Deseos imperfectos - Capítulo 35
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
35: Sentido del humor 35: Sentido del humor Darren acababa de salir del gimnasio del hotel con la atención puesta únicamente en la pantalla de su móvil.
Tenía el ceño fruncido por la concentración mientras leía el contenido del correo electrónico.
Su atención se rompió en el momento en que escuchó el fuerte sonido de un chapoteo.
Instintivamente, levantó la vista y miró a su alrededor.
Para su sorpresa, se encontró con la furiosa figura de Xiu soltando una sarta de groserías.
Las palabrotas no encajaban para nada con su cara de aspecto inocente.
Y, sin embargo, no parecía una arpía cuando se abalanzó sobre aquel hombre.
—¡Ay!
—Darren incluso cerró los ojos al verla patear las «partes bajas» del hombre—.
Eso debió de doler como el infierno —masculló mientras negaba con la cabeza.
Pero lo que realmente divirtió a Darren fue la escena que se desarrolló después.
La forma en que abrazó y suplicó a Nora le hizo sonreír por instinto.
Esa amistad le llegó al corazón.
Por sus encuentros anteriores ya había deducido que Xiu tenía una lengua afilada que no tenía piedad cuando se desataba.
Pero también era una persona honesta que sabía dónde poner el límite.
—¡Señor Salvay!
—La mirada de Darren se apartó de Xiu y Nora cuando alguien lo llamó.
Se giró y vio a una empleada del hotel que se dirigía hacia él—.
Estaba a punto de ir a su habitación.
—¿Para qué?
—preguntó Darren confundido.
Ella le tendió una carpeta negra diciendo: —Alguien le ha dejado esto en recepción.
Darren tomó la carpeta negra de su mano y dijo: —¡Gracias!
La empleada sonrió y respondió: —Es mi trabajo.
Además, nuestro Gerente quería saber si debemos extender su periodo de estancia como de costumbre.
Darren miró hacia donde estaba Xiu, pero ya no la encontró.
Se sintió un poco decepcionado, pero se recompuso mientras decía: —Ya le avisaré.
—La empleada asintió y se dio la vuelta para marcharse.
Con la atención puesta en la carpeta negra, regresó a su Suite Presidencial, donde encontró a su mejor amigo paseando de un lado a otro frenéticamente.
Sin prestarle atención a Dylan, Darren abrió la carpeta y revisó su contenido.
—¡Daz!
¿Dónde estabas?
¡He estado esperando muchísimo tiempo!
—se quejó Dylan al ver que Darren ni siquiera levantaba la cabeza para dedicarle una mirada.
La única atención de Darren estaba en la información que tenía ante él sobre la mesa de centro.
—Estaba en el gimnasio —respondió Darren con indiferencia para quitarse a Dylan de encima.
Dylan se sentó junto a Darren en el sofá y dijo: —Hermano, ¿sabes lo que ha pasado?
—Me pregunto…
—empezó Darren mientras ojeaba la información con parsimonia—.
¿Te has dado cuenta por fin de que eres una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre?
—¡Darren!
—le gritó Dylan por un comentario tan inapropiado.
—No te avergüences.
Siempre tuve una corazonada.
No te preocupes, te seguiré queriendo tanto como ahora —respondió Darren solo para cabrear aún más a su mejor amigo.
—¡Daz!
¡No me pongas de los nervios!
—masculló Dylan con los dientes apretados.
Estaba tan enfurecido por las palabras de Darren.
¿Tenía que insultar así a su único mejor amigo?
—Vale, ya paro.
Dime, ¿qué ha pasado?
—Darren dejó el contrato de nuevo sobre la mesa mientras
—¡Ya no te lo cuento!
—resopló Dylan enfadado.
—Como quieras —dijo Darren en un tono monótono.
Dylan se le quedó mirando boquiabierto por no volver a preguntar.
«¿No tenía ni una pizca de curiosidad?
¿O quizás estaba seguro de que no sería capaz de contenerme?
¡Pues ya verá!
¡Claro que puedo guardármelo para mí!».
Obviamente, era mentira.
¿Dylan Qiu siendo capaz de ocultarle algo a su mejor amigo?
Era algo inaudito.
Y sí, Darren también era muy consciente de este hecho.
Conteniendo sus ganas de irse de la lengua, Dylan miró lo que Darren estaba ojeando y frunció el ceño.
—¿Por fin estás buscando un sitio donde quedarte?
—Sonaba sorprendido—.
Pensaba que al final ibas a convertir esta Suite Presidencial en tu hogar.
Darren pudo sentir su sarcasmo, pero no tenía ganas de discutir.
—Después de un año entero, la verdad es que estoy harto de los hoteles —dio una respuesta vaga—.
Estos son algunos sitios que mi asistente ha seleccionado para mí.
—Girándose hacia Dylan, añadió—: Vamos a elegir un sitio este fin de semana.
—¿Por qué estás mirando todas estas opciones?
—refunfuñó Dylan—.
Sabes que siempre eres bienvenido a venir a quedarte conmigo.
—Tengo miedo —respondió Darren, haciendo que Dylan frunciera el ceño.
—¿Por qué?
—Ahora que sabes que eres una mujer en cuerpo de hombre, me da miedo que te me abalances encima.
Dylan por fin se hartó y de verdad se abalanzó sobre él para golpearlo.
Y así fue como los mejores amigos acabaron teniendo una pelea de la WWE en el sofá del salón.
Darren se reía todo el tiempo mientras Dylan intentaba mantener la compostura.
Era una pelea amistosa.
Al fin y al cabo, ninguno de los dos soportaría de verdad hacerle daño al otro.
—Oh, vamos, sabes que no puedes resistirte a mis encantos —añadió Darren, echando más leña al fuego.
—Tus bromas están perdiendo su encanto, igual que tú —resopló Dylan como un niño, molesto—.
Pero en serio, ¿no puedes quedarte conmigo?
O siempre puedes ir a tu villa en los Jardines de Rosa.
El rostro de Darren se tensó cuando Dylan mencionó ese lugar.
—¿No te cansaste de tenerme como compañero de cuarto durante toda la universidad?
—La voz de Darren era tranquila, pero Dylan sintió que algo andaba mal otra vez—.
En cuanto a los Jardines de Rosa…
Sabes que construí esa villa por una razón.
Cuando esa razón ya no existe, me aterra siquiera volver a entrar en ese lugar.
Dylan frunció los labios y no dijo nada más sobre el tema.
Sabía que heriría aún más a Darren si seguía insistiendo.
Quizás, buscar un nuevo lugar era la mejor opción.
—Te ayudaré a buscar un sitio —dijo Dylan mientras cogía los detalles de diferentes propiedades—.
¿No vas a comprar una casa?
—cuestionó al ver que todas las propiedades eran o un ático, un apartamento o un piso de soltero.
—Voy a vivir solo.
¿Para qué molestarse en comprar una casa enorme donde solo residiré yo?
—respondió Darren con naturalidad.
—Tienes razón.
Pero siempre puedes tener fantasmas como inquilinos.
He oído que a los fantasmas les encanta residir en casas enormes —dijo Dylan de forma espeluznante—.
Y eres un imán para los problemas.
Estoy seguro de que los fantasmas también caerán rendidos a tus encantos.
—Q.
E.
P.
D.
—respondió Darren mientras Dylan fruncía el ceño, confundido.
—¿Quién debe descansar en paz?
¿Los fantasmas?
—No.
¡Tu sentido del humor!
—Darren le dio un papirotazo en la frente, haciendo que se estremeciera de dolor.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com