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Destinada a Cuatro Alfas Aunque Soy Muda - Capítulo 9

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9: Regalos 9: Regalos Punto de vista de Cielo
Esta noche era el Baile de Ascensión.

La manada entera estaba emocionada.

Era el evento más grande que la Manada Luna Llena había visto en mucho tiempo.

La ceremonia oficial donde los cuatrillizos serían coronados como los nuevos Alfas.

También era la noche de la ceremonia de emparejamiento, así que yo no estaba del todo emocionada.

Hoy era el día que Sofía había estado esperando, y era el día que yo más temía.

Era el día en que Sofía se uniría en pareja a los Alfas, quizá incluso a los cuatro, y yo seguiría siendo muda, sin lobo y sin pareja.

—Cielo, querida —llamó la Sra.

Higgins suavemente mientras yo fregaba las ollas en la cocina.

La cena ya se había servido y había muchísimos platos.

—Tienes que prepararte —continuó.

Me detuve y la miré, confundida.

—La ceremonia —dijo ella con dulzura, comprendiendo mi confusión.

—Se espera que asistan todos los miembros de la manada, incluso los sirvientes.

La tradición dicta que cuando un nuevo Alfa es coronado, cada miembro de la manada debe ser testigo y jurar su lealtad —explicó la Sra.

Higgins.

Se me encogió el estómago.

Había pensado que estaría trabajando durante la ceremonia.

No quería estar en presencia de los miembros de la manada que tanto me odiaban.

Negué con la cabeza, señalando la pila de platos que había que lavar.

—Puedes volver a esto después de la ceremonia —dijo la Sra.

Higgins en voz baja.

—Si no asistes, te castigarán —dijo con amabilidad.

Tenía razón.

Realmente no tenía elección.

Era ser castigada o asistir y…

elegiría lo segundo.

—Ve a tu habitación y ponte el vestido que dejé en tu cama.

No es muy elegante, pero es mejor que lo que tienes —me indicó.

Asentí y me dirigí a mi diminuta habitación, que era como un armario.

Me lavé la cara y las manos en la pequeña palangana y luego me puse el vestido a toda prisa.

Era lo más bonito que había tenido en años; tenía mangas largas para cubrir mis cicatrices.

Unos golpes en la puerta me sobresaltaron.

Abrí y me encontré a Sofía de pie, con su bata y el pelo ya peinado.

—Cielo, sígueme —dijo Sofía mientras me miraba de arriba abajo, como si tuviera mierda untada por todo el cuerpo.

La seguí a través de la casa de la manada hasta sus aposentos.

Cuando llegamos, despidió a la sirvienta con un gesto de la mano.

—Cierra la puerta —ordenó, y yo obedecí.

El corazón empezó a latirme deprisa mientras me preguntaba qué habría hecho esta vez y qué castigo me daría.

Entonces, desvié la mirada hacia un lado y vi un vestido bordado sobre la cama.

Era diferente del que yo le había hecho.

Sofía se dio cuenta de hacia dónde miraba y una sonrisa apareció en su rostro.

Luego, se acercó a la cama, donde estaba puesto el vestido.

—Mira, ¿no es precioso?

—dijo Sofía con una amplia sonrisa mientras señalaba el hermoso vestido—.

Los cuatrillizos lo eligieron para mí.

Sentí una opresión en el pecho al oír lo que decía, pero mantuve una expresión impasible.

Se acercó más al vestido y deslizó los dedos sobre él mientras se giraba para mirarme.

—Damian me consiguió esto.

Dijo que merecía un vestido con más clase y que la futura Luna de la manada no debería llevar algo hecho por una simple sirvienta.

—Oh, te estarás preguntando qué hice con el vestido que me hiciste —dijo, ladeando la cabeza.

—Lo quemé —dijo, y su sonrisa se ensanchó aún más.

¿Qué?

¿Había quemado el vestido que yo había cosido pasando noches en vela, incluso con el dolor que sentía por el castigo que recibí por su sabotaje?

Aun así, me aseguré de coser el vestido, ¿y ella lo quemaba?

Estaba tan furiosa que quise abofetearla.

Quería tirarla al suelo y demostrarle cuánto me dolía el odio y la maldad que me había mostrado durante cinco años, pero no lo hice.

Me contuve porque solo conseguiría un castigo mayor.

—Eso no es todo —dijo Sofía, haciendo un puchero como si fuera a mostrarme algo maravilloso.

Caminó hacia su tocador y empezó a sacar cajas una tras otra.

Las llevó a la cama y las colocó junto al vestido.

—Ven aquí —dijo Sofía, haciéndome un gesto con la mano.

No quería moverme, pero no tenía opción.

Caminé hacia la cama y me paré a unos centímetros de ella.

Sofía abrió la primera caja.

Dentro había una pulsera de plata con diminutos diamantes alrededor.

—Esto es de Damian —dijo Sofía, poniéndosela en la muñeca—.

Dijo que le recordaba a la luz de la luna.

Romántico, ¿verdad?

—preguntó, sonriéndome.

Luego pasó a la segunda caja y la abrió.

Contenía un par de pendientes de piedra azul.

—Damon me dio estos.

¿No son preciosos?

—dijo ella.

Después, pasó a la tercera caja, que contenía un collar con un colgante de zafiro rodeado de diamantes rosas más pequeños.

—Desmond me dio esto.

Dijo que nunca había visto a nadie tan hermosa como yo.

Entonces hizo una pausa y me miró un rato antes de abrir la cuarta caja, pero estaba vacía.

Dylan no le había dado nada.

Me emocioné, una sonrisa casi apareció en mi rostro, pero la contuve.

De repente, oí a Sofía reír.

Jajaja.

—Deberías ver tu cara —dijo Sofía.

Levantó la mano hacia mí y vi un anillo de oro en su dedo.

—Tiene nuestras iniciales.

Dylan y Sofía.

¿A que es un encanto?

—dijo con una sonrisa salvaje.

Se me heló la sangre.

Todos le habían regalado algo y Sofía me lo estaba restregando en la cara porque sabía cuánto solía adorar yo a los cuatrillizos.

—Me aman.

Me protegen y me aprecian —dijo con calma, ladeando la cabeza de un lado a otro mientras me miraba.

—Pero no te he traído aquí por eso —dijo.

Fruncí el ceño y la miré confundida.

Si no me había llamado para presumir de los regalos, entonces, ¿para qué?

Pasó a mi lado hacia su tocador, se arrodilló y abrió el cajón de abajo.

Cuando se levantó, sostenía una vieja cajita de madera.

En el momento en que la vi, el corazón empezó a latirme con fuerza, pero no sabía por qué.

Volvió hacia mí y se plantó delante.

—¿Sabes qué es esto?

Negué con la cabeza, pero la caja me resultaba familiar.

Estaba segura de que la había visto en alguna parte, pero no podía recordarlo.

—Deja que te enseñe —dijo, sonriendo.

Abrió la caja y yo dejé de respirar al instante.

Me llevé la mano a la boca, conmocionada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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