Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Deseos imperfectos - Capítulo 48

  1. Inicio
  2. Deseos imperfectos
  3. Capítulo 48 - 48 Miedica
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

48: Miedica 48: Miedica Darren cerró la puerta a sus espaldas y se puso unas pantuflas.

Estaba a punto de girarse cuando sus ojos se encontraron con la pálida cara de su mejor amigo.

Al verlo humedecerse los labios secos con la mirada alerta, Darren dedujo que Dylan había oído su conversación con Xiu.

Al menos, la mitad que trataba sobre la historia de fantasmas de Xiu.

Porque solo eso podía explicar por qué Dylan parecía tenso.

A Dylan se le podría definir como una persona supersticiosa.

Y su creencia en los fantasmas iba mucho más allá de lo imaginable.

Darren recordaba un suceso muy reciente en el que se suponía que Dylan debía viajar a Italia, pero se dio la vuelta a mitad de camino del aeropuerto.

La razón que dio fue: «Una ardilla negra se ha cruzado en mi camino».

—¿Y qué?

—había preguntado Darren.

—¿Y qué?

Hay muchas posibilidades de que tenga mala suerte.

No voy —anunció Dylan como un niño malhumorado.

—¿La ardilla era mona?

—preguntó Darren, y Dylan asintió—.

Entonces hay una posibilidad aún mayor de que tengas una racha de suerte adorable.

Sin embargo, Dylan se mantuvo firme en su superstición y canceló el viaje por completo.

En fin, volviendo al presente, Dylan seguía absorto, con la palabra «fantasma» resonando en su mente…

Darren se acercó a él, le puso una mano en el hombro y Dylan se sobresaltó.

Estuvo a punto de gritar, pero Darren le tapó la boca con la mano.

—Ponle freno a tu imaginación.

Solo soy yo —Darren parecía tranquilo, radiante y un poco jubiloso.

Dylan, en cambio, parecía deprimido, inseguro y, sobre todo, indefenso.

—Daz, gracias a Dios que solo eres tú —se llevó una mano al corazón y respiró hondo.

Darren se adentró en el apartamento en dirección a la cocina mientras decía: —Claro que solo soy yo.

¿A quién esperabas?

¿A un fantasma?

Dylan intentó ocultar su miedo al decir: —Daz, no hables de fantasmas.

Sabes que no me gusta oír hablar de ellos.

Darren sacó una botella de agua de la nevera y la destapó para dar un sorbo de agua fría.

—Yo tampoco quiero hablar de ello.

Además, los fantasmas no existen.

Llevo años diciéndotelo.

Sin embargo, Dylan no estaba muy convencido por las palabras de Darren.

Su miedo a los fantasmas no era para nada descabellado.

Era real, debido a una broma que le gastaron sus compañeros del colegio en su infancia.

Lo retaron a entrar en la casa supuestamente encantada del pueblo y, cuando lo hizo, lo encerraron dentro.

Después de ese incidente, Dylan desarrolló fobia a los fantasmas y, según él, eran tan reales como los humanos.

Los ojos de Dylan recorrieron el apartamento de Darren con cautela mientras decía: —Creo que…

debería irme.

—Pero si acabas de llegar.

No seas un gallina —dijo Darren para que no se fuera—.

Ya he reservado una película para nosotros.

Además, la pizza también está de camino.

Esta noche nos lo pasaremos bien.

—¿En serio?

—Dylan se dio la vuelta—.

¿De qué género es la película?

—De terror —la respuesta de Darren hizo que Dylan perdiera todo el color de la cara mientras fulminaba con la mirada a su mejor amigo.

—¿Sabes qué?

Me largo —decidió Dylan de verdad y dio media vuelta para irse, pero Darren lo sujetó mientras se reía.

—La señorita Li tiene razón.

Eres un crío grande —Dylan frunció el ceño ante sus palabras—.

Tienes veintisiete años y todavía crees en estas ridiculeces.

—Los fantasmas son reales —insistió Dylan de nuevo.

—Claro —resopló Darren, y añadió—: Ahora me dirás que los hombres lobo y los vampiros también son reales.

Dylan lo miró con recelo y dijo: —Podrían serlo.

Si las brujas existen, ellos también podrían existir.

—¿Que las brujas son reales?

—Darren enarcó las cejas, mirándolo con curiosidad.

—Tan reales como el oro, pero con el corazón negro.

¿No has visto a mis novias de la alta sociedad?

Todas son unas brujas de corazón negro —dijo Dylan con seguridad—.

Así que yo creo que todo es posible.

Darren miraba a su mejor amigo sin palabras.

Lidiar con Dylan era la tarea más difícil del mundo y, de repente, sintió lástima por su nueva A.E.

Esa chica debía de estar sufriendo por culpa de sus berrinches.

Bajando la voz hasta casi un susurro, Darren dijo: —Si todo es posible, creo que la chica que tienes detrás ya te habría estrangulado.

—¿Qué?

—Dylan giró la cabeza con tal rapidez que casi se desnuca.

Pero al no ver a nadie detrás, le entraron ganas de darle un puñetazo a Darren por asustarlo—.

Ahora te estás burlando de mí —hizo un puchero para mostrar que la broma no le había hecho ninguna gracia.

—Este es tu castigo por tratar tan mal a tu inocente A.E.

en su primer día —afirmó Darren sin rodeos.

—¿Y yo qué le he hecho?

Solo le pedí que hiciera lo que ya estaba escrito en la descripción de su puesto —replicó Dylan con aire de rectitud.

—¿Y pretendes que me crea que no te metiste con ella?

Por favor…

te conozco demasiado bien.

En el momento en que me escribiste que tu nueva A.E.

era la misma chica que te había insultado dos veces, supe las ideas que empezaron a bullir en tu mente —Dylan no pudo refutar las palabras de Darren.

Este último lo conocía como a su propia sombra.

—Pero ella también tuvo la culpa.

Niega que nos hayamos visto antes —le contó Dylan, explicando cómo Xiu había afirmado que era la primera vez que se encontraban.

Darren se dio una palmada en la frente.

—¡Idiota!

¿Qué esperabas?

¿Que se pusiera a dar saltos a tu alrededor diciendo: «Señor, soy la que le dio una patada y lo llamó Tío»?

—El sarcasmo en su voz era demasiado agudo para Dylan.

Si Dylan hubiera sabido que Darren ya casi tenía un trato amistoso con Xiu, habría vomitado sangre de la rabia.

Porque las palabras de Darren siempre habían sido cortantes.

Nunca le importaban los sentimientos de los demás antes de hablar.

Ciertamente era un hombre de pocas palabras, pero cada una de sus preciadas palabras estaba pensada para dar a la gente donde más dolía.

—Te pones de su parte porque la elegiste tú —afirmó Dylan, cruzándose de brazos.

Pasándole un brazo por el cuello a Dylan, Darren dijo: —Mi oferta sigue en pie.

Puedes enviármela a mi empresa.

Estaré más que encantado de hacerle un hueco.

Dylan frunció el ceño ante su respuesta.

—¿Nunca te había visto insistir tanto por alguien.

Ni siquiera la conoces en persona.

¿De verdad crees que merece la pena?

—Didi, he visto su currículum y las respuestas que dio en la prueba de selección.

Esa chica vale mucho más que la pena —la respuesta de Darren dejó atónito a Dylan.

¿Desde cuándo era tan fácil impresionar a su mejor amigo, que era como un témpano de hielo?

Dylan se lo preguntaba, pero no tenía ni idea—.

Tiene un Grado en Economía y un Máster en Administración de Empresas.

Según su currículum, la han ascendido seis veces en los últimos tres años que lleva trabajando en tu empresa.

No solo eso, sino que también está investigando para su Doctorado en Relaciones Internacionales.

Y solo tiene veintitrés años.

¿Te imaginas el potencial que tiene esa chica?

Dylan no se había fijado en todos esos detalles sobre Xiu, pero ahora que Darren los mencionaba, se lo pensó seriamente.

Ya se había dado cuenta de que Xiu era una trabajadora diligente, aunque solo hubiera pasado un día con ella.

Pero ¿cómo iba a olvidar su humillación?

—Se llama Bai Xiu, ¿verdad?

—preguntó Darren, y Dylan asintió—.

Mmm…

Deberías intentar no ser parcial con ella.

Dylan volvió a asentir, aunque a regañadientes, antes de apartar a Darren.

—Vete a dar una ducha, hombre.

Estás sudando.

—Vaya, genio.

Ya era hora de que te dieras cuenta —le lanzó Darren otro comentario burlón y, en respuesta, Dylan le sacó la lengua como un niño—.

Vale, vuelvo en un santiamén.

Tú ponte cómodo.

—Lo tuyo es mío.

Así que ya estoy más que cómodo —replicó Dylan, satisfecho.

Con una sonrisa pícara, Darren se detuvo en seco y dijo: —Y, Didi, no te preocupes.

La chica que tienes detrás te aseguro que no te molestará.

—¡Ah!

—chilló Dylan, girándose para mirar a su alrededor mientras Darren se reía a carcajadas de su reacción.

—¡Daz!

¡Te voy a matar!

—Dylan le lanzó el cojín, pero Darren ya había cerrado la puerta y el cojín se estrelló contra ella.

Ahora, a Dylan le quedó el miedo persistente de que de verdad algo andaba mal en el apartamento de Darren.

La chispa de la duda que Xiu había encendido se había convertido en un incendio en la mente de Dylan.

Sin saberlo, ella se había cobrado su venganza, dándole a él una noche de insomnio, del mismo modo que él le había dado a ella un día de perros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo