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Destinado a ser un villano - Capítulo 22

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22: capitulo 9 22: capitulo 9 (El sonido de un puño estrellándose contra piedra resuena en la cámara privada de Kael, seguido de un grito ahogado que rasga la garganta) —¡¿Por qué, por qué, por qué me hiciste eso, Amaralt?!

—Kael se desplomó de rodillas, su máscara goteando las lágrimas negras de su alma.

Aunque ella, en su celda, no podía escucharlo, necesitaba gritarlo al vacío—.

¡Ahora todos pagarán por tus pecados!

¡SABUESOS!

¡ATAQUEN A LOS WEONES!

¡Al “mejor amigo” de Amaralt…

déjenlo vivo!

¡Lo quiero consciente para lo que viene!

En la llanura, el aire se cortó.

Dos siluetas se desprendieron de las sombras de las murallas.

El Top 50, una vara de incienso humano que dejaba un rastro de oscuridad pura, y el Top 78, cuya respiración ya sonaba a cuchilla afilándose.

No hubo carga.

No hube rugido.

Solo aplicación.

Se materializaron en el corazón del ejército divino.

Y entonces, comenzó la Esgrima del Loco.

No era un estilo.

Era la coreografía de la demencia convertida en arte mortal.

Movimientos que no seguían lógica, ángulos imposibles, ataques que nacían de posturas quebradas y se resolvían en giros bruscos.

Kael no les había enseñado técnica; les había inculcado su rabia, les había mostrado cómo convertir cada recuerdo doloroso en un tajo perfecto.

El Top 50 era la precisión demente.

Su espada, una hoja tan fina que era casi invisible, tejía una red de cortes en el aire.

Los paladines caían sin entender, sus armaduras intactas pero con líneas rojas apareciendo en sus cuellos y articulaciones un segundo después.

Era un carnicero que desmontaba a sus víctimas con la frialdad de quien resuelve un problema abstracto.

El Top 78 era la furia implacable.

No esquivaba.

Los golpes enemigos resbalaban sobre su aura, y su espada, pesada y dentada, respondía con contraataques que no solo mataban, sino que desintegran.

Un golpe suyo no partía una armadura; la convertía en metralla y vapor, llevándose por delante todo lo que estuviera detrás.

Era la encarnación del odio puro de Kael, sin filtro ni contención.

Fue una masacre eficiente.

Atravesaron las filas como un cuchillo caliente through mantequilla, dejando un reguero de cuerpos mutilados y confusión.

En menos de un minuto, localizaron al “mejor amigo” de Amaralt, cuyo rostro era una máscara de puro terror.

Con un movimiento preciso y brutal del Top 78, lo noquearon de un golpe en la nuca, sin un solo corte superfluo.

Cumpliendo la orden al pie de la letra: vivo, pero inconsciente.

Cargando con el cuerpo inerte, las dos sombras se retiraron tan rápido como habían llegado, dejando al ejército divino tambaleándose, habiendo perdido no solo a su Santa, sino también a la figura que, para Kael, encarnaba la raíz de todo su dolor.

—No va a sobrevivir nadie de acá —la frase de Kael resonó como un decreto divino, pero proveniente de las profundidades del infierno.

Y entonces, el Señor Sombra cumplió su palabra personalmente.

Se lanzó desde el balcón como una sombra vengativa, y al estrellarse contra el suelo no fue con impacto, sino con la expansión silenciosa del Florecimiento del Monte Hua.

Pero esta vez no fue un solo árbol.

Fue un bosque entero de cerezos espectrales que brotó del suelo, un torbellino de pétalos rosados que giraban con elegancia mortal.

Mil soldados quedaron atrapados en esa danza macabra, sus cuerpos destrozados no con brutalidad, sino con una belleza aterradora que los convertía en poco más que abono sangriento para un jardín de pesadilla.

Esa fue la señal.

Los Cien Sabuesos no cargaron.

Se desmaterializaron y reaparecieron ya en medio de las filas enemigas, un enjambre de pesadillas aplicando la Esgrima del Loco.

La coreografía era perfecta.

Mientras Kael, el Tifón, destrozaba las formaciones frontales con pura fuerza abrumadora, los Sabuesos, el Enjambre, se infiltraron.

La batalla fue una danza de muerte a tres bandas: la furia artística de Kael, la eficiencia psicótica de los Sabuesos y el colapso total del Gremio.

Donde Kael quebraba escudos y fe con su espada negra, los Sabuesos cortaban gargantas y rebanaban tendones con una precisión que solo el odio más puro puede refinar.

Un batallón de arqueros cayó sin emitir un solo grito.

Una línea de magos estalló desde dentro, sus propios poderes envenenados por la oscuridad.

En lo que parecieron solo minutos, el ejército de 100,000 almas fue reducido a un paisaje de horror.

Y en el centro de la carnicería, solo quedaba en pie una figura: el comandante del Gremio, un Paladín de la Fe Pura cuya armadura dorada ahora parecía una broma cruel.

El comandante intentó blandir su espada contra Kael, pero el Sabueso Top 50 se materializó a su espalda.

Con un movimiento imposible de la Esgrima del Loco que pareció romper la física misma, le destrozó los tendones de las piernas.

El paladín cayó de rodillas en el fango sangriento, vencido no solo en cuerpo, sino en espíritu.

Kael se acercó, caminando sobre los cadáveres de quienes habían pagado el precio por el dolor de un solo hombre.

—Tu dios te ha abandonado —susurró Kael, su voz un zumbido metálico—.

Pero yo no.

Tienes un papel que cumplir.

Sin tocar al comandante, Kael extendió una mano.

La sombra del paladín se retorció y fue absorbida por la suya propia.

Traslado de Sombras.

Horas después, en las mazmorras de Kaldren…

La pesada puerta de la celda se abrió.

Amaralt y su “mejor amigo”, encadenados a paredes opuestas, alzaron la vista con terror.

Kael estaba en el umbral.

Con un gesto despreocupado, liberó de su sombra al comandante del Gremio, que cayó inconsciente al suelo entre ellos.

—Miren —dijo Kael—.

Les traje un testigo.

El último comandante de un ejército que ya no existe.

100,000 almas…

—Hizo una pausa dramática— Todo porque tú elegiste creerle a él —su mirada se clavó en el “amigo”—.

Y porque tú no tuviste el valor de preguntarme —ahora miró a Amaralt.

—Ahora son tres.

La Santa, el Mentiroso y el Fantasma de un Ejército.

Disfruten la compañía.

Esto no es el final…

La puerta se cerró de golpe, dejándolos en una oscuridad solo rota por el peso de una deuda de sangre que acababa de crecer exponencialmente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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