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Después de dejar al CEO, volví a ser la billonaria - Capítulo 96

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96: Capítulo 96: ¿Y qué?

96: Capítulo 96: ¿Y qué?

¡Plaf!

El teléfono de Lucas Campbell se estrelló con fuerza contra el suelo, y la pantalla se hizo mil pedazos, todo gracias a que Catherine chocó contra él.

—Catherine, ¿estás loca?

¡Ve a medicarte si estás enferma!

—¡¿Por qué demonios me has tirado el teléfono?!

Justo había hecho clic en la publicación de Facebook de Evan Sterling cuando su teléfono salió volando.

Lucas estaba a punto de explotar.

—Yo…

yo no quería —tartamudeó Catherine—.

Lucas, te compraré uno nuevo…

Al ver la pantalla de su teléfono destrozada, en realidad se sintió un poco aliviada.

¡De ninguna manera dejaría que Mamá viera esas fotos descaradas de esa zorra de Stella Dawson!

—¿Qué está pasando aquí?

Susan Ryan no se encontraba bien últimamente, estaba aturdida y reaccionaba con lentitud.

Pero incluso en su confusión, se dio cuenta de que algo olía a chamusquina.

—Lucas, ¿qué acabas de decir?

¿Que te…

acostaste con tu hermana?

¿Acaso Catherine no es tu hermana?

¿De qué estás hablando?

—¡Mamá!

Catherine, que acababa de respirar aliviada, sintió que el corazón se le subía a la garganta con esa pregunta.

Se metió rápidamente: —Mamá, Lucas me bloqueó hace mucho y no quiere volver a agregarme.

—Solo quería estudiar con él en la universidad y ni siquiera quiso hablarme.

—Me estaban acosando y él lo vio, pero se quedó ahí sin hacer nada.

—Mamá, de verdad que no sé qué he hecho para cabrearlo.

Intentando desviar la atención del asunto de la foto, Catherine empezó a echarle la culpa a Lucas.

Lucas parpadeó y mentalmente lanzó un emoji gigante de «WTF» al aire.

«¿Cuándo la he visto yo siendo acosada?».

«Bueno…, vale, quizá sí, pero ¿y qué?».

«Si a la que estuvieran molestando fuera a Stella, por supuesto que me enfadaría».

«¿Pero tú?

Por favor.

Búscate un buen rincón para pasar desapercibida».

Puso los ojos en blanco con tanta fuerza que casi sonaron.

Susan frunció el ceño.

—¿Qué es lo que pasa exactamente entre vosotros dos últimamente?

—Lucas, ¿por qué bloqueaste a Catherine para empezar?

—Yo también —intervino Samuel Campbell desde un lado, encogiéndose de hombros—.

Si te soy sincero, yo también la bloqueé para que dejara de gritarme que me muriera o cosas por el estilo.

—Quiero decir, todavía soy joven y una celebridad de primera.

Tengo muchos fans que me adoran, así que…

como que no me apetece eso de morirme.

Susan parpadeó, mirando a su hijo, algo atónita.

—Si alguien te molesta, siempre puedes hablar conmigo.

Tu hermana se pasó de la raya al decir eso.

Sinceramente, por eso mismo, últimamente le había estado aplicando la ley del hielo a Catherine.

Sí, quería a su hija, pero tenía sus límites.

¿Insultar a tu propio hermano?

Eso era cruzar la línea.

Además, Catherine ya no era una niña.

Por muy mimada que estuviera, seguía habiendo unos límites básicos.

El rostro de Catherine se congeló, con los ojos muy abiertos.

No podía creer que fuera su madre la que hablaba.

¿No era Susan siempre la que la encubría pasara lo que pasara?

Si su tercer hermano no hubiera sido tan idiota y no le hubiera ayudado a conseguir el título de reina del campus, no habría dicho esas cosas.

En serio, eso era lo mínimo que podía hacer un hermano.

¿Ni siquiera podía encargarse de eso y se suponía que ella debía ser comprensiva con él?

Claro.

En el fondo, no creía haber hecho nada malo, pero aun así soltó con ojos de cachorrito lastimero: —Lo siento, Samuel, es que ese día estaba muy enfadada…

—Hubo cosas muy turbias en la selección…

No debí…

—¡¿Qué cosas turbias?!

Lucas explotó.

—¿Te has mirado en un espejo?

Mírate, ¿de verdad crees que podrías ser una reina del campus?

—¿Sabes lo mucho que tu aspecto ha dañado la reputación de la Universidad de la Ciudad?

—Stella se ganó la corona limpiamente, tú eres pura basura.

Todos en la habitación: «…¿?».

Samuel miró al techo como si esperara que lo rescatara.

Aidan permaneció en silencio.

Philip fingió literalmente no haber oído nada.

—Lucas.

—Tú…

Susan ni siquiera había terminado de decir lo que quería.

Las lágrimas de Catherine empezaron a correr.

—Sé que es culpa mía.

Tengo mal genio y probablemente por eso todos me odiáis.

Samuel, lo siento…

cambiaré, lo prometo…

bua, bua…

—Esa foto de la chica —dijo Susan de repente—, quiero verla.

No sabía muy bien por qué.

Simplemente…

quería.

El rostro de Catherine cambió.

Extendió la mano para sujetar a Susan por el hombro.

—Mamá, vamos a comer primero, ¿vale?

Pero el cuerpo de Susan se desplomó y se desmayó.

—¡Mamá!

¡Mamá, ¿qué te pasa?!

Adiós a la cena familiar.

Un desastre.

Philip le dijo rápidamente a alguien que llamara a su médico privado.

Por suerte, no fue grave.

El médico dijo que Susan se había alterado demasiado: le había subido la tensión, provocando un desmayo temporal.

Se despertaría pronto.

—Su tensión es inestable por ahora.

Intenten no volver a alterarla, hablen las cosas con calma —dijo el médico a la familia en voz baja al salir de la habitación.

Los ojos de Catherine se movieron con rapidez y saltó a decir: —Entonces, el médico quiere decir que Mamá necesita mantenerse emocionalmente tranquila por su salud, ¿verdad?

El médico asintió.

—Exacto.

Mantener sus emociones estables la ayudará a recuperarse mejor.

—Entendido.

Gracias, doctor.

—Me quedaré con Mamá —dijo ella, volviendo apresuradamente al dormitorio.

Lucas puso los ojos en blanco con fuerza, luego se apoyó en la pared y sacó un teléfono nuevo.

—¿Y qué si me has roto el teléfono?

¿Acaso no puedo conseguir uno nuevo y volver a entrar en Facebook?

Una vez que metió la SIM y completó la configuración, introdujo el código de verificación.

El Cuarto Hermano, Lucas, por fin consiguió las fotos.

Estaba picadísimo.

—Uf, Stella llevó a Evan a comer algo por ahí.

En serio, quiero estrangular a ese tío.

—Pásamelas —se inclinó Samuel.

Lucas enarcó una ceja.

—Di la palabra mágica.

—Hermanito —dijo Samuel sin pestañear.

—Vale, de acuerdo.

Toma.

En la foto, Stella estaba mordisqueando una brocheta de espino caramelizado, con puestos de comida callejera al fondo.

El brazo de Evan aparecía a medias en la foto, sosteniendo uno también.

El pie de foto decía: «No se puede esperar que alguien sin novia entienda lo que se siente cuando la mía te mima.

Mirad el capricho que me ha comprado mi chica~ La la la, soy un ganso tonto y feliz, ganso tonto, ganso tonto tonto…».

Evan Sterling, de veinte años, se había convertido de alguna manera en un auténtico niño pequeño en ese momento.

Samuel frunció el ceño.

—¿Por qué tiene él algo que le ha comprado Stella?

Quiero cortarle esas manazas sucias.

Lucas suspiró.

—Lo mismo digo.

De verdad.

—No es broma, me cambiaría por él sin pensarlo.

O quizá me uniría a la familia Sterling.

—¿Dónde está la foto?

—Aidan subió las escaleras, con el rostro inexpresivo—.

¿No has pensado en enviármela?

Lucas soltó un suspiro y se la reenvió a regañadientes.

Aidan le echó un vistazo y asintió.

—Es realmente hermosa.

Ahora, tres hermanos estaban alineados contra la pared, totalmente absortos en la foto de la amiga de su hermana.

—Fuera.

Ahora.

El tono de Philip fue cortante.

Echaron a Catherine de la habitación.

Al verlos a los tres de pie fuera, ella dudó, visiblemente incómoda.

—Philip, Samuel, Lucas…

No hubo respuesta.

—¿Me estáis ignorando?

Todavía nada.

—Hermanos…

Ni siquiera una mirada.

Sus lágrimas volvieron a asomar y rodaron por sus mejillas.

Samuel estaba ocupado publicando en Twitter; Lucas se volcaba en enviar solicitudes de amistad a Stella.

La había agregado el primer día de universidad, pero Catherine le había quitado el teléfono y la había borrado.

Eso todavía le cabreaba…

—Vosotros…

Catherine se secó los ojos y acabó corriendo de vuelta a su habitación, llorando.

Unos treinta minutos después, Philip salió de la habitación de Susan y miró a sus hermanos.

—Venid conmigo.

Necesito preguntaros algo.

Aidan y Samuel lo siguieron al estudio.

Lucas se quedó mirando la foto que tenía en las manos, con el corazón acelerado.

Luego, sujetándola con fuerza, se deslizó en la habitación de Susan.

Ya estaba despierta.

—Mamá —dijo en voz baja—, tengo una foto que enseñarte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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