Deseos imperfectos - Capítulo 66
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66: Eterno silencio 66: Eterno silencio A Xiu siempre le habían encantado los regalos.
El misterio de los regalos envueltos siempre la emocionaba como a una niña.
Tenía muchas ganas de abrir el que le había dado Darren, pero se contuvo por la promesa.
Sin embargo, cuando volvió a pensar en ella, se sintió abatida.
«No creo que la felicidad exista en mi vida.
¿Significa eso que nunca podré abrir este regalo?
¡Agh!
Debería renegociar los términos de esta promesa».
Con esos pensamientos, guardó el regalo en un armario de su habitación.
Por primera vez, Xiu sintió que ese regalo no estaba solo envuelto en papel, sino en un deseo.
Un deseo de que fuera feliz.
Aquel pensamiento era extraño, pero su corazón quería creerlo.
Con un largo suspiro, se dejó caer de nuevo sobre la cama, planeando dormir el resto del día.
Estaba pensando en la pista que le había dado Darren.
«¿Algo que yo pedí?
¿Pero qué pedí?».
Intentó recordar, pero en lugar del recuerdo, el dolor de cabeza regresó.
Así que decidió rendirse sin más.
Dejaría que el misterio siguiera siendo un misterio.
—Las uvas están muy agrias —dijo un pequeño diablo en su hombro izquierdo mientras se examinaba las uñas.
A Xiu le dieron ganas de darle un puñetazo a esa cosita.
De acuerdo, se rendía porque no podía recordar, ¡¿pero tenía que señalarlo de esa manera?!
—¡Xiu!
—Nora entró en la habitación y se sentó a su lado en la cama—.
¿Qué piensas de Darren?
—¿Qué?
¿Qué se supone que piense?
Es un buen hombre.
Más amable que nadie que haya conocido.
Espera, es la segunda persona más amable en mi… —Xiu reformuló sus palabras cuando cierta persona le vino a la mente de la nada.
—¿Quién es el primero?
—preguntó Nora con curiosidad.
—Definitivamente no eres tú —dijo Xiu, apartando la cara.
—¡Tú!
—Nora cogió una almohada y le golpeó en la cabeza—.
¿Soy tan buena contigo y aun así no estoy en lo más alto?
Xiu se incorporó y miró a Nora con cara seria.
—Mira, Nora.
Sé que eres muy amable.
Pero la persona que está en lo más alto de mi lista es alguien con quien nadie puede competir.
¡Lo siento!
Nora no insistió en el asunto, ya que vio que Xiu parecía muy seria.
—¿De todos modos, por qué eres amable con Darren?
—¿A qué te refieres?
—preguntó Xiu mientras se colocaba la almohada en el regazo y apoyaba la cara en las manos.
—Quiero decir, sé que Darren es una persona amable.
Pero tú… A ti ciertamente no se te puede describir como una persona amable —dijo Nora con sinceridad, sin pelos en la lengua, como siempre.
Xiu pensó en lo que acababa de decir.
Ciertamente, no era amable como Bai Xiu.
Chen Xiu era la que describían como una buena chica.
Como Bai Xiu, ya había cambiado esa imagen de niña buena por la de un demonio frío.
Pero entonces, ¿por qué era amable con Darren?
La respuesta a esa pregunta era simple: Darren la había visto cuando se estaba desmoronando de nuevo por dentro, había escuchado sus mentiras en las aguas termales.
Siempre la vio en sus momentos más bochornosos y, aun así, jamás se rio de ella.
¿Y cuántas personas había en el mundo que realmente te echaran una mano cuando te caías en lugar de reírse de ti?
En la vida de Xiu, Darren fue la tercera persona que le tendió la mano.
La segunda fue Nora y la primera, alguien muy especial para ella.
Sabía en su corazón que debía de haber herido a esa persona con su suicidio, y por eso lo lamentaba de verdad.
Y él era el único que la hacía sentirse arrepentida.
Porque también era el único que solía ver a la verdadera ella.
—La Diosa Xiu esconde sus lágrimas bajo la lluvia.
¿Crees que puedes engañarme como al resto del mundo?
Y Xiu sabía en su corazón que realmente no podía engañarlo.
Incluso cuando estaba a miles de kilómetros de ella, él siempre conocía su corazón mejor que ella misma.
Una vez le dijo: —Ah-Xiu, la gente no pierde en el amor.
O se derrumba o se hace añicos.
Y los que quedan, visten un eterno silencio de soledad.
Así que no juegues con tus sentimientos.
Xiu solía burlarse de él, diciendo: —¡Qué filosófico te pones, Amigo!
Pero no lo olvides, mi corazón solo sabe amar.
No entiende de verdad tus palabras.
Si fracaso, amaré aún más, porque es todo lo que sé hacer.
Pero ahora, al echar la vista atrás, Xiu podía decir que él tenía razón.
No perdió en el amor.
Quedó destrozada y sola.
Al ver a Xiu ausente, Nora la sacudió un poco.
—¿Eh?
Ah, ¿qué decías?
—volvió a preguntar Xiu.
—Te pregunto por qué eres tan amable con Darren.
¿Solo porque él es amable contigo?
—¡Qué va!
Porque es sincero conmigo.
No dice las cosas para complacer a los demás.
Dice lo que cree que es correcto.
Sí, sus palabras duelen al principio, pero al fin y al cabo, no se puede decir que esté equivocado.
Eso es lo que me gusta de él, que dice lo que piensa sin preocuparse por el «qué dirán».
Además, ya es un hecho constatado que es un caballero con buenos modales.
De alguna manera, se nota de verdad que lo crio una mujer admirable.
Nora se quedó sin palabras al ver a Xiu alabar a alguien con tantas frases.
¿Una chica que apenas decía nada bueno de nadie estaba de verdad elogiando a Darren durante dos minutos enteros?
Era una gran hazaña para una persona tan antisocial como Xiu.
Nora le dio una palmadita en la cabeza y dijo: —Me alegro de que de verdad estés intentando ser amable con alguien que no sea yo.
—Debería brindar por eso —dijo Xiu, haciendo que Nora la fulminara con la mirada.
—¿No aprendiste la lección anoche?
—Nora, cariño, he aprendido la lección —dijo Xiu, abrazando a Nora—.
No he parado de llamarme idiota desde que me desperté.
Pero… Hay que admitirlo, me encanta llamarme idiota.
Y solo puedo hacerlo cuando tengo resaca, y la resaca viene de emborracharse.
Así que…
—¡Para el carro!
—la interrumpió Nora—.
No intentes engañarme con tu estúpida e ilógica lógica.
Es exasperante.
No voy a dejar que bebas y punto final.
Vete a dormir si quieres.
Xiu hizo un puchero durante un segundo antes de empujar a Nora de la cama y meterse bajo el edredón.
—De acuerdo.
¡Buenas noches, pues!
Nora se quedó mirándola, incrédula.
Esta chica era de verdad… ¡Agh!
Dando un pisotón, Nora salió de la habitación.
Si se quedaba un minuto más, seguro que estrangulaba a Xiu.
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