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¡Despertando la Única Clase de Rango SSS! Ahora Hasta los Dragones Me Obedecen - Capítulo 426

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  3. Capítulo 426 - Capítulo 426: Misión completada
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Capítulo 426: Misión completada

—¡Jaja, cabrón, ya es hora de que entiendas lo que significa el verdadero poder! —Aden levantó las manos en el momento en que comenzó el duelo.

[ Llamas Carmesí ]

Tras él, aparecieron miles —no, decenas de miles— de llamas abrasadoras, todas teñidas de un rojo sangre. Un poder destructivo surgía de ellas, amenazando con borrar cualquier cosa a su paso.

Con un gesto de su mano, todas las llamas se abalanzaron hacia Daniel. Los ojos de la multitud se abrieron de miedo al ver la abrumadora tormenta de fuego. Muchos de ellos se dieron cuenta de que esta pelea podría terminar en un solo ataque.

No era una conclusión descabellada. Después de todo, uno era Rango B, y el otro, Rango A. La brecha era enorme, no algo que pudiera simplemente ignorarse.

Pero mientras las llamas se acercaban a Daniel, se congelaron de repente a solo unos centímetros de él. Antes de que nadie pudiera siquiera reaccionar, cada una de las llamas desapareció por completo.

No fue una simple desaparición… Fue como si nunca hubieran existido.

—¿Eso es todo? —rio Daniel. Lo que hizo fue simple: les había concedido la muerte a esas llamas usando la Ley de Muerte.

Para él no fue nada, pero los demás se quedaron en estado de shock total, incapaces de comprender lo que acababa de suceder.

—¿Cómo…, cómo hiciste eso? —preguntó Aden horrorizado, no por el poder en sí, sino por la forma en que su ataque había sido borrado.

Las llamas ni siquiera eran su movimiento más fuerte, pero eran algo que ningún Rango B podría resistir sin sufrir heridas graves.

—¡Debes de haber usado algún tipo de objeto defensivo! ¡Tiene que ser eso! —gritó, aunque sonaba más como si estuviera tratando de convencerse a sí mismo.

La multitud asintió, pues muchos de ellos pensaban lo mismo. Incluso Mornak se inclinó hacia esa explicación, aunque su ceño fruncido no se desvaneció.

No había visto a Daniel usar ningún objeto. Entre los espectadores, solo los ojos de Marianne se iluminaron con un brillo extraño.

—Más te vale que abandones esa ilusión. Te dejaré intentar un ataque más… y después de eso, será mi turno —dijo Daniel con pereza.

La ira de Aden explotó. Sus ojos brillaron con un tono carmesí y, sin dudarlo, el anillo de su mano se iluminó.

Levantó el brazo, y al instante todo el cielo se volvió negro. Desde arriba llegaron sonidos aterradores, como si los mismos cielos se estuvieran resquebrajando.

[ Relámpago de Ruina y Muerte ]

Un rayo monstruoso apareció, palpitando con una violenta luz púrpura, y se precipitó hacia Daniel.

La arena tembló, el propio aire se estremeció e incluso los alrededores parecían a punto de derrumbarse. Este no era un golpe ordinario de Rango A, era un verdadero cataclismo.

Muchos en la multitud entraron en pánico y se retiraron de la arena. Estaban seguros de que este ataque podría destruir todo a la vista. Incluso Mornak frunció el ceño y creó rápidamente una barrera defensiva a su alrededor y al de Marianne.

Él sabía la verdad. Este no era un ataque normal de Rango A. El anillo lo había potenciado hasta el nivel de un Rango A medio, quizá incluso cerca de un golpe de Rango A cumbre.

Y cuando vio brillar ese anillo, sus ojos temblaron. Esa era la razón por la que había protegido a Aden e incluso le había dado cobijo todo este tiempo.

Era por el anillo: el artefacto legendario del que solo se hablaba en los mitos antiguos. Hacía mucho que dudaba de que fuera real, asumiendo que Aden había mentido. Pero no…; no solo existía, sino que su poder era exactamente como se describía en las leyendas.

El rayo púrpura, infundido con la energía del caos, finalmente cayó sobre Daniel. Por un momento, incluso Daniel sintió peligro; no por el rayo en sí, sino por la Esencia del Caos que portaba. Cada célula de su cuerpo se estremeció.

Afortunadamente, el ataque no fue lo suficientemente fuerte como para hacerle verdadero daño. De haber sido un poco más fuerte, podría haberle causado algunos problemas.

El relámpago lo envolvió por completo. El rostro de Aden se iluminó de alegría: ¡Daniel no había podido bloquearlo esta vez!

Pero al segundo siguiente, su expresión se torció por la conmoción y el miedo.

El relámpago se enroscó alrededor del cuerpo de Daniel, pero no le hizo ningún daño. Era como si el mortífero rayo no fuera más que una broma.

Los espectadores también estaban atónitos. No eran tontos; podían ver que aquello no era el efecto de un objeto. Era el propio cuerpo de Daniel.

Su propia carne resistió el relámpago cargado de caos, y esa comprensión los aterrorizó aún más. Aquel ataque les había hecho temblar el corazón, y sin embargo, a él no le había hecho nada.

—¿Eso es todo? —sonrió Daniel con burla. Su cuerpo se convirtió de repente en un agujero negro que devoró el rayo por completo.

[ Tu Poder Físico ha aumentado ]

[ Has devorado la Esencia del Caos ]

[ Tu Poder Físico ha aumentado ]

[ Tu cuerpo ahora contiene un rastro de Esencia del Caos ]

Daniel enarcó una ceja al ver los mensajes. «¿Esencia del Caos?». No sabía mucho al respecto, pero podía sentir cómo su fuerza física se disparaba.

—Debería darte las gracias. Por eso, te daré una muerte indolora. —Miró a Aden, genuinamente agradecido.

—Tú…, ¡¿qué eres?! —El rostro arrogante de Aden había desaparecido, reemplazado por puro terror.

Antes de que pudiera reaccionar, una fuerza invisible tiró de él hacia Daniel. Su cuerpo flotó sin poder hacer nada, completamente bajo el control de Daniel.

—¿Yo? No soy nadie especial —dijo Daniel en voz alta.

—Cabrón, ¡¿sabes quién soy?! ¡Suéltame ahora mismo o nunca saldrás de aquí con vida! —gritó Aden, presa del pánico al darse cuenta de que ya ni siquiera podía sentir su energía.

—¿Crees que te desafiaría sin saber quién eres?

—Tú…, ¡hiciste esto a propósito! ¡Me provocaste deliberadamente con tu mujer! —El rostro de Aden se torció, atando cabos por fin.

—¿Mujer? No tengo esposa. Quien estaba contigo anoche… en realidad era un hombre. —Las tranquilas palabras de Daniel estaban destinadas solo a los oídos de Aden.

—¡Imposible! ¡Eso es imposible! —El rostro de Aden se deformó con asco. Solo de pensarlo se le revolvía el estómago.

—Bueno, si te hace sentir mejor, no pasó nada. Todo fue una farsa.

Aden dejó escapar un suspiro de alivio, pero su rostro volvió a torcerse de horror.

—Quieres decir que… planeaste matarme desde el principio. ¡Por favor! ¡Te daré todo el oro y el dinero que quieras si me dejas marchar!

Daniel lo ignoró, echando un vistazo a su alrededor. Se percató de que el rostro de Mornak se había vuelto peligroso; estaba listo para intervenir en cualquier momento.

Y tenía razón. La voz de Mornak resonó en el instante en que se dio cuenta de que Daniel pretendía matar a Aden.

—Amigo mío, ¿qué tal si lo dejas marchar? A cambio, te daré lo que quieras —dijo Mornak con un tono cortante y amenazador.

—¿Cualquier cosa? Entonces quiero su vida.

La energía de Muerte brotó del cuerpo de Daniel y envolvió al instante a Aden. El hombre había pensado que Mornak lo salvaría, pero, en lugar de eso, su carne se marchitó, se secó y se derritió hasta que solo quedaron los huesos.

Incluso estos se convirtieron en cenizas momentos después.

Aden estaba muerto.

—¿Mmm? —Daniel frunció el ceño. Aunque había convertido a Aden en cenizas, el anillo de su dedo había permanecido intacto.

La razón de su ceño fruncido era que el poder que usaba podía destruirlo casi todo, excepto los objetos más fuertes que él.

Recogió el anillo del suelo y le echó un vistazo. A primera vista, no parecía más que un hermoso y espléndido adorno.

Sin embargo, al mirarlo más de cerca, pudo sentir la terrible y poderosa fuerza oculta en su interior. Por mucho que quisiera examinarlo en ese mismo momento, no era la ocasión. Lo guardó en su inventario.

Luego, tras lanzar una última mirada a las cenizas de Aden, Daniel suspiró. Perder a una persona así era un verdadero desperdicio; podría haberlo convertido en un Caído o incluso haberlo devorado.

Pero, por desgracia, con tanta gente alrededor, no quería correr ese riesgo. Hacerlo podría revelar sus verdaderos secretos y, por ahora, no tenía ninguna intención de ello.

Su mirada se posó entonces en Mornak, que lo observaba con intención asesina y ojos inyectados en sangre, con su aura completamente desatada.

—¡Te mataré con mis propias manos, desgraciado! —rugió mientras se elevaba por los aires hasta detenerse en el cielo.

Por todo el campo de batalla aparecieron figuras, cada una de las cuales liberaba auras poderosas mientras rodeaban a Daniel.

Cada uno de ellos era, como mínimo, de Rango A, listos para luchar a la orden de su joven maestro.

—Aunque sea el hijo del señor de la ciudad, tiene que seguir las reglas. Si quiere venganza, podemos tener otro duelo —dijo Daniel con sorna.

No había ni rastro de miedo en su voz. A pesar de estar rodeado por muchos Rango A de élite, podía matarlos a todos de un solo golpe.

Pero si le hacía daño a Mornak, podría atraer a su padre, el señor de la ciudad, y Daniel no estaba en condiciones de enfrentarse a una persona así.

Por su parte, Mornak frunció el ceño, pero su intención asesina no disminuyó. Al mirar a su alrededor, vio ira y ceños fruncidos en los ojos de todos.

Estaba claro que, si le hacía daño a Daniel, se enfrentaría a fuertes protestas de los ciudadanos, y la ciudad podría perder su reputación y estatus. La gente ya no confiaría en la ciudad ni en sus leyes.

Por eso, el hombre que tenía delante tenía razón: realmente no podía arrestarlo. Pero ¿quién dijo que quisiera hacerlo?

La vida de Aden no le importaba en absoluto. De hecho, hasta estaba un poco agradecido de que este hombre lo hubiera matado. Lo que quería era el anillo.

—Ese anillo es el último recuerdo de mi amigo. Dámelo y te dejaré marchar de este lugar. Incluso me olvidaré de la venganza —suspiró mientras retiraba su aura y reprimía su intención asesina.

Su voz transmitía pena y dolor, sonando genuina y persuasiva.

—Así que quieres el anillo. —De repente, fue como si todas las piezas del rompecabezas encajaran. Los ojos de Daniel brillaron al comprenderlo.

Finalmente comprendió por qué Mornak había protegido a Aden todo este tiempo e incluso le había dado cobijo. La única y exclusiva razón era el anillo.

La curiosidad de Daniel por el anillo se hizo aún más fuerte. A estas alturas, no había forma de que se lo entregara.

—El anillo es mi compensación por este duelo. Si lo quieres de vuelta, la única forma es matarme.

El rostro de Mornak se contrajo ante esas palabras. No esperaba que ese desgraciado fuera tan terco. Peor aún, sintió que Daniel se había dado cuenta del valor del anillo, y ese pensamiento ensombreció aún más su expresión.

«Parece que, al final, no tengo más remedio que tomarlo por la fuerza», pensó. En el peor de los casos, aunque ocurriera algo, ya encontraría una excusa para arreglarlo.

Pero por ahora, lo único que importaba era el anillo.

—Te di una oportunidad. Es culpa tuya no haberla valorado. —Luego, ordenó a sus subordinados que capturaran a Daniel.

—¿Una oportunidad? Qué ridículo —se rio Daniel. Luego miró a Marianne y sonrió.

—Señora Marianne, nos volveremos a ver en el futuro. —Sin dudarlo, activó el Paso Caído y su cuerpo se desvaneció del lugar.

—¿Qué? ¿Adónde ha ido? —Mornak se asustó y enfureció de repente al ver desaparecer a Daniel.

—¡Joven maestro, parece que ha desaparecido por completo! ¡Debe de haber usado algún tipo de teletransportación! —informó uno de sus subordinados tras comprobarlo.

—¡Maldita sea! ¡Registradlo todo! ¡Encontrad a ese desgraciado como sea! —rugió Mornak enfurecido, mientras su voz resonaba.

Entonces, su mirada hostil se posó en Marianne. Basándose en esa despedida, sintió que esta mujer conocía la verdadera identidad del hombre.

—Dos de vosotros, escoltad a la Señora Marianne a mi palacio con respeto —ordenó a sus hombres.

No quería arruinar su relación con Marianne, pero no tenía otra opción. Como mínimo, tenía que intentar interrogarla.

—Ah, qué fastidio. Aun así, esta vez te ayudaré. Más te vale pagármelo en el futuro —suspiró Marianne suavemente para sí misma.

No le fue difícil ver la intención tras las palabras del chico. Obviamente, quería ganar algo de tiempo y desviar la atención de Mornak hacia ella.

Pero no dijo nada y decidió ayudarlo esta vez. Por supuesto, no sería gratis; se aseguraría de cobrarle el precio en el futuro.

Mientras tanto, Daniel abrió lentamente los ojos y se encontró dentro del barco con el que habían llegado. Uno de sus Caídos estaba a su lado.

—Y bien, ¿cómo ha ido? —resonó la voz de Andreas a sus espaldas.

—Ha ido bien. La misión está cumplida, y ahora podemos regresar. —Una sonrisa apareció en el rostro de Daniel mientras el barco comenzaba a moverse.

Habían trazado ese plan de escape esa misma mañana. Sabía que Mornak no los dejaría marchar y que podrían ocurrir imprevistos.

Por eso le dijo a Andreas que saliera de la ciudad y regresara al barco. También envió a uno de sus Caídos para poder usar el Paso Caído si era necesario.

«Parece que le debo una a esa mujer. Si tengo la oportunidad en el futuro, se lo pagaré». Luego miró a lo lejos, y su sonrisa se ensanchó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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