Deseos imperfectos - Capítulo 229
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229: ¡Búsquense un cuarto ya 229: ¡Búsquense un cuarto ya Vivimos en una época en la que la autoestima y la confianza en uno mismo se han convertido en un lujo.
Un lujo que no todos pueden permitirse.
¿Por qué?
En vista de que a la gente le ha dado por disfrutar degradando a los demás.
En algún momento de la vida, todos le hemos dicho a alguien algo que ha herido su confianza.
Y, a su vez, acabamos afectando su amor propio o sembrando la duda en ellos mismos.
Las palabras, que una vez se usaban como semillas de flores en un jardín para dar ánimo, ahora se usan como cuchillas para destrozar la confianza de la otra persona hasta el punto de que se desmorona sin que nos demos cuenta.
Es una creencia común que solo la gente fuerte no teme a las críticas, pero ¿por qué olvidamos que cada persona es fuerte a su manera?
Y, sin embargo, todo el mundo acaba rompiéndose también a su manera.
Es cierto que uno no puede hacer que los demás crean en él si no cree primero en sí mismo.
Pero esa confianza en uno mismo es demasiado cara en estos tiempos.
En cuanto a Xiu, había aprendido el valor de las palabras y también había sufrido por ellas.
Nadie sabía mejor que ella lo mucho que un simple gracias o un lo siento podía hacer por los demás.
Y sí, de hecho, le dio las gracias a Dylan como Chen Xiu y no solo como Bai Xiu.
Para ser sincera, cada vez que discutía con Dylan, la razón por la que lo disfrutaba tanto era porque se sentía como el pique que solo tendrían los hermanos.
Y alguien como ella, a quien se le había privado de tener un hermano en sus dos vidas, realmente atesoraba esos momentos sin siquiera darse cuenta.
Mientras tanto, para Dylan, su simple «gracias» le trajo más confusión, y aun así se sintió feliz porque había visto la sinceridad en sus ojos.
Pensaba que la relación entre él y Xiu era muy obvia; ambos competían por la atención de Darren a su manera y por sus propias razones.
Pero ahora ya no estaba tan seguro.
Porque después de pasar un tiempo con Xiu, se dio cuenta de que ella y él podían ser, en efecto, más cercanos de lo que pensaba.
Por la tarde, cuando Xiu salía de la oficina, Dylan se le acercó.
—¿Cómo te vas a casa?
—le preguntó.
—Como todos los días —respondió Xiu con su indiferencia habitual.
—¿Y cómo vas todos los días?
—cuestionó Dylan, poniendo los ojos en blanco ante su respuesta.
—Hay una cosa llamada transporte público —respondió Xiu, y luego añadió—.
Es un autobús que los empleados normales como yo toman para desplazarse.
Es asequible y, hasta cierto punto, conveniente.
—Ya sé lo que es el transporte público —dijo Dylan, al ver su expresión de incredulidad—.
En fin, lo que quiero decir es que deberías comprarte un coche.
Es aún más conveniente.
¡Ah, claro!
No sabes conducir.
—¿Quién ha dicho que no sé conducir?
—preguntó Xiu mientras ambos entraban juntos en el ascensor—.
Es que no conduzco porque no quiero.
—Entonces, ¿cuando me dijiste que no sabías conducir solo intentabas librarte de tener que llevarme?
—Xiu asintió sin pensar, lo que dejó a Dylan boquiabierto—.
¿Cómo has podido?
—No exageres ahora.
Aunque sé conducir, no tengo ningún sentido de la orientación.
Aparte de eso, mi visión nocturna no es muy buena, así que evito conducir a toda costa —explicó Xiu antes de que él se volviera loco sin motivo.
Tras conocer la razón, Dylan decidió dejar el tema.
Salieron en silencio por las puertas de cristal de la empresa y Dylan se detuvo en seco.
—Como hoy salgo temprano, puedo llevarte…
—se interrumpió al ver una figura detrás de Xiu, y sacudió la cabeza con un suspiro—.
Olvídalo.
Ya han venido a por ti.
Xiu enarcó una ceja, interrogante, y él señaló detrás de ella con la barbilla.
Xiu giró la cabeza lentamente y sus ojos se abrieron como platos cuando se posaron en la persona más hipnótica de su vida, con los ojos grises más hermosos, que brillaron cuando la vio allí de pie y le saludó con la mano mientras las comisuras de sus labios se estiraban en una sonrisa floreciente, haciendo que un suspiro de ensueño escapara de la boca de Xiu sin que ella siquiera se diera cuenta.
No era otro que el mismísimo Darren.
Su pelo oscuro parecía revuelto, con mechones que le caían sobre la frente, lo que le daba un aspecto atractivo sin esfuerzo.
Pero, por otra parte, su mandíbula marcada y sus rasgos llamativos ya eran suficientes para gritar lo guapo que era.
Pero, de alguna manera, aquellos ojos grises suyos marcaban una gran diferencia.
—Cierra ya la boca.
Tu lujuria es demasiado obvia con esa baba —dijo una voz grave cerca de su oído.
Xiu se llevó la mano a la boca, pero al encontrarla seca, fulminó con la mirada a Dylan, que a su vez se rio y añadió—: Lo siento, no pude evitarlo.
—¡Lo que sea!
—dijo Xiu y corrió hacia Darren, dejando a Dylan mirando su espalda con una expresión pensativa—.
¿Qué haces aquí?
Y si viniste, ¿por qué no me llamaste?
¿Por qué esperar aquí?
—Tranquila —dijo Darren mientras le tocaba el pelo, y añadió—: Acabo de llegar e iba a subir cuando te vi.
En cuanto a por qué estoy aquí…
Mmm…
¿No es obvio que estoy aquí para recoger a mi novia?
Xiu puso mala cara, pero por dentro gritaba de felicidad.
Porque, sin duda, era una sorpresa verle aquí.
Y mentiría si dijera que no fue una agradable.
Darren sacó una única rosa roja de su chaqueta y se la dio.
—¿Y esto por qué?
—preguntó Xiu, mirando la rosa con extrañeza.
—Para recordarte que te quiero —dijo Darren, tocándole la nariz.
—Podrías haber hecho otra cosa para recordármelo —dijo Xiu.
—¿Y qué sería?
—Xiu se tocó la mejilla con el dedo índice e incluso se inclinó hacia él.
Darren se rio entre dientes antes de inclinarse para plantarle un beso en la mejilla.
Se acercó a su oído—.
La verdad es que no creo que este beso sea suficiente —dijo—.
Porque quiero hacer algo más que solo besarte.
—¿De qué demonios estás hablando?
—¿Qué?
Quería decir que también quiero abrazarte.
¿Qué se te está pasando por esa cabecita?
—dijo Darren, haciéndose el inocente.
Antes de que Xiu pudiera decir nada, ambos oyeron una voz molesta.
—¿Podéis parar de ligar en público?
¡O buscad ya una habitación!
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