Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Destinado a ser un villano - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Destinado a ser un villano
  4. Capítulo 26 - 26 rapa nui
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: rapa nui 26: rapa nui La bruma salina cubría la proa del barco insignia.

Kael, una silueta inmóvil contra el océano infinito, era la única quietud en un mar de incertidumbre.

Los pasos suaves de Luna fueron tan silenciosos como su respiración.

Se detuvo a su lado, sosteniendo dos jarras de piedra pizarra que emanaban un brillo azulado.

—Para el frío de la noche, mi Señor —dijo, ofreciéndole una.

Kael tomó la jarra.

Su piel, siempre pálida, pareció absorber la luz del líquido estelar.

Dio un sorgo.

Un silencio extraño, no incómodo, sino cargado de algo que no era una orden ni una estrategia, se instaló entre ellos.

—Luna —la voz de Kael perdió por completo su distorsión metálica, quedando solo la de un hombre cansado—.

¿Qué querías ser?

Antes de todo esto.

La pregunta flotó en el aire, tan frágil que Luna contuvo el aliento.

No era una evaluación.

Era…

curiosidad.

—Nada, mi Señor —respondió, la mirada perdida en el oscuro océano—.

Donde yo crecí, los sueños son lujos que muy pocos pueden permitirse.

Kael no insistió, pero su silencio fue una invitación a continuar.

Y ella, impulsada por la cerveza espiritual y la rareza del momento, confessó: —Siempre…

me gustó la idea de un restaurante.

Algo pequeño.

Donde la gente llegara con hambre y se fuera…

feliz.

Esperaba una burla, un comentario sobre la debilidad de su deseo.

En su lugar, Kael giró la cabeza para mirarla.

Sus ojos rojos, por una vez, no calculaban ni juzgaban.

Solo observaban.

—Entonces lo tendrás —dijo, con una simpleza que dejó a Luna sin palabras—.

No como una herramienta.

No como una tapadera.

Será tu lugar.

El restaurante que siempre quisiste.

La promesa era tan imposible, tan ajena a todo lo que Kael representaba, que a Luna se le llenaron los ojos de lágrimas que se negó a dejar caer.

No era el sueño lo que la conmovía, era el regalo.

El gesto desinteresado e inesperado de un hombre que solo conocía las transacciones.

—Mi Señor, yo…

no sé qué decir.

—No digas nada —él volvió a mirar el mar—.

Todos merecemos tener algo que no esté manchado por esta guerra.

Incluso tú.

Especialmente tú.

En ese instante, bajo un manto de estrellas ajenas, algo se quebró y se reconstruyó dentro de Luna.

La lealtad forjada en el miedo y la gratitud encontró un nuevo cimiento, más peligroso y profundo: una chispa de amor genuino por el hombre roto que le había ofrecido, sin saberlo, un pedazo de su humanidad perdida.

—Gracias —susurró, y su voz sonó extraña incluso para ella.

No era la de una subordinada.

Era la de una mujer.

Kael solo asintió, ignorante del terremoto que acababa de desatar en el corazón de su arma más letal.

El sonido de las olas cambió.

Ya no era el rumor constante del océano abierto, sino el golpe rítmico contra acantilados negros.

La bruma se disipó, revelando una costa escarpada y, recortadas contra el cielo del amanecer, las siluetas gigantescas y familiarmente enigmáticas de los moáis.

Kael y su flota habían llegado a Rapa Nui.

Pasan los días de travesía, y la costa de Rapa Nui se alza ante ellos, no como un refugio, sino como un misterio tallado en piedra.

Una tribu, cuyos rostros estaban marcados con tatuajes espirales que parecían moverse a la luz de la luna, les dio una bienvenida silenciosa.

No hubo ofrecimientos de comida o agua, solo una mirada expectante hacia el interior de la isla.

Fue entonces cuando, en la cantera de Rano Raraku, donde decenas de colosos yacen semienterrados, la tierra retumbó.

El moái más grande, uno que parecía observar el mar con desdén eterno, se activó.

La piedra volcánica de su cuerpo crujió, y sus ojos vacíos se llenaron de un brillo naranja incandescente.

Una voz que no era sonido, sino un pensamiento impuesto, resonó en cada mente: “El que busca pasar, debe probar que su fuerza tiene propósito.

La fuerza sin rumbo es como el viento que erosiona la piedra: solo deja polvo.” El moái extendió una mano pétrea.

Sobre su palma, un bloque de piedra idéntica a su cuerpo materializó, del tamaño de un hombre.

“No es la piedra lo que debes romper…

es la resistencia dentro de ella.

Un ejército puedes matarlo.

Una montaña, no.

Demuestra que tu fuerza puede esculpir el destino, no solo destruirlo.” Era una prueba de fuerza, pero no de fuerza bruta.

Era una prueba de fuerza concentrada, de voluntad aplicada.

La recompensa, susurró la voz mental, sería un conocimiento ancestral: un plano de moáis, un diagrama que explicaba cómo crear y activar estos guardianes de piedra.

Kael, con sus ojos rojos fijos en el bloque, comprendió.

No podía simplemente destruirlo con un golpe bestial.

Tenía que cortarlo, partirlo con una precisión absoluta.

Tenía que demostrar que su poder era una herramienta de precisión, no solo un martillo.

Se concentró.

El aire a su alrededor se saturó de energía púrpura.

En lugar del cataclísmico Florecimiento del Monte Hua, un único y perfecto pétalo de cerezo espectral, denso como el acero y afilado como una navaja de diamante, se formó en la punta de su dedo.

Con un susurro, lo lanzó.

El pétalo no golpeó el bloque.

Lo atravesó en una línea perfectamente recta.

Luego giró y realizó otro corte, y otro, coreografiando una danza de cortes imposibles en el corazón de la piedra.

No hubo explosión.

Solo el sonido de un cristal perfectamente cortado.

Cuando el pétalo se desvaneció, el bloque de piedra se deslizó en varias docenas de prismas geométricamente perfectos, que cayeron al suelo con un tintineo suave.

El moái observó.

El brillo en sus ojos se calmó.

“Bien.

La fuerza con propósito.

La voluntad que esculpe.

Toma el conocimiento, forastero.

Y recuerda: un ejército de piedra es leal, pero su corazón es tan inmóvil como la roca de la que nace.” Una tableta de piedra llena de símbolos giratorios y diagramas estructurales apareció frente a Kael.

El plano de los moáis.

No era un arma.

Era la semilla de una fortaleza eterna.

Kael tomó la tableta.

Una sonrisa fría se dibujó en sus labios.

Japón podría ser su objetivo, pero ahora tenía los planos para construir guardianes indestructibles para su futuro imperio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo