Destinada a Cuatro Alfas Aunque Soy Muda - Capítulo 24
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
24: ¿Tienes celos?
24: ¿Tienes celos?
Punto de vista de Damon
Acurrqué a Sofía a mi lado mientras ella ronroneaba, pero mi mente no estaba con ella, estaba completamente en otro lugar.
El sexo fue totalmente bueno, como siempre, pero hoy faltaba algo.
Había algo que deseaba hacer con muchas ganas.
Miré hacia la silla donde estaba sentada Cielo.
Parecía rota.
Su vestido de novia estaba rasgado y sucio, su pelo, revuelto.
Miraba fijamente al suelo como si hubiera perdido la batalla que había estado librando.
Lo juro, era la cosa más sexi que había visto en mi vida.
Mi lobo se movía inquieto en mi cabeza.
Obviamente no estaba satisfecho con Sofía y quería a Cielo, su pareja.
Yo quería a la mujer que marqué hoy.
Inhalé en el cuello de Sofía, pero en realidad estaba aspirando el aroma de Cielo.
Cielo olía de maravilla.
Era embriagador.
Sofía se estiró y suspiró.
—Cielo debe de estar cansada.
Quizá debería preparar su baño.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi cerebro y me puse de pie.
—Sí, la desataré —dije.
Caminé hacia Cielo.
A medida que me acercaba, el aroma me golpeaba más y más profundo.
Era suave y dulce, y estaba mezclado con la sal de sus lágrimas, lo que hizo que se me hiciera la boca agua.
Mientras la desataba, vi que me miraba, e hice lo mismo.
La miré a sus ojos llorosos.
Era la criatura más hermosa que había existido jamás.
Cuando terminé de desatarla, las cuerdas cayeron y su muñeca quedó libre.
Vi las marcas rojas que le habían dejado las cuerdas, y eso me enfureció, pero también hizo que quisiera marcarla aún más.
—Prepara un baño para nosotros —dije con dureza.
Hasta yo lo noté.
Intentó ponerse de pie, pero volvió a caer en la silla.
Quise levantarla en brazos y llevarla a la cama, pero sé que no debía porque la odio y porque Sofía y mis hermanos estaban mirando.
Caminó hacia el baño mientras yo observaba cómo sus caderas se movían de un lado a otro.
No tenía un cuerpo como el de Sofía, pero ¿por qué ahora me parecía la loba más hermosa que había visto en mi vida?
Vi sus piernas a través de la parte rasgada de su vestido y quise sentirlas con mis manos.
Me giré hacia la cama, pero no podía volver allí.
Necesitaba seguir a Cielo.
Sofía estaba distraída con mis hermanos, así que vi mi oportunidad para seguirla.
Fui al baño y la vi de pie junto a la bañera, y sentí algo dentro de mí.
Cada vez que movía su cuerpo, me lamía los labios por lo guapa que era.
Entonces no pude más.
Quería al menos tocarla y abrazarla si no podía hacerle nada más.
Caminé lentamente hacia ella, tan silenciosamente como pude.
Entonces la agarré y la giré para que me mirara.
El lobo se estaba volviendo loco.
Rugió posesivamente.
El vínculo de pareja tiraba con más fuerza.
Exigía que la tocara, que la reclamara.
Quería que la hiciera nuestra.
Y, por primera vez, no intenté luchar contra él.
Estaba cansado de bloquear lo que quería.
Los ojos de Cielo se abrieron con horror.
Tenía miedo de lo que yo pudiera hacer, y me gustó.
Intentó apartarme, me golpeó suavemente en el pecho con las manos, pero no podía huir.
La estaba sujetando con fuerza.
Le agarré la muñeca y se la sujeté por encima de la cabeza con una mano.
—¿Estás celosa?
—pregunté.
Sé que quería que la tocaran.
Y necesitaba oírlo de su boca.
—¿Estás celosa de que no te hayamos tocado?
Ella negó con la cabeza.
—Mentirosa —gruñí mientras me acercaba a ella e inhalaba su aroma, lo que me volvió loco.
—Sé que disfrutaste mirando, y sé que sientes celos, Cielo.
Puedo sentirlo a través del vínculo.
Puedo sentir tus deseos.
Forcejeó con más fuerza, pero la agarré bien.
Me miró con sus grandes ojos verdes y eso me puso duro.
Me acerqué a su oído.
—¿Querías que te tocáramos, verdad?
—susurré, y mis labios rozaron su oreja.
Empezó a llorar y negó con la cabeza.
Se la veía muy triste.
No pude contenerme más.
Le agarré la cara con la mano que me quedaba libre y le levanté la cabeza.
Me quedé mirando sus labios, y estaban secos.
Así que saqué la lengua y se los lamí antes de apretar mis labios contra los suyos y besarla.
No fue un beso tierno e inocente.
Fue uno rudo y absorbente, de esos que te dejan sin aliento después de un rato.
Forcé sus labios para abrirlos, metí mi lengua en su boca y seguí besándola.
La besé como si hubiera estado muerto de hambre durante años y ella fuera mi único alimento.
Mi mano le agarró la cintura y la atrajo más cerca de mí.
Mi lobo aulló feliz y yo también me sentí feliz.
Dejó de luchar y me devolvió el beso, solo un poquito, y fue la mejor sensación del mundo.
«Nos desea», dijo mi lobo.
Me acerqué más y profundicé el beso mientras saboreaba cada rincón de sus labios.
Mis manos se deslizaron hacia abajo, le agarré el culo y se lo apreté con mucha fuerza.
Estaba perdido en ella, listo para follármela allí mismo, en la cama.
De repente, me dio una patada entre las piernas, en los cojones, y sentí un dolor instantáneo.
—¡Agh, joder!
—grité mientras apartaba mis labios de los suyos.
La solté y me agarré los cojones.
Casi me caigo al suelo.
Me había dado un rodillazo en los cojones.
De verdad que me había dado un rodillazo.
Esa pequeña gata salvaje.
Parpadeé, intentando quitarme el dolor de encima.
Corrió hacia la puerta y agarró el pomo, pero se detuvo y volvió a mirarme.
Yo estaba apoyado en la pared, todavía dolorido.
Levanté la vista hacia ella y no pude evitar sonreír y guiñarle un ojo.
Luego me imaginé tocando ese culo bonito y perfecto una vez más.
Me toqué los labios y todavía podía saborearla.
Mi lobo estaba sorprendido por lo que había pasado, pero aun así estaba orgulloso.
Salí del baño y volví al dormitorio.
Cielo ya había pasado corriendo al lado de todos y se dirigía directamente a la puerta.
—¿Adónde crees que vas, zorra?
—gritó Sofía.
Cielo no se detuvo.
Ni siquiera intentó ir más despacio.
Simplemente siguió adelante.
Me quedé allí, mirándola mientras desaparecía.
Desmond, Dylan y Damian me miraban fijamente con distintas expresiones de confusión y sospecha.
—¿Qué has hecho?
—preguntó Desmond.
—Nada —dije mientras volvía a la cama y atraía a Sofía de nuevo a mis brazos.
Todavía podía sentir a Cielo, ahora más que nunca; el vínculo era más fuerte que antes.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com