Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Destinada: la luna no deseada del Alfa - Capítulo 7

  1. Inicio
  2. Destinada: la luna no deseada del Alfa
  3. Capítulo 7 - 7 Compañero Parte 2
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

7: Compañero: Parte 2 7: Compañero: Parte 2 Antes de que Viola pudiera procesar nada más sobre él o sentirse insultada porque la había llamado sucia, él la sorprendió levantándola del suelo con rapidez, pero con cierta delicadeza, como si fuera una muñequita.

Mantuvo las manos en sus brazos para estabilizarla cuando se tambaleó con debilidad.

Luego, sus brazos rodearon su cuerpo.

Se puso rígida por un momento cuando algo cálido, algo que olía increíblemente bien, la envolvió, posándose sobre sus hombros.

Se dio cuenta tardíamente de que era el abrigo de él y su corazón se estremeció.

Hacía tanto tiempo que no tenía algo tan cálido y reconfortante a su alrededor.

El aroma era inconfundible: Clive Christian No.

1.

Una colonia que una vez quiso comprarle a Evan como regalo, pero cuyo precio estaba muy por encima de su presupuesto en el instituto.

Aquel aroma se le había quedado grabado, era algo que le había encantado, y ahora envolvía por completo a este extraño hombre que, en lugar de atacarla por sus feromonas, le colocaba su abrigo sobre los hombros.

Si usaba una colonia tan cara, significaba que no era el Alfa de alguna pequeña manada que hubiera venido al festival.

Por no hablar de su aura, que ahora que estaba tan cerca de él, era innegable.

No podía verle la cara, pero sabía que la miraba desde la gran distancia de su imposible e imponente altura.

Diosa, era alto, de complexión robusta, el tipo de presencia que la hacía sentirse pequeña sin que él tuviera que decir una palabra.

Viola levantó las manos rápidamente, intentando quitarse el abrigo de los hombros mientras inclinaba la cabeza.

Pero antes de que pudiera quitárselo, las manos del hombre presionaron con firmeza contra sus hombros, manteniendo el abrigo en su sitio.

—Un gracias sería de gran ayuda, señorita.

Déjate el abrigo.

Ayudará a mantener alejados a los indeseados hasta que llegues a tu manada —dijo aquella voz profunda y con acento, una que lo hacía sonar diferente a cualquier hombre que hubiera conocido.

«Bien, déjale el abrigo y vámonos a buscar otra pareja», bufó su lobo.

«Esta no me gusta».

Con su abrigo sobre ella, su aroma se mezclaría con el de ella y evitaría que cualquiera que pudiera haber percibido sus feromonas se acercara, dando la ilusión de que estaba reclamada.

Ahora que sabía que él no tenía intención de hacerle daño ni de forzarla —no es que los grandes Alfas se degradaran de esa manera—, probablemente ya tenía una pareja, y el aroma de ella no era más que una intrusión desagradable para él.

Viola empezó a retroceder por respeto, secándose las mejillas húmedas, pero él la detuvo.

Entonces sintió cómo el pulgar de él presionaba bajo su barbilla, levantándole la cara lo justo para poder verla a la luz de la luna.

Le giró la cara de izquierda a derecha como si la estuviera estudiando.

—¿Qué le ha pasado a tu ojo?

—le oyó preguntar, con un ligero toque de disgusto en la voz.

«¿Por qué sonaba disgustado?», se preguntó, apartando la barbilla.

¿Por qué estaba tan cerca?

No le gustaba.

—Eso no parece «nada».

¿Tienes tendencia a ser torpe, además de imprudente y descuidada?

¿Salir sin ocultar tus feromonas?

—dijo con voz arrastrada, con la mirada fija en el ojo derecho de ella, que parecía como si fuera a perder la vista pronto.

«Maldita sea, ni siquiera es guapa», bufó su lobo.

«Está ciega de un ojo y es demasiado delgada.

Morirá antes de mañana si te la llevas.

Recházala ahora mismo».

¿Por qué estaba siendo amable?, se preguntó Viola mientras lo miraba con su ojo bueno.

Los Alfas no prestaban atención a gente como ella, ni se preocupaban lo suficiente como para preguntar qué les había pasado.

¿Y acababa de llamarla descuidada?

Retrocedió un poco para poder mirarlo bien sin tener que forzar tanto el cuello.

Solo entonces se dio cuenta tardíamente de sus extraños ojos en la oscuridad, unos ojos plateados que brillaban como la luna tras él, provocándole mareos y aturdimiento.

—No soy descuidada… —masculló, sin ver la necesidad de decirle que el hombre al que una vez amó le había golpeado en el ojo.

—Entonces, ¿qué te ha traído hasta aquí sin ocultar tus feromonas?

—preguntó, levantando la mano para colocarle el cabello encrespado detrás de la oreja.

Viola quiso retroceder de nuevo, pero el hombre no parecía entender qué era el espacio personal y seguía sus movimientos, manteniéndose solo un paso por detrás cada vez que ella se movía.

Además, seguía hipnotizada por sus inusuales ojos plateados.

Nunca había conocido a nadie con ojos así, excepto a una persona…, pero con el aturdimiento, no podía recordar quién era.

¿Dónde había visto a un hombre con ojos plateados?

¿Cuál de los Alfas tenía esos ojos?

—Estaba haciendo un recado para nuestra Luna… —susurró, aunque no pudo ocultar el afilado deje de ira en su voz al pensar en lo que Leni había hecho.

—No te gusta tu Luna, ¿verdad, mi amor?

—cuestionó él.

—No —dijo ella con sinceridad, y eso provocó en él un sonido bajo y quedo que podría haber sido una risa.

En lugar de bajar la mano, ella sintió cómo la movía desde su oreja hasta su mejilla, y su pulgar presionó su labio inferior agrietado, frotándolo como para sentir su sequedad.

Viola sabía que debía retroceder, pero, que la Diosa la ayudara, este hombre era la primera persona que se comunicaba con ella como una persona normal en cuatro largos años.

No quería permitir que su mente se hiciera ilusiones, pero no podía evitar preguntarse… ¿quizás, podría ser él su pareja?

Se sentía vulnerable y, sin embargo, dispuesta a dejar que cualquiera que no la lastimara la tocara, incluso que la abrazara.

Había estado tan privada de consuelo y delicadeza durante tanto tiempo que le ardían los ojos por la forma sosegada en que la trataba.

¿Estaba pensando demasiado, o simplemente estaba desesperada por encontrar a su pareja, por escapar del traicionero destino en el que se encontraba y por hacer pagar a todos los que la habían herido?

Los Alfas no eran amables con los don nadie, a menos que esa persona fuera su pareja.

Y este hombre… no sería tan delicado ni amable si no estuviera siendo controlado por un vínculo de pareja.

«Tiene los ojos azules y reflejan la luna», pensó el extraño, mirándolos.

«Y sus labios están demasiado agrietados para mi gusto».

«¡Lámeme el culo, hombre!

Es una sin lobo.

No queremos eso», gritó su lobo.

«Más te vale no pensar en decirle que es nuestra pareja.

Recuerdas por qué estamos aquí, ¿verdad?».

«Cállate», masculló, apartando a su lobo al fondo de su mente.

Viola sintió cómo él deslizaba su dedo suavemente sobre sus labios cerrados.

Ella los separó instintivamente, sin entender lo que estaba haciendo, y su lengua rozó el dedo de él, humedeciéndolo.

Él usó la ligera humedad para frotar con cuidado sus labios secos y agrietados, como si intentara calmarlos.

La desconocida ternura hizo que ella retirara la cabeza por instinto, y se lamió los labios una vez, inconscientemente, mientras la sequedad disminuía.

No le gustaba que la tocaran, pero por alguna razón, esta persona la estaba tocando de todos modos.

Todavía podía saborear el dedo de él en su lengua, y eso la hizo fruncirle el ceño, ya que la estaba haciendo sentir extraña en cierto modo.

—No sabes lo que es el espacio personal…
—No cuando tiene que ver con una pareja.

¿De dónde vienes?

—preguntó él, encontrando divertido el disgusto de ella hacia él.

La gente rara vez mostraba disgusto; en el momento en que sabían quién era, se acobardaban.

Su mano se apartó de la cara de ella, pero sus ojos plateados nunca dejaron los de ella.

¡Una pareja!

¿Acababa de decir «pareja»?

El corazón de Viola latió con esperanza.

—La manada Saucelluna… —respondió, sintiéndose extrañamente vacía sin la mano de él en su cara, y tonta por permitir que un extraño la tocara de esa manera.

Pero, por otro lado, él podría ser su pareja, y si lo era…
Se sentía cansada, completamente agotada, y deseó poder apoyar la cabeza en él, con la pesadez de su cuerpo oprimiéndola.

Realmente deseaba que lo fuera.

Él había dicho «pareja».

Pero algo en el extraño cambió de inmediato ante sus palabras.

Puso distancia entre ellos al instante, retrocediendo como si se hubiera trazado una línea invisible.

Aunque su rostro permanecía oculto en las sombras, su aura había cambiado, volviéndose gélida y opresiva, y un escalofrío le recorrió la espalda mientras el aire a su alrededor se volvía sofocante.

—Quédate el abrigo.

Mi aroma mantendrá a los indeseados lejos de ti hasta que llegues a tu manada —dijo sin emoción, su voz despojada de toda la calidez y delicadeza que había estado usando hasta ahora—.

Ten cuidado ahí fuera, señorita.

Los lobos feroces se comen a los lobitos como tú.

Luego añadió, aún más frío: —Y una cosa más.

Espero que no nos volvamos a encontrar, porque si lo hacemos, me veré obligado a retorcerte el cuello y matarte para romper el vínculo.

Adiós.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo