Destinada: la luna no deseada del Alfa - Capítulo 106
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Capítulo 106: «Accidente»
Al final, el Alfa nunca le contó a Viola la historia detrás de su enemistad con su antigua manada. Después de que su risa por fin cesó, le señaló los errores en las palabras que había pronunciado, diciéndole que hasta que no alcanzara un nivel en el que pudiera comunicarse con él con fluidez en el idioma, no le revelaría la historia.
Viola se sintió frustrada, porque no entendía por qué era tan importante que se lo contara, y por lo que había averiguado de los miembros de su antigua manada, había sido un incidente insignificante el que causó la enemistad. Si era tan insignificante, entonces ¿por qué le ocultaba la información?
Pero sabiendo que su curiosidad por escuchar los detalles de su boca se convertiría en otro incentivo para que se centrara en el aprendizaje del idioma antes de la ceremonia, le dedicó un seco asentimiento y dijo: —De acuerdo, lo dominaré y me lo contarás todo.
—Trato hecho. Tendrás la historia detallada de mi enemistad con ellos, pero, por ahora, concéntrate en tu aprendizaje —le había dicho Sebastian. Él no quería que se hablara de ella o se conspirara en su contra en un idioma que no pudiera entender, sobre todo en su propia presencia. Si quería tener el control total como Luna, no podía permitirse dar a nadie una razón para afirmar que no era verdaderamente una de ellos. Y como su esposa y Luna, era natural que entendiera su lengua materna.
Por lo tanto, por mucho que no le gustara hablar de su pasado, tendría que contárselo algún día para cumplir el trato.
Viola le había preguntado a Zoe una vez, y Zoe le había dicho que ella tampoco conocía los detalles, porque era una niña cuando sucedió y ya nadie hablaba de ello, pues molestaba al Alfa. La única persona que podía contárselo era el propio Alfa, por eso le había preguntado. Al final, no obtuvo ningún relato satisfactorio, solo un dolor de estómago por reírse tan fuerte que sintió que los pulmones le iban a estallar.
Viola no recordaba la última vez que se había reído de esa manera. De hecho, no era de las que se reían a carcajadas, ya que le habían enseñado a ser refinada como una Luna; aunque algo le pareciera divertido, se esperaba que riera discretamente tapándose la boca con la mano. Sin embargo, la risa del Alfa había sido tan contagiosa que no pudo evitarlo. ¿Se reía él siempre así?
Lo que ella no sabía era que para él también era la primera vez que se reía con tantas ganas.
De hecho, también se dio cuenta de que el Alfa se comportaba de forma diferente aquí que en la Ciudad Plateada, donde siempre tenía una expresión muy fría, como si el mundo le debiera dinero. Pero aquí, su expresión era relajada, hasta el punto de que incluso se había reído de esa manera.
Ahora que sabía que solo le contaría la historia entre él y su antigua manada cuando aprendiera a hablar mejor español, Viola se sentó en su sala de estar, usando su aplicación de idiomas mientras esperaba que él fuera a buscarla para volver a la ciudad de la manada.
Había querido marcharse pidiéndole al chófer que la llevara de vuelta, como el Beta había sugerido el día anterior, pero el Alfa le dijo que él también regresaba a la ciudad y que no era necesario que ella tomara otro coche cuando podían ir en el suyo.
Le había pedido que le diera unos minutos para ducharse y cambiarse. Por eso ahora estaba sentada, con las piernas encogidas en el sofá de su preciosa sala de estar, con el televisor de pantalla plana mostrando un canal de noticias sin volumen mientras revisaba su teléfono y practicaba con su aplicación de idiomas.
Tenía tanto que hacer en cuanto volviera a su ático que pensar en ello la ponía nerviosa. Iba a ponerse en contacto con el orfanato para buscar a su hermana, y solo pensarlo le revolvía el estómago, amenazando con hacerle devolver el desayuno que había tomado y que, inesperadamente, había disfrutado más que cualquier otra comida en su vida.
Para no marearse al pensar en llamar al orfanato, decidió distraerse estudiando por el momento. Pero pronto frunció el ceño al recordar que había dejado el bolso en la habitación de Sebastian. Como sabía que en cuanto él bajara se marcharían, decidió subir a por el bolso y sus zapatos, ya que había estado usando los de él para andar por casa.
Como él no había parecido molesto ni le había ordenado que se los quitara, ella no lo había hecho. Podían ser grandes, pero eran mucho más cómodos que sus zapatos de tacón.
Volvió a calzarse los enormes zapatos que estaban junto al sofá, donde se los había quitado para encoger las piernas, y se dirigió a la habitación de él.
La mansión era tan grande que uno podía perderse con facilidad, pero había memorizado el camino de cuando bajó a desayunar antes y ahora volvía sobre sus pasos.
Mientras subía las escaleras, arrastrando los enormes zapatos, el teléfono que llevaba en la mano empezó a sonar. Bajó la vista para ver quién llamaba, sin prestar atención a por dónde iba, cuando de repente chocó contra alguien, y la fuerza del impacto hizo que la otra persona cayera. Viola reaccionó rápidamente y agarró a la persona por la muñeca antes de que pudiera rodar escaleras abajo, pero en el proceso se le cayó el teléfono, que se estrelló contra el suelo boca abajo con la pantalla hecha añicos.
Ver cómo se rompía su primer teléfono en cuatro años le encogió el corazón. Levantó la vista hacia la persona con la que había chocado, solo para descubrir que no era otra que Angela, la resentida omega que esperaba no volver a ver jamás.
Viola no necesitó que nadie se lo dijera para saber que la chica se había chocado con ella a propósito. Angela bajaba mientras Viola subía las escaleras y, mientras Viola estaba parada en el escalón mirando el teléfono, Angela miraba al frente, viéndola claramente.
A pesar de todo, Viola tiró de la chica para ayudarla a recuperar el equilibrio y que no se cayera. Pero Angela hizo algo totalmente inesperado que dejó a Viola boquiabierta por la sorpresa.
En lugar de volver a ponerse en pie como Viola la estaba ayudando, se tiró a propósito por los pocos escalones en los que no estaba bien apoyada, haciendo parecer que Viola la había empujado mientras rodaba y gritaba, golpeándose el codo y la cabeza antes de detenerse finalmente en el rellano, magullada y llorando.
—¡Ah! Me he roto el brazo. ¿P-por qué me has empujado? —gritó Angela, mirando a Viola con lágrimas corriendo por sus hermosas y sonrosadas mejillas—. Y-yo no te he hecho nada…
Viola observó con leve sorpresa cómo, en el instante en que Angela empezó a llorar, se dio cuenta de lo que tramaba. Todos los empleados de la casa empezaron a reunirse al pie de la escalera, con aspecto horrorizado y lanzando miradas acusadoras a Viola, como si fuera una bruja que hubiera hecho daño a una flor inocente.
Viola enarcó las cejas. Estaba bastante familiarizada con ese tipo de escenas, porque ella misma había hecho lo mismo muchas veces para atraer la atención de Evan cuando se daba cuenta de que se la prestaba a otra mujer. Se hacía daño a sí misma, a veces incluso cortándose la muñeca, solo para dar lástima y atraer de nuevo su atención, o para culpar a otra víctima y así poder ver a Evan castigarla y volver a sentirse importante para él, solo para asegurarse de que seguía siendo suyo y de que ninguna otra mujer podría arrebatárselo.
Viola sabía que había cometido muchos actos terribles en el pasado. Había sido cruel y el karma se la había devuelto, castigándola de la peor manera posible. Había sufrido el doble de la humillación que había infligido a otros, pero nunca imaginó que volvería a enfrentarse a algo así, que tendría que ser la víctima de un juego similar al que ella misma había jugado con las lobas que consideraba sus rivales.
Casi se echó a reír con amargura mientras el dicho «donde las dan, las toman» resonaba en su mente. Así que Angela era, en efecto, exactamente lo que Viola había pensado. Tenía algo con el Alfa y se sentía amenazada por ella.
Viola se agachó con calma y recogió su teléfono roto. Al darle la vuelta en la palma de la mano y ver la pantalla destrozada, su expresión se ensombreció ligeramente. «Está roto…».
Las criadas, al ver su expresión y lo poco arrepentida que parecía por haber empujado a Angela, no pudieron evitar pensar que era la peor clase de persona.
Aunque a muchas de ellas no les caía bien Angela, ya que le gustaba alardear de ser la favorita del Alfa en la casa, presumiendo de las joyas que le había regalado, así como de vestidos caros, estuches de maquillaje y productos para el cuidado de la piel, aun así le hacían la pelota cada vez que les daba cosas viejas que ya no usaba, las cuales ellas consideraban tesoros.
—¿Estás bien, Angela? ¡Te sangran los codos! —exclamaron varias de ellas, corriendo a su lado. Se amedrentaron al ver que Angela temblaba, con el cuerpo sacudido mientras miraba a Viola con expresión temerosa y lloriqueaba—: M-me ha empujado…
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