Destinada a Cuatro Alfas Aunque Soy Muda - Capítulo 42
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42: Eres bella 42: Eres bella Punto de vista de Desmond
Todavía estaba hipnotizado por Cielo cuando un sirviente trajo la comida.
Carne asada, pan fresco, verduras, más vino y la especialidad de la casa: filete crudo de ciervo sombra rojo.
El ambiente era tenso e incómodo.
El único sonido que se podía oír era el chasquido de los tenedores y cuchillos en los platos.
No dejaba de mirar a Cielo de vez en cuando; simplemente, no podía apartar los ojos de ella.
—No puedo creer que hayamos tenido que esperarla —dijo Elle en voz alta para que todos la oyeran.
Miré a Cielo y vi que la ignoró por completo.
Cortó un trozo de carne, se lo llevó a la boca y empezó a masticarlo con delicadeza.
El Beta Lucian se aclaró la garganta.
Me miró y luego a mi hermano.
—¿Cuándo nos van a dar un heredero?
—preguntó sin rodeos.
¡Cof, cof, cof!
Cielo empezó a toser y a golpearse el pecho, tras oír lo que el Tío Lucian había dicho.
Le pasé un vaso de agua y se lo bebió.
Mi mano fue a parar a su espalda por un momento y traté de calmarla frotándosela suavemente.
—¿Estás bien?
—le pregunté.
Me miró y asintió.
Me sentí raro al preguntarle cómo se encontraba.
Hacía años que no hacía algo así por ella ni le mostraba mi lado más tierno.
—Reina del drama —dijo Elle.
Alcé la vista y le eché una mirada fulminante.
Ella bajó la mirada de inmediato.
—¿Consumaron su matrimonio?
¿Han reclamado a su pareja?
Vi que Cielo me miraba y luego a mis hermanos.
Miré a mis hermanos y me devolvieron la misma mirada.
Fue incómodo.
Era una pregunta muy íntima para hacerla delante de mis hermanas y del Beta Hayden.
Miré mi plato, avergonzado.
—Sí —dijo Damian.
¡Ja, ja!
Maddie se rio a carcajadas.
—Oh, por favor.
Es muy obvio que no lo han hecho.
Su aroma no ha cambiado.
No puedo olerla en ninguno de ustedes.
Elle asintió, de acuerdo con Maddie.
—Todo el mundo sabe que cuando las parejas duermen juntas, especialmente los Alfas y la Luna, sus aromas cambian, ya que huelen el uno al otro.
Pero el Alfa Dylan, el Alfa Desmond, el Alfa Damon y el Alfa Damian…
—Elle se aseguró de que Damian la oyera llamarlo Alfa para no meterse en problemas.
—Todos huelen a Sofia y no a ella —continuó, señalando a Cielo.
Sofia nos miró a cada uno de nosotros y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Volví a mirar a Cielo para ver su reacción, pero se mostró impasible ante el hecho de que todo el mundo supiera que nos habíamos acostado con Sofia en nuestra noche de bodas.
Se limitó a coger su copa de vino y a dar un sorbo antes de volver a dejarla en la mesa.
Cortó un trozo de carne y se lo llevó a la boca.
Solo ese gesto hizo que mi lobo aullara.
Estuve a punto de agarrarla, sentarla en mi regazo y tomarla delante de todos en la mesa.
Tomé mi propia copa de vino y me la bebí de un trago con la esperanza de calmarme.
Dejé la copa y cerré los ojos para inhalar el aroma de Cielo.
Olía a chocolate, a chocolate blanco.
—Desmond, cariño, te has bebido hasta la última gota de tu vino.
Iré a rellenártelo.
Sofia me sacó de mis pensamientos.
Mis ojos pasaron de Cielo a Sofia.
Ya estaba caminando hacia donde yo estaba sentado y se encontraba a solo unos metros de mí.
De repente, Cielo cogió la jarra de vino.
Me volví hacia ella y me miró a los ojos mientras me rellenaba la copa.
Cuando terminó, la dejó sobre la mesa.
Rozó sus dedos con los míos y dejé de respirar.
Me dedicó una pequeña sonrisa y volvió a comer.
Cielo me había tocado, de verdad que lo había hecho.
Mi lobo gritaba por más contacto físico y yo no podía contenerme más.
Estiré la mano y la agarré por la cintura, atrayéndola hacia mí.
Sentía que estaba demasiado lejos y la necesitaba más cerca.
Miré a Sofia y, obviamente, estaba furiosa.
Tenía toda la cara roja.
No tuvo más remedio que darse la vuelta y volver a su asiento, avergonzada.
Damian, Damon y Dylan me miraron confundidos; probablemente se preguntaban por qué estaba abrazando y tocando a Cielo cuando acababa de llamarla zorra.
Pero no entendían que yo ya había perdonado a Cielo porque no había hecho nada malo y había sido culpa de Remus por engañarla.
—Tienen que consumar su matrimonio.
Necesitamos cachorros y herederos —dijo el Tío Lucian.
Todos asentimos.
La idea de consumar nuestro matrimonio hizo que mi polla palpitara, lo cual fue embarazoso, porque no dejaba de imaginar a Cielo debajo de mí.
Apreté con más fuerza la cintura de Cielo mientras seguía pensando en ello.
—Lo haremos —dijo Damian mirando en mi dirección, e intercambió una mirada entre Cielo y yo.
Me incliné y le susurré a Cielo: —Estás realmente preciosa.
Necesitaba hacerle saber que era la más hermosa de la sala.
Me miró y sonrió antes de bajar la vista a su plato.
Tenía la cara roja escarlata y se veía preciosa al sonreír.
—Pero díganme, ¿por qué no han tocado aún a su pareja?
—preguntó Maddie, inclinándose hacia Damian y mirándonos a cada uno de nosotros.
—¡Je, je!
—rio Elle entre dientes—.
Estoy segura de que todos conocemos las razones.
No dije nada, y mis hermanos tampoco.
Se limitaron a seguir comiendo.
Pero sé que debería haberla hecho callar.
—No pueden tocarla porque es demasiado asquerosa como para mirarla —se inclinó Sofia hacia Maddie y Elle y susurró, pero se aseguró de que todos la oyeran, incluida Cielo.
—Quiero decir, no podemos culparlos; si yo estuviera en su lugar, tampoco la tocaría —dijo Elle, riéndose tontamente con Sofia.
Estaba a punto de hablar, pero Dylan se me adelantó.
—Basta ya, comamos —dijo y continuó con su comida.
Todas dejaron de hablar y de intentar hacer que Cielo se sintiera como una don nadie, tal y como siempre habían hecho.
Es agotador.
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