Descendiente del Caos - Capítulo 647
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Capítulo 647: Presente
«¿Esto es de verdad?», se preguntó Khan, mientras miraba el teléfono sentado en el sofá. Acababa de despertarse, pero la noticia disipó cualquier resto de sueño.
Monica estaba tumbada detrás de Khan, pero la ausencia de este la despertó. Lo vio sentado frente a ella, así que se levantó para acercarse a su espalda. Monica abrazó a Khan por detrás, pero la falta de reacción a sus cariñosos besos en el cuello le dijo que algo no iba bien.
El teléfono en las manos de Khan atrajo la atención de Monica, y al asomarse por encima de su hombro pudo ver el contenido. Una conmoción similar invadió su mente de inmediato, lo que la llevó a una declaración simple pero significativa. —Oh, mierda.
—Mierda, y tanto —comentó Khan, echándose hacia atrás. Monica se apartó para sentarse a su lado, y los dos siguieron mirando fijamente el teléfono mientras sus pensamientos se desbocaban.
El mensaje era específico para Khan, pero alguien lo había filtrado en la red. El tema también era bastante secreto. Khan podía imaginar que solo las familias adineradas y los superiores del Ejército Global tenían acceso a él, pero su teléfono no mentía. Todo el mundo se había enterado de ello y de que él podía unirse.
Khan deslizó el dedo hacia arriba para volver a comprobar la identidad del remitente. El mensaje venía directamente del Coronel Norrett, pero su contenido tenía un aire un tanto rígido y político. Hacía tiempo que ambos habían superado eso, pero el tema justificaba el cambio.
Por muy impactante que sonara, el mensaje era una invitación formal a un evento que la mayoría de los soldados no considerarían en toda su vida. El Coronel Norrett intentaba superar los límites del quinto nivel. Planeaba abordar la evolución y quería a Khan como parte del público.
—¿Es esto algo habitual? —preguntó Khan.
—Tan habitual como las evoluciones —respondió Monica—. Así que no.
—¿Suelen tener público? —preguntó Khan, examinando la expresión de Monica.
—Yo… —murmuró Monica, negando con la cabeza—. Esto me supera. Incluso yo tendría que contactar con mis padres para saber más.
—Y encima ha filtrado la noticia —señaló Khan, abriendo la red para leer los artículos recientes—. ¿Por qué me ha involucrado en un grupo tan reducido?
Khan estaba seguro de que el Coronel Norrett estaba detrás de la filtración de la noticia. La red tenía literalmente una breve lista de personas invitadas al evento, y el hecho de que Khan fuera el más débil y tuviera el rango más bajo añadía detalles inconfundibles. El Coronel Norrett le estaba haciendo un favor por razones que no podía comprender.
Por supuesto, Khan ni siquiera se planteó rechazar la invitación. La evolución aún estaba lejana para él, pero aprender sobre ella no podía hacerle daño, sobre todo porque ninguna de las partes bien informadas compartiría información relacionada a la ligera. Era una oportunidad increíble, capaz de despertar la envidia de todo el Ejército Global.
—¿Dice el lugar y la hora? —preguntó Monica, alargando la mano hacia la pantalla para volver al mensaje.
—Solo la hora —reveló Khan, dejando que su novia hiciera lo que quisiera—. Bueno, la semana. El lugar es clasificado.
—Comprensible —asintió Monica—. No quieres enemigos cerca de algo así. Tampoco deberías habérmelo contado a mí.
Monica hizo esa afirmación mientras estudiaba cada palabra del mensaje, lo que añadía un toque hilarante a la escena. Aun así, Khan no estaba de humor para bromas. De hecho, entendía bastante bien la preocupación de Monica.
Khan no sabía mucho del tema, pero los pequeños fragmentos de información que había reunido a lo largo de los años le habían enseñado algo. Los soldados evolucionados eran considerados potencias, y uno solo de ellos podía inclinar el frágil equilibrio de influencias hacia una facción u otra.
El Coronel Norrett era un caso especial, ya que había elegido al Ejército Global por encima de las familias, pero el problema persistía. A algunas facciones poderosas podría no gustarles ese repentino aumento de poder fuera de su dominio y control, lo que hacía que el secretismo fuera obligatorio.
—En cierto modo, estoy deseando que llegue —admitió Khan, rascándose la cabeza. Dejando a un lado las repercusiones políticas, esa experiencia no tenía precio. Era el mejor regalo que el Coronel Norrett podría haberle hecho nunca.
—Como si no tuviéramos ya suficientes problemas —suspiró Monica, apartando el teléfono y apoyándose a su derecha.
Khan sujetó a Monica y la abrazó con fuerza. Sus preocupaciones eran evidentes, y Khan no se las tomó a la ligera. Presenciar una evolución era una experiencia inestimable, y lo mismo se aplicaba al conocimiento sobre el tema. Khan se convertiría en el centro de otra tormenta política después del evento, y la familia de Monica no dudaría en interrogarlo.
—Es genial —exclamó Monica, con un ligero lloriqueo—. Es realmente genial, pero venga ya. Danos un respiro.
Una parte de Khan compartía el estado de ánimo de Monica. La paz no parecía ser una opción en sus vidas, e incluso los sucesos afortunados les traían un número inmenso de problemas. Esas contrapartidas se estaban volviendo molestas, y ninguna cantidad de crecimiento podía hacerlas desaparecer.
—No te preocupes —anunció Khan, atrayendo a Monica hacia él y apoyando la cabeza en su hombro—. Si intentan algo, yo me encargaré.
Monica miró a Khan y se quedó impresionada por la firmeza de su expresión. Ya había visto esa cara unas cuantas veces y sabía lo serio que era. Khan parecía dispuesto a cargar él solo con todo el peso de esos problemas.
Por supuesto, Monica no quería eso. Estaban juntos en ese lío, y apoyarse mutuamente era parte de ser una pareja. Sin embargo, esa mirada decidida en el rostro de Khan activó un resorte, y Monica se giró en el abrazo para tumbarlo.
—¿Qué pasa? —rio Khan cuando su nuca golpeó las almohadas, pero la sinfonía mató esa risa. El rostro que se desplegó ante su vista no era de lujuria y pasión. Monica parecía seria mientras le sujetaba las mejillas para mantenerle la cabeza quieta.
—Algún día —exclamó Monica—. Estarás en la cima del Ejército Global. No, del universo entero.
—Monica —la llamó Khan, intentando alcanzar las manos que le sujetaban las mejillas.
—Así que —continuó Monica, bajando la cabeza hasta tocar la frente de Khan—, hasta entonces, te apoyaré con todo lo que tengo. No me importa si me rompe.
Esas palabras, inevitablemente, calaron hondo en Khan. No hacía mucho que él le había dicho algo parecido a Onp, y ahora Monica estaba allí, pronunciando una afirmación similar.
—Tontita —suspiró Khan, rodeando la cabeza de Monica con sus brazos—. De la única de la que quiero estar encima es de ti.
Monica estalló en una carcajada que casi ocultó sus habituales insultos. Un «tonto» y un «sinvergüenza» escaparon de su boca sonriente, que Khan no tardó en sellar con sus labios.
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Khan y Monica se lo tomaron con calma, disfrutando del calor del otro y descansando antes de que el mundo exterior se les viniera inevitablemente encima.
Pasaron los días en los que la pareja nunca se separó. Khan y Monica tenían que recuperar el tiempo que pasaron en planetas diferentes, cosa que hicieron con creces. Khan incluso se curó por completo en ese periodo y finalmente se deshizo de su abrazadera metálica.
Aun así, finalmente llegó el momento de enfrentarse al mundo, y la pareja incluso tenía un evento público al que asistir. Una tarde, Khan y Monica salieron de su edificio vestidos con sus mejores galas, y una tormenta de reporteros les dio la bienvenida.
Un mar de preguntas voló en dirección a la pareja, especialmente hacia Khan. Los reporteros gritaban todo tipo de afirmaciones, pero nadie consiguió acercarse a ellos dos. Era un evento oficial respaldado por la familia Solodrey, así que los soldados y el equipo de la Maestra Amelia ya estaban en el lugar para abrirles paso.
Khan se dejó guiar por Monica. Ambos ignoraron a los reporteros y caminaron de la mano hacia un coche que los esperaba. La familia Solodrey había preparado un programa para su aniversario, y planeaban terminarlo lo más rápido posible.
La pareja ya había hecho algo parecido, y el programa previsto no ofrecía nada complicado. Khan y Monica fueron de compras, comieron en un restaurante elegante, asistieron a una subasta y bebieron en uno de los establecimientos de Pandora. El objetivo de esa cita era aparecer en público como una pareja feliz, y lo cumplieron a la perfección.
También ayudó que Khan y Monica no fueran tímidos con su afecto. A menudo se besaban en público, sin que les importaran las fotos que les sacaban los reporteros. De hecho, a Khan le gustaba que la red viera ese aspecto de su relación, ya que mantenía alejados a los posibles pretendientes. Además, negarse a Monica cuando llevaba su encantador vestido era sencillamente imposible.
Se suponía que beber en Pandora era la última parada de la cita, pero el coche no regresó al segundo distrito. Khan se dio cuenta, pero de repente Monica se le abalanzó encima. Su maná contaba una historia clara que sus sensuales besos no podían ocultar, pero Khan respetó su esfuerzo y dejó que lo distrajera.
El coche cruzó la mayor parte del Puerto y llegó a un hangar solitario. Allí solo podían aterrizar vehículos de lujo y naves privadas, y un equipo especial de soldados lo vigilaba siempre.
Khan no entendió lo que pasaba ni siquiera después de entrar en el hangar, pero un color familiar en la distancia atrajo de repente su atención. Una pequeña nave de un icónico color blanco se encontraba cerca del fondo del lugar, y su estado impecable le indicó a Khan lo nueva que era.
—Estás de broma —dijo Khan sin aliento, y Monica lo tomó del brazo antes de que pudiera decir nada más.
—Tuve que mover algunos hilos —rio Monica, arrastrando a Khan hacia la nave blanca—. Y no tienes ni idea de lo difícil que es guardarte secretos.
La pareja llegó a la nave mientras más coches aterrizaban en el hangar. La Maestra Amelia y su equipo salieron, pero Khan solo miraba el vehículo. Ahora lo entendía todo, pero a su mente todavía le costaba aceptarlo.
«Cabina pequeña pero cómoda», pensó Khan, enumerando las características de la nave. «Forma triangular y plana. Tres motores en la parte trasera. Solo caben dos personas».
—¡Es una nave de carreras! —exclamó Khan, todavía incrédulo.
—No podía permitir que mi querido Capitán volara esa cosa vieja del Ejército Global —hizo un puchero Monica—. Esto todavía no se corresponde con tu valor, pero es un comienzo.
Los ojos de Khan estaban muy abiertos, y el puchero de Monica se transformó en una sonrisa cuando notó su asombro. Estaba exultante con esa reacción.
—¿Me has comprado una nave? —preguntó Khan para confirmar.
Monica soltó una risita, apretando con más fuerza el brazo de Khan. —Feliz cumpleaños otra vez.
—Chica loca —dijo Khan, inclinándose hacia Monica para atraparla en un beso.
Monica soltó el brazo de Khan para aferrarse a su cuello, y él no desaprovechó la oportunidad. Khan agarró a Monica por la cintura y la levantó. La cargó sobre el hombro entre risas y quejas, y sus pies golpearon el suelo para lanzar a ambos por el aire.
—¡Capitán Khan! —gritó la Maestra Amelia en tono de amonestación. Ese hangar era más privado, pero Khan no podía comportarse así. Era demasiado impropio para Monica.
—¡Khan! —se unió Monica a las quejas, aunque usó un tono mucho más alegre, pero Khan la ignoró. La cabina de la nave se abrió a su contacto, y dejó caer a Monica en el asiento trasero antes de aterrizar en el borde del cristal.
—Voy a sacar a Monica —declaró Khan antes de zambullirse en el asiento del piloto. No pidió permiso a nadie, y la nave partió en cuanto el Puerto le autorizó el despegue.
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