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Destinado a ser un villano - Capítulo 23

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23: capítulo 10 23: capítulo 10 (La escena es fría, iluminada por una luz tenue.

Amaralt está esposada a la silla, sudando frío.

Kael, sin máscara, la mira con sus ojos rojos brillando.) —Ahora vamos a hablar —dice Kael, con voz peligrosamente calmada—.

¿Por qué me abandonaste en ese entonces?

Por cada mentira…

te quedas sin un dedo.

Amaralt tiembla, sus palabras salen entrecortadas: —¡Porque Andrés me dijo mentiras de ti!

Me dijo todo lo que supuestamente hacías…

que le pegabas a niños, que andabas con bandas criminales…

¡Todo eso!

Kael no se inmuta, pero sus ojos se oscurecen.

—¿Y le creíste?

—pregunta, con una calma más aterradora que cualquier grito.

—¡Pero qué podía hacer, Kael!

—exclama Amaralt, desesperada—.

¡Si tú sí parecías ese tipo de persona!

En un movimiento rápido como un relámpago, Kael desenvaina su espada y corta el brazo derecho de Amaralt.

La hoja negra atraviesa carne y hueso con un sonido húmedo y sordo.

La santa grita, un alarido desgarrador que llena la sala, mientras la sangre mana del muñón.

Kael se inclina sobre ella, su rostro ahora una máscara de furia pura.

Su voz es un rugido que hace temblar las paredes.

—¡¿POR QUÉ?!

¡¿POR QUÉ CREÍSTE ESO?!

¡DIME QUÉ VISTE EN MÍ!

¿ACASO TE MOSTRÉ ALGUNA VEZ VIOLENCIA GRATUITA?

¿TE VI GOLPEAR A UN NIÑO?

¿O ACASO MI POBREZA, MIS ROPAS VIEJAS, MI SOLEDAD…

ESO TE HIZO PENSAR QUE YO ERA UN MONSTRUO?

Sujeta el muñón sangrante de Amaralt, haciendo que ella grite de dolor.

—¡RESPONDE!

¿FUE MI DOLOR LO QUE TE ASUSTÓ?

¿MI SUFRIMIENTO TE PARECIÓ SEÑAL DE UN CRIMINAL?

¡ERAS LO ÚNICO BUENO EN MI VIDA Y ME CONDENASTE POR MI PROPIO DOLOR!

La sangre de Amaralt mana entre los dedos de Kael, mezclándose con sus lágrimas de rabia y dolor.

La santa jadea, con el rostro pálido por la pérdida de sangre y el shock, mientras el Señor de las Sombras le exige una respuesta que duele más que el miembro perdido.

—¡Aaaaaa Kael, qué hiciste!

—gritó Amaralt, con la voz quebrada por el shock y el dolor—.

¡Rápido, cúralo, por favor!

Sus ojos, llenos de lágrimas y desesperación, buscaron los de Kael con una súplica genuina.

Pero lo que encontró fue un muro de hielo.

Kael la miró fijamente, sin un ápice de vacilación en sus ojos rojos.

Su voz salió fría, cortante, cargada de un rencor que había fermentado por años.

—No, Amaralt.

Esta vez mueres ahora.

Antes de que ella pudiera reaccionar, el filo de la espada de Kael se movió de nuevo.

No hubo un golpe bestial, no hubo un sonido grotesco.

Solo un zumbido en el aire, un movimiento limpio y letal, y el segundo brazo de Amaralt cayó al suelo con un golpe sordo.

El grito de la Santa se apagó en un jadeo ahogado, convertido en un sonido animal, desgarrador.

La sangre manó libremente, pero Kael ya no prestaba atención a eso.

Su mirada estaba fija en los ojos de Amaralt, en los que veía reflejado el vacío que siempre había llevado dentro.

—Este es el precio —susurró Kael, con una voz que era casi un lamento—.

El precio de tu traición.

Amaralt, ahora sin sus dos brazos, se desplomó hacia adelante, el cuerpo convulsionado por el dolor y el shock.

La sangre se extendía a sus pies, pero Kael no se inmutó.

Había cruzado un punto de no retorno, y en el fondo, sabía que este era solo el comienzo de su venganza.

—Sabueso —llamó Kael, su voz impasible.

Una figura oscura se materializó de la nada.

—Llévala a la enfermería subterránea.

Que la atiendan de urgencia.

No es su hora de morir…

aún.

Mientras el Sabueso cargaba el cuerpo mutilado de Amaralt, Kael giró su mirada hacia Andrés, quien temblaba en un rincón.

Sin mediar palabra, su espada se movió.

Un destello plateado, un sonido húmedo, y la cabeza de Andrés rodó por el suelo, sus ojos aún abiertos por el shock.

Sin inmutarse, Kael se acercó al comandante del ejército divino, que yacía inconsciente.

Con el mismo movimiento preciso, lo decapitó.

Luego, recogió ambas cabezas y las envolvió en una tela negra, guardándolas en una caja de ébano que parecía haber sido hecha para ese macabro propósito.

Tres días después.

Amaralt despertó en una cama fría, vendada, pero con sus miembros faltantes.

Un dolor insoportable le recorría el cuerpo, pero el odio en su corazón era más fuerte.

—¡Kaaaael!

—gritó, con una voz ronca y cargada de odio— ¡Te voy a mataaaar!

Kael entró en la habitación, sus ojos rojos no mostraron emoción alguna.

Ya no sentía nada por ella.

—Levántala —ordenó a dos guardias.

La arrastraron, forcejeando y maldiciendo, hacia la plaza principal de Kaldren.

Una multitud se había reunido, observando en silencio.

En el centro, una guillotina esperaba.

Kael personalmente la colocó en el banco de ejecución, ajustando su cuello en la base.

—Ahora —dijo, su voz amplificada por la magia—, tu dios te salvará.

Demuéstrenos su milagro.

La cuchilla cayó.

Un sonido seco.

Silencio.

De repente, el cielo se tiñó de un dorado cegador.

Una voz impersonal, como de metal, resonó en cada rincón del planeta: [¡Alerta!

Intervención divina detectada en el planeta #087.

Recalibrando parámetros del Sistema.

Anomalía ‘Señor Sombra’ marcada para erradicación.

Preparando Contramedida Celestial.] Kael miró al cielo, una sonrisa fría en sus labios.

Su venganza personal acababa de escalar a una guerra contra los mismísimos dioses.

(Tras la alerta del Sistema, el cielo sobre Kaldren se desgarra.

De portales de luz dorada descienden seres celestiales, sus estadísticas emanan una presión que hace temblar la tierra.

Kael, con sus 600 puntos, siente el peso abrumador de sus más de 10,000 puntos.) —¡Insignificante!

—rugió uno de los seres celestiales, blandiendo una lanza de luz.

Kael intentó bloquear el golpe con su espada, pero la fuerza del impacto lo lanzó contra los escombros de la plaza.

Sus huesos crujieron.

Era como si una montaña lo hubiera aplastado.

De pronto, una somra masiva cubrió el sol.

Un Dragón Ancestral de escamas negras irrumpió desde las montañas, escupiendo fuego oscuro sobre los celestiales.

—¡¡GRAAAAAWWW!!

—su rugido hizo temblar los cimientos de la ciudad.

Kael intentó levantarse para ayudar al dragón, pero cada movimiento era una agonía.

Lanzó un débil Florecimiento del Monte Hua, pero los pétalos se desvanecieron antes de tocar a los celestiales.

Vio cómo el dragón luchaba ferozmente, derribando ángeles con sus garras, pero los seres divinos eran demasiados.

Lanzas de luz se clavaron en sus alas, y cadenas de energía comenzaron a envolverlo.

—¡No podrás contra ellos, bestia!

—gritó el líder celestial.

Kael forcejeó por levantarse, pero su cuerpo no respondía.

Solo pudo observar cómo arrastraban al dragón hacia los portales dorados.

—¡Maldita sea!

—gritó Kael, golpeando el suelo con el puño sangrante.

El último rugido del dragón resonó en el cielo antes de desaparecer.

Los portales se cerraron.

Kael quedó solo entre los escombros, herido y humillado.

Se levantó lentamente, con una nueva determinación en sus ojos rojos.

Ya no se trataba de venganza.

Se trataba de poder.

Y lo conseguiría, cueste lo que costara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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