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Deseos imperfectos - Capítulo 248

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248: ¡El colmo de la insensatez 248: ¡El colmo de la insensatez Sentados en la misma celda, Xiu y Dylan estaban perdidos en sus propios pensamientos.

—Pueden llamar a alguien para que venga a pagar su fianza —dijo un oficial.

Xiu y Dylan se miraron.

—¿A quién deberíamos llamar?

—preguntó Xiu.

—La verdad es que quiero llamar a Dazi, pero, de alguna manera, me siento más seguro dentro de esta cárcel —respondió Dylan mientras un escalofrío le recorría la espalda al pensar en la reacción de Darren.

Aún recordaba lo furioso que se puso Darren la primera vez que él y Xiu estuvieron en la cárcel.

Esta vez…

¡Ay!

Puede que DIOS tuviera que bajar en persona para salvarlo de la ira de su mejor amigo.

—Curiosamente, comparto esa misma idea —añadió Xiu.

A ella no le asustaba Darren por el mismo motivo.

De hecho, le preocupaba más que él se sintiera decepcionado de ella.

No solo por estar en la cárcel, sino también por haber bebido tanto.

Se alborotó el pelo mientras se maldecía a sí misma por haber bebido sin pensar.

El plan original era tomar una copa o dos, lo justo para conseguir hablar con Dylan sobre Chen Xiu.

¿Quién iba a decir que no podría parar después de las dos primeras copas?

—Como quieran —dijo la oficial tras ver su reacción—.

Avísenme cuando decidan llamar a alguien.

Justo cuando la oficial iba a darse la vuelta, Xiu la detuvo por detrás.

—Oficial…

—dijo.

Leyó su placa y continuó—: Oficial Gu, ¿qué tal si nos deja marchar?

La haré reír y a cambio nos suelta, ¿de acuerdo?

—La oficial la miró entrecerrando los ojos, pero Xiu siguió.

—¿Sabe cuál es el colmo de la estupidez?

—La oficial negó con la cabeza, Xiu se giró hacia Dylan y le preguntó—: Didi, ¿cuál es tu altura?

—¿Acabas de llamarme estúpido?

—preguntó Dylan, poniéndose de pie y fulminándola con la mirada.

—Nop —dijo Xiu, negando con la cabeza—.

¡Te he llamado el colmo de la estupidez!

Dylan estaba a punto de gritarle cuando oyeron a la oficial reírse de los dos.

Xiu sonrió.

—¿Lo ve?

La he hecho reír —dijo—.

¿Podemos irnos ya?

—Nunca he estado de acuerdo con eso —respondió la oficial antes de marcharse.

—¡Qué mala!

—dijo Xiu a su espalda, y volvió a sentarse en silencio—.

Puedo llamar a Nora, pero va a montar un escándalo.

¡Dios mío!

No tengo a nadie más a quien llamar.

Con razón Nora me dice que haga amigos.

—¿Cómo sabes tanto sobre Chen Xiu?

—preguntó Dylan, sin que le importara dónde estaban.

Se volvería loco si ella no respondía.

No sabía qué respuesta esperaba, pero sin duda necesitaba una.

—Si te dijera que sé todo esto porque soy Chen Xiu, ¿serías capaz de creerme?

—respondió Xiu, ladeando la cabeza y observando su rostro pálido y ansioso.

Dylan se quedó atónito por un momento.

¿Sería capaz de creerla?

No lo sabía, pero si ella de verdad decía que era Chen Xiu, muchas cosas cobrarían sentido.

Sobre todo, los secretos de los que Xiu había hablado antes.

Pero, si todo cobraba sentido, ¿por qué dudaba en creerle?

¿Era realmente vacilación?

¿O estaba tan fascinado con la idea que creía que dejaría de respirar en cualquier momento?

—Darren dijo que me creerías —murmuró ella cuando Dylan se quedó en silencio.

—¿Por eso me preguntaste sobre la reencarnación?

—preguntó Dylan.

Xiu lo miró, parpadeó y asintió.

—Pareces una loca.

—Xiu entrecerró los ojos peligrosamente hacia él, pero este continuó—: Aunque, pensándolo bien, ya sabía que estabas loca desde el día que nos conocimos.

Xiu sabía por lo que él estaba pasando.

Cualquier persona en su sano juicio tendría dudas y preguntas sobre esta anomalía o milagro de la vida, como se prefiera llamarlo.

Para ella también fue una anomalía al principio, pero ahora era el verdadero milagro de su vida.

Si a ella le había costado tanto aceptarlo, ¿cómo podía cuestionar a los demás?

Le frotó la cabeza a Dylan y dijo: —¿Podemos pensar en cómo salir de aquí?

—Dylan también se enderezó y se puso a pensar.

—¿Debería cantarles?

¿Tal vez nos dejen ir?

—sugirió Xiu.

—No creo que eso funcione —dijo Dylan, negando con la cabeza al oír la excéntrica idea de Xiu—.

Tenemos que llamar a alguien.

Mientras él la miraba, ella levantó las manos en señal de rendición.

—Hermano, soy huérfana.

¿A quién esperas que llame?

—dijo—.

Llama a tu madre, seguro que ella viene.

—Ah, sí, vendrá, y luego estaré castigado de por vida —dijo Dylan, haciendo un gesto de cortarse el cuello con el pulgar.

—¿Eh?

¿Todavía puede castigarte?

—preguntó Xiu, sorprendida.

Zhao Wei le parecía una mujer encantadora, así que no podía asimilar las palabras de Dylan.

—Querida asistente, Zhao Wei puede hacer de todo.

Nadie, y digo bien, nadie, puede detenerla.

Mi madre es de ese tipo de personas, así que no quiero estar a su merced.

Pensemos en otra cosa.

Xiu arrugó la cara y se acercó a los barrotes.

Llamó a la oficial para captar su atención.

—¡Eh!

Oficial Gu, ¿no puedo yo pagar la fianza de Didi?

¿Y que Didi pague la mía?

¿Qué me dice?

No tendríamos que molestar a nadie a estas horas de la noche.

Todos salimos ganando.

La oficial Gu no sabía si reír o llorar.

Era la primera vez en toda su carrera que oía una sugerencia tan extraña.

—Ambos están entre rejas.

¡Así que no!

—La ley no debería ser tan inflexible; a veces hay que doblegarla un poco —dijo Xiu sin pensar, y mientras la oficial Gu la miraba fijamente, Dylan le tapó la boca con la mano y tiró de ella hacia atrás.

—Nos vas a meter en más problemas.

¡Tú quédate callada y déjame pensar!

—¿Entonces vas a llamar a tu hermana?

—preguntó Xiu, emocionada.

Dylan la miró con extrañeza.

—¿Para que vuelva a darme una paliza como la última vez?

—dijo—.

¡No, muchas gracias!

El entusiasmo de Xiu se desvaneció.

—¿Y entonces qué vamos a hacer?

—preguntó.

Dylan se devanó los sesos pensando en alguien a quien llamar y se dio cuenta de que, al igual que Xiu, él también andaba muy corto de amigos.

Vaya, tenían algo en común.

No era que la idea de que Xiu fuera Chen Xiu se le hubiera ido de la cabeza, solo intentaba evitar pensar en el asunto por el momento.

Lo más importante ahora era salir de la cárcel.

—¡Oficial, quiero hacer una llamada!

—gritó, levantándose de repente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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