Después de su falsa marca, el Rey Alfa me reclamó - Capítulo 65
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Capítulo 65: Capítulo 65: Vigilia
Punto de vista de Keira
La circulación de las fotos que mostraban a Kaelan y a Elowen generó un debate público cada vez mayor durante el día siguiente. Los comentarios inundaron las redes sociales especulando sobre su relación, cuestionando si nuestro compromiso era real y preguntándose si el Rey Alfa había reavivado su romance con su amiga de la infancia.
Lo observé todo con una ira latente, pero contenida por algo más fuerte. Era confianza. A pesar de todo lo que estaba pasando, confiaba en Kaelan. Creía que había una razón detrás de lo que estaba viendo y una explicación que tendría sentido una vez que por fin tuviera noticias suyas.
Pero esa confianza se ponía a prueba con cada hora que pasaba sin tener contacto.
Estaba en mi despacho intentando concentrarme en los asuntos de la Manada cuando Damien solicitó una reunión urgente. Una sola mirada a su rostro cuando entró me dijo que no se trataba de la manada. Su expresión era grave, de esa seriedad que hizo que se me encogiera el estómago incluso antes de que abriera la boca.
—Keira, tienes que sentarte —dijo en voz baja.
—Dímelo y ya —dije, sin moverme—. ¿Qué ha pasado?
—Es Kaelan —dijo Damien—. Hubo un incidente durante uno de los eventos de su viaje de negocios. Un desprendimiento de rocas en un mirador… Resultó herido al salvar a un niño.
El mundo se inclinó por un momento y me agarré al borde de mi escritorio para mantenerme firme. —¿Muy grave?
—Está en estado crítico —dijo Damien—. Múltiples fracturas, hemorragia interna y traumatismo craneal. Los médicos lo han estabilizado, pero está inconsciente y no están seguros de cuándo despertará.
Las palabras me golpearon como si fueran puñetazos, cada una arrancándome una capa de compostura hasta que no me quedó nada más que pánico en estado puro.
—¿Dónde está? —exigí, moviéndome ya hacia la puerta—. ¿En qué hospital?
—En el Centro Médico Regional de los Territorios del Norte —dijo Damien—. Tengo un coche esperando abajo. Keira, tienes que…
Pero yo ya estaba corriendo, sin importarme la dignidad, el protocolo ni nada que no fuera llegar junto a Kaelan tan rápido como fuera físicamente posible. El trayecto hasta el aeropuerto pareció durar años.
Damien había venido conmigo e hizo llamadas y organizó el transporte terrestre en el lugar de destino.
Cuando por fin llegamos al hospital, corrí por los pasillos siguiendo las indicaciones que me había dado una enfermera, sin bajar el ritmo hasta que llegué a la unidad de cuidados intensivos donde se encontraba Kaelan.
Ash estaba de pie fuera de la habitación, con cara de culpabilidad cuando me vio acercarme. —Alfa Keira, lo siento mucho. Quería decírselo, pero él me hizo prometer…
—Aparta —dije, empujándolo para pasar hacia la puerta.
Nada podría haberme preparado para la escena que me encontré dentro. Kaelan yacía inconsciente en la cama del hospital, con el cuerpo cubierto de vendas y conectado a múltiples máquinas.
Sentí que algo se rompía dentro de mí mientras me acercaba a su cama y tomaba su mano con cuidado entre las mías. Su piel estaba cálida, pero no respondió a mi contacto, ni abrió los ojos, ni me apretó la mano, ni dio ninguna señal de que supiera que yo estaba allí.
—Kaelan —susurré, con la voz quebrada—. Estoy aquí. Justo aquí. Tienes que despertar ya, ¿vale? Tienes que volver a mí.
No hubo respuesta… solo el pitido constante del monitor cardíaco.
Me hundí en la silla junto a su cama y le sostuve la mano, apretándola contra mi mejilla mientras las lágrimas por fin se derramaban. Me dolía el corazón de una forma que no creía posible.
Poco después, entró un médico para ponerme al día sobre su estado. Tenía múltiples fracturas de columna, una hemorragia interna que había requerido cirugía de urgencia para repararla y una conmoción cerebral grave que le había provocado una inflamación en el cerebro.
Lo tenían en un coma inducido para darle tiempo a su cuerpo a sanar, y no sabrían el alcance total del daño hasta que lo sacaran de él.
—¿Cuándo será eso? —pregunté, con voz hueca.
—Como mínimo, unos días más —dijo el médico—. Tenemos que asegurarnos de que la inflamación de su cerebro haya bajado por completo antes de intentar despertarlo.
El médico se fue y me quedé de nuevo a solas con Kaelan. Acerqué la silla a la cama y volví a sostenerle la mano, hablándole de todo y de nada.
De cómo Alden se había puesto en ridículo, de la reorganización de la Manada Colmillo de Tormenta y de lo mucho que echaba de menos oír su voz y verlo sonreír.
Más tarde esa noche, cuando terminaba el horario de visitas, llamaron a la puerta. Levanté la vista y vi a Elowen de pie en el umbral con una cesta de cosas en las manos.
—He traído algunas cosas que pensé que podría necesitar —dijo en voz baja—. Artículos de aseo, ropa cómoda para cuando despierte… ese tipo de cosas.
Antes de que pudiera responder, Ash apareció detrás de ella. —El Alfa Kaelan ya tiene a su Luna con él —dijo—. Creo que ella lo tiene todo bajo control.
Me levanté y me acerqué a la puerta, tomando la cesta de las manos de Elowen. —Gracias por traer esto —dije, con voz educada—. Pero cuidar de Kaelan es mi responsabilidad. Agradezco tu preocupación, pero no es necesario que vuelvas a visitarlo.
Elowen pareció querer discutir, pero algo en mi expresión debió de convencerla de que sería inútil. —Por supuesto. Espero que se recupere pronto.
Se fue y cerré la puerta tras ella, dejando la cesta a un lado sin mirar su contenido. No me importaba lo que hubiera traído ni cuáles fueran sus intenciones; lo único que me importaba era Kaelan y asegurarme de que tuviera todo lo que necesitaba para sanar.
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