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Descendiente del Caos - Capítulo 589

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Capítulo 589: Control mental

Cegnore era un entorno aislado, pero los rumores aun así llegaban. Muchos no estaban al tanto de los recientes acontecimientos de Neuria, pero casi todo el mundo sabía que Khan se había ganado un puesto en un equipo político en el que figuraba un Embajador.

A los rumores sobre otros Capitanes les habría costado llegar tan lejos, pero Khan era único, y él lo sabía. Su fama daba valor y peso a sus afirmaciones y peticiones. De otro modo, Winston nunca lo habría tomado en serio sin una prueba fehaciente.

La consciencia de Khan sobre su estatus había dado lugar a su actitud y comportamiento actuales. Eso no era solo el resultado de su fama, y su enfoque tampoco era aleatorio. Estaba eligiendo sus palabras para conseguir lo que quería lo más rápido posible.

Los Nak también desempeñaron un papel en esa elección. Cuando el objetivo principal de Khan estaba en juego, le resultaba más fácil mostrar una postura más firme y oscura. No se molestaba en recurrir a concesiones y buenas palabras cuando había opciones más directas disponibles.

Además, Khan había pasado un año tratando con descendientes adinerados y gente que estaba fuera de su alcance. Los equipos en Cegnore no estaban ni cerca de esa relevancia política. Khan podía ignorar las cortesías y la etiqueta sin preocuparse por las repercusiones.

A Winston no le gustaba la situación, pero Khan tenía razón. Siempre podía recurrir a otro científico incluso si no contactaba a los Thilku. Winston sabía a ciencia cierta que su jefe aceptaría ese trato, así que cerrarlo ahora era la única manera de asegurarse beneficios.

Tampoco ayudaba que Winston ya hubiera mostrado interés en el tema. Su decisión de quedarse a solas con Khan confirmaba que la moneda de cambio era valiosa. Rechazar la oferta no le concedería mejores condiciones.

A decir verdad, compartir información clasificada no era gran cosa, sobre todo al estar lejos del territorio del Ejército Global. Winston podía programar un dispositivo en minutos para que borrara sus datos tras una sola lectura. No tendría que preocuparse por dejar pruebas de su crimen.

Los problemas estaban en otra parte. Khan tendría mucho poder sobre Winston si ese trato se cerraba. Básicamente obtendría una influencia permanente que podría volverse problemática fuera de Cegnore.

—Traer más enemigos a la trinchera humana es un asunto peligroso —anunció finalmente Winston, cambiando de táctica—. El Ejército Global buscaría a alguien a quien culpar si hay bajas.

—¿Y mencionaría mi nombre en ese caso? —quiso saber Khan.

—Si la situación lo requiere —sonrió Winston, creyendo haber encontrado un punto débil en el trato—. Simplemente estoy velando por mis propios intereses.

—Me pregunto… —continuó Khan—. ¿Qué le diría al Ejército Global sobre mí?

—Yo… —exclamó Winston, pero su confianza flaqueó justo después de la primera palabra. En realidad, no sabía en qué consistían los métodos de Khan.

—Debería empezar por las artes alienígenas —susurró Khan, casi burlándose del científico.

—¡Cierto! —afirmó Winston, carraspeando—. Sus artes alienígenas hicieron… Hicieron…

Khan parecía ansioso por escuchar la explicación de Winston, pero el silencio que siguió solo le hizo más difícil inventar algo. La mente de Winston estaba en blanco. No podía ni siquiera inventar una mentira bajo la divertida mirada de Khan.

—El Ejército Global no entiende ni la mitad de lo que hago —declaró Khan—, y estoy siendo humilde. Ríndase y deje de hacerme perder el tiempo.

Winston experimentó una profunda sensación de derrota. Khan no tenía puntos débiles. No importaba cómo Winston abordara la conversación, no podía salir victorioso.

La derrota puso a Winston ante dos opciones. Podía marcharse, evitando riesgos y olvidando que la conversación había tenido lugar, o aceptar e intentar establecer condiciones favorables que pudieran ayudar a su carrera.

Khan no necesitó esperar la respuesta de Winston para comprender su postura. El maná del científico había mostrado codicia desde la oferta inicial, y ese sentimiento siempre ganaba.

—Mi superior no se entera nunca de esto —declaró Winston una vez que cedió por completo—. Nuestro trato no sale de esta habitación.

—Por supuesto —prometió Khan.

—Y… —continuó Winston—, mi superior tiene prioridad sobre los eventuales hallazgos. Necesito que los conejillos de indias lleguen cuando esté yo solo de servicio. De lo contrario, no tendré prioridad.

—Deme su horario de trabajo —replicó Khan—, e intentaré ceñirme a él.

Winston tragó saliva. Sus peticiones habían terminado, y Khan ni siquiera se inmutó al escucharlas. Su confianza era casi aterradora, sobre todo teniendo en cuenta lo que implicaba su plan.

—Yo también necesito otra cosa —exclamó Khan, ya que Winston no añadía nada—. El departamento científico puede denegar las salidas al exterior o imponer directamente confinamientos. Eso no debe aplicarse nunca a mí.

—Capitán, este planeta… —protestó Winston, pero Khan no le dio tiempo a terminar.

—No necesita saber lo que planeo hacer fuera —afirmó Khan—, pero puedo prometerle que no cruzaré los límites acordados.

Khan decía la verdad. Por ahora, quería mantener las cosas relativamente legales. Solo recurriría a acciones imprudentes y delictivas si se quedaba sin opciones.

Winston estudió el rostro de Khan, pero finalmente aceptó que decía la verdad. El trato iba a cerrarse. Solo tenía que añadir unas últimas palabras para sellarlo. —Tenemos un acuerdo, entonces.

Khan asintió, pareciendo perder el interés en el asunto. Esa reacción casi hizo que Winston se levantara en el acto, pero Khan añadió de repente algo más.

—Hay algo que no entiendo —anunció Khan, fijando de nuevo sus ojos en Winston—. Sé que su informe incluirá el tema, pero me gustaría escuchar su opinión primero.

—¿Qué tema, Capitán? —preguntó Winston, recurriendo de nuevo a la cortesía. Ya no había necesidad de evitar la etiqueta ahora que los dos habían llegado a un acuerdo.

—Los Thilku que cambiaron de bando tras ser infectados —explicó Khan—. ¿Cómo ocurrió eso? Solo he oído rumores.

—Eso es… —el primer instinto de Winston fue posponer esa explicación, pero el trato ya estaba cerrado, así que rechazar la petición parecía inútil—. Las mutaciones no solo afectan al cuerpo. La mente también cambia.

—Sé que empiezan a oír voces —insistió Khan—. Algunos lo describieron como una llamada.

Winston no ocultó su sorpresa ante el conocimiento de Khan. Era mucho para alguien que acababa de llegar a Cegnore. Sin embargo, una mirada a su pelo azul despejó cualquier duda.

—No es incorrecto —respondió Winston, bajando la mirada para ordenar sus pensamientos—. Capitán, ¿ha presenciado alguna vez el control mental?

Los ojos de Khan parpadearon mientras resurgían viejos recuerdos de Nitis. Había visto algo similar. Ese suceso había iniciado un lío que lo había seguido hasta Milia 222.

—Sí, lo he hecho —reveló Khan—. El maná puede presentarse en formas increíbles y aterradoras.

—Vaya que sí —suspiró Winston—. Los Thilku han sido crípticos sobre ese tema, pero dedujimos que la mutación se apoderó de sus mentes. También tenemos más hipótesis, pero es difícil confirmarlas sin pruebas.

—¿Qué hipótesis? —cuestionó Khan.

—¿Quién controla las mutaciones? —se preguntó Winston—. ¿Quién controla a los especímenes mutados? ¿Desarrolló la enfermedad una voluntad? ¿Tienen los nativos el control? ¿Son una mente colmena, o conservan el libre albedrío?

Las preguntas de Winston confirmaron que Khan había tomado la decisión correcta. Ver que el equipo científico estaba explorando las mismas dudas que afligían su mente lo tranquilizó y alimentó su entusiasmo. Khan podía aportar ideas sobre el tema, pero eligió permanecer en silencio.

—Estoy seguro de que su informe profundizará en esas cuestiones —dijo Khan.

—No soy un mentiroso ni un vago —resopló Winston—. Alcancé mi puesto actual solo a base de esfuerzo. Acepté sus condiciones, así que no escatimaré en mi pericia.

—Me alegro de oír eso —pronunció Khan.

—¿Puedo retirarme ya? —preguntó Winston—. Quedarse aquí solo levantará sospechas.

—Por supuesto —exclamó Khan, levantándose y mostrando su mano—. Estoy seguro de que nuestra cooperación será fructífera, Señor Wulfo.

—Eso espero, Capitán Khan —declaró Winston, poniéndose de pie y estrechando la mano de Khan.

El gesto amistoso duró solo un segundo, y después Khan acompañó a Winston a la salida. Incluso selló su puerta para evitar eventuales preguntas indiscretas de los curiosos, pero su día no terminó ahí.

Khan esperó media hora entera antes de salir de su despacho y apresurarse hacia la puerta principal del edificio. Los guardias que había ante la salida se sorprendieron al ver que alguien quería salir durante el día, pero negárselo a Khan era imposible. Al fin y al cabo, tenía la autorización para salir.

Tras un largo control de seguridad, Khan finalmente salió del edificio y se encontró de nuevo en la llanura estéril. Los soldados le habían dado un dispositivo que podía seguir su posición, y lo llevó consigo mientras volaba hacia un lugar aleatorio al sur.

El edificio tenía escáneres, y Khan no conocía su alcance. Aun así, había un límite a lo lejos que podía ir, así que voló hacia los confines más lejanos de la zona humana antes de aterrizar en un lugar adecuado.

Khan inspeccionó sus alrededores tras aterrizar. Estaba en otra llanura estéril, pero el edificio humano no estaba ni cerca. El dispositivo también confirmó la distancia que había puesto de por medio, lo que le tranquilizó. Allí, Khan podía centrarse en su entrenamiento sin preocuparse por las miradas indiscretas.

«Control mental…». Khan no pudo evitar pensar en las palabras de Winston mientras dejaba el dispositivo de seguimiento en el suelo. «No lo había considerado».

Los pensamientos de Khan permanecieron en el tema mientras se alejaba volando, poniendo algo de distancia con el dispositivo de seguimiento. No le importaba que el edificio supiera su posición, pero su entrenamiento podía destruir ese equipo, y quería evitar al equipo de rescate.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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