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Destinado a ser un villano - Capítulo 18

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18: capítulo 5 18: capítulo 5 Kael yacía en su trono de ébano, los dedos tamborileando sobre los dragones tallados en los brazos del asiento.

Frente a él, arrodillado y temblando, un mensajero con los colores de Valdros sudaba copiosamente.

—M-mi Lord Valdros —tartamudeó el hombre, sin atreverse a alzar la vista— exige… un tributo del cincuenta por ciento de todos los ingresos de Kaldren.

Como muestra de… buena fe.

El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier gritó.

Kael no se inmutó.

Para él, la arrogancia de Valdros no era una provocación, sino un fastidio.

Sin apartar la mirada del mensajero, Kael susurró hacia la sombra detrás de su trono.

—Tres hombres.El cuartel de avanzada en el paso norte.

Los mil que custodian a estos… invitados.

Díganles que es una demostración.

No hubo respuesta audible.

Solo el leve susurro de tela moviéndose.

Tres figuras, hasta entonces invisibles, se desprendieron de las sombras y se desvanecieron.

Kael se reclinó de nuevo, cerrando los ojos.

Ni siquiera se molestó en responder al mensajero.

No habían pasado ni diez minutos cuando una runa de comunicación en su cinturón se encendió con un brillo frío.

Kael la activó con un pensamiento.

Un mensaje escueto se proyectó en su mente: [Objetivo cumplido.

Cuartel Norte neutralizado.

1000 eliminados.

0 bajas.

Tiempo: 7m 42s.] Una esquina de la boca de Kael se curvó ligeramente.

Abrió los ojos y por fin miró al mensajero, que aún temblaba en el suelo.

—Puedes irte —dijo Kael, su voz clara y carente de emoción—.

Llévale un mensaje a Valdros.

Hizo una pausa, dejando que el peso de esos diez minutos de silencio cargara sus palabras.

—Dile que su tributo… ya ha sido cobrado.

El mensajero huyó sin mirar atrás, sin comprender que acababa de ser testigo del primer movimiento silencioso de una guerra que ya había comenzado.

Tres hombres anónimos contra mil.

Y Kael ni siquiera había tenido que levantarse del trono.!

Kael bajó al subterráneo del castillo, donde esperaban setenta y siete tropas.

Cada una lucía un número grabado en su armadura.

—Hoy —anunció, su voz clara y cortante— vamos a hacer historia.

Vamos a atacar a Valdros, la ciudad más fuerte de la Región Metropolitana.

Hizo una pausa, dejando que sus palabras resonaran en el silencio pétreo.

—Revisen su rango mundial —ordenó—.

Y vayan en fila diciéndomelo.

Uno por uno, las voces surgieron, frías y impersonales: —876.

—567.

—434.

—321.

—219.

La lista continuó, cada número más bajo que el anterior, cada voz una confirmación de que en esa sala se concentraba un poder capaz de arrasar continentes.

Cuando llegaron al Top 100, el aire vibró con la energía liberada por cada nombre: —99.

—83.

—71.

—62.

—55.

Finalmente, el Líder 01, de pie al frente de todos, declaró con una calma aterradora: —46.

Kael sonrió, una expresión fría y satisfecha.

—Cien soldados dentro del Top 100 —dijo— equivalen a seis bombas nucleares.

Nosotros tenemos setenta y siete, y uno de ellos está en la puerta del Top 50.

Valdros no es un rival… es un obstáculo.

Alzó la voz, clara como el acero.

—Salgan.

Cumplan su deber.

Las setenta y siete figuras se desvanecieron en la nada, como sombras absorbidas por la oscuridad misma.

Inmediatamente, Kael giró hacia sus comandantes más leales.

—Ocho Espadas —ordenó, su voz un latido de autoridad en el silencio—.

Muevan sus unidades y ocupen el ducado de Lunareth y todos los territorios adyacentes.

Ahora es nuestro.

Era el momento en que Kael estaba más expuesto: su ejército de élite en movimiento, su guardia personal reasignada.

Y sus enemigos lo sabían.

Al unísono, como si una sola mano los dirigiera, diez asesinos emergieron de entre los pliegues de la realidad.

Cuchillos, agujas envenenadas y hechizos de muerte se dirigieron a él en un instante perfectamente coordinado.

No hubo grito, solo el silbido de la muerte acercándose.

Kael ni siquiera se inmutó.

Un latigazo de energía oscura, rápido como el pensamiento, cortó el aire a su alrededor.

No fue un hechizo grandilocuente, sino un movimiento eficiente y brutal.

Diez cuerpos cayeron al mismo tiempo, seccionados en silencio antes de que pudieran comprender qué los había golpeado.

—Patético —murmuró Kael, limpiando una mota de polvo imaginaria de su kimono—.

Subestiman al que gobierna desde las sombras.

Pasan los días.

Luego, semanas.

Las noticias comenzaron a llegar como ondas expansivas de un terremoto silencioso.

El gobernante Valdros había sido encontrado muerto en su trono, sin una marca de violencia, su expresión congelada en puro terror.

Su ejército, simplemente, había desaparecido.

No hubo batalla, no hubo resistencia.

Solo…

vacío.

Entonces, el mensaje final llegó directamente a través del Sistema, frío e impersonal como siempre: [MISIÓN: ANIQUILACIÓN COMPLETADA] [OBJETIVO: Fuerzas de Valdros – ELIMINADAS] [PROCEDIEMIENTO: OCUPACIÓN EN CURSO] [RECOMPENSA: 3 CIUDADES – REGIÓN METROPOLITANA] Y así fue.

En menos de un mes, Kael ostentaba el control de las tres ciudades más grandes y estratégicas de la región.

Su dominio era absoluto, su poder, incuestionable.

Se movía en la penumbra, un espectro que los rumores convertían en leyenda.

Pero en la cúspide de su triunfo, una certeza inquietante cruzó la mente de Kael: la calma nunca dura.

El tablero estaba a punto de cambiar.

Y nadie, ni siquiera él, estaba preparado para lo que se avecinaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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