Deseos imperfectos - Capítulo 297
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Capítulo 297: Amando ciegamente
Hay gente que de verdad no sabe lo que le conviene. Si la vida te trata bien, vive bien. ¿Por qué tienes que ir a buscar la muerte? Eso es exactamente lo que hizo esa mocosa malcriada antes. De verdad se busca una muerte prematura.
—Que esté hecho cuanto antes.
Xiu miraba la espalda de Dylan con una expresión complicada. Era muy raro que ella viera a Dylan de tan mal humor. No había prestado atención a las instrucciones que él había estado dando por teléfono desde que salieron del evento.
Aún no habían salido del hotel, todavía estaban en el vestíbulo y él solo estaba centrado en el teléfono, sin prestarle atención ni a ella. Que la ignoraran de esa forma no era nada agradable, pero que alguien diera la cara por ella se sentía de maravilla.
Le dio un golpecito en el hombro a Dylan, que se giró a mirarla. —¿Qué haces, Didi?
—Eso debería preguntártelo yo a ti. ¿Por qué no hiciste nada? —replicó él, haciendo que ella enarcara una ceja—. Normalmente tienes mucho que decir, ¿cómo es que te quedaste tan callada?
Xiu le sonrió. —Porque no me gusta malgastar mis palabras y mi energía en gente que ni siquiera merece mi silencio —dijo—. Si una persona es una retrasada mental, no pienso rebajarme a su nivel.
—Pero conmigo siempre discutes, por muy estúpido que parezca —se quejó Dylan.
Xiu le arregló el pelo, que él se había alborotado al pasarse los dedos una y otra vez. —Eso significa que te considero lo bastante importante como para gastar mi saliva y mis neuronas en ti —dijo ella.
Los ojos de Dylan se abrieron ligeramente, pero luego frunció el ceño. —Aunque no quisieras hacer nada, deberías haberme llamado.
Xiu se llevó una mano a la cara. —Estás exagerando. —Luego se giró hacia el enorme acuario que tenían al lado y sonrió de oreja a oreja—. ¡Mira, peces! —Dylan observó su rostro sonriente y su ceño fruncido se relajó un poco. Siguió su mirada y observó los peces que ella señalaba. De repente, ella soltó—: ¡Mmm! Qué buena pinta tiene eso.
Dylan la miró boquiabierto, sin poder creerlo. ¿Lo decía en serio? La miraba con una expresión de horror en el rostro. —¿Cómo puedes siquiera pensar en comerte unos peces tan monos?
Xiu se percató de su expresión y puso los ojos en blanco. —Porque tengo hambre, Dylan. ¿Y qué más da que sean monos? Todo sabe igual cuando acaba en mi estómago.
—Eso suena todavía más horrible —gimoteó Dylan.
Xiu negó con la cabeza. —Te comportas como un niño que acaba de enterarse de que Papá Noel no existe —dijo. Dylan hizo un puchero ante su comentario, y ella señaló un pez y añadió—: No pongas esa cara. Te pareces a ese pez.
Dylan miró al pez. —Bueno, por lo menos, soy mono.
Xiu le dio un toquecito en la cabeza. —No, tonto. ¡Eres feo! —Mientras Dylan la miraba con el ceño fruncido, ella añadió—: ¡Dylan, gracias!
Dylan la miró a la cara. Sabía que se refería a lo que acababa de hacer y le devolvió la sonrisa. —Bueno, si dejara que cualquiera acosara a mi cuñada, ¿no me criticarían por ser el peor de los hermanos? —dijo—. ¿Cómo voy a permitir que eso ocurra?
Los ojos de Xiu se abrieron ligeramente ante sus palabras. —Tú…
—Ya no soy feo, ¿a que no? —se inclinó hacia ella, como si buscara que lo elogiaran.
Xiu negó con la cabeza ante su reacción. —Bueno, ahora te ves un poco mejor.
—¿Solo un poco?
—¿Quieres que te diga que eres mono?
Dylan asintió con la cabeza.
—Estoy muerta de hambre. No se me ocurren palabras bonitas con el estómago vacío. —Dylan la miró con extrañeza y, al percatarse de su mirada, ella añadió—: No olvides que le prometiste a mi tío Jing que cuidarías de mí.
Ante aquel repentino recordatorio, Dylan tragó saliva de forma audible. ¿Cómo podría olvidarlo? Cuando fue a recoger a Xiu de la casa de la familia Jing, se había encontrado con Jing Ge. No era la primera vez que conocía a alguien intimidante, pero, de algún modo, el aura de Jing Ge le había asustado de verdad, sobre todo cuando le advirtió que cuidara de Xiu.
—Xiu, tu tío Jing es muy protector contigo —dijo Dylan, y se le puso la piel de gallina al recordar su mirada de advertencia.
—Lo sé —respondió Xiu con alegría.
—Soy tu jefe y fue así de estricto incluso conmigo. No quiero ni imaginarme lo que le haría a Dazi. —En ese momento sintió verdadera lástima por su mejor amigo.
—El tío Jing no le hará nada —replicó Xiu con seguridad.
—¿Cómo estás tan segura? —preguntó Dylan—. Me miró como si se la estuviera robando.
Xiu se rio de él. —Sabe que quiero a Regan, así que no será demasiado duro con él. En cuanto a ti… —lo miró y respondió—, estaba enfadado porque se suponía que yo iba a pasar el domingo con él. Así que, en realidad, me apartaste de su lado sin avisar. Por eso no estaba de buen humor.
—Ah… —Dylan por fin comprendió que había cavado su propia tumba. Menos mal que no tenía que impresionar a Jing Ge; de lo contrario, ya se imaginaba su propia perdición.
Dylan salió de su ensimismamiento al sentir un tirón en la oreja. Miró a Xiu, que le estaba estirando la oreja sin piedad. —¿Qué haces?
—Me mentiste —dijo Xiu, como si eso bastara para refrescarle la memoria a Dylan. Y, en efecto, bastó, pues Dylan supo casi al instante de qué estaba hablando.
—Lo siento —se disculpó él casi al instante, sin dudarlo—. Pero la culpa es tuya por caer en mi trampa.
Xiu se frotó la frente. —Sí, es culpa mía —dijo—. Pero sabías de sobra que iba a picar.
Dylan se frotó la oreja dolorida y replicó: —Por supuesto que lo sabía. Tu racionalidad e inteligencia se esfuman cuando se trata de Darren. Parece que te olvidas de todo en cuanto se menciona el nombre de mi mejor amigo.
Xiu hizo un puchero con tristeza y asintió. —No puedo evitarlo.
Dylan la miró. —Aunque parezca algo bueno, también puede convertirse en algo malo. Amar a alguien tan ciegamente tampoco es saludable.
—¿Qué has dicho? —Xiu entrecerró los ojos, mirándolo fijamente.
Dylan negó con la cabeza y agitó las manos. —Nada. Que vámonos, decía. Te llevaré a comer algo.
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