Deseos imperfectos - Capítulo 304
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Capítulo 304: Usando sus encantos
Darren no dejaba de mirar el rostro de su amiga, a la que de verdad apreciaba. Si le pidieran que señalara alguna diferencia entre sus sentimientos por Dylan y Cali, no sería capaz. Porque, en realidad, ambos eran igual de importantes para él y ambos eran como sus… ¿hermanos?
Sí, era raro para él llamar a Cali «hermano», pero si uno la conociera en persona, no podría estar en desacuerdo con él. Era una marimacho orgullosa de los pies a la cabeza. De hecho, fue la primera persona que le hizo darse cuenta de que el género era solo una palabra.
Pero este amor no correspondido…
¿Por qué estaba rodeado de tanta gente que sufría del asuntillo ese del amor no correspondido? Bueno, hacía unos meses, incluso él estaba en la lista. Pero, por suerte, consiguió cambiar su estatus. Se preguntaba cuándo el resto de ellos serían lo bastante valientes como para arriesgarse en la vida.
O mejor, encontrar a alguien como él que estuviera dispuesto a arriesgarse por ellos, tal como lo hizo su Xiu.
Sacudió la cabeza y exhaló bruscamente, angustiado. —A veces de verdad que no te entiendo. ¿Por qué te da tanto miedo siquiera revelar tus sentimientos?
Cali apoyó el codo en la barra y sostuvo la barbilla en la palma de la mano mientras inclinaba la cabeza para mirarlo. Lo primero que le llamó la atención a Darren fue el precioso tatuaje de unos pajaritos que tenía en el antebrazo. Era sencillo, pero estaba hecho con tanta elegancia que captaba la atención casi al instante.
—Tienes razón, tengo miedo cuando se trata de él —admitió sin dudar, lo que hizo que Darren enarcara las cejas con sorpresa—. Tu mejor amigo es como… —buscó la palabra adecuada antes de continuar—. Ehm… diría que es como un niño pequeño e inocente. —Asintió, como si hubiera encontrado la palabra correcta—. No sé cómo lo hizo, pero de verdad consiguió proteger su alma del libertinaje de este mundo impuro. Es una pena que no pudiera proteger su corazón de romperse, pero aun así no perdió su esencia.
Una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de Darren mientras la escuchaba. No tenía nada que objetar. Todo lo que ella decía era verdad. Así de simple era definir a Dylan. Eso era lo que lo hacía tan especial.
Cali frunció un poco el ceño, sumida en sus pensamientos, mientras continuaba: —No soy como él. Mis padres se divorciaron cuando yo era pequeña. A diferencia de él, crecí en una familia desestructurada. Siento que se merece a alguien mejor… ¡AY!
No pudo terminar porque Darren le había dado un coscorrón. —Esas tonterías no le pegan nada a tu personalidad segura de ti misma. ¡Así que para o te doy una patada!
—¿Darme una patada? —enarcó ella una ceja, divertida—. ¿Ahora vas a pegarle a una dama?
—¡Pfff! —se rio Darren en su cara sin reparos—. ¿Dama? ¡Pórtate primero como tal! —Ella le bufó antes de darle un puñetazo en el hombro, y no con mucha delicadeza. Él se rio de su reacción mientras añadía—: ¿Ves? Ni siquiera ahora eres delicada.
Mientras ella echaba humo por su comentario, que no pudo rebatir, él fue a por su teléfono al dormitorio y lo encendió. —¿Qué haces? —preguntó ella al verlo ocupado con el móvil.
—Te estoy ayudando —respondió con un guiño y esperó a que se estableciera la llamada mientras ponía el teléfono en altavoz.
Cali fruncía el ceño ante su respuesta cuando oyó la voz de la otra persona, que la tomó por sorpresa: —¿¡Hola, compi!? ¿Por fin has vuelto del mundo de los sueños?
La voz excesivamente emocionada de Dylan sorprendió incluso a Darren. ¿Qué lo tenía tan emocionado?
—Mmm…, me acabo de despertar con un fuerte dolor de cabeza, así que me he preparado un café —respondió Darren.
Oyó un suspiro de su mejor amigo, que a continuación dijo: —Amargo. ¡Qué asco! —Darren solo pudo poner los ojos en blanco ante el comentario de Dylan, y lo mismo hizo la persona que escuchaba a su lado. Porque ambos sabían lo mucho que Dylan detestaba las cosas amargas. Su inocencia no era lo único que tenía de infantil; su paladar también lo era.
—¡Madura, Didi!
—Me niego a madurar si eso significa que me tengan que gustar las cosas amargas y la gente amargada. Al fin y al cabo, no puedo con ninguna de las dos cosas —dio Dylan su firme respuesta sin siquiera pensarlo—. ¡AY!
—¿Qué pasa? —preguntó Darren al oír la voz de Dylan. Miró a Cali, que observaba el teléfono con ansiedad, y también puso los ojos en blanco ante su reacción.
—Nada… Estaba cortando chiles verdes hace un rato y no me he lavado las manos después. Ahora, acabo de usar la misma mano para frotarme los ojos… Sss… ¡Oh, cómo me arde!
Darren se llevó la mano a la cara por tener un amigo tan idiota, mientras Cali suspiraba aliviada a su lado. Luego sonrió al pensar en su reacción, ya que era algo muy propio de Dylan.
—¡Idiota! —comentó Darren, sintiéndose realmente angustiado por su mejor amigo. Luego frunció ligeramente el ceño—. ¡Espera! ¿Qué haces en la cocina? ¿Quién está tan harto de la vida como para meterte a ti en la cocina?
Dylan guardó silencio un minuto antes de soltar una carcajada, dirigiéndose a su mejor amigo: —Sobre eso, querido amigo…
—Didi, ¿qué estás haciendo? —Darren se levantó de repente al oír esa voz tan familiar del lado de Dylan.
—Cortando las zanahorias en dados, como me pediste —respondió Dylan con cara de orgullo mientras a Xiu le temblaba la cara sin control—. ¿Qué? ¿Por qué me miras así?
Xiu respiró hondo y respondió, pensativa: —Me pregunto si pegarte primero o reírme de ti primero.
—¿Qué tal si te ríes primero? —replicó Dylan, dando un paso atrás. ¡Así podría huir de ella! Sin embargo, su plan se fue al traste por completo cuando Xiu optó por pegarle primero en la cabeza—. ¡Ay! ¿Por qué me has pegado?
Xiu se rio de él y replicó: —¡Porque eres la persona más tonta que he conocido en mi vida!
—¿Y ahora qué he hecho? —refunfuñó Dylan, descontento. Estaba haciendo todo lo que ella le pedía obedientemente.
Xiu señaló las zanahorias que había cortado y dijo: —Te dije que las cortaras en trozos iguales.
—Sí, lo sé. Es lo que estoy haciendo —dijo Dylan.
—Didi, ¿qué idiota usa una maldita regla para medir antes de cortar las zanahorias?
Darren y Cali, que habían estado escuchando en silencio, rompieron a reír al oír las palabras de Xiu. A Darren no le costó nada imaginarse a Dylan usando una regla para cortar las zanahorias en trozos iguales.
—Te habrías enfadado conmigo si no las cortara en trozos iguales —intentaba ahora Dylan dar lástima. De verdad que no entendía qué había hecho tan mal esta vez. Recordaba vagamente haber visto a alguien usar una regla para cortar zanahorias en trozos iguales. Quizá fue en una serie, pero no le prestó atención en su momento.
Al ver que Xiu se frotaba la frente, Dylan sintió que no tardaría en meterse en un lío, así que usó la táctica que había aprendido ese mismo día: —Cuñada, lo he hecho todo para impresionarte.
A Darren se le fue el aire y tosió al oír las palabras y el tono de voz de Dylan. ¿Por qué su mejor amigo se comportaba como un niño mimado con su novia? ¿Por qué usaba esos encantos con su novia?
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