¡Despertando la Única Clase de Rango SSS! Ahora Hasta los Dragones Me Obedecen - Capítulo 315
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Capítulo 315: Salvando al mendigo
Echaron un último vistazo a la calle completamente a oscuras y luego se adentraron en ella.
Aunque técnicamente era solo una calle, funcionaba más como una frontera: una línea divisoria entre dos partes de la ciudad: el lado a medio iluminar y la mitad oscura.
A medida que cruzaban la calle, el entorno comenzó a cambiar gradualmente. Las casas coloridas y elegantes dieron paso a barrios marginales abandonados y a ruinas desmoronadas.
Miraras donde miraras, había gente sin hogar y mendigos por todas partes.
El ambiente era pesado y frío, el aire casi irrespirable por el hedor.
En cuanto entraron, las miradas se volvieron rápidamente hacia ellos, sobre todo por la ropa y la apariencia de Serys. La tentación era evidente en los ojos de la gente de alrededor.
Sin embargo, Daniel liberó una parte de su aura para ahuyentarlos y, tal como esperaba, la presión asfixiante del hombre que acompañaba a la mujer fue suficiente para aterrarlos. Aunque tentados, no se atrevieron a acercarse.
—¿Conoces a la persona que buscamos? ¿La has visto antes? —preguntó Daniel, mirando de reojo a Serys.
—No, pero conozco a otros mendigos y les he preguntado por este. Debes saber que, a diferencia de los Errantes, que no tienen una base fija y se mueven constantemente, los mendigos tienen cada uno su propio distrito o ciudad. Nunca lo abandonan.
—Ya veo —asintió Daniel y siguieron avanzando. Como era de esperar, la mitad oscura de la ciudad era grande.
Por el camino, se cruzaron con muchos mendigos, pero, por desgracia, ninguno era el que buscaban.
Aun así, no tuvieron que buscar mucho tiempo. Un ruido repentino captó su atención.
—¿Qué es eso? —Serys frunció el ceño al ver a un grupo de hombres a lo lejos apaleando a un mendigo.
—¿Es él? —Daniel también frunció el ceño; de repente sintió algo diferente en aquel mendigo. Ni siquiera él sabía por qué percibía esa diferencia.
—¡Es él! ¡Ve a salvarlo!
Daniel asintió y dio un paso al frente, apareciendo al instante junto al grupo.
—¿¡Quién demonios eres tú!?
—¡Mierda! ¿¡De dónde ha salido este cabrón!?
—¿¡Quieres morir, imbécil!?
Ver a un hombre enmascarado y vestido de negro aparecer de la nada los sobresaltó. Instintivamente, soltaron al anciano.
—Caballeros, voy a tener que pedirles que suelten a este anciano y se marchen de este lugar.
Los cuatro hombres se miraron entre sí y de repente estallaron en carcajadas, como si hubieran oído la cosa más graciosa de sus vidas.
—¿Eres estúpido? ¿Nos estás amenazando, imbécil? ¿Acaso sabes quiénes somos?
—No he amenazado. He dado una recomendación. Si no se marchan, no puedo garantizar que salgan de aquí de una pieza —suspiró Daniel. ¿Por qué nadie se tomaba nunca en serio sus palabras?
—¡Jajá, tíos, mirad a este idiota! ¡Nos está dando consejos! —volvieron a estallar en carcajadas los cuatro.
En ese momento, miraban a Daniel como si fuera un necio que ni siquiera sabía dónde estaba.
¿Acaso ese cabrón no sabía quiénes eran? En toda la ciudad no había ni una sola persona que se atreviera a amenazarlos, ¡o siquiera a intentar impedir que hicieran lo que les diera la gana!
—Qué pena, no podemos decir lo mismo de ti. Como te has metido en nuestro camino, lo vas a pagar. —Cada uno sacó una daga, listo para atacar.
Pero Daniel se limitó a agitar la mano… y explotaron en el acto, salpicando sangre por todas partes.
—Montón de idiotas. —Por desgracia, hasta su ropa se manchó ligeramente de sangre.
—Eso ha terminado rápido. —Serys se acercó y se rio un poco al ver el desastre.
Daniel la ignoró y se acercó al anciano. Parecía inconsciente y tenía varias heridas profundas.
Comprobó el estado interno del hombre… y lo que encontró lo dejó de piedra. ¡El mendigo estaba perfectamente bien! A pesar de la paliza, ninguno de sus órganos internos estaba dañado.
De hecho, no estaba herido en absoluto. La sangre era lo único que hacía parecer que le habían dado una paliza casi mortal.
—¿Está bien? —preguntó Serys, que supuso que el anciano se encontraba en mal estado.
—En realidad, está más sano que nosotros dos. ¿Cuánto tiempo más vas a fingir que estás inconsciente?
Pero el anciano no respondió. Incluso su respiración era más débil de lo normal. Realmente parecía inconsciente.
Serys también frunció el ceño. ¿Se equivocaba Daniel? ¿O el anciano estaba fingiendo? Si era así, lo estaba haciendo de maravilla.
—Anciano, acabas de ver lo que les he hecho a esos tipos. Si sigues fingiendo, tendré que usar un método menos delicado para despertarte.
Seguía sin haber respuesta. Estaba claro que el mendigo no tenía intención de reaccionar.
Daniel suspiró, le puso la mano en el hombro al anciano y le inyectó una ráfaga de energía mortal que sacudió todo su ser.
—¡Chico, ¿estás intentando matarme?! —El anciano se levantó de un salto como un gato, brincando a varios metros de distancia.
—Así que de verdad estabas fingiendo. —Daniel y Serys intercambiaron una mirada y sonrieron.
—Hmph, no sé quiénes son. Gracias por salvarme, pero ya pueden irse. Este lugar no es seguro para gente como ustedes. —El mendigo se dio la vuelta para marcharse, ignorándolos.
Daniel estaba a punto de detenerlo, pero Serys le hizo un gesto para que no lo hiciera. Sacó una ficha parecida a una moneda y se la lanzó al mendigo.
Al sentir que algo volaba hacia él, el mendigo lo atrapó. Frunció el ceño al ver lo que era…, pero su ceño fruncido se convirtió en sorpresa.
—¿No piensas responder a la petición de tu cliente?
—Síganme. —El anciano se detuvo un segundo y luego les hizo un gesto para que lo acompañaran.
Daniel y Serys sonrieron y lo siguieron. Al poco tiempo, llegaron a una choza en ruinas que era, a todas luces, su hogar.
—Si tienen esta ficha, significa que tienen buenos lazos con la Red de Mendigos, lo que quiere decir que son clientes… y yo estoy obligado a ayudarlos. Pero… —El anciano se sentó en una piedra que parecía una silla improvisada.
Extrañamente, toda la sangre y las heridas habían desaparecido.
—¿Pero… qué? ¿Te jubilaste? —preguntó Daniel con sarcasmo.
—¡Pero, idiota! ¡Mataste a esos cuatro cabrones! ¡No se suponía que hicieras eso! Por el amor de Dios, ¿¡por qué crees que no me defendí!? ¿¡Crees que soy más débil que una panda de mocosos como ellos!?
Daniel y Serys se quedaron en silencio e intercambiaron miradas.
El anciano suspiró al ver la expresión en sus ojos y dejó de refunfuñar. Se levantó, se sirvió un vaso de agua y se lo bebió. Tras terminar, pareció calmarse y volvió a mirarlos.
—Esos tipos que me estaban ayudando eran miembros de los Bandidos del Diente Dorado. Matarlos podría traerles problemas.
—¿Esos tipos? Sin problema. Tarde o temprano íbamos a entrar en conflicto con ellos —respondió Daniel con una sonrisa, a quien claramente no le importaba mucho.
Había reducido a cenizas por completo a aquellos hombres que estaban golpeando al anciano. ¿Cómo iba a descubrir alguien que estaban muertos? Y aunque lo hicieran, ¿qué más daba?
De todos modos, planeaba enfrentarse a los bandidos, así que un par de motivos más no importaban.
—Ya veo… —murmuró el anciano para sí. Estaba claro que no se esperaba que esos dos estuvieran dispuestos a enfrentarse a esos bandidos locos, sobre todo porque ocultaban sus identidades y, evidentemente, no querían revelarse.
Aun así, no le importó demasiado. Al fin y al cabo, él solo era un traficante de información, y el resto no era asunto suyo.
—¿Qué quieren?
—Necesitamos información sobre los Bandidos del Diente Dorado y la subasta que están planeando. ¿Hay algún objeto desconocido que piensen sacar? ¿Cuánta gente poderosa de su bando vendrá a vigilar la subasta? —preguntó Serys.
El anciano no respondió de inmediato. Se tomó un momento para sopesar las preguntas y su respuesta.
—La información que piden cuesta 500 monedas de oro.
Daniel y Serys volvieron a intercambiar miradas y suspiraron. Daniel estuvo a punto de quejarse del precio y pedir un descuento, pero, pensándolo bien, no tenía paciencia para eso.
Sacó 500 monedas de oro de su inventario y las arrojó frente al mendigo. Al ver las monedas, al anciano prácticamente se le cayó la baba.
—Je… No estoy del todo seguro sobre el objeto desconocido, pero hay algo que no está en la lista oficial de la subasta. Parece que planean usarlo como un objeto sorpresa. Pero ya han difundido rumores de antemano para atraer a más gente.
—¿Que han difundido rumores? ¿Entonces por qué no hemos oído nada? —Serys frunció el ceño, sintiendo que algo no cuadraba.
—Eso es porque el rumor solo circuló en un círculo muy exclusivo de gente extremadamente rica. No es de extrañar que no lo hayan oído. ¿Qué creían? ¿Por qué creen que la persona cuya identidad robaron planeaba venir aquí? —dijo el anciano con una sonrisa socarrona, lo que ensombreció los rostros de Daniel y Serys.
No era de extrañar que el mendigo hubiera descubierto con tanta facilidad que la apariencia actual de Serys era falsa y había sido alterada.
Aun así, si de verdad se estaban difundiendo tales rumores, podría ser un enorme dolor de cabeza para ellos y haría que recuperar el arma fuera todavía más difícil.
—Así que van tras esa arma, ¿eh? Si quieren mi opinión, ríndanse. Cuanto más rica es una persona, más detallado y preciso es el rumor que ha oído. La gente que acudirá a esta subasta no es de la que conviene buscarse problemas. Si tienen el dinero, limítense a intentar comprarla —dijo el anciano, encogiéndose de hombros.
Aunque los dos jóvenes que tenía delante eran fuertes, como mucho serían de Rango A intermedio. No podrían ni con un Rango S, y mucho menos con gente más fuerte aún.
—Responde a la segunda pregunta —dijo Daniel, ignorando la advertencia del anciano.
—En cuanto a la segunda pregunta, habrá once Escaladores Grandes de nivel intermedio y dos de nivel máximo. También existe la posibilidad de que haya un Escalador Divino de Medio Paso entre ellos —respondió el anciano.
Al oír eso, ambos volvieron a fruncir el ceño. Era más de lo que esperaban, aunque no era eso lo que les preocupaba.
Once Escaladores Grandes de nivel intermedio equivalían a oponentes de Rango A intermedio; a esos podían manejarlos con facilidad.
El verdadero problema era el posible Escalador Divino de Medio Paso. Ese tipo de persona era, en esencia, un Medio Paso al Rango S. No era alguien a quien Daniel o Serys pudieran hacer frente.
—¿Estás seguro de lo último? —preguntó Serys.
—No. Por eso he dicho que solo es una posibilidad. Corren rumores sobre alguien así, pero no hay nada confirmado —respondió el mendigo.
—Si no hay nada más, es hora de que se vayan. Quiero descansar.
Daniel y Serys lo miraron, pero no dijeron nada. Habían preguntado lo que querían, e incluso habían obtenido más información de la que esperaban.
Se dieron la vuelta y se marcharon tras una rápida despedida, regresando al palacio sin decirse una sola palabra durante el camino de vuelta.
Cada uno estaba sumido en sus propias preocupaciones. Al llegar, fueron directamente al jardín y se sentaron en el lujoso cenador.
También le ordenaron al mayordomo principal que les trajera dos tazas de té, y luego se sentaron el uno frente al otro con el ceño profundamente fruncido.
—¿Qué deberíamos hacer? ¿Tenemos que cambiar de planes? —rompió el silencio Daniel.
—¿Hay algo que podamos hacer? El mejor plan es evitar el conflicto directo. Incluso si se llega a una pelea, tenemos que actuar en equipo y evitar luchar contra todos a la vez. Deberíamos evitar a toda costa una situación así —suspiró Serys.
—Estoy de acuerdo… pero ¿y si sacan el arma a subasta? ¿Qué haremos entonces? Dudo que nuestros fondos combinados puedan competir con la gente más rica del continente. Y si uno de ellos se hace con el arma, será todavía más difícil para nosotros arrebatársela. Tendremos que luchar no solo contra los guardias de la subasta, sino también contra sus guardias personales.
—En ese caso, lo único que podemos hacer es observar la situación y ser pacientes. Sinceramente, dudo que haya algo más que podamos hacer.
Daniel se quedó en silencio. En realidad, tenía una idea para evitar un combate excesivo. Era una muy simple.
Huir… Aún le quedaba un Talismán de Escape. Podía usarlo y, una vez que se alejaran lo suficiente, podrían volver a cambiar de identidad y regresar a salvo a las Llanuras Centrales.
—¿Qué te parece si escapamos? —preguntó.
Aunque… había un problema.
Solo tenía un talismán.
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