Destinada: la luna no deseada del Alfa - Capítulo 66
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66: Competición: Parte 1 66: Competición: Parte 1 Finalmente llegó el día de la competición que muchos en la Manada Plateada habían estado esperando con ansias durante meses.
Los más de mil miembros de Plata, que iban desde guerreros hasta Gemmas, Deltas, ciudadanos de élite y Omegas trabajadores, comenzaron a dirigirse a la gran arena donde tendría lugar la primera competición.
Nadie sabía cómo sería esta competición o a qué se enfrentarían las participantes para sentarse junto al Alfa Supremo y gobernar las treinta y tantas manadas que existían actualmente en el mundo de los hombres lobo.
El Alfa Supremo era el rey de todos y controlaba el mundo entero como un hilo que los mantenía a raya.
Ninguna loba normal podría ocupar jamás esa posición, por eso, durante la mañana de la competición, muchos miembros de la Manada Plateada llevaban camisetas con las fotos de las lobas de Laila o Emilia, mostrando su apoyo a ambas.
Para todos, solo alguien como ellas merecía gobernar.
No habían encontrado el equilibrio de una Luna desde hacía dos décadas, desde la ascensión del nuevo Alfa, y ya era hora de que tuvieran a alguien que pudiera durar lo suficiente para traer ese equilibrio.
Una Luna no solo se encargaba de estar al lado de su Alfa, sino que también tenía la tarea de gobernar y apoyar a las lobas de la manada, ayudándolas con sus problemas.
En todas las calles de la Manada Plateada había pantallas que mostraban la arena, para que incluso aquellos que no asistían en persona pudieran verlo desde sus lugares de trabajo, como los Omegas menos afortunados que provenían de un entorno humilde o que fueron aceptados en Plata.
La retransmisión de la competición estaba restringida solo a la manada y, una vez elegida la ganadora, se informaría a las otras manadas de quién gobernaba, razón por la cual ni los de Saucelluna ni los demás lo sabían.
Nadie entre los miembros de Plata llevaba nada de la chica sin lobo, ya que nadie tenía esperanzas en ella.
Lo único que llevaban relacionado con ella eran las camisetas de memes burlones.
Ni siquiera tenía una loba a la que animar, así que, ¿de qué servía?
Esta competición era exclusivamente para lobas, y sin embargo, la ilusa chica sin lobo no sabía lo que era mejor para ella y llevaba en la cabeza el gran sueño de gobernar.
Esto no era una simple tarea doméstica que pensaba que podría ganar y gobernar fácilmente, y muchos estaban seguros de que hoy era el día en que moriría, pues no veían cómo alguien que no era mejor que un humano podía competir con gente con lobos poderosos.
—He oído que es la hija de un Omega cualquiera de la Manada del Norte y que se le antojó hacer algo diferente a sus padres —dijo alguien entre los hombres lobo que se dirigían al recinto de la arena.
Ese comentario provocó la risa de los que estaban lo bastante cerca para oírlo.
—La pobrecita acabará a dos metros bajo tierra antes de que termine el día.
¿No se suponía que debía aspirar a aparearse con un buen guerrero o un hombre lobo importante para poder ascender desde una posición inferior?
¡Pero no, la inútil aspiraba al puesto de Luna Suprema!
Vaya chiste.
Laila, cuyo coche acababa de llegar a su destino, oyó todas estas palabras con su agudo sentido del oído y no pudo evitar sonreír mientras un Gamma le abría la puerta del coche, inclinándose inmediatamente ante ella cuando salió, radiante de orgullo, junto a sus dos ayudantes omegas y su mejor amiga.
—Buenos días, futura Luna Suprema —saludaron los Gammas que custodiaban la enorme e imponente puerta de la arena, y Laila resplandeció de placer al corresponder a sus saludos con regia satisfacción.
—¡Guau, Laila, todo el mundo ya te está aclamando y diciendo que la competición debería cancelarse porque no tiene sentido, ya que todos sabemos quién será la ganadora, y vas a ser tú!
—comentó su mejor amiga, Eleanor, emocionada mientras entraban en la gran arena circular, donde los ancianos se dirigían a los asientos cerrados más altos, junto con la familia Kade, mientras los miembros de Plata caminaban en filas ordenadas hacia los bancos.
—En realidad, me gusta que la competición se celebre.
Es una buena forma de recordar a algunas personas quién merece sentarse junto al Alfa y lo que cuesta ganar esa posición.
Ha pasado mucho tiempo desde que hice algo divertido aparte de ir de compras y viajar.
Mi loba echa de menos los desafíos —reflexionó Laila mientras caminaban por el largo y tenuemente iluminado túnel conectado a la arena, que llevaba a donde las participantes debían cambiarse para luego ser dirigidas a la zona donde esperarían su turno para la competición.
—Y sé que vas a arrasar, sobre todo porque hasta el Alfa te apoya —presumió Eleanor con orgullo, como era de esperar de una mejor amiga leal, haciendo que Laila sonriera con satisfacción.
Había estado enfadada con Sebastian hacía unos días, pero anoche recibió un mensaje suyo que decía que había estado ocupado con asuntos importantes y que hablarían mejor después de la competición si ella resultaba ser la ganadora.
Eso fue suficiente aliento para Laila y bastó para hacerle creer que Sebastian se mostraba distante por la competición, para que la gente no dijera que tenía favoritismos; no es que a ella le importara lo que pensaran los demás.
Después de todo, era su mujer, y eso era todo lo que le importaba a su orgullo.
—¿Está listo mi traje de combate?
—preguntó, emocionada y expectante ante el desafío que se avecinaba.
Eleanor asintió con entusiasmo y señaló una de las bolsas que llevaban los omegas que las seguían.
—¡Es magnífico!
¡Vas a salir espectacular en la foto de perfil!
Laila sonrió ante las palabras de su amiga.
Aunque apenas necesitaría el traje de combate, ya que su loba haría la mayor parte de la lucha ese día, su tío le había dado un adelanto de en qué consistiría la competición y sabía que también debía dar un buen espectáculo en su forma humana.
Por eso, había encargado el magnífico traje de entrenamiento para mostrar tanto elegancia como fuerza.
Cuando entraron en el vestuario, donde planeaba ponerse el traje y hacerse una foto para su perfil en la arena, se sorprendió al encontrar a la chica sin lobo y a su futura cuñada ya dentro, junto con Emilia, la otra participante, que ya estaba vestida con su equipo y se ajustaba los guantes.
Pero a Laila no le molestó la presencia de Emilia.
Sus ojos verdes brillaron de deleite al volverse hacia la sin lobo.
«¿Así que la chica sin lobo había aparecido?», pensó Laila, creyendo que la chica habría tenido el suficiente sentido común como para huir antes de hoy.
Después de todo, no había oído que hubiera entrenado en los últimos tres días, pero resultó que la chica no tenía el más mínimo instinto de supervivencia y seguía buscando la muerte.
¿Era realmente suicida o simplemente una ilusa tonta?
La chica sin lobo estaba sentada en el banco mientras Zoe le arreglaba el pelo, pero se giró en su dirección cuando entraron en el vestuario.
Laila casi se rio al ver la expresión de agotamiento en su ahora hermoso y delicado rostro.
Sin duda, la bajita estaba asustada, así que Laila decidió ser un poco amable; después de todo, iba a morir hoy de todos modos.
—Hola, chicas —saludó Laila primero, ocupando el espacio libre junto a la chica sin lobo, quien correspondió a su saludo con un pequeño asentimiento que hizo que Laila descartara inmediatamente la idea de ser amable, pues la chica fue grosera al no saludarla adecuadamente y con respeto.
—Zoe, no deberías estresarte tanto por una perdedora, ¿sabes?
Todos tus esfuerzos se irán a la basura cuando saquen su cadáver hoy y lo entierren.
Viola, sentada y envuelta en una toalla, tratando de no pensar en lo que había descubierto la noche anterior sobre la competición de hoy, ni siquiera parpadeó ante las palabras de Laila, ni mostró señal alguna de nerviosismo.
Tenía la intención de no prestar atención a su insulto o provocación.
Pero Zoe intervino con una sonrisa que contenía tanto elegancia como advertencia.
—Yo me preocuparía menos por Viola y más por la vergüenza que te espera si hoy no sale todo como lo has ensayado en tu cabeza, señorita Serrano.
Laila se rio a carcajadas, sujetándose el estómago y tapándose la boca con la otra mano al encontrar las palabras de Zoe ridículamente divertidas.
—Nunca fracaso en nada, Zoe, y no voy a fracasar contra tu Violín.
—Viola —la corrigió Zoe con una sonrisa tensa—.
Todo el mundo fracasa alguna vez.
La diferencia está en si caen con dignidad o arrastran su orgullo con ellos por el camino, señorita Serrano.
—Eso no pasará nunca, y si alguna vez ocurriera, me pondría de rodillas y le pediría perdón a la sin lobo, y eso debería darte una idea de lo segura que estoy de que ganaré.
Por cierto, Zoe, pronto seré la señora Kade.
Pronto seré tu cuñada, y todos esos diseños de alta costura que hiciste y te negaste a venderme en Plata en el pasado…, serás tú quien confeccione mi vestido de novia con tu hermano.
Recuerda mis palabras.
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