Descendiente del Caos - Capítulo 600
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Capítulo 600: Orden
La orden llegó tan de repente como la llamada y pilló a todos por sorpresa. La noticia se extendió como la pólvora, poniendo el nombre de Khan en cada rumor e historia que volaba por el edificio. Lo imposible había sucedido, y no había forma de detenerlo.
A la mañana siguiente de la llamada con Lord Exr, Khan salió de su apartamento con una bolsa llena de ropa limpia y unas cuantas latas de comida. Llevaba la vaina a un costado y el teléfono en el bolsillo. No necesitaba nada más para marcharse.
Dos soldados esperaban fuera del apartamento de Khan, pero su llegada al pasillo les hizo bajar la cabeza. No sabían cómo sostenerle la mirada después de todos los rumores oídos durante la noche, y a él no le importaba lo suficiente el asunto como para abordarlo.
Los largos días de Cegnore habían cambiado las rutinas de la mayoría de los soldados. Solían descansar por la mañana debido a los turnos de noche o para prepararse para ellos. Aun así, Khan vio un escenario completamente diferente cuando salió al pasillo, y la sinfonía le dijo que el inusual suceso no terminaba ahí.
Los pasillos y vestíbulos que Khan cruzó escoltado por los dos soldados estaban llenos de tropas curiosas y sorprendidas. Incluso vio unas cuantas batas blancas por el camino, lo que expresaba la importancia del acontecimiento.
Khan no podía decir que estuviera sorprendido. Recibir órdenes directamente de los Thilku era algo muy importante para ese asentamiento. Aun así, le maravilló la rapidez con que se había extendido la noticia. La llamada había llegado en mitad de la noche, pero todo el edificio ya estaba al tanto de su contenido.
«Supongo que es inevitable», pensó Khan, con el rostro impasible. «Los Thilku apenas se ponen en contacto con este edificio, y mucho menos piden a alguien».
La orden había sido bastante simple. Los Thilku habían usado su autoridad sobre Cegnore para solicitar la presencia de Khan. La llamada no incluía detalles sobre la duración de esa tarea ni nada parecido. Simplemente pedía al edificio que enviara a Khan, y él aceptó.
Los murmullos llenaban cualquier zona que Khan cruzaba, pero nadie se interponía en su camino. Ninguno de aquellos soldados o científicos tenía autoridad sobre esa orden, pero la llegada a la puerta principal mostró a alguien dispuesto a salirse ligeramente de su papel para comprobar que todo estaba en orden.
—Dadnos un momento —ordenó Caspar, dejando al equipo ante la puerta principal para acercarse a Khan. Los dos soldados al lado de Khan no pudieron negarse a Caspar, así que se marcharon para ofrecer algo de privacidad a los Capitanes.
—Capitán —exclamó Caspar, bajando la voz y la cabeza en cuanto llegó junto a Khan—. Todavía podemos apelar al Puerto. Los Thilku no pueden hacer esto.
La preocupación de Caspar era casi conmovedora. Desde su perspectiva, los Thilku estaban abusando de su autoridad para llevar a Khan a sus trincheras. No conocía los detalles, pero el asunto era lo suficientemente irrespetuoso y peligroso como para desatar su ira.
Khan comprendía la perspectiva de Caspar. El asentamiento humano lo tenía más fácil, pero carecía de información vital sobre Cegnore. Enviar soldados a las trincheras Thilku los expondría a peligros desconocidos. Eso no podía ser legal ni estar en consonancia con los tratados inter-especies.
Sin embargo, Khan era probablemente el único que podía hacer ese traslado sin preparativos adicionales. No necesitaba píldoras especiales para la infección, y su destreza hablaba por sí sola. Además, ya había trabajado con los Thilku. Khan era la figura perfecta para enviar a sus trincheras.
—Está bien —le aseguró Khan, usando palabras que ya había pronunciado la noche anterior cuando llegó la orden—. Yo quiero esto.
—Te ruego que lo reconsideres —insistió Caspar—. Aparte del peligro desconocido, también estarías en estructuras no aptas para humanos. Sus médicos podrían carecer de la medicación adecuada o de un conocimiento básico de nuestra anatomía.
—Esto es lo mejor —negó Khan con la cabeza—. Tanto para mi carrera como para la situación de Cegnore.
Caspar quiso discutir un poco más, pero oír hablar de la carrera de Khan le obligó a guardar silencio. No podía interponerse en el camino del Capitán más joven de la historia, que además mantenía una relación con una descendiente muy rica e influyente. Su familia lo desheredaría si lo intentara.
—Capitán —dijo Caspar antes de tragar saliva y suspirar derrotado—. Khan, te deseo buena suerte ahí fuera.
—Gracias, Caspar —asintió Khan—. Intentaré volver pronto.
—Y de una pieza —rio Caspar entre dientes.
Khan respondió con una sonrisa, y Caspar se encargó de acompañarlo hasta la puerta. Al llegar, el Capitán hizo un saludo militar que los soldados de la zona imitaron, y Khan paseó la mirada por aquellas tropas antes de cruzar la entrada más pequeña.
La puerta se saltó muchas medidas de seguridad debido a la condición única de Khan y se abrió al otro lado. Para entonces, ya se había acostumbrado a ese procedimiento, pero el planeta tenía algo más que una llanura pardusca que ofrecer esa mañana.
Una moto circular estaba aparcada a pocos metros de la puerta, y un Thilku estaba sentado en ella. El alienígena vestía la tradicional capa roja, que caía sobre el asiento trasero. Aun así, el vehículo era lo bastante grande como para que Khan cupiera incluso con ese estorbo.
Khan asintió al Thilku solo para recibir una mirada inquisitiva. El alienígena no ocultó su recelo, pero las órdenes venían de arriba, así que no impidió que Khan ocupara el asiento trasero.
No hubo intercambio de palabras mientras el Thilku se ponía en marcha. La moto hizo crujir el quebradizo suelo, pero la llanura ofrecía espacio suficiente para acelerar más allá de los límites razonables.
A Khan no le importó la alta velocidad y se concentró en agarrarse al asiento de la moto mientras inspeccionaba su entorno. La superficie de Cegnore era desolada y carecía de puntos de referencia valiosos, pero Khan aun así confirmó que el vehículo iba en la dirección correcta.
La moto pasó de largo la trinchera humana, cruzando los límites del territorio del Ejército Global para adentrarse más en el planeta. Más llanuras se extendían en todas direcciones, interrumpidas por colinas ocasionales o desfiladeros poco profundos, pero los ojos de Khan rara vez se posaban en el paisaje. Solo miraba la sinfonía, que insinuaba un cambio inminente.
El mundo en la visión de Khan cambió a medida que la moto seguía avanzando. Nuevos colores más fríos se unieron a la sinfonía, y los efectos no se detuvieron en sus sentidos. La superficie ganó agujeros, grietas y otras marcas evidentes. Esa zona probablemente había sido llana, pero algo la había destruido.
Un olor nauseabundo acabó llegando a las fosas nasales de Khan. El olor a sangre, sudor y saliva lo invadió, añadiendo detalles a una escena que ya había imaginado. Allí se había librado una batalla, y el motivo de ello no tardó en aclararse.
Al cabo de unos minutos, una estructura alta y grande apareció en la distancia. Un enorme edificio rectangular creció en el horizonte y se fue acercando, permitiendo a Khan advertir más detalles.
La estructura era al menos cinco veces más grande que el edificio humano, y sus lisas superficies insinuaban similitudes. Sin embargo, pronto se hicieron visibles inmensos ventanales que separaban cada planta, y lo mismo ocurrió con su interior.
Los Thilku no podían optar por sus tradicionales espacios abiertos y balcones en Cegnore, pero aquellos inmensos ventanales ofrecían una valiosa alternativa. También se veían desde ellos vastos interiores, pero algo más no tardó en llamar la atención de Khan.
El Ejército Global había situado su edificio lejos de su trinchera, pero los Thilku habían optado por el enfoque contrario. Un espacioso canal cruzaba el terreno ante la estructura Thilku y se extendía en la distancia, alcanzando zonas que Khan no podía ver a simple vista.
Múltiples vehículos se encontraban también detrás de la enorme trinchera. Khan contó al menos cincuenta de ellos desde su posición, pero probablemente existían más a lo lejos. Ese canal era demasiado largo para ignorar los puntos de control, y su tamaño insinuaba el número de Thilku estacionados allí.
«Deben tener un batallón entero aquí», se dio cuenta Khan mientras su atención se desviaba hacia la trinchera.
Sorprendentemente, la trinchera Thilku carecía de fusiles o armas pesadas, pero estaba mucho más limpia y organizada. Superficies metálicas cubrían su fondo y sus paredes, sin dejar ningún punto al descubierto. Ese canal no podía desmoronarse con esos refuerzos, y runas rojas brillaban a través de ellos.
Además, unos túneles se extendían desde la trinchera y se dirigían hacia el enorme edificio. Khan no podía verlos desde su posición, pero sus sentidos percibían el maná que fluía a través de ellos. Los Thilku tenían pasadizos subterráneos, que probablemente ayudaban a desplegar numerosas tropas.
«Y hay otra más adelante», pensó Khan, recordando el mapa que le había enseñado Caspar. «Probablemente más».
Khan estaba seguro de que los Thilku no compartían la totalidad de su información. El Ejército Global conocía las dos trincheras, pero era seguro que en Cegnore había más.
«¿Mil?», se preguntó Khan, intentando calcular el número de Thilku desplegados en Cegnore. «¿Dos? Podría ser el doble si tienen más lugares como este».
La diferencia de personal entre los humanos y los Thilku era inmensa, y por una buena razón. Sin embargo, Khan era consciente de los problemas del Imperio. Su dominio era demasiado grande, así que malgastar tantas tropas en Cegnore probablemente perjudicaba profundamente a los Thilku.
Khan desechó sus pensamientos políticos y se centró en la situación actual. La moto no tardó en llegar al edificio, deteniéndose ante su enorme puerta, y el conductor la señaló con la mano sin añadir nada.
Esa orden silenciosa fue suficiente para Khan. Se bajó de la moto y esperó ante la puerta, contemplando la gran runa de esa superficie. Sus estudios le permitieron comprender los propósitos defensivos de ese símbolo, pero la entrada se abrió antes de que pudiera aprenderlos todos.
Una sala rectangular se desplegó ante la visión de Khan, y él entró para que comenzara el proceso de descontaminación. El lugar no estaba vacío. Tenía un cajón a su derecha, y sobre él brillaban letras humanas de color rojo.
«Pertenencias», leyó Khan antes de dejar la bolsa y la vaina en el cajón.
En ese momento, un denso gas invadió la sala. El proceso de descontaminación intentaba que el aire fuera difícil de respirar para los humanos, pero los pulmones de Khan no tuvieron problemas para adaptarse a la nueva atmósfera.
El cajón se cerró mientras Khan esperaba a que terminara el proceso. El gas permaneció en la sala durante unos minutos antes de ser succionado. Entonces se abrió otra entrada, mostrando un espacio abierto lleno de grandes figuras.
Toda una compañía se expandió ante los ojos de Khan. Casi doscientos Thilku ocupaban el vasto vestíbulo que se extendía desde la entrada. Los alienígenas estaban sentados cerca de las paredes o se daban un festín sobre enormes alfombras junto a esas superficies. Algunos dormitaban en camas improvisadas o afilaban sus armas en extraños yunques, pero la llegada de Khan atrajo su atención hacia él.
La tensión se extendió inmediatamente por el vestíbulo. Todos los Thilku de la zona se pusieron rígidos y serios, interrumpiendo sus tareas. Nadie habló, pero todos inspeccionaron a Khan de la cabeza a los pies.
Un silbido resonó en el silencioso vestíbulo, distrayendo a Khan de la multitud que lo observaba. Miró a su derecha y se dio cuenta de que un cajón con sus pertenencias se había deslizado fuera de la puerta. Los Thilku aún no se habían movido, así que Khan recogió sus cosas mientras esperaba acontecimientos.
La zona permaneció en silencio incluso después de que Khan se pusiera la vaina y la mochila. Los Thilku no intercambiaron ningún rumor. Permanecieron perfectamente quietos, pero listos para actuar si algo sucedía. No les gustaba esa presencia humana entre ellos, pero echar a Khan no era una decisión que les correspondiera tomar.
Khan no se atrevió a avanzar al azar y sin autorizaciones adicionales, así que permaneció ante la entrada. No rehuía las frías miradas que le dirigían. De hecho, intentó responder a todas ellas con confianza y calma.
La confianza mostrada por Khan se convirtió en un comportamiento burlón dentro de las miradas. Algunos Thilku creyeron que Khan los estaba subestimando, lo que hirió su orgullo y dio lugar a la ira. Unos pocos alienígenas empezaron a moverse, amenazando con levantarse, pero un nuevo silbido interrumpió esa tendencia.
Una gran puerta al otro lado del vestíbulo se abrió, revelando un vasto pasillo y a Vaasa en su centro. Inspeccionó brevemente la zona antes de encontrar a Khan y llamarlo: —[Capitán Khan, por aquí].
Vaasa tuvo que gritar para asegurarse de que sus palabras llegaran a Khan, y él asintió antes de avanzar. La compañía había dejado vacías las zonas centrales del vestíbulo, así que cruzarlas no fue un problema. Khan solo tuvo que ignorar las miradas que atravesaban su figura, pero su fama le había acostumbrado a ellas.
Khan caminó con paso rápido pero firme. No quería parecer asustado por ese ambiente. Pero, al mismo tiempo, no podía hacerle perder el tiempo a Vaasa.
Vaasa se giró en cuanto Khan la alcanzó y se adentró en el pasillo. El lugar tenía múltiples puertas a los lados con grandes runas que cerraban cada entrada. Khan hizo todo lo posible por no parecer interesado en ellas, pero cada símbolo que cruzaba su vista se transformaba en significados dentro de su cerebro.
La Thilku no pareció interesada en la curiosidad de Khan y se concentró en llegar al final del pasillo. En ese momento, se acercó a una puerta a su derecha antes de mover los dedos sobre la runa que la cerraba.
La puerta se abrió y se desplegó un pasillo más estrecho. El pasadizo era todavía lo bastante grande como para que cupieran cinco hombres adultos, pero nuevos Thilku lo ocupaban, y Khan se encontró de nuevo ante una serie de miradas fulminantes.
—[Este será su equipo, Capitán Khan] —anunció Vaasa, haciéndose a un lado y señalando el nuevo pasillo—. [Sus compañeros le mostrarán sus aposentos].
Khan miró a Vaasa antes de volverse hacia el pasillo. En el lugar había una veintena de Thilku tan fuertes como guerreros de tercer nivel sentados en el suelo o apoyados en las paredes. Algunos vestían sus uniformes, mientras que otros estaban semidesnudos, mostrando vendajes recién aplicados que cubrían las heridas sufridas la noche anterior.
La situación era más que tensa. Khan no era bienvenido allí, pero avanzó de todos modos, y Vaasa cerró la puerta una vez que él entró en el pasillo, aislándolo en ese nuevo entorno.
Todos los Thilku sentados se pusieron de pie en esa privacidad, y posturas severas se desplegaron ante la visión de Khan. Aquella fue una de las bienvenidas más frías que Khan había afrontado jamás, pero su expresión nunca vaciló.
—[Es un honor servir con ustedes] —anunció Khan, haciendo una reverencia tradicional que nadie imitó. La mayoría de los Thilku lo fulminaron con la mirada mientras algunos inspeccionaban las vendas que asomaban por su manga derecha.
—¡[Ah]! —resopló un Thilku al fondo del relativamente corto pasillo, dando un paso al frente para hacerse más visible—. [El Azul hasta hace reverencias como un Thilku].
Khan enderezó la espalda e inspeccionó al que hablaba de la cabeza a los pies antes de esbozar una sonrisa falsa y entablar conversación: —[Aprendí en Neuria].
—[Sabemos de ti, Azul] —continuó el Thilku, avanzando hasta el centro del pasillo—. [Los Thilku no necesitan que un humano luche por ellos].
—[Lucho por mí mismo] —declaró Khan—. [Solo puedo alegrarme si resulta que es al lado de los Thilku].
La cortesía de Khan molestó al Thilku, que se cruzó de brazos enfadado. Solo llevaba pantalones, así que el gesto resaltaba sus abultados músculos. Aun así, esa visión no pudo hacer vacilar a Khan.
—[Bueno] —exclamó el Thilku, girándose a medias—. [Ven, Azul. Te mostraré tus aposentos].
Algunas sonrisas de superioridad aparecieron entre los escuadrones, y resonaron unas cuantas risitas, pero Khan aun así avanzó para ponerse al lado del Thilku. Los alienígenas también se acercaron ligeramente a él sin bloquearle el paso. Querían que Khan se sintiera presionado, pero su rostro siguió sin mostrar reacción alguna.
—[Esta es tu taquilla] —anunció el Thilku, relajando los brazos para señalar un cajón a tres metros y medio del suelo—. [Tócala y registrará tu firma].
El Thilku sonrió con orgullo mientras miraba a Khan. Algo tan alto no era nada para la estatura de los alienígenas, pero un humano no podría alcanzarlo. Por supuesto, eso no se aplicaba a Khan.
El tobillo derecho de Khan se movió ligeramente, impulsándolo en el aire. El techo era alto, así que no tuvo problemas para alcanzar la taquilla y flotar ante ella.
Los alienígenas se quedaron atónitos ante el vuelo de Khan. El Thilku que había intentado ponérselo difícil incluso miró a sus compañeros, pero estos se limitaron a negar con la cabeza o a lanzar miradas de amonestación. Unos pocos conocían las habilidades de Khan, pero se olvidaron de compartir la información.
El cajón se abrió cuando Khan lo tocó, revelando espacio suficiente para su bolsa. Guardó el objeto y cerró la tapa, descendiendo en un aterrizaje grácil.
—[Gracias por tu ayuda] —dijo Khan en cuanto aterrizó, mostrando una de sus más radiantes sonrisas al Thilku.
El Thilku ocultó rápidamente su sorpresa y pasó a su siguiente plan. También sonrió y se apresuró a llegar al final del pasillo antes de señalar una superficie con una runa brillante.
—[¡Azul, aquí!] —llamó el Thilku—. [Esta es tu habitación].
El Thilku esbozó otra sonrisa de superioridad, y lo mismo hizo el resto del equipo. De hecho, ahora aparecieron más caras sonrientes. Alcanzar la taquilla no era sorprendente para los que conocían las habilidades de Khan, pero la runa iba a detenerlo.
Khan llegó a la runa e inclinó ligeramente la cabeza mientras sus ojos recorrían sus líneas. No era complicada, pero había suficientes diferencias como para obligarle a dudar.
El Thilku al lado de Khan se sintió orgulloso ante esa vacilación. Volvió a cruzarse de brazos y alzó la voz para hacer una sugerencia: —[Oh, debes aprender a abrirla. No pasa nada. Si aceptas seguir mis órdenes…].
El Thilku no tuvo la oportunidad de terminar su frase, ya que parte de la pared se deslizó de repente para revelar una pequeña habitación con una cama enorme. El alienígena bajó la vista solo para ver a Khan con el brazo extendido. Había usado la runa sin pedir ayuda a nadie.
—[¡Gracias de nuevo!] —anunció Khan, mostrando nada más que su más radiante sonrisa—. [¡Estoy seguro de que nos llevaremos bien]!
El Thilku se quedó sin palabras mientras veía a Khan entrar en la habitación. Intentó mirar a sus compañeros, pero compartían la misma expresión de asombro. Solo querían tomarle el pelo a Khan, pero él parecía cómodo en ese entorno alienígena.
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