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Deseos imperfectos - Capítulo 40

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40: En su peor momento 40: En su peor momento Debido a su poca habilidad para conducir, Xiu se mantuvo muy alerta, cautelosa y atenta durante todo el trayecto hasta el complejo de apartamentos.

Cuando metió el coche en el aparcamiento subterráneo, por fin suspiró aliviada por haber llegado sin ningún percance.

Pero, por lo visto, había bajado la guardia demasiado pronto porque…

Justo cuando iba a aparcar el coche, un gato saltó en medio de su camino.

Xiu se sobresaltó, o más bien se asustó, y dio un volantazo.

Con un estruendo, su coche chocó contra algo.

Su cuerpo se sacudió hacia delante, pero gracias al cinturón de seguridad, consiguió salir ilesa.

Pero con la cabeza apoyada en el volante, le entraron ganas de llorar.

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué le pasaba esto a ella todo el tiempo?

Era como si la buena suerte fuera su némesis, pues siempre acababa en situaciones así.

Dándose una palmada en la boca, Xiu dijo: —¡Maldita sea!

¿Por qué cantaste victoria tan pronto?

¡¿Qué lengua más gafe tienes?!

Tras desabrocharse el cinturón de seguridad, Xiu se bajó del coche y evaluó los daños.

Abrió los ojos como platos al ver que se había estampado contra un deportivo blanco que parecía carísimo.

No entendía mucho de coches ni de otros vehículos, pero hasta un idiota se daría cuenta de que ese coche era realmente caro.

—¡Joder!

¡Estoy jodida!

—maldijo Xiu en voz alta mientras se cubría la cara con las manos, lamentándose de la situación.

Al ver el faro roto y los demás daños del deportivo, Xiu se desesperó.

Y mientras fruncía el ceño por la tensión, oyó un gemido ahogado.

Xiu miró inmediatamente a su alrededor, pero no encontró a nadie; al menos, no hasta que se dio cuenta de que había alguien dentro del coche.

Xiu miró con más atención y vio una figura con la cabeza gacha en el asiento del copiloto.

Este descubrimiento la dejó helada en el sitio.

Ese mismo día,
Horas antes, al anochecer…

—¿Estás seguro de que estarás bien en este sitio?

—le preguntaba Dylan a Darren mientras echaba un vistazo al apartamento de tamaño moderado.

Era suficiente para que viviera una persona, pero Dylan seguía mostrándose escéptico, teniendo en cuenta el estatus de Darren…

Aquel lugar le parecía cutre.

Sin embargo, la forma de pensar de su mejor amigo no coincidía con la suya.

—Es perfecto.

De todos los sitios, este es el que más me gusta —respondió Darren con expresión de satisfacción.

—Daz, sé que no te gustan las casas grandes, pero esta zona residencial no es apropiada para ti —como Darren frunció el ceño ante sus palabras, Dylan continuó—: Es decir, sí, en esta zona solo vive gente adinerada, pero aun así…

no son de nuestro círculo social.

—Dylan intentaba de verdad recalcar ese hecho.

Al fin y al cabo, incluso entre los ricos había diferentes círculos.

El dinero tiende a cambiar el nivel de vida de una persona, pero no tanto su estatus social.

—¿Círculo social?

—Darren enarcó una ceja y Dylan asintió enérgicamente—.

Pero mi círculo social solo lo compones tú.

Y tú no tienes ningún problema con que viva aquí.

Admite que solo te preocupa mi seguridad.

Dylan suspiró.

—¿Por qué no estás preocupado?

Este lugar podría ser muy peligroso.

Darren le dio un puñetazo en el brazo a Dylan y dijo: —La razón principal de esta elección es que es el lugar donde la gente menos esperaría encontrarme.

No es peligroso, sino más bien muy seguro.

Al final, Dylan tuvo que ceder, ya que la otra persona era Darren, quien nunca había perdido una negociación en su vida.

Y como el apartamento ya estaba elegido, Darren había pedido a su gente que empezara a trabajar en su nuevo hogar.

Darren acababa de entrar y sentarse en el deportivo de Dylan cuando sonó su teléfono.

Su atención se desvió hacia el número que parpadeaba en la pantalla.

Fue entonces cuando sintió una fuerte sacudida.

Su cuerpo se sacudió hacia delante y su cabeza golpeó el salpicadero.

De repente, todo su cuerpo tembló y su visión se volvió borrosa.

Se sujetó la cabeza con la mano.

De pronto, la visión que tenía ante él cambió.

Sintió como si alguien lo hubiera transportado atrás en el tiempo mientras contemplaba la horrible escena que tenía delante.

Llamas…

El coche ardía en llamas.

Con una explosión fuerte y ensordecedora, vio los trozos del coche volar por todas partes.

Sintió el calor en la cara, en las manos, en cada poro de su cuerpo.

Oyó a alguien gritar y a alguien clamar su nombre entre lamentos.

Sintió que el corazón se le oprimía y su respiración se volvió más agitada.

Pero entonces fue como si alguien lo sacara de aquella escena miserable.

Efectivamente, vio una mano que le tocaba el hombro.

Gotas de sudor del tamaño de granos de soja caían por su apuesto rostro, contraído por el dolor.

No había dolor físico, solo el remanente de aquel recuerdo que detestaba.

Con gran esfuerzo, giró la cabeza y vio una mano que se asemejaba al jade blanco en su forma más pura.

Lentamente, subió la mirada y se encontró con los ojos de color miel más cálidos que había conocido en su vida.

En aquellos ojos, vio ansiedad, culpa, preocupación y miedo.

Pero esa mirada le resultó tan familiar que se olvidó de respirar.

Xiu le preguntaba con ansiedad si estaba bien, pero la mente de Darren no podía procesar lo que decía.

Veía moverse sus labios sonrosados, pero no podía oír su voz.

En ese momento, la voz de Dylan resonó en su mente…

«¿Cuándo empezaste a interesarte por desconocidas?», le había preguntado Dylan el día que conoció a Xiu en el restaurante de Mala Hotpot.

La respuesta de Darren en aquel entonces fue: «Me recordó a alguien.

El desprecio y el desdén por sí misma en sus ojos eran aterradores y, sin embargo, familiares.

La vi derrumbarse justo delante de mí y me recordó que yo no pude detener algo así hace años.

Esa desconocida tenía tantas similitudes con la persona de mi recuerdo que, por un segundo, olvidé de verdad quién era».

Tras una pausa, añadió: «Parecía una mujer muy fuerte, pero intentaba menospreciarse con sus propias palabras autocríticas.

No pude evitar hablar con ella».

Al ver que se estaba quedando ausente, Xiu lo sujetó por los hombros y lo sacudió con violencia mientras gritaba: —¿Estás bien?

¡Di algo!

¡No me asustes así!

La fuerte voz de Xiu consiguió romper el hilo de los pensamientos de Darren, que hizo una mueca de dolor mientras intentaba taparse el oído.

—¿Intentas dejarme sordo?

Baja un poco el tono.

Al oír su voz, Xiu dejó de sacudirlo y se apoyó en el lateral del coche para inspirar y espirar profundamente.

Darren observó su pálida tez mientras se bajaba del coche.

Con un pañuelo de papel, se secó el sudor de la cara.

—¿Estabas preocupada por mí?

—al ver su estado de preocupación, Darren se olvidó por completo de su anterior estado de shock.

El temblor de su cuerpo había desaparecido e incluso fue reemplazado por un impulso de molestar a esta chica que se alteraba con facilidad.

Xiu apretó los puños y le golpeó el hombro con rabia.

—¡Tú!

¡Idiota!

¡Imbécil!

¡Maldito psicópata!

Casi me das un infarto con esa cara.

Pensé que había matado a alguien.

—Xiu estaba realmente alterada por su culpa.

Cuando descubrió que había alguien dentro del coche, se sobresaltó, pero al ver que a Darren se le ponían los ojos en blanco, se horrorizó.

Pensó que iba a morir de un ataque de pánico o de shock.

Al pensar en cómo casi había conseguido enviarla a ella al hospital, se olvidó por completo de que era ella quien había chocado contra su coche.

El único defecto de Darren era que siempre estaba ahí cuando Xiu se encontraba en su peor momento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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