Deseos imperfectos - Capítulo 3
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3: Como un pedazo de papel 3: Como un pedazo de papel Uno pensaría que, al no tener recuerdos de la dueña original, a Xiu se le había dado una página en blanco para llenarla con su propia historia.
Pero solo ella sabía lo difícil que era fingir ser alguien de quien no tienes ni idea.
Como actriz profesional, sabía cómo sumergirse en un papel, pero aquí estaba perdida.
No había guion ni ninguna impresión de la verdadera Bai Xiu.
Estaba perdida.
Vivía con la carga de no saber qué vida había arrebatado y por qué.
Todo lo que sabía era que quería hacerle justicia al alma difunta.
Incluso en estos cinco años, no pudo encontrar ni un fragmento de recuerdo que perteneciera a la verdadera Bai Xiu.
Tras un viaje en autobús de una hora, finalmente llegó al rascacielos del Grupo Internacional Spark.
El alto edificio de cristal era intimidante a su manera.
Pero no era algo que pudiera amedrentar a Xiu, la chica que había pasado por la muerte y que, aun así, había sobrevivido milagrosamente a través del renacimiento.
Se rio por lo bajo ante la palabra «renacimiento».
Le parecía una tontería incluso a ella misma, a pesar de haberlo experimentado de primera mano.
Según ella, este fenómeno sobrenatural solo encajaba en las historias de ficción y, ahora, su propia vida se había convertido en una de ellas.
Pero antes de entrar en el edificio, se desvió para entrar en la cafetería.
Se puso en la larga cola, esperando su turno.
La televisión estaba encendida de fondo y podía oír vagamente las noticias del momento.
«Las nominaciones para los Premios Fénix Dorado ya se han publicado.
Se informa de que las líneas de votación estarán abiertas hasta el…».
Xiu desconectó de las voces a su alrededor.
Hubo un tiempo en el que fue la ganadora del Premio a la Mejor Actriz en esos Premios Fénix Dorado durante cuatro años consecutivos.
Ciertamente, sus logros daban mucha envidia.
Sin embargo, aquello no era más que un cuento de hadas.
La Xiu de hoy no se parecía en nada a aquella Diosa que la gente admiró o despreció al final.
No quería volver a ser tan ingenua.
Quizá por eso Xiu nunca intentó mirar atrás ni averiguar qué pasaba en la Capital.
Tras su renacimiento, había dejado atrás por completo el pasado que pertenecía a Chen Xiu.
Estaba bien siendo una chica corriente en la Ciudad An.
Aquí había paz y nadie volvía a señalarla con el dedo.
Es fácil señalar, pero esa gente nunca podría entender lo que Xiu tuvo que soportar.
La gente decía que Chen Xiu se suicidó.
Ella diría: «Vosotros me matasteis.
¿Cómo iba una cobarde como yo a atreverse a saltar?
Fueron vuestras acusaciones las que me empujaron por ese balcón».
Pero, por desgracia, no podía cambiar el pasado.
Y ya tampoco quería.
Este no era su cuerpo y no tenía derecho a resolver sus rencores personales cuando ni siquiera podía resolver los que el alma original dejó atrás.
—¿Señorita?
—Los pensamientos de Xiu se vieron interrumpidos cuando la cajera la llamó para pedirle su orden.
—Un café solo para llevar —pidió, y pagó con el móvil antes de salir de la cafetería y entrar en el ajetreado vestíbulo de la empresa.
Entró en el ascensor y se quedó al fondo mientras los demás entraban.
—Hoy te llegan los nuevos becarios —dijo la persona que estaba a su lado.
Xiu no respondió, dejando que el entusiasta hombre a su lado continuara—.
Se siente la tensión en el ascensor.
¡Es todo culpa tuya!
—¿Y yo qué he hecho?
—inquirió ella, arqueando una ceja.
—Esa chica tan animada que parece muy emocionada es en realidad Bo Jiu, y ese chico tímido y vergonzoso a su lado es Shen Li.
Ambos están en tu equipo —susurró su amable pero parlanchín colega, señalando la espalda de dos personas que estaban en la parte delantera del ascensor.
—¿Cómo sabes eso?
—Xiu sabía que era un cotilla, pero ¿por qué estaba él más familiarizado con su equipo que ella misma?
—La prima de Bo Jiu trabaja en el Departamento de Diseño y se preocupó mucho cuando se enteró de que tú serías la supervisora de los nuevos becarios.
Xiu frunció el ceño ligeramente y, al ver su reacción, él continuó: —No solo tienes reputación en nuestro departamento.
Por algo te llaman Sin Corazón en el Departamento de Planificación.
—Se encogió de hombros y prosiguió—.
Además, señorita Bai Xiu, solo tiene veintitrés años y aun así ha conseguido dos ascensos en los últimos tres años.
—¿Y qué?
¿Es culpa mía por esforzarme al máximo?
—A ella en realidad no le importaba lo que los demás pensaran.
Pero le molestaba mucho que la gente sacara el tema de sus ascensos como si hubiera utilizado medios turbios para llegar hasta ahí, a pesar de que su duro trabajo estaba a la vista de todos.
—Claro que no.
Tu excelente rendimiento está a la vista de todos.
Además, creo que no hay nadie en la empresa que no sepa que eres esa chica que sacó la nota más alta en el examen de acceso a la universidad de su promoción y que también consiguió la licenciatura en solo dos años.
Xiu se sintió ciertamente satisfecha al oír todo aquello, pero no lo demostró en su rostro en absoluto.
«Vaya, no sabía que volvía a ser famosa.
Parece que no he nacido para pasar desapercibida».
—Pero creo que esta vez deberías ser amable con los becarios —dijo su colega, Lu Jin, con cierta compasión en el rostro—.
Sé que te encanta agotar a los becarios, pero, por favor, sé más blanda.
Creo que todos ellos ya deben de haber recibido el aviso de que no se metan contigo o los aplastarás como a un trozo de papel.
Mientras, Xiu pensaba: «¿Cuándo he aplastado yo a alguien como a un trozo de papel?
¡No soy una trituradora!».
Con una caja de cartón en la mano, Xiu entró en la sala de reuniones donde se les había pedido a los becarios que se reunieran para la sesión informativa.
Sin decir ni una palabra, sacó las tarjetas de visita y las puso sobre la mesa para repartirlas.
—Saltémonos las presentaciones, ya que debéis de haber oído hablar mucho de mí.
—Sus ojos se detuvieron en Bo Jiu mientras decía esas palabras, haciendo que la pobre chica se encogiera en su asiento—.
Soy Bai Xiu.
Y eso es todo lo que necesitáis saber de mí.
En cuanto a nuestras reglas, las diré una vez.
No me hagáis repetirlas.
—Paseó por la sala de reuniones, pasando por detrás de todos y cada uno de ellos como una inminente sentencia de muerte.
—Primera regla: odio la impuntualidad.
Que no os pille faltando al trabajo.
—Tras una breve pausa, continuó—: Segunda regla: odio las excusas.
A menos que os estéis muriendo, que no os oiga decir que queréis un día libre.
—Dejó caer una gruesa carpeta sobre la mesa, haciéndolos estremecerse por el fuerte ruido, mientras proseguía—: Y la regla más importante: meteos en vuestros asuntos.
El Departamento de Planificación odia los cotilleos por encima de todo.
Ni se os ocurra poner a prueba mi paciencia.
Estaba a punto de darse la vuelta para marcharse cuando se detuvo para decir: —Ah, y dejad que os ilumine.
Puede que no estruje a los becarios como a un trozo de papel, como habéis oído, pero me encanta hacerles la vida imposible.
—Su voz se había vuelto severa al final, provocando que a todos les diera un vuelco el corazón, especialmente a Bo Jiu, que maldecía su suerte.
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