentas, venosas y palpitantes, cuyos movimientos parecían semejantes a los de un embrión en desarrollo.

—¿Cómo has entrado hasta aquí? Voy a…

—Oye —Denji habló, y en ese instante, todo el recinto explotó con las siguientes palabras pronunciadas con un odio demasiado poderoso para ser medido en estándares convencionales a la existencia—. ¿Me recuerdas?

—Espero y Denji esté bien. El grito de aquel demonio fue… —Asa se paralizó, lo más cercano a una capa etérea cubrió el recinto entero, palpable para ella.

—¿Crees que aquellos chicos estén bien? —Preguntó la anciana, al lado del viejo.

—Espero y lo estén… —El viejo tomó la mano de la anciana, sonriendo.

Una opresión se adueñó del lugar entero, mientras las personas normales tenían un ligero escalofrío. Para Asa, cerca del epicentro y, sobre todo, con el Instinto de Muerte activo de forma pasiva gracias a la hibridación con Yoru, fue una pesadilla total.

Asa no pudo sostenerlo un segundo, la presión en su garganta fue tal que le impedía respirar. Peor aún, se inclinó hacia adelante y vomitó lo poco que quedaba en su estómago. La chica sudaba frío, le hervía la cabeza, sus ojos buscaban erráticamente cualquier cosa identificable, y sus dedos se movían al ritmo del pánico.

—¿Qué es esto? ¡¿Qué mierda es esto?! —Asa pensó, su tráquea estaba obstruida por una sensación ominosa, malévola y depredadora—. ¡Esto es peor que en aquella ocasión!

Nayuta recordó el combate contra Justicia. En algún punto tras que Yoru venciera al demonio, una sensación estremecedora se sintió por la lejanía. Fue algo peligroso, terrorífico e incluso desconocido, un tanto alienígena. ¿Pero esto? Esto no podía ser siquiera demoníaco.

—No quiero… No quiero que se acerque. Me va a matar, me va a matar, va a matarnos a todos, va a matar a Denji, va a matarlo… —Asa comenzó a llorar, su voz mental igual de rota que si hablara por medio de sus cuerdas vocales—. No puedo ayudarlo, no puedo. Estoy aterrada. Tengo miedo. Dios, por favor, que alguien me salve. Denji, que alguien lo salve a él. Por favor, que alguien acabe con todo esto.

Y de repente, todo se esfumó. Asa sintió que colapsaba a un lado de su vómito, aterrada, temblando por el terrible pánico que le causaba esa presión que se fue de un segundo al otro. No solo eso, sino que el tanque pareció un vehículo a gran velocidad. La realidad fuera se desdibujaba, y el infinito pasillo blanco se hacía cada vez más estrecho.

De repente, todos estaban juntos en un mismo estanque, vacío y sin vidrios. El pasillo volvía a ser la sección de los pingüinos, y los restos de quienes fueron aplastados estaban enfrente suyo, como un espectáculo de película gore. El vómito de Asa estaba debajo de una persona extraña, quien vomitó a causa de la asquerosa escena y el caliente caldo de fluidos gástricos.

Denji estaba a un lado de los restos, parado, sosteniendo la trompa de un óvulo. La membrana carecía de su color amarillento, y el saco estaba completamente rojo. Denji ni siquiera había dañado al cuerpo. Todo lo que le quedaba era el resto de la expansión de Dominio y el demonio Eternidad dentro del saco.

El rubio miraba con solemnidad los restos del demonio. El fuego en Beowulf estaba completamente apagado. Dejó caer el saco a un lado, alejándolo hacia la oscuridad del pasillo donde alguna vez estuvieron. El acuario seguía igual, intacto, salvo por la sección usada por el Eternidad dentro de su Expansión de Dominio.

—Andando —Denji habló, girando y acercándose a Asa, que aún estaba en shock por lo sucedido—. Debemos salir, Asa.

Denji puso una mano suave y cálida sobre su hombro, la chica alzó la mirada, con lágrimas saliendo de su rostro. Denji la ayudó a pararse, pero nunca abandonaron la mirada del otro. Caminaron juntos, con ella sosteniéndose en él. Salieron del acuario, con Denji realizando una pequeña llamada al número de Seguridad Pública gracias a un ciudadano rescatado.

—Entonces, ¿Fue el Demonio Eternidad? —Preguntó Yoshida, mirando el acuario intacto—. ¿Qué sucedió? ¿Cómo lo derrotaste? ¿Quedaron restos?

—Los restos están dentro. Usó una Expansión de Dominio.

—¿Expansión de qué?

—Luego te contaré en el informe. Créeme, es un dolor de cabeza.

—Sempai, ¿Cómo lo derrotó? —Yoshida le miró, más serio.

—No hice nada —Denji susurró, solemne, mientras Asa le observaba un poco lejos, revisada por paramédicos.

—¿No hizo nada? —Asa estaba más tranquila, pero una sensación de vacío en su estómago se asomaba incómodamente.

—Él… —Denji miró a otro lado, a Asa, quien captó su mirada—. Los detalles estarán en el informe.

—Entiendo —Yoshida asintió, captando el subtexto del comentario por parte del rubio—. Entonces te dejo. Será mejor que lleves a Mitaka-San a casa. Luce algo pálida.

—Creo que iremos a comer —Denji parecía dudoso.

—Hay un buen café cerca de aquí —Yoshida comentó, sereno—. Quizás algo dulce le haga bien.

—Creo que será lo mejor. ¿Puedes hacerme el favor de cerrar el acuario?

—Lo haré.

—Gracias, Yoshida.

—De nada, Sempai.

—Te dije que me llames Denji —el rubio se alejó, mientras Yoshida se encogía de hombros sin importarle el comentario.

Ambos iban en el carro, con Asa de copiloto. Ella miraba al frente, una mirada distante dentro de sus ojos ultramarinos.

—Hayakawa-San… —Asa comenzó, su tono era solemne—. Lamento no haber podido ayudarte hoy.

—No hay nada que…

—Lo hay —Asa le cortó de inmediato, mirando al frente—. Solamente te preocupé. Debí haberme abstenido de…

—Me intentabas ayudar, Asa —Denji le dijo, sin altanería—. No te sientas mal por lo sucedido en esta cita.

—Pero…

—Fue un accidente. Los accidentes suelen ocurrir. Además —Denji le sonrió, mientras una amarga sensación bajaba por la saliva que ella tragaba—. Si quieres compensarme, hay una forma.

—¿Una forma?

—Hicimos una apuesta —Denji le dijo, sonriendo un poco—. Y salimos de ahí con vida. Eso quiere decir que me debes una clase de vida marina, ¿No?

Asa miró al chico, sus ojos mostraban una confusión genuina. El gesto, lejos de hacerla sentir mejor, fue disonante por lo recién ocurrido.

—¿De verdad estás hablando de eso ahora? —Asa preguntó, confundida—. ¿Esa es tu forma de hacerte sentir mejor? ¿Escucharme parlotear sobre cada libro que he leído en mi vida sobre el mar? ¿Esa es la forma en que piensas que…

—No es eso —Denji le cortó antes de comenzar a despotricar en contra de ella misma, mientras la chica se estremecía—. Esas clases pueden darse en todos los lugares. En el club, en un salón, en el receso.

Llegaron a la unidad departamental de Asa, mientras Denji se detenía y giraba para verle. Una pequeña sonrisa tranquilizante se adornó en los rasgos del rubio, quien suspiró, algo cansado.

—Pero yo quiero que sea en, ya sabes, otra cita —Denji habló con serenidad, sorprendiendo a Asa.

—¿Quieres salir a otra cita? —Asa se señaló, su sorpresa reemplazando brevemente su pesimismo—. ¿Conmigo? ¿Después del fracaso de hoy?

—¿Fracaso? Yo lo llamaría algo más como, ya sabes, una cita alternativa —Denji provocó en Asa una cara inexpresiva.

—No te entiendo, Hayakawa-San…

—Denji —le corrigió el rubio, más calmado—. Dime Denji, por favor.

—No te entiendo realmente. ¿Por qué querrías una segunda cita conmigo? No ayudé, estorbé, te orillé a pelear, incluso el plan de ir al acuario fue mal. Nos atacó un demonio, ¿Por qué?

—Porque fui feliz —Denji le dijo, serio—. Porque, tras mucho tiempo, me sentí verdaderamente alegre de estar con alguien más.

Asa le observó. Los ojos de ambos se cruzaron, entrelazando un mensaje distinto. Dos expresiones, dos corazones y mentes tan distantes entre sí. Él brindó confort y calidez, pero ella no estaba dispuesta a aceptar una cosa así, no después de lo sucedido el día de hoy.

—Voy a pensarlo… —Asa se disculpó, bajándose del coche y adentrándose al complejo, con Denji suspirando y marchándose.

Asa abrió la puerta de su departamento, entró y cuando cerró, sintió la presencia de alguien más en la casa. No se dio la vuelta, sabía quién era, la reconocía muy bien.

—Finalmente has vuelto —Yoru se oía serena, pero su ceño fruncido no parecía nada tranquilo—. ¿Cómo te sientes?

—No quiero hablar —Asa pidió, un tono bajo que hizo a Yoru entrecerrar los ojos.

—Entiendo. Estaré aquí por si me necesitas —Yoru miró a Asa pasar a su lado, sin siquiera dirigirle la mirada.

—No necesito ni quiero nada —Asa comenzó a cerrar la puerta tras de sí, su vista perdida—. Por favor, déjame sola.

Yoru miró la puerta cerrarse ante ella. Su primer instinto fue atravesarla, entrar y comenzar a gritarle a esta niña. Comenzó a revisar los recuerdos recientes en la cabeza de la chica, y conforme avanzaba, el rubor en sus mejillas crecía. Sin embargo, todo se fue al caño cuando miró el ataque de Eternidad. La expansión de Dominio y la inicial claridad de Asa.

Verla afrontar combates sin querer, por una causa que ella creía noble fue, en última instancia, algo bastante único y que le hizo sentir un respeto profundo por la pelinegra. Luego llegó el momento en que ella perdió la pierna, su miedo, su renuencia a usar a Balrog por las voces de Aome y, claro, la poca participación, dejando Beowulf en manos de Denji. Ella notó el aura opresiva que sintió Asa, la cual era, sinceramente, una extraordinaria y un masivo despliegue de fuerza sobrehumano.

—Ya veo… —Yoru tenía unos ojos solemnes dirigidos hacia la puerta.

Sus ojos se humedecieron, y pronto comenzaron a derramar muchas lágrimas. Una tristeza que oprimía su pecho ahora presente. Ella suspiró, dejando que las lágrimas resbalen por sus mejillas. Se sentó en el suelo, dejando que los sollozos suprimidos por la almohada del otro lado sean el único eco de la voz que Asa le dirigiría por un tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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