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Deseos imperfectos - Capítulo 58

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58: La hora del vino 58: La hora del vino La gente bebe en dos situaciones: cuando es feliz o cuando es desdichada.

Pero las consecuencias no cambian mucho en ambas situaciones, porque el alcohol nunca ha sido la respuesta a ningún problema.

Sin embargo, para algunas personas, todavía vale la pena intentarlo.

Después de todo, la realidad recibe un toque de Photoshop y todo se vuelve bonito después de unos retoques.

Y Xiu era una de esas personas que creía que el alcohol realmente valía la pena.

Pero solo porque, aunque fuera por un breve instante, tendría la oportunidad de escapar de su consciencia.

Y ese pequeño instante en el que podía ser ella misma significaba mucho para ella.

En ese momento, Xiu estaba sentada en una silla junto a Darren, con el aspecto de una de esas adolescentes que persiguen a sus ídolos.

Darren miró a Nora con aire interrogante y ella levantó las manos en señal de derrota.

—Te lo dije.

La Xiu borracha no es lo mío.

—¡Guau!

—exclamó Xiu asombrada, y las palmas que tenía en sus propias mejillas se posaron a los lados del rostro de Darren—.

Ooooh…, he oído que los ojos grises son bastante raros.

Los tuyos son preciosos.

—Darren quiso decir algo, pero la mano de Xiu le había estrujado la cara—.

Vaya, vaya…

¿Ya has elegido a la protagonista?

—preguntó de repente—.

¿Por qué no me eliges a mí?

Soy muy buena.

Se le frunció el ceño mientras se respondía a sí misma: —¡Ay!

Pero no puedo ser la protagonista.

—¿Por qué no?

—preguntó Darren, mientras sus ojos se clavaban en ella como si escrutaran su alma.

Xiu pareció desconsolada mientras volvía a hipar y decía: —Porque nunca he tenido tanta suerte en la vida.

—Antes de que Darren pudiera pedirle que se explicara, ella volvió a hablar—.

Por cierto, déjame presentarme.

Soy Xiu.

Bai Xiu.

Bai por pureza y Xiu por hermosa.

Así que, Bai Xiu significa belleza pura y serena.

—Xiu explicó su nombre y, señalando su rostro, añadió—: ¿A que el nombre es perfecto para mí?

A Darren le brillaron los ojos cuando el tenedor que tenía en la mano cayó sobre el plato con un tintineo.

La voz lejana de una chica resonó en su mente: «Déjame presentarme.

Soy Xiu.

Chen Xiu.

Chen por el alba y Xiu por hermosa.

Así que, Chen Xiu significa hermosa como el alba».

Los ojos de azabache de la chica habían brillado bajo la lámpara de araña mientras añadía con su encantadora sonrisa: «¿A que el nombre es perfecto para mí?».

Este destello de memoria dejó a Darren sumido en la confusión.

—Desde luego —respondió aturdido—.

El nombre realmente está hecho para ti.

—No sabía si la respuesta era para la chica que tenía delante o para la de su recuerdo.

Sin embargo, ese instante lo había dejado con los nervios de punta.

Al oír su respuesta, Xiu sonrió de oreja a oreja.

—Eso ya lo sé —dijo.

Fue a coger la botella de vino para servirse una copa, pero Nora le sujetó la mano.

—El vino no es bueno para la salud —dijo Nora con severidad para detenerla.

Xiu hizo un lindo puchero y dijo: —¿Cómo puedes decir eso?

¿No has oído que en el vino hay sabiduría?

Déjame meterme un poco de sabiduría en el cuerpo.

—Nora le puso los ojos en blanco a Xiu, cuya respuesta también sacó a Darren de su aturdimiento.

—Te vas a emborrachar —insistió Nora.

—Cielo, solo hace falta una copa para emborracharse, y en mi caso, ya me he terminado la botella entera.

—Incluso agitó la botella de vino vacía ante los ojos de Nora, haciendo que tanto Darren como ella se le quedaran mirando.

¿Cuándo se había bebido todo eso?

Xiu, sin embargo, se reía tontamente de su reacción.

En su vida anterior había sido una auténtica adicta al alcohol, ¿cómo iban a marearla un par de copas?

Necesitaba al menos una botella para estar cerca de perder la cordura.

Nora se llevó las manos a la cabeza desde el otro lado de la mesa y casi gritó: —¡Xiu!

¿Por qué has bebido tanto?

Xiu se frotó la cabeza como una niña ofendida y, a continuación, fingió mirar su reloj de pulsera plateado con aire pensativo y dijo: —¿Quizá porque es…

la hora del vino?

—Volvió a reírse de su propio chiste, pero era la única que lo hacía en la mesa.

Los otros dos tenían sentimientos encontrados—.

¡Eh!

¿Por qué no os reís de mi chiste?

—Si nadie se ríe, es que tu chiste no tiene ninguna gracia —respondió Nora.

—¡Bah!

—bufó Xiu—.

¡Por favor!

Mi chiste ha sido gracioso.

Sois vosotros los que no tenéis sentido del humor.

—Parecía decidida a demostrar que se equivocaban, porque no podía permitir que la menospreciaran.

Volviéndose hacia Darren con ojos relucientes, le dijo—: Guapo, ¿tú también crees que mi chiste ha sido soso?

Sus labios se curvaron en una sonrisa mientras respondía: —Para nada soso.

Tu chiste ha sido adorable, igual que tú.

—¿De verdad?

—A Xiu se le iluminaron los ojos—.

¿Quieres oír otro?

—Darren asintió.

¿Cómo iba a negarse cuando se lo pedía con tanta dulzura?—.

Brilla, brilla, estrellita…

—Como una niña, incluso levantó las manos e hizo el gesto de estrellas parpadeantes mientras continuaba con voz cantarina—: Cuando la vida se porta como una cabrona contigo…, haz un viaje a la vinoteca más cercana.

Jajajá…

Esta vez, hasta a Nora le costaba contener la risa.

A Darren le pareció de lo más ingenua y encantadora.

No parecía tan difícil como Nora la había descrito.

Pero ¿por qué había esa melancolía en sus cálidos ojos?

—Te he hecho reír…

—Xiu aplaudió alegremente—.

Ahora dame una recompensa.

—¿Qué quieres?

—preguntó Darren, mirándola con una leve sonrisa.

Xiu se dio unos golpecitos en la barbilla y dijo: —Quiero…

más vino.

¡Ay!

—chilló Xiu antes de fulminar a Nora con la mirada, indignada.

Se frotó el brazo donde Nora la había pellizcado, con una mirada parecida a la de un conejito asustado.

—Se acabó el vino para ti.

El vino es el problema.

—La mirada furiosa de Nora hizo que a Xiu le dieran ganas de llorar.

—Pero si es un problema, ¿entonces por qué mi libro de química del instituto decía que el alcohol es una solución?

—Nora se quedó sin palabras ante el razonamiento de Xiu.

Quería rebatirlo, pero no encontraba las palabras para hacerlo.

Nora abrió la boca para hablar, pero Darren negó con la cabeza para detenerla.

Se volvió hacia Xiu y le dijo: —El vino es un deseo tan insignificante.

¿Por qué no pides otra cosa?

—Ya que es mi Dios Masculino quien lo pide, Xiu lo pensará de nuevo.

—Xiu intentó pensar.

¿Qué más podía pedir?

Obviamente, su mente ofuscada estaba atascada en el vino, pero tenía que haber algo más que pudiera pedir.

Miró a su alrededor en el restaurante.

Un precioso y enorme piano blanco en medio de la planta baja hizo que sus ojos se abrieran como platos.

Lo señaló diciendo: —Quiero tocarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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