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Despertar Primordial: ¡Respiro Puntos de Habilidad! - Capítulo 136

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Capítulo 136: La Segunda Instalación

La notificación de la Asociación de Cazadores llegó un lunes.

Mazmorra de Rango S.

Primera apertura accesible en tres años.

Ubicación: a cuarenta kilómetros del Bastión del Norte, accesible por transporte.

Requisitos de participación: mínimo rango B, registro de grupo obligatorio, presencia de un observador de la Autoridad requerida en todo momento.

Al final de la notificación, una línea aparte se dirigía específicamente a los grupos registrados con un historial confirmado de expediciones a la instalación: Los Doce estaban invitados por su nombre. No por su rango colectivo. Por su condición de supervivientes. La Autoridad quería datos sobre cómo se manifestaban los efectos de la instalación en entornos de mazmorras de alto nivel. Eran, al parecer, tanto una oportunidad de investigación como un grupo.

Zeph leyó esta línea dos veces. La archivó. Envió la notificación al chat de grupo sin hacer comentarios.

El chat de grupo produjo opiniones de inmediato.

Tanque: «Vamos».

Vex: «Obviamente que vamos».

Seris: «Algunos de nosotros no tenemos el alta médica para un Rango S».

Tanque: «Te diste el alta a ti misma la semana pasada».

Seris: «Me di el alta para un Rango A con supervisión».

Tanque: «El Rango S es supervisado».

Seris: «¿Por quién?».

Tanque: «Por mí».

Seris: «Eso no es lo que significa supervisión».

Kael envió un pulgar hacia arriba, lo que, dada su reciente integración de brazo y su programa de entrenamiento diario, significaba que quería ir y que dejaba que el pulgar hacia arriba comunicara todo el peso de su decisión.

Susurro envió: VOY. OBVIAMENTE. Mira envió un signo de interrogación. Jin no envió nada durante seis horas y luego envió: «Lo pensaré». Corvus no envió nada. Lyra envió: «¿Cuál es el perfil de amenaza?», que fue la pregunta más útil que nadie había hecho y para la que nadie tenía todavía una respuesta, porque las mazmorras de Rango S no proporcionaban perfiles de amenaza por adelantado por su propio diseño.

Para el martes por la noche la división estaba clara. Seis iban, seis se quedaban. Los seis que iban: Tanque, Susurro, Zeph, Kael, Seris —quien había negociado con Tanque para que reconociera que su alta para el Rango S dependía de condiciones específicas que ella especificaría y que él cumpliría— y Thorn, que no había dicho nada en el chat y le había enviado a Zeph un mensaje privado que decía simplemente: «Estoy dentro».

Marcus fue a su apartamento el miércoles por la mañana con una carpeta y la expresión de alguien que tenía información adicional y estaba decidiendo cuánta compartir y en qué orden.

—No vienes —dijo Zeph, antes de que Marcus hubiera dicho nada.

—Correcto.

—¿Por qué?

Marcus se sentó. Dejó la carpeta sobre el escritorio. —La designación de Rango S es precisa: la mazmorra contiene amenazas genuinas de alto nivel. Pero el sistema de clasificación de la Autoridad se basa en el nivel de amenaza, no en el origen. —Miró a Zeph fijamente—. Llevo cuarenta y ocho horas cotejando la ubicación con los registros de emplazamientos Pre-Sistema. Las coordenadas no corresponden a una formación de mazmorra natural.

Zeph lo miró. —¿Qué son?

—Eso es lo que me gustaría que averiguaras desde dentro. —Marcus abrió la carpeta. Contenía mapas, lecturas de energía dimensional y una clave de notación que Zeph empezaba a reconocer de las sesiones de enseñanza de Susurro—. Tengo una teoría. Me gustaría confirmarla antes de actuar en consecuencia.

—¿Cuál es la teoría?

—Dime lo que veas cuando llegues allí —dijo Marcus—. Prefiero que lo confirmes de forma independiente a decírtelo por adelantado y que veas lo que yo espero en lugar de lo que realmente hay.

Zeph miró la carpeta. Las coordenadas. La clave de notación.

—No vienes porque ya sabes lo que es y no quieres estar dentro —dijo él.

La expresión de Marcus no cambió. —Estaré en el perímetro del transporte. Envía informes cuando puedas.

El transporte partió a las 06:00 del sábado. Seis miembros de Los Doce más la observadora de la Autoridad: una mujer de Nivel 58 llamada Dra. Hana Rho que tenía la cualidad específica de una investigadora que había estado esperando exactamente este conjunto de datos y contenía profesionalmente su emoción al respecto. Hizo preguntas durante el transporte. Zeph respondió a las que no tocaban nada que hubiera acordado no discutir con el grupo y desvió el resto con la soltura de alguien que llevaba gestionando la divulgación de información desde antes de la instalación.

CV estaba en su hombro. La Dra. Hana Rho miró a la abeja una vez, lo anotó en su documentación y siguió adelante; al parecer, el informe de la Autoridad había incluido suficiente información sobre CV como para que un examen más a fondo se considerara cubierto.

El emplazamiento de la mazmorra era visible desde tres kilómetros de distancia.

Una estructura que se alzaba sobre el paisaje con esa incorrección específica que producía la arquitectura Pre-Sistema: una geometría que era técnicamente correcta e instintivamente incómoda, ángulos que se percibían como ligeramente erróneos antes de que la mente consciente identificara el porqué, materiales que no coincidían con nada del terreno circundante. La Autoridad había colocado banderas de señalización alrededor del perímetro de la entrada. Las banderas de señalización parecían muy pequeñas contra la estructura que tenían detrás.

Zeph la observó desde la ventana del transporte durante el último kilómetro de aproximación.

En la entrada, le dijo a Tanque que le diera dos minutos. Caminó solo hasta el perímetro. Se paró frente a los muros de la entrada y leyó la escritura.

La misma notación. Pre-Sistema. No era la caótica escritura superpuesta de la primera instalación; esta estaba organizada de forma diferente. Más limpia. Más estructurada. El tipo de notación que aparecía en las secciones de laboratorio de la primera instalación en lugar de en los pasillos y cámaras. Del tipo que precedía a la documentación en lugar de a la advertencia.

Sacó su teléfono. Llamó a Marcus.

—Eso no es una mazmorra —dijo.

Una pausa. —No —dijo Marcus—. No lo es.

—Es otra instalación.

—Sí.

—Lo sabías.

—Lo sospechaba. Tú lo has confirmado. —Una pausa—. ¿Qué tipo de instalación?

Zeph observó la escritura de la entrada. Leyó lo que pudo con lo que Susurro le había enseñado; su comprensión era todavía parcial, aún en desarrollo, pero suficiente para entender la estructura y el propósito, si no el contenido completo. La notación tenía la cualidad específica de los registros más que de las advertencias. Documentación sistemática en lugar de comunicación urgente.

—Un laboratorio —dijo—. No una prisión. Lo que sea que estuvieran haciendo aquí, fue deliberado. Controlado. —Hizo una pausa—. Estaban estudiando algo.

—Sí —dijo Marcus—. Por eso no voy a entrar. —Otra pausa—. Ten cuidado. Y, Zeph, lee todo lo que puedas mientras estés dentro. Todo lo que Susurro pueda traducir de lo que documentes. Necesito saber qué estaban estudiando.

Terminó la llamada. Volvió con el grupo.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Tanque.

—Información que necesitaba antes de que entráramos —dijo Zeph.

—Actualización: la Autoridad cree que esto es una mazmorra de Rango S. No lo es. Es una instalación Pre-Sistema. Mismo origen que la instalación. —Miró al grupo—. Propósito diferente. Arquitectura menos hostil, basándome en la notación de la entrada. Pero diferente no significa seguro y no sé lo que hay dentro.

Tanque procesó esto de la manera específica en que Tanque procesaba la información importante: rápido, sin estrés visible, convirtiéndola directamente en un ajuste operativo. —¿Cambia esto el plan de entrada?

—Cambia lo que estamos buscando —dijo Zeph—. No estamos solo despejando una mazmorra de Rango S para los datos de la Autoridad. Estamos documentando una instalación Pre-Sistema.

—¿Se lo decimos a la Dra. Rho? —preguntó Seris.

—Todavía no —dijo Zeph.

La Dra. Rho estaba a treinta metros de distancia consultando su equipo y, al parecer, no había oído el intercambio. Thorn, que había estado en silencio desde el transporte, miraba los muros de la entrada con la atención concentrada de alguien que está leyendo algo. Zeph la miró.

—¿Sabes leer la notación Pre-Sistema? —le preguntó.

—Un poco —dijo ella. Lo dijo sin mirarlo, todavía leyendo los muros—. Lo suficiente para saber qué es este lugar.

Archivó esto junto con todo lo demás que había archivado sobre Thorn desde el primer encuentro. La lista se estaba haciendo larga.

—Bien —dijo Tanque—. Formación de entrada. Estándar. Zeph y Susurro en documentación. Todos los demás en el perímetro y gestión de amenazas. —Miró a la entrada—. En marcha.

Se pusieron en marcha.

La entrada era un umbral más que una puerta; el límite entre el exterior y el interior estaba marcado por un cambio en la calidad del aire en lugar de por una barrera física. La temperatura descendió diez grados en los primeros tres metros. El frío limpio de un entorno controlado que mantenía unas condiciones específicas.

La arquitectura se definió a su alrededor a medida que entraban.

Estéril. Precisa. La calidez orgánica de la construcción de biocristal de la primera instalación estaba completamente ausente aquí; todo eran líneas limpias, ángulos exactos y materiales que habían sido elegidos por su función en lugar de cultivados con un propósito.

Los muros eran lisos y pálidos y estaban cubiertos de la notación de documentación organizada que Zeph había leído en la entrada: sistemática, densa, los registros acumulados de algo que se había estudiado aquí con el rigor específico de una civilización que entendía lo que estudiaba y lo documentaba a fondo.

CV se elevó de su hombro y quedó suspendido en el aire. Sus ojos compuestos recorrieron los muros con la atención sistemática del archivo ejecutando un protocolo de reconocimiento.

Zeph miró los muros. La notación de documentación. La arquitectura fría y limpia de un lugar que había sido construido para estudiar algo de forma deliberada y cuidadosa, y con plena comprensión de lo que estaba haciendo.

—Fuera lo que fuera que estudiaban —dijo Kael en voz baja, observando la escala de la instalación visible desde el pasillo de entrada—, estudiaban una gran cantidad.

Susurro ya estaba junto al muro más cercano, moviendo el bolígrafo, traduciendo tan rápido como su comprensión se lo permitía.

La Dra. Rho entró detrás de ellos y se detuvo. Miró a su alrededor. Miró su equipo. Volvió a mirar a su alrededor.

—Esto no está en ninguna de nuestras bases de datos de formaciones de mazmorras —dijo ella.

—No —dijo Zeph—. No lo estaría.

Avanzó. CV regresó a su hombro. La instalación se extendía ante ellos con la precisión limpia y fría de un laboratorio que había estado en funcionamiento durante mucho tiempo antes de quedar en silencio.

Lo que fuera que hubiera estado estudiando seguía documentado en cada muro.

Iban a leerlo todo.​​​​​​​​​​​​​​​​

Aquí está el capítulo modificado:

—–

La primera hora dentro de la instalación no produjo ninguna amenaza.

Eso era, a su manera, más inquietante que una hostilidad inmediata.

La primera instalación había establecido un marco de lo que contenían las instalaciones presistema: el Cosechador, el horror biológico de venas bioluminiscentes y rostros robados, el terror específico de algo letal en las paredes.

Este lugar no ofrecía nada de eso. Ofrecía pasillos limpios, una geometría precisa y estructuras cristalinas que brillaban con frecuencias que variaban por sección, en un patrón que Susurro interpretaba como organizativo en lugar de decorativo.

Un sistema de archivado. La instalación estaba organizada como un sistema de archivado.

—No es una mazmorra —dijo Seris en voz baja, tras los primeros veinte minutos.

—No —confirmó Zeph.

—Entonces, ¿cuáles son las amenazas de Rango S que marcó la Autoridad?

—La información —dijo Thorn. Lo dijo sin apartar la vista de la pared que estaba leyendo. Llevaba leyendo las paredes desde que entraron con la atención concentrada de alguien con suficiente comprensión de la notación presistema para entender lo que decían y la cualidad específica de alguien a quien le resultaba difícil procesar lo que decían—. La clasificación de amenaza es por la información. No por criaturas. No por trampas —hizo una pausa—. Sea lo que sea que esté documentado aquí, la Autoridad consideró que saberlo era peligroso a nivel de Rango S.

La Dra. Rho había dejado de hacer preguntas aproximadamente a los quince minutos de entrar en la instalación. Estaba documentando todo con su equipo en el silencio específico de una investigadora que se había topado con algo significativamente fuera de su marco preparado y estaba priorizando la recopilación sobre la comprensión.

Las estructuras cristalinas variaban de color por sección: azul pálido en los pasillos de entrada, cambiando a violeta en el segundo nivel, y ámbar oscuro en el tercero. Cada color correspondía a un tipo de documentación diferente.

Susurro lo había determinado. Azul: registros de sujetos. Violeta: metodología. Ámbar: hallazgos.

Estaban en la sección azul cuando Susurro se detuvo.

Se encontraba junto a un panel de pared, uno de los cientos que habían pasado, cada uno con archivos de sujetos en la notación estructurada que la civilización presistema había utilizado para la documentación sistemática. Su bolígrafo se movía rápidamente, la traducción acumulándose en el bloc de notas. Entonces, el bolígrafo se detuvo.

Susurro se giró. Encontró a Zeph. Levantó el bloc de notas.

TU NOMBRE ESTÁ EN ESTE ARCHIVO.

Él se acercó. Leyó el panel.

La notación era densa, pero la estructura era clara: un archivo de sujeto, con un formato idéntico a los cientos que habían pasado. Número de sujeto en la parte superior. Notación de la Firma Dimensional. Indicadores de estado. Registros de seguimiento.

Sujeto 7.441.

Firma Dimensional: [secuencia de notación]

Compatibilidad con el Guardián: Confirmada.

Estado: Seguimiento en curso.

Permaneció de pie frente al panel durante un largo momento.

—¿Ese eres tú? —preguntó Tanque. Se había colocado junto a Zeph sin que se notara su acercamiento, lo cual era la proximidad operativa estándar de Tanque: presente cuando se le necesitaba, llegaba sin anunciarse.

—Sí —dijo Zeph.

—¿Hace cuánto tiempo se archivó esto?

Zeph miró la notación de la fecha en la parte superior del archivo. Se la mostró a Susurro. Susurro tradujo. Escribió el número.

El archivo era anterior al Descenso Dimensional por varias décadas.

El pasillo quedó en un profundo silencio.

—Sabían de ti —dijo Kael. No en tono acusatorio. La declaración neutra de alguien que identifica un hecho y le da su espacio.

—Sabían de mi firma dimensional —dijo Zeph. Seguía leyendo el archivo, procesando la notación tan rápido como se lo permitía su comprensión parcial—. No de mí específicamente. De la firma. —Hizo una pausa—. Por eso mi cara está en la décima tablilla. La tablilla no muestra la predicción de una persona específica. Muestra la firma dimensional de quienquiera que fuese a recibir la designación de Guardián. Las firmas dimensionales son tan únicas como los rostros; se manifiestan como apariencia física cuando se proyectan. La civilización presistema codificó la proyección en la tablilla. —Miró el archivo—. Mi firma coincidía con lo que habían calculado que requería la designación de Guardián. La designación me encontró porque fue creada para encontrar exactamente esta firma.

—No fuiste un accidente —dijo Seris.

—No.

—Fuiste identificado antes de nacer en este mundo.

—Sí.

Zeph se secó la cara.

—¿Estás bien? —preguntó Tanque.

—Bien —dijo Zeph. Luego, tras un momento—: Qué calor.

Tanque frunció el ceño. Lo miró. Miró el pasillo. —Estás sudando.

—Ya he dicho que hace calor.

—No hacía calor hace treinta segundos.

Seris presionó la mano contra la pared. La retiró. —La pared está caliente.

Eso captó la atención de todos. Susurro examinó la estructura cristalina más cercana. El azul pálido no había cambiado de color, pero algo en la frecuencia se había alterado: una cualidad en la luz que no estaba allí antes, una leve inestabilidad en los bordes.

«La temperatura está aumentando», escribió Susurro. Leía la sala del mismo modo que leía las paredes: de forma categórica, sin alarma visible, lo que de algún modo resultaba más alarmante que una alarma visible. «No es ambiental. Es la instalación», escribió.

—¿Es esto normal en instalaciones como esta? —preguntó Kael.

—No hay nada normal en instalaciones como esta —dijo Thorn.

La Dra. Rho revisó su equipo. Leyó el resultado. Su expresión hizo aquello que hacía cuando los datos llegaban fuera de los parámetros preparados. —La producción térmica está aumentando a un ritmo incompatible con la variación ambiental estándar. Algo en la estructura está generando calor.

—Algo que hemos activado —dijo Seris.

Nadie lo rebatió.

Kael miró al suelo.

Luego a su pie.

Luego al tramo de suelo a unos catorce centímetros de su talón, donde ahora era visible una junta en la geometría de la superficie; una junta que no había sido visible al entrar, que tenía la precisa regularidad rectangular de algo que había estado comprimido y ya no lo estaba.

—He pisado algo —dijo Kael.

El pasillo volvió a quedar en silencio, pero era un silencio de una cualidad diferente a la de antes.

—¿Cuándo? —preguntó Tanque.

—Probablemente cuando me acerqué al panel. —Kael no movió el pie. Miraba la junta con la atención concentrada de alguien que realizaba un cálculo rápido y desfavorable—. Igual que en la primera instalación.

—Has pisado una placa de presión —dijo Zeph.

—En mi defensa —dijo Kael—, el suelo parecía idéntico a cualquier otra sección de suelo.

—Lo era —dijo Thorn—. Hasta que dejó de serlo.

La temperatura había aumentado notablemente en el tiempo que habían estado allí de pie. Susurro se había arremangado y se abanicaba el antebrazo con el bloc de notas de la manera distraída de alguien cuyo cuerpo protestaba mientras su atención permanecía en otro lugar. El pelo de Seris se le pegaba al cuello. La Dra. Rho sudaba directamente sobre su equipo y no parecía haberse dado cuenta.

—¿Qué tan grave es esto? —preguntó Tanque. Dirigió la pregunta a Susurro.

«La primera instalación se autodestruyó, y esta parece estar encaminándose al mismo resultado a través de un mecanismo diferente», escribió Susurro.

—Calor en lugar de un colapso —dijo Seris.

—Calor antes del colapso —dijo Thorn—. Presumiblemente.

—Esa es una distinción importante —dijo Kael.

—Sí.

—Deberíamos irnos —dijo Zeph.

Nadie discutió eso.

Se movieron. No corrían —correr en una instalación desconocida con una placa de presión activada y una producción térmica en aumento era una decisión que requería saber hacia qué se corría, y no tenían esa información—, sino que se movían con la eficiencia específica de gente que había decidido colectivamente que la información que habían reunido era suficiente y que el valor marginal de la documentación adicional no superaba el coste de quedarse.

La Dra. Rho documentaba el colapso en tiempo real mientras caminaban. Su bolígrafo se movía sin parar. Sudaba considerablemente más que nadie y aún no lo había reconocido.

—Te estás derritiendo —le dijo Kael.

—Las estructuras cristalinas están respondiendo al aumento térmico —dijo ella, sin levantar la vista—. La frecuencia del color está cambiando. Necesito registrar la velocidad de transición.

—Puedes registrarlo desde fuera.

—La resolución será peor.

—Estarás viva.

Ella levantó la vista. Lo consideró. Siguió caminando, pero cerró el maletín del equipo.

El pasillo de entrada estaba más caliente que las secciones interiores, lo cual era un gradiente completamente erróneo.

El calor debería haberse disipado hacia el exterior. No lo hacía. Se estaba concentrando allí, presionando hacia adentro desde las paredes como si la instalación estuviera cerrando un puño alrededor de la salida.

Las estructuras cristalinas que habían sido de un azul pálido a la entrada habían cambiado a un naranja intenso y pulsante que no pintaba nada en una instalación de documentación y que tenía la cualidad de algo que había sido paciente durante mucho tiempo y ahora había dejado de serlo.

El suelo estaba caliente a través de sus botas.

—Más rápido —dijo Thorn. No levantó la voz. No lo necesitaba.

Se movieron. La geometría del pasillo que se había sentido precisa y navegable al entrar se sentía diferente a esa velocidad: los ángulos más agudos, el techo más bajo y más presión.

El naranja intenso pulsaba al ritmo de algo estructural, algo bajo el suelo, y cada pulso empujaba más calor al aire hasta que respirar requería esfuerzo y parpadear, una decisión.

El naranja se intensificó.

El pulso se acortó.

La geometría al final del pasillo —la salida, ahora visible, el aire exterior con una cualidad de luz diferente más allá— vibró una vez.

Las estructuras cristalinas que flanqueaban la entrada ya no brillaban. Ardían, internamente, la luz convirtiéndose en calor, convirtiéndose en algo que no era ni lo uno ni lo otro, y el sonido que la instalación producía había pasado de un silencio estructural a un armónico bajo que llegaba a través del suelo y no sugería paciencia.

Alcanzaron la salida.

El aire exterior era algo físico: más frío, inmediato, real de una manera en que el interior de la instalación había dejado de serlo. No se detuvieron en el umbral.

Cincuenta metros.

Setenta metros.

La detonación, cuando llegó, no fue gradual. No hubo secuencia de advertencia, ni sonido creciente, ni pulso final. La instalación estaba allí y luego ya no, las estructuras cristalinas colapsando hacia adentro en una única implosión simultánea que duró menos de un segundo antes de que la presión térmica que se había estado acumulando en cada pasillo y cada sección se liberara hacia afuera en una onda limpia y percusiva que los golpeó por la espalda como una pared que decidiera convertirse en viento.

El suelo tembló una vez.

Luego, todo quedó en silencio.

Se quedaron de pie en el perímetro. El aire alrededor del cráter aún estaba caliente. El polvo se asentó.

La Dra. Rho, que de alguna manera se las había arreglado para sujetar su equipo contra el pecho durante el tramo final sin que se lo pidieran y sin reducir la velocidad, ya lo tenía abierto y estaba documentando las secuelas con la expresión de alguien que acababa de recibir más datos de los que tenía previsto almacenar y consideraba que era un buen problema que tener.

—Otro cráter —dijo Kael. Miró a Zeph—. Sale genuinamente caro llevarte a sitios.

—Ese ha sido por tu pie —dijo Zeph.

—Mi pie estaba en tu instalación.

—No era mi instalación.

—Tu nombre estaba en el archivo.

Zeph no tuvo una respuesta inmediata para eso. La distinción que quería hacer existía, pero era más complicada de lo que el momento actual ameritaba.

—Sigue saliendo caro —dijo Tanque. A modo de ayuda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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